La historia de la Reforma protestante suele centrarse en sus protagonistas más conocidos. Sin embargo, existen otras figuras cuya contribución fue igualmente significativa, aunque no alcanzaron la notoriedad de los llamados “reformadores magisteriales”. Tal es el caso de Juan Ecolampadio, cuyo papel en la Reforma suiza merece una mirada más atenta. Por eso, a continuación haremos un recorrido general por algunos de los momentos más significativos de su vida y su trabajo.
Primeros años y formación intelectual
Johannes Oecolampadius (también conocido como Oecolampadio o Juan Ecolampadio en español) nació en Weinsberg, Alemania, en enero de 1482. Era hijo de un comerciante y de una creyente con profunda vida espiritual. A diferencia de Martín Lutero, él provenía de una familia trabajadora, pero con mayor ascendencia social y económica.
Sus primeros años se desarrollaron dentro del paisaje intelectual universitario del suroeste alemán. Su formación comenzó en la escuela de Heilbronn. Después, en 1499, ingresó a la Universidad de Heidelberg, donde más tarde recibió el grado de maestro en Artes en 1503. Ese centro humanista atraía a jóvenes estudiosos dedicados a la recuperación de las lenguas clásicas, la literatura antigua y los métodos filológicos aplicados al estudio de la teología. Allí, Ecolampadio entró en contacto con el renovado interés por la lectura y el estudio de las obras clásicas, la gramática griega y la lectura crítica del texto bíblico.

Tras su graduación, empezó a estudiar jurisprudencia en la Universidad de Bolonia, aunque su destino no tendría tanto que ver con el derecho. Unos años después volvió a Heidelberg como estudiante de teología, donde permaneció aproximadamente hasta 1506. Sin embargo, desde aquel año hasta 1508, dejó sus estudios universitarios para trabajar como tutor personal en la corte de Luis V, en Maguncia.
En 1513, retornó a las aulas, pero ahora su especialización era en lenguas bíblicas. Así pues, continuó sus estudios en la Universidad de Tübingen —un centro universitario igual de influyente que Heidelberg—, donde conoció a dos figuras de gran relevancia: Johannes Reuchlin, un hebraísta que era muy importante en Alemania y que casualmente resultó ser su tío; y Philipp Melanchthon, gran colaborador de Lutero, estudioso de las lenguas antiguas y sistematizador de la teología de la Reforma de corte luterano.

Reuchlin, particularmente, ejerció una influencia duradera al reforzar en Ecolampadio la convicción de que la teología debía fundarse sobre un conocimiento directo de las fuentes escritas. Él reconocía el valor indispensable que estas tenían para la investigación y lectura de los textos antiguos, incluidos los bíblicos. La evidente importancia que este erudito le otorgaba específicamente al hebreo marcaría todavía más el trabajo exegético de Ecolampadio y lo convertiría en uno de los humanistas bíblicos más refinados de su propia generación. En pocas palabras, el apoyo de Melanchthon y Reuchlin fue decisivo para formar en Ecolampadio el espíritu científico de los estudios de la literatura a partir de sus idiomas originales.

Durante su estudio en Tübingen fue que adoptó el nombre “Ecolampadio”, una traducción al griego de su apellido alemán, Hausschein (“luz de la casa”). Este gesto —claramente humanista y habitual entre los estudiosos de dicha tradición— no era una simple preferencia idiomática; simbolizaba una autoconciencia intelectual cuyo objetivo era renovar la erudición a través del retorno a las fuentes antiguas, clásicas y cristianas. Ecolampadio, como erudito, venía a ser una luz al servicio de la casa del mundo europeo.

Trabajos pastorales y formación erudita
Entre 1510 y 1515, Ecolampadio desempeñó labores pastorales en su ciudad natal gracias al apoyo de su familia. Aunque su predicación era estimada por el pueblo, el joven clérigo, que en ese entonces tenía unos 27 años, sentía que su vocación religiosa se orientaba mucho más hacia los estudios filológicos y teológicos. Por ello, cuando Wolfgang Capito —que para aquel entonces era un influyente humanista— le animó a trasladarse a Basilea, Ecolampadio aceptó. Esta decisión sería definitoria para sus años posteriores.

Mientras estudiaba en Basilea con miras a su doctorado, Ecolampadio ingresó en el círculo humanista que era modelado por personajes tan prestigiosos como Johannes Froben y Erasmo de Róterdam. La imprenta de Froben era un verdadero laboratorio intelectual donde se editaban textos bíblicos y patrísticos con un rigor inédito hasta ese momento. La erudición de Ecolampadio en griego le valió un puesto como asistente en la edición del Nuevo Testamento griego de Erasmo, publicado en 1516. Él hizo la revisión, discusión textual y preparación tipográfica; estos trabajos científicos permitieron la aparición del Novum Instrumentum, una obra sin precedentes que inauguró la disciplina de los estudios de crítica textual del Nuevo Testamento.

En paralelo, Ecolampadio colaboró en la edición de textos de los padres de la Iglesia, en especial de Jerónimo, el gran traductor latino de la Vulgata latina. Este contacto directo con la literatura patrística consolidó en él una preferencia por el pensamiento teológico de Oriente, en vez del de Occidente, que fue definido por Agustín. Autores como Juan Crisóstomo, Basilio de Cesarea y Gregorio de Nacianceno —estos últimos, miembros del grupo patrístico de los padres Capadocios—, junto a otros padres orientales, le brindaron perspectivas renovadas en teología espiritual, sobriedad litúrgica y la interpretación moral de la Escritura.

Tiempos de crisis
Aunque su estancia en Basilea fue provechosa, no estuvo exenta de tensiones. A comienzos de 1520, el peso emocional, espiritual y práctico de las responsabilidades ministeriales, y una profunda inquietud espiritual se agudizaron en Ecolampadio. Esto lo llevó a retirarse temporalmente al monasterio de los brigitinos en 1521. Su ingreso causó sorpresa entre sus colegas, pues el monacato era percibido por los círculos humanistas como una expresión de la piedad medieval, precisamente aquella que el humanismo intentaba reformar. Sin embargo, para Ecolampadio, el retiro monástico representó ante todo una búsqueda de interioridad, más que un retorno a las formas tradicionales de espiritualidad y disciplina medievales.

Durante esa etapa redactó algunos textos que reflejaron sus nuevas experiencias. En ellos trató temas como el arrepentimiento y la vida cristiana, y reflexionó sobre la justificación por la fe, lo que despertó sospechas de heterodoxia. Su actitud crítica hacia ciertos aspectos de la práctica religiosa tradicional, unida a la atmósfera de inquietud generada por la temprana actividad reformadora de Lutero, condujo a su expulsión del monasterio bajo la acusación de “hereje”. Lejos de debilitarlo, este episodio significó un punto de inflexión decisivo en su vida.
Abandonó el monasterio y, pasando por Heidelberg, llegó al Ebernburg (o “Albergue de la Justicia”) de Ulrich von Hutten y Franz von Sickingen. Allí encontró no solo un refugio temporal, sino también un centro de efervescencia intelectual y reformadora, donde conoció a figuras como Martín Bucero y Caspar Hedio. Su estancia en el Ebernburg no fue prolongada, pero bastó para afianzar su adhesión a la causa de la Reforma. En 1522, regresó a Basilea, ahora con convicciones firmes sobre su fe.

Abrazando la causa de la Reforma
El compromiso reformador de Ecolampadio, que se había ido gestando a partir de sus experiencias personales, adquirió una dimensión pública en 1523, cuando participó en una disputa en Basilea. Allí defendió la centralidad de la Escritura, la necesidad de una reforma litúrgica y la reinterpretación de las doctrinas sacramentales. Estas afirmaciones marcaron su alejamiento definitivo del erasmismo y su adhesión clara al movimiento reformado.
Ese mismo año publicó su Comentario a Isaías, obra recibida con gran estima por Lutero y que ejerció una notable influencia en Juan Calvino. Este texto erudito y cuidadosamente argumentado sentó las bases teológicas de uno de los temas centrales de la teología reformada: el pacto de redención. Su capacidad para integrar la exégesis literaria con la teología patrística lo distinguió entre los reformadores de primera generación. En Basilea —ciudad universitaria por excelencia—, Ecolampadio se convirtió en una figura clave para liderar la transición hacia el protestantismo.

Durante este período trabó amistad con Guillermo Farel, quien terminaría llevando la Reforma a Suiza occidental y más tarde colaboraría con Calvino en Ginebra. También mantuvo contacto con movimientos considerados radicales, como los de Hans Denck, Thomas Müntzer y Balthasar Hubmaier. Aunque rechazaba las tendencias apocalípticas y la eclesiología separatista de los anabautistas, su disposición al diálogo revelaba una mente abierta y un interés genuino por comprender la diversidad de los movimientos reformadores.

Controversias y consolidación en Basilea
Uno de los rasgos más distintivos de su pensamiento fue su posición sobre la Cena del Señor. En tiempos de la Reforma, las discusiones sobre los sacramentos ocupaban un lugar central entre los diversos grupos cristianos. En contraste con Lutero, Ecolampadio sostenía que la presencia de Cristo en la Cena era espiritual y no corporal; es decir, no existía una presencia real en el sentido físico o material del cuerpo de Cristo en los elementos.
Su postura se basaba en una lectura detenida de los padres griegos, entre los cuales no hallaba consenso que respaldara la interpretación medieval de la presencia real. Para él, la identificación literal del pan con el cuerpo de Cristo violaba los principios hermenéuticos patrísticos y desviaba la atención de la participación espiritual del creyente por medio de la fe y de la apropiación interior de lo que el sacramento significa y señala. Esta interpretación tuvo repercusiones importantes. Influyó en Melanchthon, quien con el tiempo moderó su postura luterana inicial, y ejerció impacto en la teología sacramental de Thomas Cranmer, contribuyendo así a la articulación posterior del anglicanismo reformado.

El prestigio de Ecolampadio lo llevó a participar en importantes debates públicos. Discutió con Johann Eck, uno de los más agudos polemistas católicos de su tiempo, y representó a Basilea en el Coloquio de Berna (1528), donde los reformadores de Zúrich, Estrasburgo y Basilea presentaron por primera vez un frente unido ante las autoridades católicas. Al año siguiente asistió al Coloquio de Marburgo (1529), que fue convocado por Felipe de Hesse con el propósito de reconciliar a luteranos y zwinglianos respecto a la Cena del Señor. Aunque el acuerdo no se alcanzó y las diferencias teológicas persistieron, la participación de Ecolampadio consolidó su reputación como un teólogo de sólida formación patrística y agudo discernimiento bíblico dentro del amplio espectro del protestantismo.

Mientras tanto, su influencia en Basilea no dejaba de crecer. Tras los disturbios iconoclastas de 1529, promovidos por grupos radicales, el consejo de la ciudad emprendió una completa reorganización de la vida eclesiástica. Ecolampadio fue entonces nombrado para ocupar la cátedra principal del Münster, el templo más prominente de Basilea. Desde allí, como principal dirigente de la Iglesia reformada en la ciudad, impulsó reformas litúrgicas, promovió la catequesis de los laicos y defendió un modelo de disciplina eclesiástica en el que la responsabilidad pastoral debía recaer tanto en los ministros ordenados como en representantes laicos, incluidos los miembros del consejo municipal.

Este esquema de gobierno —por su administración, su modo de entender la autoridad y su manera de ejercer el orden y la disciplina— anticipaba en varios aspectos las reformas eclesiásticas que más tarde desarrollarían Martín Bucero en Estrasburgo y Juan Calvino en Ginebra.
Últimos años y legado
Durante sus últimos años, Ecolampadio continuó trabajando con intensidad en la predicación, la enseñanza y la edición de textos patrísticos. Sin embargo, su salud comenzó a deteriorarse. El agotamiento acumulado tras años de controversias, labor académica y ministerio pastoral contribuyó a su decaimiento físico. Unas úlceras que atacaron su pierna lo dejaron postrado e interrumpieron su trabajo. Aunque tuvo breves períodos de recuperación, las complicaciones finalmente afectaron sus órganos internos, anunciando el final de su vida.
Falleció en noviembre de 1531, pocos meses después de la derrota de Zúrich en Kappel y de la muerte de Zwinglio en aquella batalla, un acontecimiento que sacudió profundamente a los reformadores suizos, quienes parecían haberse quedado sin su líder visible.

Hoy, la vida de Juan Ecolampadio resulta fascinante desde muchos ángulos. No se trata de eclipsar a unos reformadores para exaltar a otros, sino de valorar la contribución de cada uno en su propio contexto, con su trabajo y particularidades. Ecolampadio no fue Lutero ni Calvino, pero tampoco fue menor que ellos en su servicio a la Reforma. Su vida fue el fruto de reflexiones internas, convicciones profundas y una erudición puesta al servicio de la Palabra de Dios.
Fiel a su apellido en griego, Ecolampadio fue una luz que Dios utilizó para iluminar, desde los pasillos de la erudición y la predicación, la vida del pueblo suizo que se hallaba en necesidad de una reforma.
Referencias y bibliografía
Reformer of Base. The Life, Thought, and Influence of Johannes Ecolampadio (2011) de Diane Poythress. Reformation Heritage Books.
Das Leben Johannes Oekolampads un die Reformation (1843) de Johann Jakob Herzog.
“Ecolampadio, Johannes (c.1482-1531)” de Michael Whiting, en The Encyclopedia of Christian Civilization (2011), editado por Thomas Kurian. Blackwell Publishing.
“Ecolampadio, Johannes” de Robert C. Walton en The Oxford Encyclopedia of the Reformation (1996), editado por Hans J. Hillerbrand. Oxford University Press, Vol. 3.
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