Entrevista con Alex Gulart: el pastor que predica el Evangelio en una comunidad árabe de Paraguay

Ciudad del Este, Paraguay, está en la Triple Frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, y recibe personas de todo el mundo. Allí Alex Gulart comparte el Evangelio entre árabes y musulmanes, convencido de que la misión comienza con vivir cerca, amar de verdad y hablar con claridad de Cristo.

Imagen: Brasileristas

Ciudad del Este, en Paraguay, no se parece del todo a la imagen que muchos tienen de una urbe latinoamericana. Allí, en medio del comercio fronterizo y el tráfico, conviven paraguayos, brasileños, libaneses, sirio-libaneses, chinos, coreanos, japoneses y otras colectividades. En ese escenario de mezquitas, restaurantes árabes y asiáticos, y una mezcla cotidiana de idiomas y monedas, sirve Alex Gulart, pastor de Iglesia Bíblica Gracia. 

Alex y su familia viven en pleno barrio árabe, cuya mayoría es musulmana (“árabe” alude principalmente a una identidad cultural y lingüística, mientras que “musulmán” se refiere a la religión islámica). Él nació en Montevideo, Uruguay, y está casado con Delta, de México. Juntos tienen cuatro hijos: Ainhoa, Bastian, Étienne y Einar. Antes de llegar a Paraguay, sirvió en su iglesia local y participó en viajes misioneros. Aquellas experiencias lo expusieron a diversas culturas, realidades sociales y creencias religiosas, y terminaron preparando el camino para un ministerio marcado por la misión transcultural.

Alex Gulart / Foto: Cortesía de Alex Gulart

Tras haber estudiado teología pastoral en el Seminario Bautista de Uruguay, actualmente cursa una maestría en el Seminario Bíblico William Carey, una institución que se define por su énfasis en la formación teológica con corazón misionero. Desde Ciudad del Este, Alex y su familia buscan compartir el Evangelio con sus vecinos, incluidos esos árabes y musulmanes que, aunque viven en América Latina desde hace años, no siempre han escuchado una presentación clara de la fe cristiana.

En esta entrevista, Alex conversa con Giovanny Gómez y David Riaño de BITE sobre su trayectoria ministerial, el papel de su familia en la misión, la identidad multicultural de Ciudad del Este, los desafíos de compartir el Evangelio entre musulmanes y la oportunidad que tiene la Iglesia latinoamericana de mirar con mayor atención a los pueblos que Dios ha puesto cerca.

DR: Alex, ejerces tu ministerio entre los árabes que viven en Ciudad del Este, pero tu servicio no comenzó allí. ¿Cuál fue el hilo conductor que te llevó hasta ese lugar?

De hecho, empecé muy joven. Yo no me hubiera elegido en ese entonces para servir, pero el Señor, en Su misericordia, me permitió hacerlo desde muy joven. Comencé en mi iglesia local en Montevideo. Luego me involucré con Operación Movilización (OM), en la oficina de Uruguay, y allí empecé a hacer viajes misioneros de corto plazo. Después me uní a los barcos de OM: Logos, Logos II y Logos Hope, donde serví durante dos años. Esa etapa me dio la oportunidad de visitar muchos países y entrar en contacto con diferentes culturas, tanto dentro del barco como en los lugares que visitábamos. También me expuso a distintas creencias, religiones y realidades socioeconómicas y culturales. Además, allí conocí a mi esposa.

Una vez casados, servimos durante cinco años en una iglesia local en Uruguay y hace doce años nos mudamos a Paraguay. Desde entonces, vivimos en Ciudad del Este, que tiene un contexto muy multicultural. Allí hemos trabajado en plantación de iglesias y, por la gracia del Señor, pudimos comenzar tres. Actualmente estamos trabajando en dos plantaciones más y tratando de impactar a dos comunidades indígenas. También, como iglesia, hemos apoyado la revitalización de otras dos congregaciones. Además, compartimos el Evangelio con los extranjeros que están a nuestro alrededor, muchos de ellos musulmanes, árabes y personas de otros lugares.

Barco Logos Hope de la OM. / Foto: OM

DR: El matrimonio y la misión son dos realidades que suelen estar profundamente entrelazadas. Considerando la importancia de que tu esposa y tú estuvieran alineados, ¿cómo discernieron juntos ese llamado?

Me encanta la pregunta, porque siempre digo que primero soy esposo, después soy papá y luego puedo servir al Señor en diferentes áreas, por lo cual doy gracias a Dios. Pero primero soy esposo y papá.

Dios me ha bendecido con una esposa piadosa. Desde el comienzo tuvimos claro que queríamos servir al Señor juntos como misioneros transculturales en el extranjero y a tiempo completo. Nos conocimos sirviendo en el barco de OM, y allí hablamos de lo que queríamos para nuestro futuro. Por supuesto, uno no sabe las vueltas que puede dar la vida, pero ambos queríamos servir al Señor, especialmente entre los menos alcanzados. No creemos que seamos mejores que quienes sirven parcialmente o en su lugar de origen, pero eso era lo que teníamos en el corazón.

Fui muy claro con ella. Recuerdo que, antes de pedirle formalmente que se casara conmigo —arrodillado, como corresponde—, le dije: “No soy el tipo de persona que va a cambiar de auto cada año o comprar una casa. Voy a luchar para que no te falte nada, pero quiero servir al Señor a tiempo completo”. Y sabemos que eso no siempre trae comodidad. Ella me dijo que ese había sido su sueño desde siempre: casarse con un pastor o con un misionero y servir al Señor. De hecho, quería participar en traducción bíblica o ir a lugares difíciles y peligrosos; incluso estaba abierta a quedarse soltera si eso era necesario. Gracias a Dios, unimos nuestras vidas con el deseo y el propósito de formar una familia y de servir al Señor en el extranjero. Dios lo permitió y, por Su gracia, lo seguimos haciendo.

Alex junto a su familia. / Foto: Alex Gulart en FB

Nuestros hijos también se están criando en ese ambiente de ministerio familiar. Ellos son parte del ministerio: muchas veces viajamos juntos, oran por los perdidos y por nuestros vecinos, los mayores comparten el Evangelio con ellos, aman visitar las iglesias que hemos plantado, sirven en la iglesia y se involucran en el ministerio de distintas maneras. 

Así que, como bien dijiste, no podemos separar la vida matrimonial del ministerio. Mañana podría desaparecer la congregación, o alguien podría acusarme de ser un mal pastor, un mal plantador de iglesias o un mal predicador. Quizás esté mal decir esto, pero eso no me importa tanto. Sin embargo, si mi esposa dijera que no soy un buen esposo, o si mis hijos dijeran que no soy un buen papá, ahí sí estaría en graves problemas, porque la Biblia enseña que no puedo gobernar la iglesia si no gobierno bien mi casa. Entonces, esa debe ser nuestra prioridad, para darle honra y gloria al Señor. De la mano de eso viene el ministerio, porque obviamente hay muchas oportunidades para servir.

DR: ¿Por qué, si vives en esa ciudad latinoamericana, tu ministerio se enfoca en árabes?

Hace algunos años nosotros tampoco sabíamos que existía una comunidad árabe tan grande en Ciudad del Este, Paraguay. Algunas personas nos hablaron de ellos y de la oportunidad de servirles. Nos dijeron que no había mucha gente compartiéndoles el Evangelio. De hecho, históricamente, muchas iglesias de Ciudad del Este no habían alcanzado a los musulmanes, incluso tampoco eran tan bienvenidos en la ciudad o en las iglesias.

Entonces, como mi esposa y yo teníamos ese deseo de ir a los menos alcanzados, vimos una oportunidad de servir en donde no conocíamos tantas iglesias bíblicas ni tanta gente trabajando con esta población. Fuimos enviados como misioneros para servir y trabajar en la plantación de iglesias. 

Alex Gulart en la Iglesia Sola Fide. / Foto: Sola Fide

Ahora, nosotros no trabajamos exclusivamente entre ellos. No preguntamos qué pasaporte tienen las personas ni de dónde vienen. Queremos compartir el Evangelio en todo momento, en todo lugar y con toda persona. Ese es nuestro compromiso de vida. Pero vivimos entre ellos, en medio de ellos. Mientras plantamos iglesias en diferentes lugares de Paraguay, día a día tenemos la oportunidad de compartir nuestra esperanza, el Evangelio que nos ha salvado, con nuestros vecinos y amigos. Queremos hacerlos parte de nuestra vida, y eso también significa hacerlos parte de lo que creemos.

GG: Desde tu perspectiva, ¿qué lugar ocupa Ciudad del Este respecto a otras ciudades de Paraguay en cuanto a su economía y geografía?

Ciudad del Este, por su parte, es la segunda ciudad más poblada de Paraguay después de Asunción. Tiene unos 320.000 habitantes, aunque su área metropolitana supera el medio millón si se incluyen distritos cercanos como Presidente Franco, Hernandarias y Minga Guazú. Además, tiene una triple frontera con Foz de Iguazú, en Brasil, y Puerto Iguazú, en Argentina. 

Debido a su ubicación y a que es una zona libre de impuestos, Ciudad del Este es importante comercialmente, atrae a muchísimas personas de Brasil, Argentina y otros países cercanos. De hecho, atrae a muchos estudiantes brasileños, especialmente de medicina, porque el costo de vida y de la carrera puede ser más bajo. Pero también hay una gran población árabe y una comunidad asiática muy significativa, probablemente incluso mayor. Nosotros no nos hemos enfocado tanto en la población asiática porque hay más testimonio cristiano entre ellos, aunque compartimos de Cristo con todos, en todo momento y oportunidad.

Vista aerea de Ciudad del Este, Paraguay. / Foto: Hotels & Resorts

Todo eso hace que Ciudad del Este sea una ciudad muy diferente al resto de Latinoamérica. No digo que sea mejor ni peor; solo es diferente. Quizá en algunas calles no parece que uno está en Paraguay: hay mezquitas, mujeres con atuendo musulmán, restaurantes árabes, chinos y coreanos, y una gran cantidad de personas comprando en distintos lugares. Se hablan varios idiomas. Como mínimo, la gente se mueve entre guaraní, español y portugués; también se escucha inglés, árabe, chino y coreano. Muchas personas hablan tres o cuatro idiomas. También circulan varias monedas: el guaraní paraguayo, el peso argentino, el real brasileño y, por supuesto, el dólar.

Es una ciudad muy particular. Al principio, el caos y el tráfico pueden asustar un poco; tiene ese toque latino, obviamente. Pero nosotros amamos ese lugar. Nos encanta, nos sentimos en casa y es muy difícil imaginarnos sin vivir en ese hermoso caos.

DR: Si bien ustedes predican el Evangelio a todos, tienen un corazón particular por la comunidad árabe y por los musulmanes. ¿Qué los llevó a enfocarse en ellos?

Es como si estudiaras medicina y en tu ciudad hubiera hospitales con muchos doctores y suficientes medicinas, incluso con médicos esperando para trabajar, pero también hubiera un hospital que, por diferentes motivos, no tuviera suficientes doctores ni medicina. Si yo fuera doctor, estaría inclinado a ayudar allí, porque hay una necesidad.

Nosotros tenemos una medicina para el alma. Hay necesidad en todos lados, y no toda necesidad es un llamado. Pero cuando escuchamos que había una comunidad de miles y miles de personas a la que casi nadie le estaba compartiendo el Evangelio por diferencias culturales, de idioma y otros factores, Dios movió nuestros corazones hacia ese lugar. 

Muchos provenientes de trasfondos no cristianos llevan décadas en Occidente sin haber escuchado una versión sana del Evangelio. / Foto: A24

Hay muchas personas que quizá llevan 20 o 30 años viviendo en Latinoamérica —y esto también sucede en Estados Unidos y en Europa—, pero vienen de un trasfondo no cristiano y no han escuchado una versión sana del Evangelio. Muchas veces tienen una idea muy “hollywoodense” del cristianismo. Por eso, una de las primeras cosas que hacemos es explicar qué es el Evangelio para así “limpiar” todo aquello que no lo sea. Muchos de mis amigos musulmanes piensan que todos los cristianos somos inmorales, porque lo que ven en las redes sociales les deja esa impresión. Ven personas que dicen ser cristianas, pero cuyas redes sociales comunican algo muy distinto: por ejemplo, si las mujeres suben una  foto con bikini o semidesnudas, esa forma de exhibirse es una ofensa muy grande para ellos. En ese sentido, nosotros hemos normalizado cosas que ellos no.

GG: ¿En qué sentido consideras que esa diferencia es importante?

Me refiero a la modestia. No es que eso beneficie automáticamente la predicación del Evangelio, pero creo que, en ese aspecto, ellos tienen una sensibilidad más cercana a lo bíblico. Es como alguien que no mata: sin importar qué fe tenga, no matar es bueno. Para nosotros, vivir allí también ha significado estar en una comunidad muy conservadora, donde no se celebran muchas cosas que en otros contextos se han normalizado, como el aborto o el homosexualismo. Por supuesto, todos pecamos sea cual sea nuestra cultura, pero al menos públicamente conservan ciertos límites morales.

Uno sale al centro y ve mucha influencia de Brasil y de Paraguay en la forma de promocionar productos: promotoras muy producidas, vestidas de forma provocativa, como si eso fuera necesario para vender un perfume o un auto. En cambio, las mujeres musulmanas suelen vestir de una manera mucho más cubierta. Algunas te dicen: “Yo me guardo como una perla, como un tesoro, para mi esposo”, sean solteras o casadas.

Sé que este es otro tema, pero creo que las cristianas en general tienen cosas que aprender de las musulmanas en cuanto a modestia.

Para Alex Gulart, la modestia es un aspecto en el que las cristianas podrían aprender de las musulmanas. / Foto: Unsplash

GG: Hice esa pregunta porque muchas conversiones de occidentales al islam parecen estar relacionadas con la moralidad. Ante el caos moral de Occidente, no son pocos los que encuentran en el islam una especie de norte. ¿Has visto algo así?

Sí, hemos conocido testimonios de ese tipo. Normalmente sucede con chicas latinas que se casan con árabes y luego se convierten al islam. Algunas dicen: “Antes me faltaban al respeto, tuve malas experiencias, y ahora siento que hay un respeto”. Por supuesto, sabemos que no todo es tan simple. También ocurren muchas cosas difíciles dentro de esas comunidades. Pero, al menos superficialmente, sí existe una percepción de mayor respeto y conservación moral; nuestros hijos están en una comunidad que conserva ciertos límites. 

En todo caso, a Paraguay están entrando ciertas corrientes culturales que ellos no quieren para sus familias. Nosotros hacemos homeschool y muchos árabes nos preguntan sobre esto porque quieren proteger a sus hijos. No les importa que usemos materiales cristianos; quieren utilizarlos también.

GG: ¿Ustedes viven en un barrio musulmán?

Vivimos en el barrio árabe. La mayoría son de Líbano y Siria, aunque también hay personas de Palestina, Egipto y otros países. Pero la gran mayoría viene de Líbano y Siria.

GG: ¿Dices “árabe” porque la mayoría viene de países árabes o porque son musulmanes?

Son dos cosas diferentes, aunque muchas veces van de la mano. Musulmán es quien practica la religión del islam. Una persona puede ser de Perú, Australia o Nigeria y ser musulmana, sin ser árabe. Árabe, en cambio, tiene que ver con una identidad étnica, cultural y lingüística, principalmente vinculada al idioma árabe. Una persona puede ser árabe por su cultura, su idioma o su país de origen, pero puede ser cristiana, atea o musulmana. Son conceptos distintos, aunque muchas veces se relacionan.

De hecho, la mayoría de los musulmanes del mundo no son árabes. Indonesia, por ejemplo, es el país con la mayor población musulmana del mundo, con alrededor de 240 millones de musulmanes según estimaciones de Pew Research Center para 2020. Pero, aunque la mayoría de los musulmanes no son árabes, sí es cierto que una gran parte de los árabes son musulmanes.

Algunos estudios de Pew Research, revelan que Indonesia es el país con la mayor población musulmana del mundo. / Foto: Yusuf Ahmad

DR: Alex, nos gustaría saber cómo funciona tu ministerio en la práctica. Ya nos contaste que vives entre árabes y musulmanes, y que te involucras realmente con la comunidad. Pero ¿cómo te acercas a ellos? ¿Y qué desafíos encuentras en esos acercamientos?

Siempre animo a las personas a ser muy naturales. Dios nos hizo únicos, así que tenemos que usar esa singularidad. Algunas personas son más extrovertidas, otras son más tímidas; a algunas les gusta escribir, a otras no; algunas prefieren hacer cosas prácticas. El Evangelio no cambia, siempre es el mismo, y hay elementos que no deben faltar cuando lo predicamos. Pero la forma en que nos acercamos a las personas depende mucho de nuestra personalidad, nuestra cultura y otros factores. Lo más efectivo que he encontrado es ser uno mismo, actuar con naturalidad.

En mi caso, me resulta muy fácil hablar con las personas. Como vivo entre ellos, puedo encontrarme con alguien en el ascensor y preguntarle de dónde es o de qué país viene. Uso el poco árabe que sé para saludar, inicio una conversación, pregunto si va a la mezquita y a cuál asiste. Luego puedo invitarlo a tomar un café o buscar alguna conexión. Lo hago porque es real: me gusta conocerlos, los quiero, me preocupa cómo están y, obviamente, tengo algo que compartir con ellos. Entonces, el acercamiento se da de forma natural: conversar, hablar, hacer preguntas.

También hay otras formas. Mis hijos, por ejemplo, a veces preparan galletas con un versículo bíblico y van casa por casa regalándolas. Cada uno puede hacerlo de una manera distinta, pero para mí hay dos cosas que no se pueden separar: ser natural y ser intencional. Si uno no se propone hacer contactos y compartir el Evangelio, probablemente no va a pasar. Están los problemas de la vida, el tiempo, el cansancio, las ocupaciones. Por eso hay que ser intencional. Si hay una calle vacía y otra llena de gente, yo voy a tratar de ir por la calle donde hay más personas, porque eso me da más posibilidades de compartir la Buena Noticia. Por esa misma razón vivimos entre ellos, comemos donde ellos comen y vamos a los lugares a los que ellos van.

Si uno no se propone hacer contactos y compartir el Evangelio, probablemente no va a pasar. / Foto: Envato Elements

En cuanto a los desafíos, hay barreras culturales. Por ejemplo, muchas veces los hombres están trabajando todo el día. Puedes encontrarlos en su lugar de trabajo, pero están ocupados. Las esposas suelen estar en casa, haciendo sus propias actividades. En algunos casos, puede ser un poco más fácil acercarse a ellas.

Pero uno de los retos más grandes es el idioma. Especialmente las generaciones mayores no hablan español o portugués, y nosotros no hablamos tanto árabe. Obviamente eso genera una barrera. Mi esposa enseña español, y eso también abre puertas, pero el idioma sigue siendo un desafío.

GG: Fuiste a una mezquita intencionalmente para aprender árabe. ¿Cómo fue esa experiencia?

Sí. Nosotros tomamos un curso de árabe durante dos años. Tenemos un diploma del Ministerio de Educación y Cultura de Paraguay. Pero mi mayor motivación no era tanto aprender el idioma, porque el curso no estaba enfocado principalmente en hablar, sino en leer y escribir árabe. Para mí era una oportunidad de conocer más la cultura, la teología y a las personas; de hacer amigos y contactos. Y así fue. Probablemente yo fui el peor estudiante de la clase y mi esposa la mejor, pero esa experiencia nos dio la oportunidad de conocer a muchos amigos que conservamos hasta hoy. También nos permitió entrar a la mezquita con confianza, sin problema, porque nos conocen.

Aprender árabe requiere mucha dedicación. Algunos dicen que necesitas años de inmersión y estudio a tiempo completo. Además, no todos lo hablan de la misma manera; algunos lo hablan, pero no lo leen. Entonces, si tuviéramos un estudio bíblico, no sería en árabe. Si plantáramos una iglesia, tampoco podría ser solo para árabes, porque una congregación es para todos. Algunos árabes están casados con latinas, por ejemplo. Así que no es tan fácil como decir: “Bueno, aprende árabe”. En la práctica se usan más el portugués, el español y un poco de inglés.

Aprender árabe requiere mucha dedicación. Algunos dicen que necesitas años de inmersión y estudio a tiempo completo. / Foto: Unsplash

DR: Al escuchar sobre musulmanes y cultura árabe, los latinos podríamos hacer una asociación muy rápida con Medio Oriente y sus conflictos políticos. ¿Creen que se trata de una preconcepción errada?

Honestamente, me siento más seguro donde vivo que en muchos otros lugares. Nunca me he sentido en peligro o intimidado por compartir el Evangelio. Al contrario, tengo muchos amigos. Nos sentimos amados y parte de la comunidad. Ellos vienen a nuestros cumpleaños; sus hijos juegan con los nuestros. No estoy negando que pasen cosas malas. Pero a veces eso es lo único que se cuenta en los medios de comunicación o en las redes sociales. Al mismo tiempo, a ellos también les llega siempre todo lo malo de Occidente, y tampoco es tan simple.

Mi experiencia, tanto visitando países musulmanes como viviendo en la comunidad donde vivo, es que no es tan inseguro como muchas personas piensan. Hay que ser sabios en lo que decimos, por supuesto, pero eso aplica en todo lugar, en todo momento y con toda persona. En general, no hemos tenido ningún problema.

GG: ¿Qué percepción tienes sobre el crecimiento de la comunidad árabe en Ciudad del Este, ya sea por la llegada de personas o porque ellos suelen tener familias más grandes?

Mi percepción es que la comunidad está creciendo, aunque es algo cíclico. Hay años en los que muchos se van a Brasil, especialmente a São Paulo, o a otros lugares. São Paulo tiene una de las mayores comunidades de origen árabe fuera de Medio Oriente, pero en Ciudad del Este la comunidad está mucho más concentrada territorialmente. La dinámica también depende mucho de la economía. Puede variar de año en año. Y en general, por los conflictos bélicos y políticos en Medio Oriente, muchas personas han salido de allí no solo hacia Latinoamérica.

También el promedio de hijos en muchas familias musulmanas o árabes es más alto que el de Occidente. Al mismo tiempo, nosotros cada vez tenemos menos hijos, y esa diferencia se nota cada vez más.

São Paulo tiene una de las mayores comunidades de origen árabe fuera de Medio Oriente, pero en Ciudad del Este la comunidad está mucho más concentrada territorialmente. / Foto: Mundo Islam

DR: Varios ministerios relacionados con misiones dicen que los latinoamericanos tienen cierta ventaja para compartir el Evangelio en comunidades árabes. Pensando en animar a quienes podrían escuchar esta entrevista, ¿qué dirías al respecto?

Creo que es verdad. Hay culturas que tienen más afinidad con otras. Por ejemplo, un estadounidense tiene más cosas en común con alguien de Australia que un latinoamericano. Y creo que entre latinos y árabes sí hay muchos puntos de cercanía.

Ahora, el poder no está en nosotros, sino en el Evangelio que predicamos. No se trata de nosotros, sino de Dios obrando a pesar de nosotros. Él puede usar a cualquier persona en cualquier contexto. Pero, humanamente hablando, creo que tenemos muchas cosas en común: hablamos alto, somos cariñosos, expresivos y sociables; nos gusta comer, celebrar y festejar. Somos, por decirlo así, una cultura cálida. Incluso, aunque los latinoamericanos venimos en toda forma y color, nuestra fisionomía puede ser más cercana a la de algunas comunidades árabes.

Eso no significa que una persona de Estados Unidos o del norte de Europa no pueda ser misionera allí. Tampoco que nosotros vayamos a ser 100% efectivos simplemente por ser latinos. Pero sí creo que estamos frente a una gran oportunidad. Quizá tú, como latino, tienes rasgos culturales que para ti son normales, pero Dios puede usarlos para que prediques el Evangelio en una cultura que, a simple vista, parece muy diferente.

El poder no está en nosotros, sino en el Evangelio que predicamos. / Foto: Unsplash

GG: ¿Hay necesidad de más misioneros en el campo donde estás trabajando? Si la comunidad crece, ¿se necesitan más esfuerzos misioneros en Ciudad del Este?

Es difícil dar un número oficial de la comunidad, porque primero habría que distinguir entre musulmanes y árabes. Hay personas que no son tan religiosas; hay gente de segunda o tercera generación que se presenta como brasileña, pero habla árabe o es musulmana. Algunos viven en Paraguay y trabajan en Brasil, o viven en Brasil y trabajan o estudian en Paraguay. Por eso es difícil marcar números exactos.

Algunas fuentes han hablado de unos 7000 árabes musulmanes en Ciudad del Este y cerca de 20.000 en la zona de la triple frontera. Otras estimaciones manejan cifras mayores. En todo caso, estamos hablando de miles de personas, y si me preguntas cuántos misioneros o personas están trabajando intencionalmente entre ellos, no sé si llego a contarlos con los dedos de las dos manos. No hace falta demasiada estadística para darnos cuenta de que no somos suficientes.

El Evangelio es poderoso, pero tiene que llegar a los oídos de las personas para que Dios lo lleve a sus corazones. Ahí entramos nosotros: debemos compartirlo con ellos, conocerlos, amarlos, vivir entre ellos, darles de nuestra esperanza y ser ejemplo. La Iglesia también se tiene que involucrar. Muchas congregaciones realmente no les prestan atención y, si un musulmán va a una iglesia, lo miran de reojo por su vestimenta.

El Evangelio es poderoso, pero tiene que llegar a los oídos de las personas para que Dios lo lleve a sus corazones. / Foto: Envato Elements

También hay que educar a la Iglesia en asuntos sencillos. Si viene una chica musulmana, no conviene darle un abrazo, un beso o extenderle la mano de inmediato. Son pequeños gestos que podemos aprender. Ahora, siempre digo que hay que ser natural. Si uno no sabe y le extiende la mano, y ella no la acepta, no pasa nada. Pero sí deberíamos ser un poco más intencionales en conocer sus costumbres.

Si Dios está permitiendo que haya muchas personas de una religión, etnicidad o cultura distinta a nuestro alrededor, quizá es hora de que empecemos a compartir el Evangelio con ellas. Tenemos que preguntarnos cómo ser más efectivos. Necesitamos más obreros y más cristianos comunes y corrientes: personas que trabajen, estudien y convivan con ellos. No necesariamente tienen que tener el título de misionero o pastor, pero pueden ser luz y compartir las Buenas Nuevas como creyentes que son.

También necesitamos motivar a la Iglesia a ser más activa y proactiva, y capacitarla en cuanto a cómo alcanzarlos, así que los talleres de teología islámica y apologética también son necesarios. Pero creo que todo empieza con el deseo de compartir el Evangelio: si tienes ese deseo, vas a ir buscando la forma.

GG: Se me ocurre que Ciudad del Este puede ser una especie de campo de entrenamiento para posibles misioneros que eventualmente quieran ir a otros contextos. ¿Lo ves así?

Sí, creo que es un lugar ideal. Paraguay no es un país complicado para entrar como extranjero ni para permanecer allí. Tampoco es tan caro, y eso ya abre puertas. Además, allí hay musulmanes, hindúes, budistas, católicos y personas de distintas religiones. Uno puede aprender de ellos, convivir con ellos y estar cerca, no solamente leer un libro. Yo estoy a favor de estudiar; me encanta leer libros, manuales y hacer entrenamientos. Pero en Ciudad del Este tienes la posibilidad de escuchar directamente a los líderes de esas comunidades, conocer lo que creen desde su propia versión y no desde una caricatura.

Al mismo tiempo, puedes ser parte de una iglesia local y servir, porque no dejamos de ser personas de la iglesia local. También puedes aprender idiomas mientras te capacitas para ir quizá a un contexto que requerirá otra economía, otros documentos, otros idiomas y más tiempo de preparación.

Apoya a nuestra causa

Espero que este artículo te haya sido útil. Antes de que saltes a la próxima página, quería preguntarte si considerarías apoyar la misión de BITE.

Cada vez hay más voces alrededor de nosotros tratando de dirigir nuestros ojos a lo que el mundo considera valioso e importante. Por más de 10 años, en BITE hemos tratado de informar a nuestros lectores sobre la situación de la iglesia en el mundo, y sobre cómo ha lidiado con casos similares a través de la historia. Todo desde una cosmovisión bíblica. Espero que a través de los años hayas podido usar nuestros videos y artículos para tu propio crecimiento y en tu discipulado de otros.

Lo que tal vez no sabías es que BITE siempre ha sido sin fines de lucro y depende de lectores cómo tú. Si te gustaría seguir consultando los recursos de BITE en los años que vienen, ¿considerarías apoyarnos? ¿Cuánto gastas en un café o en un refresco? Con ese tipo de compromiso mensual, nos ayudarás a seguir sirviendo a ti, y a la iglesia del mundo hispanohablante. ¡Gracias por considerarlo!

En Cristo,

Giovanny Gómez
Director de BITE
¿Mi donación es segura?
¿Mi donación es deducible de impuestos?
¿Puedo cancelar mi donación recurrente?

Autor

David Riaño

Editor general de BITE Project

Es pastor de la Iglesia Familia Fiel en Cajicá. Es Licenciado en Filología Inglesa y Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Está casado con Laura y es padre de Catalina.

Autor

Giovanny Gómez Pérez

Cofundador y director de BITE

Director de proyectos en Flyax, una agencia de marketing de contenidos. También es teólogo y miembro de la Iglesia Bautista Renacer, en Bogotá, Colombia. Casado con Pilar y padre de Sarah.

Relacionados

Johan Herman Bavinck: el misionero que, para anunciar a Cristo, escuchaba otras religiones

Este teólogo, pastor y misionero dedicó su vida a pensar y practicar la misión cristiana desde...

Leer más

Historia del cristianismo en Irán: desde sus orígenes apostólicos hasta el siglo XXI

Comenzó con partos, medos y elamitas en Pentecostés. Luego, desembocó en una historia de expansión, persecución,...

Leer más

Cientos de jóvenes ordenados: el legado silencioso de un pastor común y corriente en Sri Lanka

“No era famoso, pero fue fiel”: así resume Ajith Fernando, pastor juvenil en Sri Lanka, la...

Leer más

Articulos recientes

El silencio como resistencia: cómo la reflexión paciente se opone al caos cultural

En una era saturada de ruido digital, la quietud se ha convertido en un acto de...

Leer más

Moral cristiana, creencia atea: la paradoja del secularismo

Algunos pensadores seculares defienden el valor moral, simbólico y cultural del cristianismo sin afirmar su verdad....

Leer más

Tarso, la ciudad de Pablo el apóstol

La Tarso antigua tuvo raíces hititas y llegó a su momento de esplendor bajo el dominio...

Leer más

Tendencias

Antes de renunciar al pastorado: las señales que toda iglesia debería ver

Un estudio de Lifeway Research identificó los principales factores que influyen en la permanencia pastoral. Este...

Leer más

El día que Roma destruyó Jerusalén: historia, conflicto y consecuencias teológicas para el cristianismo

En medio del fuego y el caos, Jerusalén cayó ante Roma. Lo que parecía un acto...

Leer más

El imperio financiero de los mormones: ¿cómo una iglesia se convirtió en un gigante económico global?

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días podría alcanzar un valor neto...

Leer más

La gran reconfiguración de la infancia: el nuevo entorno de pantallas, comida ultra procesada y sobreprotección

Generaciones enteras están creciendo entre estímulos digitales adictivos, comida ultraprocesada y modelos de crianza que, buscando...

Leer más

Mártires asesinados con lanzas: la muerte de cinco misioneros que avivó el impulso misionero

Lo que comenzó como un intento de contacto pacífico entre misioneros cristianos y una tribu aislada,...

Leer más

Hotel California y mensajes subliminales en la música

Desde la década de los 80 se ha hablado de los contenidos ocultos e incluso satánicos...

Leer más