Esta es la asombrosa historia de la reciente evangelización de los Yao, una comunidad africana, islámica y animista que poco a poco fue rindiéndose a la gracia de Cristo. Es un registro histórico que nos recuerda cómo el poder del Espíritu Santo sigue operando hoy, incluso en los rincones más remotos de la tierra, y lo hace también a través de los creyentes latinoamericanos.
Este registro fue construido con los reportes que los misioneros al frente de la evangelización enviaron a su iglesia local en Chile (de la cual intencionalmente hemos evitado incluir datos). Por eso aparecen extractos de las cartas a lo largo de la narración, junto con las fechas en las que se envió cada comunicación.
La abundante cosecha
En 2013 se organizó una conferencia para reunir a los creyentes del grupo étnico Yao, ubicado en el corazón de África subsahariana, que consta de una población de casi 4 millones de personas repartidas en cuatro países de la zona (Malawi, Tanzania, Mozambique y Zambia). Ese año se juntaron y contabilizaron tan sólo 120 creyentes en una etnia predominantemente islámica animista, clasificada como “grupo no alcanzado”.
No obstante, Dios movilizó fuerzas misioneras de varios países y, para la siguiente conferencia en 2019, se reunieron asombrosamente 1000 creyentes locales. ¡El Evangelio había crecido en un 1000% en tan sólo cinco años! Hoy en día, se estima el número de creyentes en más de 5000, aunque por su vertiginoso crecimiento ya es difícil establecer datos certeros. El Evangelio se ha esparcido por las aldeas a través de los mismos creyentes locales que han llevado con gozo las Buenas Nuevas a todos los suyos.

Pero este fruto abundante no surgió de un día para otro. Implicó años de esfuerzo, trabajo, oraciones intencionales y la construcción de relaciones profundas. Este relato no sólo es un registro del inicio del cristianismo en medio de comunidades y aldeas africanas, es también una evidencia de que el poder de Dios y del Espíritu Santo sigue actuando en todos los rincones de la tierra. Dios sigue teniendo poder para salvar.
2012. La siembra: de Chile a Mozambique
Han sido varios los equipos misionales que se han esforzado por alcanzar a los Yao, una etnia rural africana que en su mayoría profesa el islam y el animismo. Sin embargo, este es el relato reciente de Sergio Fontanés, quien desde muy joven fue llamado por Dios a las misiones transculturales.
Sergio estudió kinesiología en Viña del Mar, Chile. No obstante, aunque al egresar obtuvo un trabajo estable y seguro, sintió de parte de Dios que era hora de partir por los no alcanzados por el Evangelio. De esta manera, Sergio dejó su casa y su hogar para formarse en las escuelas de YWAM (o JuCUM en español). Después de prepararse para el campo misionero y antes de haber cumplido treinta años, en el 2012 Sergio ya se encontraba en el continente africano, listo para extender el reino de Dios. Un año después, en una de sus cartas de reporte a su iglesia local, él relata:

Tras un largo viaje en avión y de pasar un par de días allí, emprendimos nuestra travesía hacia Itepela, nuestro destino final. Cuatro de nosotros lo hicimos arriba de una “chapa”, único medio de transporte colectivo tipo bus escolar donde entran más de 20 personas enlatadas como sardinas. Con las piernas torcidas, algunos codos incrustados en las costillas y brazos que se acomodaban en nuestros hombros emprendimos nuestro camino. Después de dos horas de un novedoso viaje, la chapa se detuvo para dejarnos en el poblado de Massangulo, a unos 40 km de Itepela. En ese lugar teníamos el desafío de encontrar a algunos hombres que nos llevaran en moto hasta nuestro destino […]. Finalmente llegamos a Itepela, una localidad rural en el norte de Mozambique donde vive una comunidad Yao, una etnia musulmana aún no alcanzada por el Evangelio (Julio 2013.)
En medio de una cultura islámica y animista como esta, comenzar con la predicación del Evangelio como primer movimiento sería como chocar con pared. Las diferencias entre una cosmovisión y otra solo darían pie a discusiones, polémicas, conflictos y, lo más trágico de todo, rechazo. Toda oportunidad para ser escuchados sería negada. Sin embargo, aunque la tierra esté dura por encima, no significa que no se pueda trabajar. Cristo mismo dejó el mejor ejemplo para la labor misionera: construir relaciones verdaderas e invertir tiempo en los demás.

Precisamente eso fue lo que Sergio y su equipo comenzaron a hacer. Se empeñaron en pasar tiempo con los Yao conociendo su forma de pensar, aprendiendo su idioma, involucrándose en su rutina, entre otros aspectos. Su enfoque misionero era imitar a Cristo creando una base sólida que diera pie a una amistad sincera y cercana, y entonces tener así la suficiente confianza para que, en el momento oportuno, estuvieran dispuestos a escuchar de Cristo. Dice el propio Sergio en una de sus cartas: “Nuestro azadón y nuestro abono es el amor y la preocupación sincera”. Y continúa su relato:
A Cásimo lo conocí en el viaje del año pasado. Es nuestro vecino de enfrente y uno de los pocos hombres que hablan portugués en Cavalla, la aldea en que estamos viviendo. El año anterior solía pasar mucho tiempo con Christian, mi compañero del equipo anterior, pero yo no había dedicado mucho tiempo a conocerlo ni a crear una relación con él. Sin embargo, apenas me vio llegar esta vez, muy afectuosamente se acercó a saludarme, y no dejó pasar mucho tiempo para hacerme una primera visita cordial. A él le gusta hablar y discutir de religión, ya que es un musulmán practicante. De hecho, su suegro es maestro del Corán y su familia es muy activa en la mezquita que está al lado de su casa. Cásimo no pierde oportunidad para hablarme del islam y del Corán, y debo decir que he aprendido mucho de las creencias locales a través de él. Por otra parte, siempre está interesado en saber más de la Biblia, y disfruta de sus enseñanzas, tanto así, que hasta me pidió una para leerla. Como es de pequeña estatura y secretamente está tan interesado en Jesús, me hace recordar a Zaqueo, el de la Biblia. Dios me ha impulsado a cultivar más a fondo mi amistad con él (Julio 2013).

2016-2017: fruto, pruebas y trabajo
Como ha sucedido a lo largo de la historia, la labor misionera no sólo lleva el Evangelio por medio de palabras, sino también lo hace con acciones. Sergio y su equipo no sólo se encargaron de crear relaciones profundas con los Yao a través de conversaciones y compartir tiempo, también demostraron amor y generosidad en la práctica estableciendo clínicas móviles e iniciando una educación más formal para los niños.
Así, tres años después de su llegada a África, Sergio viajaría a Mecula (otra localidad Yao) para continuar con las clínicas móviles, pero ahora casado con Catalina Álvarez. Y junto a otro matrimonio chileno, se establecerían de manera permanente en esa aldea de 30 mil habitantes que no tenía ningún creyente aún. En su viaje hacia Mecula, Sergio pasó a visitar a su amigo Cásimo en Itepela:
Fue muy gratificante volver a hacer clínicas móviles con el equipo de Itepela, visitar las localidades donde por mucho tiempo solía trabajar y recibir el cariño de la gente. Pero sin duda, una de las alegrías más grandes fue el reencuentro con mi amigo Cásimo, quien fue mi vecino, profesor de Yao y compañero todo el tiempo que estuve allá. Si bien nuestra amistad siempre fue muy sincera y tuvimos innumerables conversaciones sobre Dios, Cásimo nunca accedió a recibir a Cristo. Su suegro es un maestro del Corán, y por tanto, él ni siquiera pensaba en la posibilidad de dejar el islam. Sin embargo, esta vez fue diferente. Llegó a visitarme el segundo día de nuestra llegada a Itepela. Nos dimos un fraternal abrazo, y luego de actualizar lo que fue de nuestras vidas, me dijo: “Ahora estoy listo para recibir a Jesús”. Yo quedé boquiabierto, no creía en lo que estaba escuchando, por lo que pedí que me confirmara si había entendido bien. ¡Y así era! Entonces lo guié a Cristo en ese mismo momento mientras mi corazón rebosaba de felicidad. Ahora está siendo discipulado por un hermano de Itepela. Gracias a los que alguna vez oraron por mi amigo Cásimo. ¡Dios tiene sus tiempos! (Diciembre 2016).
A pesar del gozo que causa un alma entregada a Cristo, las pruebas siguen llegando para purificar la fe. Y en medio de la alegría que Sergio experimentó por la disposición de los Yao para entregarse a Cristo, su misión no estuvo exenta de tribulaciones. Entre la escasez y la falta de una casa, al inicio Sergio y su esposa dormían en carpas sin imaginar hasta dónde sería llevada su fe en Cristo.
…armamos nuestras carpas al llegar sin saber lo que esa noche nos tenía preparado. Primero una serpiente amenazante cruzó al frente de nosotros queriendo insinuar que las cosas no serían fáciles. A medianoche despertamos sobresaltados por los fuertes truenos y relámpagos que caían a nuestro alrededor, y no pasó más de una hora cuando la lluvia ya era torrencial y las aguas impetuosas comenzaron a hacer estragos hasta inundarnos. Tuvimos que refugiarnos en la camioneta que aún estaba cargada. Esa misma noche, empapados y tratando de dormir en medio de mochilas y maletas, Catalina comenzó a sentir fiebre. Era la temida malaria. No lo podíamos creer, las cosas no comenzaron fáciles para nosotros, pero en todo alabamos a Dios.

Los días posteriores fueron también muy difíciles, sobre todo para Cata que tuvo que soportar la enfermedad en las condiciones que estábamos. Luego de terminar el tratamiento hubo señales de mejoría y todo parecía volver a la normalidad. Estábamos felices porque Cata se sentía mejor e íbamos a poder organizarnos bien. Sin embargo, pasados dos días, Catalina tuvo una recaída muy fuerte que nos asustó y nos dejó muy angustiados, pero agradecimos a Dios que guardó su vida. Oramos fuertemente y decidimos viajar a la ciudad de Pemba para hacerle exámenes en una clínica misionera. Era otro viaje largo en poco tiempo, pero gracias a Dios pudimos descubrir allá que la malaria había sido resistente a los medicamentos y comenzamos a tiempo un nuevo tratamiento (Diciembre 2016).
Con todo, la obra de Dios seguía en pie, pues si Él mismo los había llamado a extender Su reino con los Yao, Él mismo sería el que los sostendría. Así que después del periodo de prueba, Sergio junto con su esposa y su equipo continuaron con su llamado, y fueron sorprendidos por lo que Dios hizo. Prontamente iniciaron relaciones de amistad y estudios de historias bíblicas para los aldeanos, incluso jóvenes de una aldea vecina llegaron para escuchar y estudiar. En una carta de noticias del 2017, Sergio narra lo siguiente:
Eliserio y Waras son dos jóvenes que el año pasado participaron de nuestros estudios de historias cronológicas de la Biblia. Ellos entregaron sus vidas a Jesús y este año quisieron continuar estudiando con más detalle los Evangelios. Durante una de las lecciones en las que estudiábamos el bautismo de Jesús, ellos nos dijeron: “¡Nosotros también queremos ser bautizados! ¡Pedimos que nos bauticen!”. Al escuchar su deseo nos alegramos y les propusimos hacerlo la semana siguiente, pero ellos respondieron: “No podemos esperar tanto, ¡bautícenos ahora, por favor bautícenos!”.
Nosotros nos miramos sorprendidos y pensamos en la historia de Felipe y el Etíope, “Allí hay agua, ¿qué impide que éstos sean bautizados?” (Hch 8:36). Entonces les explicamos con más detalle el significado del bautismo. Como ya anochecía, al día siguiente caminamos juntos a un tranque de agua que está junto a un pantano. Mucha gente de las plantaciones de arroz fue a ver lo que acontecía. Dentro de ellos, se encontraban algunos familiares de estos valientes jóvenes. Ellos expresaron públicamente su deseo de seguir a Jesús, mientras que algunas de las personas y familiares comenzaron a proferir amenazas: “¡Tienen que saber lo que están haciendo y asuman las consecuencias!”, “¡No los quiero ver nunca más en la mezquita!”, les decía un tío suyo.
Sin embargo, ellos llenos de coraje, dieron públicamente testimonio de su fe y luego descendimos a las aguas y los bautizamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en medio de un ambiente sobrecogedor lleno de la presencia de Dios. Después de todo, el mismo tío que los amenazaba acabó felicitándolos por su convicción y valentía. Así, estos jóvenes se transformaron en los primeros cristianos “oficiales” de la aldea de Lichengwe, marcando un precedente para los que habrán de añadirse a la iglesia. ¡Gloria a Dios! (Marzo 2017).

Fruto, rendición y alabanza a Dios. En muy poco tiempo el equipo misionero comenzaba a ver los resultados de su trabajo y de la gracia del Señor. Ellos continuaban siendo fieles a su llamado discipulando a los nuevos creyentes de manera sencilla pero profunda, con una liturgia natural para la cultura local. Eran solamente plantadores de la semilla, regando la siembra con cada estudio y enseñanza, esperando que las Escrituras transformaran a los Yao de manera práctica y vivencial. Su perseverancia estaba resultando en el origen de la iglesia Yao:
Aunque el número de creyentes aún no supera los veinte (todos de familias musulmanas), nos estamos reuniendo en tres “casas iglesias” en aldeas diferentes. Son los dueños de casa quienes están dirigiendo los encuentros y cada integrante participa, mientras que nosotros los apoyamos en el estudio bíblico hasta que sea necesario. Ellos están creando sus propias canciones con los versículos e historias que van aprendiendo, y su motivación es tal que prácticamente en cada encuentro aparece alguien con una nueva canción.
La manera detallada con que repasan las historias bíblicas nos deja muchas veces boquiabiertos. Asimismo, están entendiendo que son ellos los llamados a compartir el Evangelio con otros, y muchos han recibido testimonio de Jesús por primera vez a través de sus bocas. No han estado exentos de dificultades, pero en todo han visto la mano de Dios, y eso ha fortalecido su fe. Les pedimos oración por estos hermanos amados, para que Dios los lleve tan lejos conforme sea Su voluntad (Junio 2017).

2017-2018: Persecuciones y respaldo de Dios
La Palabra establece que el Evangelio avanzaría en medio de severas oposiciones y persecuciones, y este caso no ha sido distinto. Las tribulaciones comenzaron a permear en los matrimonios, en los líderes de las casas iglesias, en la salud y en los propios misioneros. Nuevos creyentes fueron amenazados por familiares, algunas esposas fueron golpeadas por sus maridos musulamnes y presionadas para abandonar a Jesús, incluso a los mismos misioneros se les acusaba de lucrar con la gente a cambio de que creyeran en Cristo, eran vistos como ladrones de las tierras y traficantes de personas.
Sergio narra el inicio de la persecución hablando de Waras, uno de los primeros creyentes bautizados, y su familia, y cómo su madrastra Ditune y su abuela Aisha recibieron a Cristo. Sin embargo…
Desde que los conocimos, el padre de Waras siempre fue un misterio. Nos decían que había ido a Tanzania con su hermana enferma, pero pasaban los meses y no regresaban. Hasta llegamos a dudar si algún día volverían. En tanto, Dios estaba transformando los corazones de sus seres más cercanos sin que él siquiera se imaginara.
Pero el día llegó, y Patricio regresó con su hermana recuperada. En un comienzo todo era alegría por tenerlos en casa, pero al enterarse de lo que había estado sucediendo en su ausencia, Patricio se enfureció. Él siempre había sido un musulmán practicante y respetado en su comunidad, y no podía permitir que su madre, esposa e hijo ahora fueran cristianos. A Waras lo amenazó duramente con dejarlo en la calle, y lo obligó a volver a la fe islámica, mientras que a su esposa Daitune le dio una dura golpiza, llegando al punto que la policía tuvo que intervenir (Junio 2017).

Este acontecimiento provocó temor y desconcierto en los nuevos creyentes, pues aunque querían seguir escuchando sobre Cristo, guardaban su distancia con los misioneros por temor a las consecuencias. Sergio continúa narrando: “Nos saludan con cariño, pero luego se alejan para no tener más problemas”.
No obstante, a pesar de las crecientes amenazas, el poder de Dios seguía siendo evidente para la comunidad africana, y los misioneros seguían siendo fortalecidos por el Señor para continuar sirviendo, orando y conociendo a la gente. En una de sus salidas de evangelismo, el matrimonio que servía junto con Sergio y Catalina, llegó a conocer a una familia cuya madre llevaba ocho años enferma, adolorida, cansada y débil. Curanderos y doctores habían intentado sanarla, pero nada daba resultado. Sergio cuenta:
Cuando Paulo y Teresa [el otro matrimonio misionero] nos comentaron sobre esta familia, comenzamos a frecuentar su casa para orar y pedir a Dios por su sanidad. Ellos estaban abiertos a Dios, al igual que varios de sus hijos, por lo que junto con las oraciones comenzamos a explicarles el Evangelio a través de historias. Paulatinamente fuimos viendo cambios en el estado de salud de Laurinda, lo que nos animó a seguir intercediendo por ella.
Un día al llegar a su casa, uno de sus hijos nos contó con mucha alegría: “¡Mi mamá fue hoy a buscar agua al pozo y cargó el balde en la cabeza!”. Era la primera vez que podía hacer un esfuerzo físico en ocho años. Desde ese día, Laurinda comenzó a ayudar a su marido en la plantación, y hasta fue capaz de ir sola a visitar a su madre a un poblado que está a más de 140 km.
Todos en “La Yunta” (su aldea) comentan sobre su sanidad; ha sido un gran testimonio. Comenzamos un nuevo grupo de estudio bíblico en su casa, y tres de sus hijos se bautizaron. Cuando los musulmanes fueron a encarar a Horacio [el padre] por esto, él simplemente respondió: “A través de las oraciones de estas personas mi esposa se recuperó. Yo no puedo ahora prohibirles que vengan a mi casa a enseñarnos sobre su Dios” (Septiembre 2017).

Dios continuaba mostrando su poder para sanar y salvar, y cada vez más personas se convertían a Él por el testimonio de otros, y se reunían para conocer más sobre la obra de Cristo. Sin embargo, aunque los grupos en casa crecían, a la par, la hostilidad hacia el equipo misionero también. En una carta del 2018, Sergio se lamenta diciendo:
Aunque intentamos identificarnos lo máximo posible con la cultura local y no imponerles nada de nuestra cultura, para ellos siempre vamos a ser “gente diferente”, partiendo tan sólo por nuestro color de piel. Como les hemos contado en nuestras cartas, hay quienes nos han recibido bien y se han abierto a conocernos sin prejuicios, pero un gran número de personas aún nos mira con recelo e inventa historias sobre nosotros.
“Esos blancos dicen que vienen a enseñar la palabra de Dios, pero en realidad quieren llevarse las riquezas de nuestra tierra”, “venden personas, compran huesos de muertos, trafican piedras preciosas, ganan dinero por estar aquí”, “les pagan a la gente para que se hagan cristianos”. Estas son algunas cosas que se hablan sobre nosotros. Debido a esto, mucha gente tiene desconfianza de acercarse a nosotros libremente. Pedimos oración para que este tipo de rumores no afecte lo que Dios ya comenzó a hacer en este lugar, y que a través del amor y el servicio a la comunidad, podamos con el tiempo derribar todo este tipo de barreras (Abril 2018).

Sin importar lo que se dijera sobre el equipo misionero, la comunidad africana se daba cuenta del poder que había en el mensaje que escuchaban. “¿Qué tipo de hechizo usaste para dejar el alcohol?”, le preguntaron a un hombre llamado Maganga, lo que dio pie a que él comenzara a predicar sobre Cristo y comenzar un estudio bíblico. Aunque, como relata Sergio:
Las cosas no son simples entre los Yao, pero Maganga y Paulo están predicando el Evangelio con toda osadía y a través de sus propios testimonios. Ellos, con mucha pasión, están allanando el terreno e instaurando el Reino de Dios entre su propio pueblo (Junio 2018).
Del mismo modo, milagros seguían sucediendo. Los nuevos creyentes se bautizaban junto con sus familias que también habían entendido el mensaje del Evangelio. Incluso, una señora mayor llamada Elisa fue el recipiente en el que Dios obró un milagro de sanidad:
Ella era una mujer jorobada, pero creyó en Dios y ahora lleva un tiempo caminando mucho más erguida sin tener la necesidad de seguir usando su bambú para afirmarse. El testimonio de ella también se ha difundido y por ese motivo mucha gente se ha aproximado a los creyentes y a nosotros para pedir oraciones de sanidad. Sigamos orando por más sanidades y milagros en el nombre de Jesús (Abril 2018).
No obstante, así como la iglesia entre los Yao en Mecula iba ganando terreno con mucha fuerza, los ataques respondían con igual o mayor dureza, y cada vez se iban incrementando más. Los líderes musulmanes y curanderos amenazaban y presionaban a los creyentes a tal punto que era notorio que varios matrimonios comenzaban a tener problemas, las mujeres eran presionadas para abandonar a sus maridos creyentes y viceversa. Este fue el caso de Laurinda, la mujer que después de ocho años enferma y débil, fue sanada. Ocurrido el milagro, comenzaron un estudio bíblico en su casa, pero también llegó la oposición. La familia de Horacio, su esposo, comenzó a presionarlo, pues eran musulmanes. Sergio narra con pesar lo que ocurrió en casa de Horacio y Laurinda en 2018:
“¡O te divorcias de ella, o sales de nuestra familia!”, fue el ultimátum que le dieron a Horacio. Al regresar de Chile, nos encontramos con que el grupo en la casa de Laurinda ya no continuaba más, Horacio los había expulsado. Algunos de sus hijos se estaban reuniendo en la casa de un vecino llamado Gervasio para estudiar la Biblia, y Daudo, su hijo mayor, estaba liderando. Laurinda había dejado de congregarse por miedo a que su marido la deje, pero secretamente aún continúa orando a Jesús. Su salud ha vuelto a decaer un poco y nos pide que desde nuestros hogares oremos por ella (Abril 2018).
Todo empezó a tornarse oscuro: matrimonios destrozados, estudios bíblicos cancelados, familias separadas. Parecía que poco a poco ya no habría oportunidad de seguir compartiendo del Evangelio, pues las presiones eran cada vez más amenazantes y la tentación de rechazar a Cristo o negarlo se volvía muy insistente. Esta obra misionera parecía ese pábilo que humea, que casi se está apagando.
Hasta que llegó la prueba que demostró que Dios aún continuaría con Su obra.
2021: Probados por el fuego
En diciembre del 2021 llegó la prueba de fuego para toda la comunidad. Un grupo de insurgentes musulmanes yihadistas llamado Al-Shabaab atacó y arrasó las aldeas del norte de Mozambique. La crisis llevó a un desplazamiento forzado de 800 mil personas. Así mismo, los creyentes locales y misioneros se vieron forzados a tener que huir y dejar todo atrás. Pero Dios seguía teniendo el control de todo.

En medio de toda la aflicción, el temor y la pérdida que este ataque representó para la comunidad, el equipo de misiones abrió un refugio en Lichinga para todos los creyentes y sus familiares, lugar que resultó de gran gozo y consuelo. Una demostración más de que Cristo amaba a esta iglesia.

Sergio narra con ternura el cuidado que Dios tuvo de sus hermanos africanos:
Ayer en medio de la celebración de navidad bautizamos a seis personas, familiares de nuestros hermanos que han recibido ayuda como refugiados. Ellos entregaron su vida a Jesús en medio de esta situación difícil, pues fueron testigos del amor y cuidado que Dios ha tenido para ellos a través de todos los que hemos colaborado y orado para que esta ayuda pudiera llegarles (Diciembre 2021).
Pero eso no fue todo. Junto con la persecución, hubo un brote de COVID-19 en la base, donde todo el grupo se enfermó, pero gracias a Dios nadie falleció.
Parecía que la obra misionera tenía que detenerse, pero el Señor ya tenía un plan preparado. Así que, forzados por la persecución, la iglesia se dispersó por toda la región, especialmente en cuatro zonas, ocurriendo asombrosamente lo descrito en Hechos 8:4: “Así que los que habían sido esparcidos iban predicando la Palabra”.
2022: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare…”
Sergio narra sobre este periodo posterior a la Pandemia:
El grupo de hermanos que se asentó en Marrupa fue el más grande de los cuatro. Liderados por Castro, fueron muy activos en reunirse varias veces a la semana a alabar y estudiar la Palabra de Dios. Esto de inmediato llamó la atención de algunos vecinos y familiares, quienes inspirados por sus testimonios comenzaron a participar de los encuentros. En poco tiempo, el grupo se duplicó en número.
Pedro, un carpintero amigo, que por sus medios había también huído a Marrupa, se sumó a ellos y tomó un rol muy activo predicando la palabra con denuedo y atrayendo a varios a la fe. Conocemos a Pedro de muchos años, comenzó trabajando con nosotros, le predicamos el Evangelio y lo discipulamos, pero nunca lo habíamos visto tan entregado a la obra de Dios como lo ha sido en este tiempo.
Escuchar todo lo que estaba pasando, llenaba nuestro corazón de alegría, y apenas pudimos, decidimos viajar a Marrupa a visitarlos y animarlos. Lo que vimos allá nos llenó aún más de alegría, ya que el grupo estaba muy unido y motivado, e incluso los nuevos creyentes testificaban y predicaban entre sus cercanos, sin miedo de sus familiares. Luego de nuestra visita, Castro y Pedro comenzaron a visitar otros barrios enseñando la Palabra de Dios, y al poco tiempo se formó otro grupo en la casa de un hombre llamado Geraldo en la aldea de Nputu, quien junto a toda su familia comenzó a seguir a Jesús.
Ahora el grupo de Marrupa es predominantemente local, ya que la mayoría de los de Mecula han ido regresando a sus lugares de origen. Sin embargo, su paso por Marrupa dejó una semilla que ha crecido y dado mucho fruto. A esto, se suman las semillas plantadas en otras zonas donde también se asentaron hermanos, como Namuno, Nambombo y Ncumela. En todas, el Señor se ha manifestado (Junio 2022).

El retorno a mitad de año a la aldea de Mecula inició una nueva fase de trabajo, donde había que consolar a los dolientes por sus muertes y pérdidas, y ayudar a la localidad a reconstruirse; había sido un año de extrema pobreza, pues no habían podido sembrar ni cosechar. Pero todo eso es otra historia de las tantas que se podrían relatar de lo ocurrido las últimas décadas en esos lugares rurales del corazón de África.
Al haber alcanzado los creyentes a la población de Marrupa, se extendió el Evangelio a otra etnia de la región, llamada los Makhuwa-Meetto, predominante en aquella localidad. Este grupo étnico está repartido en cinco países subsaharianos, de unos 2.5 millones de personas; también es islámico animista y es el movimiento que con más fuerza ha crecido en la evangelización local posterior al año 2022. Lo más glorioso de todo es que fue alcanzado no por “misioneros blancos”, sino Yaos convertidos arrancados de la persecución. El poder y la misericordia de Dios siguen activos salvando a personas de todas las etnias del mundo y “Su Palabra corre velozmente” (Sal 147:15).
Escribiendo la historia de las misiones
Al leer este precioso relato de la misión transcultural actual, hay muchas preguntas que debemos plantearnos en lo personal. ¿Cómo estoy viviendo mi vida de creyente? ¿Entiendo que yo mismo también estoy en una misión donde quiera que Dios me tenga?
Al igual que los nuevos creyentes Yao, nosotros también estamos escribiendo la historia de las misiones mundiales, en nuestra propia localidad. ¿Entendemos que el poder de Dios sigue vigente trabajando con eficacia en el mundo actual? Por tanto, ¿estamos viviendo para la gloria de Cristo haciendo discípulos de Él a la gente que nos rodea? ¿En qué estamos invirtiendo nuestro tiempo, fuerza y dinero?
Todo hijo de Dios debe vivir plenamente consagrado a glorificar a Dios por medio de palabras y obras, entendiendo también que esto sin duda traerá tanto alegrías como tribulaciones. ¿Podemos comprender esto? Y por último, recordemos que nuestra misión no es solo local. La mirada de todo creyente debe ser “glo-cal”, tanto global, como local, pues aún hay etnias y regiones por evangelizar y ovejas de Cristo por encontrar.
Referencias y bibliografía
