Tetragrámaton: el nombre personal de Dios y por qué dejamos de pronunciarlo

La tradición judía evitaba pronunciar YHWH, el nombre personal de Dios, y en el Nuevo Testamento se adoptó una costumbre similar con “Señor”. Pero ¿por qué ocurrieron estos cambios? ¿Deberíamos pronunciar el nombre hoy? Y sobre todo, ¿qué significan estas cuatro letras hebreas?

Imagen: BITE

“Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos, porque la sabiduría y el poder son de Él” (Dn 2:20).

Una de las primeras cosas que los cristianos deben saber sobre el Dios de la Biblia es que Él tiene un nombre personal. La palabra Dios no es un nombre personal; es un sustantivo común (como silla, montaña o rey). Cuando se trata de seres humanos, naturalmente los diferenciamos por su nombre: Juan, María, Ana (no decimos: “Humano #1, humano #2, humano #3”). Como cristianos, convencionalmente diferenciamos por escrito al verdadero Dios de Israel de los otros dioses mediante el uso de mayúsculas (“Dios” frente a “dioses”). Pero, dado que nuestro Dios es un ser personal, también debemos reconocer que Él lleva un nombre personal único. Por lo tanto, debemos ser como los israelitas esclavizados en Egipto, de quienes Moisés anticipa que preguntarán respecto a Su pronto Salvador: “¿Cuál es Su nombre?” (Ex 3:13).

En el presente artículo, examino el nombre de Dios tal como Él lo revela a Su pueblo a lo largo de la historia redentora. Después de considerar algunos de los diferentes títulos utilizados para Dios y para los dioses, analizo el nombre por el cual Él se revela a Sí mismo, las diversas formas en que Su pueblo ha manejado Su nombre, y por qué considerar el nombre de Dios sigue siendo importante hoy, especialmente para la obra de traducir Su Palabra.

Los cristianos deben saber que el Dios de la Biblia tiene un nombre personal. / Foto: Unsplash

¿Qué hay en un título?

Antes de considerar el nombre de Dios, necesitamos distinguir más a fondo entre nombres personales y títulos (o epítetos). Por ejemplo, aunque la palabra Baal se considera popularmente como un nombre, en rigor es un título (para ser más específicos, un epíteto) de una deidad cananea particular. En las lenguas cananeas (incluyendo el hebreo), la palabra baʕal simplemente significa “señor” o “amo”. La deidad a la que nos referimos como Baal era, de hecho, el dios de la tormenta Hadad (o Haddu). Los cananeos comúnmente le asignaban a Hadad el epíteto baʕal (señor). De hecho, en ciertos contextos, la palabra baʕal también podía significar “esposo”.

Este rango semántico le permite al profeta Oseas incorporar la palabra baʕal en un ingenioso juego de palabras: “‘Sucederá en aquel día’, declara el SEÑOR, ‘que Me llamarás Ishí [que significa ‘Esposo Mío’, ʔîš-î = ‘mi hombre’], y no Me llamarás más: Baalí [que significa ‘Baal mío’, baʕl-î = ‘mi señor’]’” (Os 2:16). El profeta está castigando el sincretismo religioso de las tribus del norte, las cuales habían mezclado vergonzosamente la adoración al verdadero Dios con la adoración falsa de la deidad cananea Hadad.

Aquí debemos notar que el Dios trino de las Escrituras tiene muchos títulos y epítetos. Más famosamente, el Hijo de Dios encarnado es referido como Cristo cientos de veces en el Nuevo Testamento. Este no es un apellido, como algunos suponen, sino más bien un título muy significativo: “Christós” es una palabra griega que significa “ungido”, y es una traducción directa del equivalente hebreo māšîaḥ (que también significa “ungido”). Se le llama el Cristo porque Él viene en cumplimiento de los tres oficios principales en el Antiguo Testamento cuyos ocupantes eran ungidos especialmente con aceite (una forma de consagración): profetas, sacerdotes y reyes.

el Hijo de Dios encarnado es referido como Cristo cientos de veces en el Nuevo Testamento. / Foto: Unsplash

Los títulos y epítetos suelen ser descriptores breves y ricos en significado acerca de las personas. Los títulos bíblicos de Dios varían ampliamente. Por ejemplo, un título puede ser extenso y específico: “Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”. Sorprendentemente, este título de Dios es autorreferencial a la vez que incluye a seres humanos (es decir, el Dios del universo se describe a Sí mismo en relación con criaturas pecaminosas).

Un título bíblico también puede ser críptico y misterioso. Por ejemplo, los eruditos todavía se preguntan qué significa el título hebreo ʔĒl Šadday (El Shaddai). Usualmente se traduce al español como “Dios Todopoderoso”, pero el significado real de este título antiguo sigue siendo incierto. Ciertos títulos también pueden estar mayormente restringidos a un solo autor bíblico. Por ejemplo, el título favorito de Isaías para Dios, uno que pocos otros usan, es “el Santo de Israel”.

Estos títulos tienen un gran significado teológico para entender quién es Dios, especialmente en cómo Él se relaciona con Su pueblo en la fidelidad al pacto. Pero no representan en sí mismos Su nombre.

Un título bíblico también puede ser críptico y misterioso. / Foto: Unsplash

El misterioso nombre de Dios

¿Cuál es, entonces, el verdadero nombre del Dios de Israel? En el hebreo bíblico está representado por una secuencia de cuatro consonantes, el famoso tetragrámaton: YHWH. Este nombre aparece un total de 6828 veces en el Antiguo Testamento. Una palabra así es obviamente impronunciable en transliteración, ya que no tiene vocales. Estas vocales faltantes deben entenderse a la luz de la antigua tradición oral de la lectura de la Biblia hebrea.

La vocalización completa del texto bíblico fue establecida relativamente tarde por un grupo de escribas judíos conocidos como los masoretas. Estos escribas combinaron ingeniosamente dos tradiciones antiguas (una escrita y otra oral) en un solo texto compuesto. Durante siglos antes de los masoretas, los escribas judíos habían copiado y preservado meticulosamente el texto consonántico del Antiguo Testamento con un estándar exacto. Junto con la tradición escrita, sin embargo, mantuvieron una tradición oral igualmente rigurosa y rica de cantar el texto (con todos sus matices y detalles). Desafortunadamente, su trabajo tuvo lugar más de 1000 años después del cierre del canon del Antiguo Testamento, en los últimos siglos del primer milenio después de Cristo.

Para ese entonces, la tradición oral había eliminado desde hacía mucho tiempo la práctica de pronunciar el nombre divino. Esta tradición dictaba que en cada una de las 6828 apariciones de YHWH, debía pronunciarse una palabra diferente. Por lo general, la tradición estipulaba la sustitución por el título hebreo ʔădōnāy, “(mi) Señor”, el cual aparece en una ortografía especializada que está reservada para el tetragrámaton (más sobre esto a continuación). Los escribas masoréticos continuaron fielmente con esta práctica. En otras palabras, cada vez que encontraba YHWH en un texto, el lector judío leía una palabra completamente diferente. Este entretejido de consonantes y puntos vocálicos puede representarse de la siguiente manera simplificada:

YHWH → Y-ĕ-H-ō-W-ā-H ← ʔă-d-ō-n-ā-y = Señor

El nombre de Dios, YHWH, aparece 6828 veces en el Antiguo Testamento. / Foto: Lightstock

En la Edad Media, los cristianos europeos aparentemente malinterpretaron la intención detrás de esta representación compuesta e infirieron incorrectamente que el nombre de Dios era “Jehová”. En muchas traducciones (incluyendo la mayoría de las Biblias en inglés), sin embargo, se mantiene este concepto básico de la tradición judía. Las traducciones al inglés, por ejemplo, generalmente representan el tetragrámaton como la palabra “SEÑOR” en mayúsculas (o versalitas). La distinción entre “Señor” y “SEÑOR” es importante de observar y explicar a los creyentes, ya que le permite al lector distinguir entre un título (Señor) y un nombre personal (SEÑOR = YHWH). Además, si bien es apropiado referirse a YHWH como “Señor”, lo contrario no es cierto: otros “señores” (ya sean humanos o divinos) nunca son iguales a YHWH.

Pero ya sea que se use YHWH, Jehová o SEÑOR, el hecho es que esta antigua práctica judía condujo a una ignorancia generalizada sobre la pronunciación exacta del nombre de Dios.

Sin embargo, unas pocas piezas de evidencia nos permiten aproximarnos a la forma básica del sagrado tetragrámaton. Para empezar, la forma abreviada Yāh (que representa la mitad de la forma completa YHWH) está atestiguada 49 veces en el Antiguo Testamento (principalmente en los Salmos). Parece que la tradición oral judía no alteró la pronunciación original de esta palabra. Esto parece indicar que la primera vocal en el tetragrámaton tenía una cierta cualidad de /a/.

En la Edad Media, los cristianos europeos aparentemente interpretaron erróneamente YHWH como “Jehová”. / Crédito: Dominio público

De manera muy conocida, esta palabra abreviada también aparece en la aclamación universalmente reconocida “aleluya” (una transliteración del hebreo halĕlû-yāh, “¡Alaben a YHWH!”). Además, los nombres de numerosos individuos en el antiguo Israel (desde reyes hasta profetas y plebeyos) presentaban una forma abreviada del tetragrámaton. Un ejemplo muy conocido será suficiente: el nombre hebreo del profeta Elías significa “YHWH es (mi) Dios” (ʔēlî-yāhû).

Adicionalmente, las antiguas transcripciones griegas de algunas palabras hebreas, incluyendo el tetragrámaton, han sido conocidas por los eruditos desde hace algún tiempo. Por ejemplo, el padre de la Iglesia primitiva Clemente de Alejandría, en su obra Stromata, menciona brevemente el tetragrámaton en el contexto de una discusión sobre el antiguo sumo sacerdote israelita, en cuyo turbante estaba inscrito el nombre divino.

Clemente transliteró este nombre en letras griegas como IAOUE y explicó que significaba “El que es y que ha de venir”. Las letras OU en este contexto probablemente representan el sonido /w/, lo que significa que la traducción popularizada más recientemente, “Yahweh”, es una reconstrucción plausible para YHWH. Debemos recordar, sin embargo, que esta forma sigue siendo una especie de reconstrucción erudita.

Clemente de Alejandría / Crédito: André Thevet

Una etimología teológicamente rica

El significado de este nombre divino se insinúa más directamente en el famoso encuentro de Moisés con el Dios de Israel en Éxodo 3. Uno de los desafíos más básicos que enfrentaba este reacio siervo del Señor (quien había crecido en la corte de faraón) era su ignorancia del nombre del Dios de sus padres. Sorprendentemente, cuando Moisés Le habla, Dios no solo da un nombre para Sí mismo, sino que también proporciona una fuerte indicación sobre el significado real del tetragrámaton:

Entonces Moisés dijo a Dios: “Si voy a los israelitas, y les digo: ‘El Dios de sus padres me ha enviado a ustedes’, tal vez me digan: ‘¿Cuál es Su nombre?’, ¿qué les responderé?”. Y dijo Dios a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY [ʔehyeh ʔăšer ʔehyeh]”, y añadió: “Así dirás a los israelitas: ‘YO SOY [ʔehyeh] me ha enviado a ustedes’”. Dijo además Dios a Moisés: “Así dirás a los israelitas: ‘El Señor [YHWH], el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes’. Este es Mi nombre para siempre, y con él se hará memoria de Mí de generación en generación” (Ex 3:13-15).

Hay numerosas cosas que considerar de este breve pasaje. Nota que, en Su primera respuesta, Dios parece no responder directamente a la pregunta de Moisés (al menos no en la forma en que podríamos esperar). La frase “YO SOY EL QUE SOY” no es un nombre común, por decir lo menos. Sin embargo, nota las mayúsculas en la traducción bíblica. Esta es una afirmación de los traductores de que esta misma frase está íntimamente ligada al tetragrámaton YHWH (el cual también se traduce en mayúsculas).

En Éxodo 3, Dios revela a Moisés Su nombre y vincula YHWH con la declaración “YO SOY EL QUE SOY”. / Crédito: Vilhelm Baurenfeind

Nota además que, en Su segunda respuesta, Dios usa una forma abreviada de la frase (“YO SOY [ʔehyeh] me ha enviado a ustedes”) como si fuera el sujeto de Su cláusula (y, por lo tanto, un sustantivo común o nombre propio). En esta clase de verbos hebreos, la persona gramatical (ya sea primera, segunda o tercera) se indica mediante un conjunto de prefijos. Contrasta la forma de la primera persona ʔe-hyeh, “Yo soy” (versículo 14), con la forma de la tercera persona yi-hyeh, “él es”. Esta última es muy similar en sonido al tetragrámaton (con solo una diferencia de ortografía: YHYH vs. YHWH).

Aunque aquí no se puede dar una explicación completa de todos los cambios de sonido involucrados, es probable que el nombre “Yahweh” signifique algo como “Él es”. Este significado lo convierte en una poderosa pieza de evidencia escritural para la doctrina cristiana clásica de la aseidad divina. El Dios de la Biblia simplemente es eternamente autoexistente, y todas las demás cosas dependen de Él para su existencia.

Este pasaje fundamental de las Escrituras y su poderoso mensaje teológico resuenan en otras partes de la Palabra de Dios. Un ejemplo particularmente sorprendente ha sido notado en Oseas por Gary Schnittjer. Recordemos que el profeta fue instruido por Dios para casarse con Gomer, una mujer infiel, con el fin de ilustrar la persistente infidelidad del pueblo del pacto de Dios, Israel. El tercer hijo que Gomer dio a luz se llamó “Lo Ammí” (“No Pueblo Mío”) porque, como Dios explicó, “Ponle por nombre Lo Ammí [lōʔ ʕammî], porque ustedes no son Mi pueblo [lōʔ ʕammî] y Yo [ʔehyeh] no soy su Dios” (Os 1:9). Recuerda el lenguaje de Éxodo 3:14: “YO SOY [ʔehyeh] me ha enviado a ustedes”. La repetición de la misma forma verbal en Oseas 1:9 parece ser una alusión al pasaje anterior. Esencialmente, Dios le está diciendo al pueblo de Oseas: “Yo no soy su Yo Soy”.

El Dios de la Biblia es eternamente autoexistente, y todas las demás cosas dependen de Él para su existencia. / Crédito: Unsplash

Otro ejemplo proviene del Nuevo Testamento. En Apocalipsis 1:4, Juan usa un griego un tanto extraño para señalar a sus lectores que la gracia y la paz les llegan del Dios eterno mismo: “Gracia y paz a ustedes, de parte de Aquel Que Es y Que Era y Que Ha de Venir”. El texto de la NBLA ha sido modificado aquí con estas mayúsculas para darle al lector una idea del original y también para sugerir una alusión sutil a Éxodo 3:14. El Dios eterno y autosuficiente que se apareció a Moisés en el Sinaí es el mismo Dios a quien el apóstol Juan se refiere y describe simultáneamente a las siete iglesias.

Conectando el Antiguo y el Nuevo Testamento

La fuerte tradición de evitar la pronunciación del nombre divino probablemente surgió durante el período intertestamentario, por razones que siguen siendo un tanto misteriosas. El Talmud judío relata una tradición que se remonta a siglos atrás relacionada con un tal Simeón el Justo, un sumo sacerdote en el período helenístico temprano. Se decía que habían ocurrido numerosos milagros entre el pueblo a causa de él. Sin embargo, tras su muerte, afirma la tradición, sus compañeros sacerdotes ya no estaban dispuestos a bendecir al pueblo pronunciando el nombre sagrado de Dios.

Esto coincidió con la desaparición de las señales milagrosas, lo que puede interpretarse como el entendimiento de que la revelación divina había cesado entre el pueblo judío. La Mishná judía (siglo III d. C.) ilustra la culminación de esta larga tendencia: “Estos […] no tienen parte en el mundo venidero […] el que pronuncia el Nombre con sus letras” (Sanhedrín, capítulo 10, sección 1).

Página de la Mishná judía / Crédito: Dominio público

De manera más significativa, esta evitación tuvo un impacto de gran alcance en las primeras y más significativas traducciones antiguas del Antiguo Testamento: la Biblia griega popularmente llamada la “Septuaginta”. La práctica habitual en la Biblia griega era traducir el tetragrámaton con la palabra griega kýrios, “Señor”. Recuerda que la tradición de lectura judía premasorética requería la sustitución por la palabra ʔădōnāy, “(mi) Señor”, dondequiera que se encontrara el tetragrámaton. Por lo tanto, es casi seguro que ambas tradiciones tienen la misma fuente, la cual se originó a principios del período del Segundo Templo.

Cuando se escribieron las Escrituras del Nuevo Testamento, la mayoría de las citas del Antiguo Testamento hicieron uso de alguna forma de las versiones griegas existentes que habían estado circulando en las comunidades judías, a veces durante siglos. La convención de traducir el tetragrámaton como kýrios, por lo tanto, se abrió camino en el Nuevo Testamento. Este fenómeno también se extendió a otras partes del Nuevo Testamento que no eran citas del Antiguo Testamento. Por ejemplo, la primera aparición de kýrios en el Nuevo Testamento se encuentra en Mateo 1:20, que imita el idioma del Antiguo Testamento (griego) con la frase ángelos kýriou, “ángel del Señor”.

Sin embargo, sin duda, la característica más fascinante de kýrios en el Nuevo Testamento es el hecho de que la mayoría de sus 719 apariciones tienen a Jesús como su referente. Esta asombrosa característica lingüística está integrada en la estructura misma del Nuevo Testamento y se puede encontrar en prácticamente todas las páginas. Múltiples autores del Nuevo Testamento explotan este uso de kýrios de diversas formas para brindar a los lectores un argumento sostenido y poderoso: Jesucristo no solo es “Señor”; Él es de hecho YHWH. A menudo, ambas verdades acerca de Cristo se cruzan en un solo pasaje. Por ejemplo, en su famoso Carmen Christi (“himno de Cristo”), Pablo habla en un lenguaje cautivador sobre el señorío de Jesucristo:

Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor [kýrios], para gloria de Dios Padre (Fil 2:9-11).

Fragmentos de la Septuaginta. La práctica habitual en la Biblia griega era traducir el tetragrámaton con la palabra griega kýrios, “Señor”. / Crédito: Dominio público

La identidad de Jesucristo se vuelve aún más asombrosa cuando uno se da cuenta de que Pablo está citando directamente a Isaías, quien describe al Dios de Israel con un lenguaje similar:

Declaren y presenten su caso;
Sí, que deliberen juntos.
¿Quién ha anunciado esto desde la antigüedad
Y lo ha declarado desde entonces?
¿No soy Yo, el Señor [YHWH]?
No hay más Dios que Yo,
Un Dios justo y salvador;
No hay ninguno fuera de Mí.
Vuélvanse a Mí y sean salvos, todos los términos de la tierra;
Porque Yo soy Dios, y no hay ningún otro.
Por Mí mismo he jurado,
Ha salido de Mi boca en justicia
Una palabra que no será revocada:
“Que ante Mí se doblará toda rodilla, y toda lengua [confesará a Dios]” (Is 45:21-23).

Pablo está afirmando poderosamente todo lo que Isaías había afirmado. YHWH es el único Dios verdadero y el único Salvador de la humanidad. Solo Él es digno, y todos los que están en la tierra algún día doblarán su rodilla y Lo confesarán como Señor. El hombre Jesucristo, entonces, no es un dios advenedizo o un salvador rival. Él es el Dios de Israel y su único Salvador.

Representación del Apóstol Pablo / Crédito: Rembrandt van Rijn

El nombre de Dios en la Iglesia de Dios

¿Cómo deberían considerar los cristianos el tetragrámaton? Esta pregunta se ha vuelto particularmente relevante en años recientes, con algunos abogando por un uso más generalizado de la reconstrucción “Yahweh”, especialmente en la traducción de la Biblia.

Primero, los creyentes no deberían suponer que pronunciar el nombre “Yahweh” es pecaminoso o incluso desaconsejable. Tales actitudes se originan en parte en malentendidos inútiles sobre el mandamiento en contra de tomar el nombre de Dios en vano (Ex 20:7). De hecho, este mandamiento tiene poco que ver con simplemente pronunciar el nombre de Dios. Más bien, se relaciona con la forma en que las acciones y el comportamiento de un creyente pueden glorificar o traer deshonra al nombre de Dios. En resumen, aunque la palabra “Yahweh” sigue siendo una reconstrucción erudita, no hay nada teológicamente malo en intentar decir esta palabra como el nombre de Dios.

El problema más profundo se relaciona con el legado de la antigua práctica judía de sustituir el tetragrámaton por “Señor”. Algunos consideran que esto es una superstición inútil y, por lo tanto, una que debería abandonarse por completo en la Iglesia de hoy. Esta consideración es especialmente relevante en el caso de la traducción de la Biblia, ya que el tetragrámaton aparece miles de veces en el Antiguo Testamento.

Los creyentes no deberían suponer que pronunciar el nombre “Yahweh” es pecaminoso o incluso desaconsejable. / Crédito: Lightstock

Uno encuentra diversas estrategias al examinar las prácticas de traducción en varios idiomas del mundo. Algunas traducciones emplean un tipo de transliteración (por ejemplo, aproximándose a la forma histórica “Jehová”, o tal vez “Yahweh” en traducciones más modernas). Otras traducciones, como la mayoría de las versiones en inglés, adoptan la histórica tradición judía heredada en el Nuevo Testamento y sustituyen el título por “Señor”. Sin embargo, otras versiones simplemente optan por defecto por una traducción de “Dios” o tal vez utilizan un modificador (como en francés l’Éternel, “el Eterno”). Debe notarse que no todas las traducciones son consistentes en sus prácticas, y algunas de hecho combinan múltiples opciones.

La práctica de la traducción, especialmente la de la traducción de la Biblia, es una actividad altamente compleja que requiere que los traductores tomen en cuenta múltiples consideraciones, que incluyen, pero no se limitan a: (1) fidelidad al texto fuente; (2) legibilidad en el idioma de destino; (3) sensibilidad a una serie de factores contextuales, pragmáticos e históricos; (4) una conciencia de los lectores objetivo, incluyendo su historia previa con traducciones anteriores así como el uso previsto de la obra actual. Sin embargo, dado el precedente establecido por el Nuevo Testamento, no parece que la sustitución de YHWH por “Señor” deba considerarse como francamente inadmisible.

En última instancia, cualquier estrategia de traducción será insatisfactoria hasta cierto punto. Por ejemplo, la secuencia de consonantes ʔDNY añade una dificultad significativa al traducir consistentemente el tetragrámaton. Un ajuste menor de la vocalización produce tres opciones principales: (1) ʔădōnîy, “mi señor” (un señor humano y singular; cf. Gn 23:6); (2) ʔădōnay, “mis señores” (señores humanos y plurales; cf. Gn 19:2); (3) ʔădōnāy, “(mi) Señor” (utilizado exclusivamente en referencia al Dios de Israel). La última (ʔădōnāy) aparece cientos de veces en el Antiguo Testamento, sin embargo, no es fácilmente identificable en la traducción, ya que no presenta las consonantes del tetragrámaton (YHWH).

La práctica de la traducción, especialmente la de la traducción de la Biblia, es una actividad altamente compleja. / Crédito: Lightstock

Aun así, en algunos casos, esta distinción puede ser exegéticamente significativa. Por ejemplo, considera el famoso Salmo 110. El salmo comienza con la identificación de dos “señores” distintos: “Salmo de David. Dice el Señor [YHWH] a mi Señor [ʔădōnîy = señor humano]: ‘Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies’” (Sal 110:1). Dado que sabemos por el encabezado que David está hablando, inferimos que YHWH está conversando con el superior de David (dado que David lo llama “mi Señor”). Este Señor humano es descrito en un lenguaje elevado en los siguientes versículos, y YHWH mismo promete grandes cosas para Él.

Una vez que llegamos al versículo 5, sin embargo, leemos lo siguiente: “El Señor [ʔădōnāy] está a Tu diestra; Quebrantará reyes en el día de Su ira”. ¡La vocalización única en el hebreo de este “Señor” solo puede significar una cosa: YHWH y el Señor de David han intercambiado lugares! Anteriormente, YHWH había ordenado que el Señor de David se situara a Su diestra (el lugar de honor). Ahora es aparentemente YHWH quien se encuentra a la diestra del Señor de David.

Esta característica dramática del salmo solo puede entenderse a partir de un cuidadoso estudio de la vocalización hebrea. Y sin un conocimiento mayor y más generalizado de la Palabra de Dios en los idiomas originales, estas verdades no impactarán al pueblo de Dios tan fuertemente como podrían hacerlo de otra manera.

Al final, ninguna decisión de traducción por sí sola puede lograr satisfactoriamente todo lo que el pueblo de Dios necesita saber acerca del nombre de Dios. En cambio, los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros que Dios ha dado a la Iglesia a lo largo de su historia trabajan diligentemente para equipar a los santos (Ef 4:11-12). Ellos graban en el pueblo de Dios la profunda verdad de que su Dios y Salvador tiene un nombre. Además, este nombre comunica algo de Su naturaleza inigualable: que Él es el Dios eterno, autosuficiente y perdurable. Y por último, enseñan a los santos que el Señor Jesucristo es verdaderamente ese mismo Dios de Israel, venido en carne para rescatar a los Suyos.


Este artículo fue traducido y ajustado por David Riaño. El original fue publicado por Kaspars Ozolins en Desiring God. Allí se encuentran las citas y notas al pie.

Apoya a nuestra causa

Espero que este artículo te haya sido útil. Antes de que saltes a la próxima página, quería preguntarte si considerarías apoyar la misión de BITE.

Cada vez hay más voces alrededor de nosotros tratando de dirigir nuestros ojos a lo que el mundo considera valioso e importante. Por más de 10 años, en BITE hemos tratado de informar a nuestros lectores sobre la situación de la iglesia en el mundo, y sobre cómo ha lidiado con casos similares a través de la historia. Todo desde una cosmovisión bíblica. Espero que a través de los años hayas podido usar nuestros videos y artículos para tu propio crecimiento y en tu discipulado de otros.

Lo que tal vez no sabías es que BITE siempre ha sido sin fines de lucro y depende de lectores cómo tú. Si te gustaría seguir consultando los recursos de BITE en los años que vienen, ¿considerarías apoyarnos? ¿Cuánto gastas en un café o en un refresco? Con ese tipo de compromiso mensual, nos ayudarás a seguir sirviendo a ti, y a la iglesia del mundo hispanohablante. ¡Gracias por considerarlo!

En Cristo,

Giovanny Gómez
Director de BITE
¿Mi donación es segura?
¿Mi donación es deducible de impuestos?
¿Puedo cancelar mi donación recurrente?

Autor

Kaspars Ozolins

Kaspars Ozolins es profesor asistente de Interpretación del Antiguo Testamento en The Southern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Ieva, tienen dos hijos, Ēriks y Valters.

Relacionados

Códices: los manuscritos que permiten reconstruir la historia del Nuevo Testamento

Los códices transformaron la manera de conservar y transmitir los manuscritos antiguos. Hoy, sus páginas permiten...

Leer más

Estudios recientes revelan que las mujeres leen la Biblia más que los hombres. ¿Por qué?

Según estudios, las mujeres leen más la Biblia, aunque eso parece estar cambiando. Más allá de...

Leer más

Qumrán: el descubrimiento que transformó los estudios bíblicos

El hallazgo accidental de los manuscritos del mar Muerto transformó los estudios bíblicos para siempre. Ocultos...

Leer más

Articulos recientes

¿Está colapsando la escuela tradicional? Charlotte Mason y el desafío de educar en la era de la IA

El sistema escolar moderno, diseñado para la antigua era industrial, sufre un desgaste evidente en un...

Leer más

La ilusión del creador: lo que la fertilización in vitro revela sobre nuestra forma de ver la vida humana

Más allá de si hay casos moralmente correctos de fertilización in vitro, su uso produce preguntas...

Leer más

¿Están los cristianos de hoy más preocupados por difundir teorías de conspiración que por predicar el evangelio?

Es probable que vivamos en la época de la historia en la que es más fácil...

Leer más

Tendencias

La rebelión conservadora de la Generación Z: retorno al catolicismo

Cada vez más jóvenes están volviendo al catolicismo tradicional. Esta tradición ofrece orden, comunidad y respuestas...

Leer más

Millones de evangélicos, pocos misioneros transculturales: la paradoja en Latinoamérica

El centro de gravedad del cristianismo se ha desplazado hacia el Sur Global, pero las estadísticas...

Leer más

Bridgerton: el nuevo imaginario del deseo romántico

Muchas mujeres rechazan la pornografía explícita, pero consumen relatos románticos que también educan la imaginación, moldean...

Leer más

Antes de renunciar al pastorado: las señales que toda iglesia debería ver

Un estudio de Lifeway Research identificó los principales factores que influyen en la permanencia pastoral. Este...

Leer más

El día que Roma destruyó Jerusalén: historia, conflicto y consecuencias teológicas para el cristianismo

En medio del fuego y el caos, Jerusalén cayó ante Roma. Lo que parecía un acto...

Leer más

El imperio financiero de los mormones: ¿cómo una iglesia se convirtió en un gigante económico global?

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días podría alcanzar un valor neto...

Leer más