La figura de Louis Berkhof ocupa un lugar significativo en la historia del protestantismo reformado del siglo XX. Su importancia no radica tanto en la originalidad de sus ideas ni en su influencia en la formulación de propuestas teológicas, sino en su función como sistematizador, recuperador y transmisor de la doctrina calvinista clásica. Así, Berkhof representa un caso singular de cómo las tradiciones religiosas responden a la modernidad no solamente mediante la innovación, sino también a partir de la conservación y transmisión de lo tradicional.
Aunque su obra no se caracterizó por una impronta “revolucionaria”, diversas evaluaciones históricas dentro del mundo reformado han subrayado su peso institucional y formativo: Henry Zwaanstra llegó a afirmar que ningún teólogo o líder eclesial dejó mayor impacto en la Christian Reformed Church (CRC) que el profesor Berkhof. Esta valoración ayuda a entender por qué, además de su obra escrita, su carrera docente y su liderazgo institucional han sido leídos como una pieza decisiva en la configuración del protestantismo reformado neerlandés en América del Norte.
En lo que sigue, su figura se presenta, precisamente, como un caso de continuidad: un teólogo que sostuvo una identidad confesional en medio de transformaciones culturales y debates doctrinales intensos.

Herencia neerlandesa y llegada a Estados Unidos
Louis nació el 13 de octubre de 1873 en Emmen, en la provincia de Drente, Países Bajos. Sus padres, Jan By Gessje, pertenecían a la CRC. El señor Berkhof era panadero y continuó con ese mismo oficio tras emigrar con su familia a otro continente. El matrimonio tuvo ocho hijos, aunque algunos fallecieron antes de salir de Europa, otros poco después de llegar a su destino, y más tarde dos hermanos murieron de tuberculosis. En contraste con esa fragilidad doméstica, el retrato físico de Louis Berkhof resaltaba su porte: un hombre de constitución fuerte, alto, de rasgos marcados, con una cabellera abundante que con los años se volvió plateada.
En 1882, cuando Berkof tenía entre 8 y 9 años, él y su familia se trasladaron a Estados Unidos y se establecieron en Grand Rapids, Míchigan, región que albergaba una numerosa comunidad de inmigrantes neerlandeses. Conviene añadir que su trasfondo eclesiástico se inscribía en la tradición de la Christelijke Gereformeerde Kerk, heredera de la secesión de 1834 frente a la iglesia estatal neerlandesa, y que esa identidad confesional —expresada en la Confesión Belga, el Catecismo de Heidelberg y los Cánones de Dort— acompañó a muchos inmigrantes en su tránsito hacia el Medio Oeste estadounidense.

Ese fenómeno migratorio es un elemento clave para comprender la trayectoria de Berkhof: las iglesias reformadas neerlandesas en América del Norte no solo buscaban preservar su identidad étnica y confesional, sino también construir instituciones educativas capaces de formar líderes religiosos preparados para enfrentar los desafíos del nuevo contexto estadounidense en el que vivían. Además, durante años mantuvieron el neerlandés como lengua habitual de culto, de modo que la experiencia eclesial de Berkhof y el desarrollo de su vocación quedaron marcadas por una iglesia en transición, culturalmente neerlandesa, pero inmersa en un entorno de americanización creciente.

Formación, ministerio y vida personal
Berkhof profesó su fe en Cristo en 1893, cuando entraba en la adolescencia. Durante esos años, fue secretario de la Reformed Young Men’s Society de Grand Rapids, organización dedicada al estudio de la doctrina reformada y los principios del calvinismo. Bajo su influjo, el grupo se organizó a escala denominacional y pasó a conocerse como la American Federation of Reformed Young Men’s Societies.
Su formación académica comenzó el mismo año de su conversión en el Calvin College y continuó en el Calvin Theological Seminary, dos instituciones representativas de la CRC. Estas preservaban la herencia teológica europea, sobre todo de los Países Bajos, y también dialogaban con un entorno intelectual diverso en medio de discusiones doctrinales que se daban en el protestantismo norteamericano. Berkhof se formó, por tanto, en un contexto en el que la teología estaba estrechamente vinculada a la identidad comunitaria y a la defensa doctrinal. En ese período estudió dogmática con Hendericus Beuker, quien apreciaba particularmente la obra de Abraham Kuyper y Herman Bavinck.

Tras completar su formación en el año 1900, Berkhof se casó con Reka Dijkhuis, su primera esposa, con quien tuvo seis hijos de los cuales sobrevivieron cuatro (Grace Meyer, William, Jean Stuk y John). Los padres de su esposa, Jacob Dijkhuis y Jantje Wiersema, eran inmigrantes provenientes de los Países Bajos, lo que la integraba plenamente en la comunidad holandesa-estadounidense de la época, círculo en el cual muy probablemente se conocieron. Ese mismo año, Berkhof fue ordenado al ministerio en la CRC, en Allendale (Míchigan), donde sirvió hasta 1902.
Un hito decisivo en su desarrollo intelectual fue su paso por el Seminario Teológico de Princeton (1902-1904), donde estudió bajo la influencia de teólogos como Benjamin Warfield y Geerhardus Vos. En ese momento, Princeton representaba uno de los centros educativos más sólidos del protestantismo conservador en los Estados Unidos. Sin embargo, también era un espacio de tensiones internas, en el que convivían distintos enfoques sobre la relación entre Biblia, historia y otras disciplinas afines. Berkhof aprendió de Warfield una fuerte confianza en la inspiración y autoridad de la Escritura, así como una comprensión rigurosa de la teología sistemática como disciplina científica. De Vos, en cambio, recibió una perspectiva histórico-redentora de la trama y el contenido de la Biblia.

En 1904, Louis Berkhof pasó a pastorear la Oakdale Park Church, en Grand Rapids. Mientras ejercía allí, tomó cursos de filosofía por correspondencia con la University of Chicago. Era un buen cantante y un predicador con cierta teatralidad controlada, con dominio del neerlandés y del inglés. Si bien su carrera pastoral fue breve, llegó a publicarse un libro con sus sermones; pero su rol como profesor fue más duradero. En 1906, fue llamado a enseñar en el Calvin Theological Seminary, donde desarrolló una carrera de más de 30 años.
Desde allí, ejerció una gran influencia en la formación teológica de la CRC y, por extensión, en amplios sectores del protestantismo reformado norteamericano. En 1906, fue designado para una cátedra de teología exegética y, desde ese mismo año y hasta 1914, impartió la totalidad de los cursos del Antiguo y del Nuevo Testamento; en 1914, la división departamental de ambas áreas le permitió disponer de más tiempo para investigar y escribir; y en 1924 asumió una posición como profesor de dogmática, lo que abrió el camino para su obra mayor.

Respecto a su vida personal, el 17 de marzo de 1928 falleció su esposa. Berkhof quedó viudo durante cinco años, hasta que se interesó por Dena Heyns-Joldersma, viuda de un misionero, maestra de música en escuelas cristianas y madre de dos hijas, con quien contrajo nupcias en 1933.
Dena resultó ser una anfitriona notable y una consejera cercana para las esposas de estudiantes del seminario en el que su esposo enseñaba. Escribía la columna Woman’s World; su esposo la revisaba, aunque sin imponerle qué decir. En la rutina de la pareja, y especialmente de Berkhof, aparecen gustos sencillos: asistir a conciertos sinfónicos, escuchar béisbol en la radio y luego en televisión, asistir ocasionalmente a algún partido, jugar damas por las noches y salir a conducir por la campiña de Míchigan.
Prolífico autor reformado
El período en el que Berkhof desarrolló su labor académica estuvo marcado por el avance del liberalismo protestante, con su énfasis en la crítica histórica, la ética social y la reinterpretación doctrinal de temas teológicos centrales. Paralelamente, el surgimiento del fundamentalismo y las controversias en torno a la inerrancia bíblica configuraron un escenario de división. En este contexto, la teología de Berkhof puede interpretarse como un intento serio de proveer estabilidad doctrinal frente a lo que él percibía como una fragmentación peligrosa del pensamiento cristiano.
Su obra más influyente, Teología sistemática (1932), debe analizarse, por tanto, desde esa perspectiva. Lejos de ser un tratado innovador, el libro constituye una síntesis profunda y bien organizada de la teología reformada clásica, estructurada de manera clara y pedagógica, y destinada al contexto universitario. La importancia de esta obra no reside tanto en su contenido, sino en su función e impacto cultural dentro del mundo reformado y presbiteriano de Norteamérica. Llegó a convertirse en un instrumento de formación estándar, capaz de transmitir una visión coherente del cristianismo reformado a estudiantes que ya no compartían el trasfondo cultural de la Europa reformada.

Berkhof desarrolló su Teología sistemática dentro de las categorías de la escolástica reformada, utilizando distinciones heredadas de los siglos XVII y XVIII. Asimismo, la estructuró a partir de la reflexión en torno a diversos autores clásicos como Francis Turretin, Wilhelmus à Brakel y Johannes Maccovius, así como de otros más modernos, como Robert Lewis Dabney, Kuyper, Bavinck, Warfield y Vos.
Sin embargo, esta metodología ha sido recibida de dos formas: para unos, representa una limitación, por no considerar los desarrollos bíblicos, conceptuales y filosóficos contemporáneos; para otros, constituye una forma de preservación, por el hecho de limitarse —tanto en el vocabulario como en las distinciones y las materias teológicas— a la tradición reformada clásica.
Además, a lo largo de su carrera, Berkhof publicó 22 libros. Entre ellos está Historia de las doctrinas cristianas, la cual fue, en el contexto estadounidense, uno de los primeros y más importantes trabajos de teología histórica. Sin embargo, es posible identificar en ella la gran influencia del teólogo alemán Reinhold Seeberg, quien a finales del siglo XIX publicó una obra de historia de los dogmas. Un ejercicio comparativo entre ambas obras evidencia cómo Berkhof, sin hacer referencias, utilizó temas, conceptos y divisiones presentes en el trabajo de Seeberg. Con todo, su obra de teología histórica pasó a ser un clásico en el área.

Otras obras importantes merecen atención. En 1911, redactó en neerlandés un manual básico de hermenéutica que en español se encuentra como Principios de interpretación bíblica. Su Manual de la doctrina cristiana (1933) fue un resumen de su teología sistemática. Asimismo, su Introducción al Nuevo Testamento (1915) sirvió como una sugerente introducción a la literatura, el contenido y la teología del Nuevo Testamento. También está The Kingdom of God (1951), que en español sería “El reino de Dios”, un texto que reúne varias conferencias de Berkhof. En suma, esta es una investigación erudita e histórica sobre el desarrollo del concepto teológico del “reino” desde el siglo XVIII en adelante.
En el contexto evangélico y reformado latinoamericano, las obras de Berkhof han sido fundamentales, pues han servido para la formación de pastores, estudiantes y seminarios. Una gran parte de sus obras se ha traducido al español, sobre todo las principales.
Profesor, presidente y teólogo clásico
Entre 1931 y 1944, Berkhof se desempeñó como presidente del Calvin Theological Seminary. Su gestión coincidió con un período de consolidación institucional en que el seminario reforzó su identidad confesional y su prestigio académico. Este aspecto administrativo de su carrera —a menudo subestimado— resulta crucial para comprender su impacto histórico.
Berkhof no fue únicamente un autor influyente, sino también un constructor de instituciones, consciente de que la transmisión doctrinal depende tanto de los libros como de estructuras educativas estables. Su rol como presidente no se limitó a la administración; también expresó una comprensión del seminario como guardián de una herencia confesional frente a corrientes que percibía como amenazas doctrinales. Este énfasis —más defensivo que creativo— corresponde con el lugar histórico que, en general, ocupó Berkhof dentro del protestantismo reformado del siglo XX.

Además de su labor como sistematizador, Berkhof abordó problemas culturales y sociales desde una convicción eclesial concreta: la Iglesia no debía adoptar una postura separatista frente a la cultura, sino asumir un rol activo en la reforma social, en la medida en que ello expresara responsabilidades del “reino” en la vida pública. En esa línea, publicó en 1913 The Church and Social Problems (La iglesia y los problemas sociales), un texto en el que articuló —en diálogo con su herencia kuyperiana— un diagnóstico de los desafíos modernos y una propuesta de acción eclesial.
Aunque este tipo de escritos suele quedar eclipsado por su teología sistemática, su sola existencia muestra que su proyecto no consistía únicamente en “conservar” una dogmática, sino también en aplicar principios reformados a la vida colectiva de una Iglesia inmersa en tensiones sociales reales. De hecho, su trayectoria lo situó en debates internos relevantes: participó en discusiones relacionadas con el dispensacionalismo premilenialista, con la alta crítica aplicada al Antiguo Testamento y con la controversia en torno a la gracia común en su denominación.
Las críticas a la obra de Berkhof han aumentado con el paso del tiempo. Teólogos posteriores han señalado su escasa interacción con corrientes como la teología dialéctica, la exégesis crítica o la teología bíblica del siglo XX. Asimismo, se le ha reprochado una tendencia a presentar la tradición reformada como un sistema cerrado, relativamente inmune a la autocrítica.

No obstante, estas críticas —con razón o sin ella— deben contextualizarse. Berkhof no pretendía dialogar creativamente con la modernidad, sino ofrecer resistencia a ella, siempre y cuando la modernidad significase, en un sentido intelectual, el rechazo de la fe clásica y de la teología protestante confesional. De esta forma debe comprenderse el lugar de Berkhof dentro de la teología reformada del siglo XX: un recuperador y transmisor fiel de la herencia de una tradición teológica singular. Como presidente del seminario, Berkhof buscó preservar su perfil teológico frente a “infiltraciones” dispensacionalistas, fundamentalistas y de la alta crítica modernista.
Tras retirarse, Berkhof continuó escribiendo artículos para publicaciones eclesiales hasta su muerte. En sus últimos años fue adelgazando y perdiendo color, aunque sin quejarse. Murió de forma inesperada en la mañana del sábado 18 de mayo de 1957. Para entonces, su obra ya había alcanzado un estatus casi canónico en numerosos seminarios reformados y presbiterianos: su Teología sistemática se convirtió en un texto de base para la teología en general, pero sobre todo para la doctrina reformada. La influencia de Berkhof se extendió más allá de su denominación de origen, alcanzó contextos internacionales y fue traducida a múltiples idiomas. Esta recepción global confirma que sus planteamientos doctrinales respondieron a una necesidad real dentro del protestantismo del siglo XX: la necesidad urgente de continuidad en medio de un cambio teológico, intelectual y cultural acelerado.
Así, en conclusión, el teólogo Louis Berkhof debe entenderse como una figura de conservación. Su importancia histórica no radica en haber transformado el camino o destino de la teología, sino, más bien, en haber asegurado la transmisión coherente de una tradición teológica específica en un contexto complejo y amenazante por diversos motivos. Su obra ilustra cómo las tradiciones religiosas sobreviven no solo mediante la innovación, sino también mediante la sistematización, la enseñanza y la fidelidad a la propia herencia. En este sentido, Berkhof sigue siendo una figura clave para comprender la historia intelectual del calvinismo reformado moderno.
Referencias y bibliografía
A History of Its Modern Development, parte 2, cap. 6 (1997) de Henry Zwaanstra, editado por David F. Wells. Grand Rapids: Baker Book House.
Historical Dictionary of the Reformed Churches (2010) de Robert Benedetto y Donald K. McKim. Lanham: The Scarecrow Press, pp. 39-40.
Louis Berkhof: An Ardent Apologist, a Passionate Pastor, and Scrupulous Scholar (2009) de Goffrey Randalla Kirkland. International Residency Presentation, pp. 1-3.
Pillar of Faith in an Innovative Age | The Gospel Coalition
Berkhof, Louis | Editorial Clie
Louis Berkhof 1873-1957: The 2007 Evangelical Library Lecture | Banner of Truth
Louis Berkhof | Calvin - Minds in the making
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