¿Qué significa realmente hacer misiones? Para algunos, la respuesta parece evidente: ir a donde no hay iglesias, predicar el Evangelio y ver personas llegar a la fe. Sin embargo, para Aaron J. Gibson, esa definición es insuficiente. Después de más de dos décadas sirviendo entre iglesias, seminarios, pastores y plantadores de iglesias en México y América Latina, ha llegado a una convicción que atraviesa toda su labor ministerial: alcanzar por medio de la evangelización no basta si no se forman discípulos maduros a través de la enseñanza. En muchos lugares hay congregaciones débiles, poco discipulado y una necesidad profunda de formación bíblica.
Gibson conoce esa tensión de cerca. Su historia comenzó mucho antes de que obtuviera un doctorado en Nuevo Testamento, dirigiera iniciativas misioneras internacionales o asumiera responsabilidades de liderazgo en la agencia Reaching and Teaching. Nació y creció en la frontera entre Texas y México, viendo de cerca el trabajo de su padre, quien dedicó alrededor de 50 años al ministerio en territorio mexicano. Aquellas experiencias tempranas, sumadas a su posterior formación teológica en Bob Jones University, moldearon una visión del ministerio profundamente ligada a la enseñanza bíblica, la salud de la iglesia local y la formación de líderes.
Junto a su esposa Ruth, con quien tiene cinco hijos —Jonathan, Christian, Katelyn, Hudson y Sofia—, Gibson sirvió como misionero en México desde 2004. Durante 16 años enseñó teología en Monterrey, colaboró en la plantación de iglesias y posteriormente trabajó en Oaxaca capacitando pastores y líderes indígenas. Desde 2015 forma parte de Reaching and Teaching, organización en la que actualmente se desempeña como líder regional para América Latina y África Subsahariana. Desde el sur de Texas, donde reside con su familia y sirve como anciano en su iglesia local, continúa viajando y enseñando en distintos países de la región.

Giovanny Gómez (GG) y David Riaño (DR), director y editor general de BITE respectivamente, conversaron con Gibson sobre qué significa cumplir fielmente la Gran Comisión en un continente que ya cuenta con millones de evangélicos. Él habló sobre la necesidad de pasar de una visión centrada únicamente en “alcanzar” personas a una comprensión más integral de la misión, donde la formación de discípulos, el fortalecimiento de iglesias sanas y la capacitación de líderes ocupan un lugar central.
Si bien muchas conversaciones sobre misiones se concentran en estadísticas, estrategias o territorios no alcanzados, Gibson propone volver a una pregunta más básica: ¿qué clase de iglesias estamos dejando detrás? Su respuesta no se enfoca simplemente en multiplicar conversiones, más bien conecta en una misma visión la plantación de iglesias, la formación pastoral, el envío de misioneros y la centralidad de la iglesia local.
GG: Respecto a la labor de enseñanza que hiciste en México, ¿la concebías como una labor misionera?
Sí. Siempre hemos sido apoyados por iglesias en Estados Unidos con el fin de levantar líderes para la iglesia.
Cuando yo era niño, mi papá tenía una carga por los pastores. Pasaba mucho tiempo como mentor enseñándoles y su deseo siempre fue empezar una especie de instituto bíblico. Pero no tenía el trasfondo académico necesario, así que nunca lo pudo realizar. Una vez Dios me llamó al ministerio, en mi mente yo debía, primero, regresar a México y, segundo, enseñar a pastores para el ministerio. Dios encendió un fuego en mi corazón para regresar allí.
En ese tiempo yo tenía 17 o 18 años y estaba tomando clases de Biblia y teología. A veces salía llorando y pensaba: “Estas verdades podrían transformar a la Iglesia. Si los pastores en México pudieran escuchar lo que estoy aprendiendo, todo cambiaría”. Eran lecciones introductorias de Nuevo Testamento, doctrina bíblica y temas similares, pero me impactaron mucho.

DR: Nombraste Reaching and Teaching. ¿Cómo fue esa transición? ¿Cómo conocieron esa agencia y qué estaba pasando en ese momento?
Nosotros estuvimos en México de 2004 a 2020, aunque hubo tres años en medio en los que regresamos a la frontera de Texas para enseñar en una escuela transcultural. Allí ayudé en un programa de dos años para entrenar misioneros. Uno de los profesores que vino a enseñar era el fundador de Reaching and Teaching, una agencia que se dedica a enviar misioneros a todo el mundo. Así lo conocí.
En una ocasión, siendo director de campo de plantación de iglesias, fuimos a Oaxaca. Allí me di cuenta de que, aunque había muchas congregaciones, efectivamente había necesidad de plantar muchas más. Sin embargo, la necesidad mayor era el entrenamiento de pastores, porque no estaban preparados para enseñar la Palabra, así que quise cambiar el enfoque de mi ministerio. Entonces empecé a buscar una agencia misionera que se dedicara más a la preparación bíblica y teológica de pastores. Como ya tenía ese contacto de Reaching and Teaching, hicimos la transición a finales de 2014 o principios de 2015. Cuando nosotros empezamos, éramos la segunda familia misionera. Ahora tienen más de 150 en todo el mundo.
GG: ¿Por qué se llama “Reaching and Teaching”?
Hace unos 50 años hubo un cambio en Estados Unidos. En cierto sentido, fue un cambio bueno: empezó a haber un mayor enfoque en los grupos no alcanzados, el “reaching”, que en español es “alcanzar”. Pero se quitó el énfasis de fortalecer a las iglesias. Entonces, el fundador del ministerio decía: “Sí, tenemos que alcanzarlos, pero también tenemos que enseñarles”. Es decir, tenemos el trabajo del discipulado profundo. Él escribió un libro llamado Reaching and Teaching para enfatizar precisamente eso: tenemos que alcanzar, eso es bueno, pero no se trata solamente de llegar, alcanzar e irnos a otro lado, sino de quedarnos para enseñarles. Eso es importante.

DR: En Latinoamérica está la necesidad de seguir enviando, pero también parece haber muchas iglesias que necesitan mayor profundidad. Tú lo experimentaste justamente en México. ¿Cuál crees que es el equilibrio entre el alcance y el fortalecimiento de iglesias locales en este continente?
Desde el principio, el enfoque debe ser cumplir toda la Gran Comisión. No solamente evangelizar y bautizar en el nombre del Dios trino, sino también enseñarles a obedecer todo lo que Jesús ha mandado. Ahí está el equilibrio: ir, evangelizar, pero también quedarnos para llevarlos a la madurez.
Si el Evangelio llega a algún lugar del mundo y se forma una comunidad, pero luego no hay esa madurez y capacidad para hacer discípulos y enviar obreros, entonces en algún momento del proceso de establecer esa iglesia algo quedó incompleto. Por eso, creo que a veces nos toca —o les toca a algunos misioneros— ir a lugares donde ya llegó la Buena Noticia, pero donde hizo falta un seguimiento.
A mí me ha ayudado pensar en cuál es la meta. Muchas veces vemos pasajes como Apocalipsis 5 o 7, que hablan de personas de cada lengua, tribu y nación delante del trono. Pero ¿la meta es simplemente tener representantes de cada grupo étnico o ir a hacer discípulos maduros e iglesias bien establecidas, que puedan seguir obedeciendo la Gran Comisión con las generaciones que vienen?
Mi responsabilidad personal, y también la tuya, no es asegurar por nosotros mismos que haya representantes de cada grupo étnico delante del trono. Es ir a donde Dios me lleve y hacer toda la obra de la Gran Comisión. Entonces, surge la pregunta: ¿cuándo puedo salir de un lugar porque ya se estableció una iglesia? Creo que 2 Timoteo 2:2 nos da un punto de salida: cuando hemos preparado a hombres capaces de enseñar también a otros. Solo ahí puedo decir: “esta iglesia va a seguir creciendo, no muriendo, y también podrá seguir alcanzando a quienes están a su alrededor”. Pero, si me voy sin haber llegado ahí, esa será una iglesia de una sola generación.

GG: O sea, en América Latina tenemos el reaching, pero no necesariamente el teaching.
Sí. Y la palabra “alcanzar” es buena solo si la definimos bien, porque parece indicar una interacción inicial. Por eso, en algunos sentidos, es inadecuada y me gustaría quitarla de nuestro vocabulario cuando se entiende mal. Pero, como Dios también nos dio la responsabilidad de enseñar, en Reaching and Teaching tenemos tres metas: hacer discípulos maduros, plantar o establecer iglesias sanas y capacitar a líderes locales. Así estamos siendo fieles a la Gran Comisión.
DR: Algunos jóvenes desean irse como misioneros a Turquía o Marruecos, ¿cómo ellos, y la Iglesia latinoamericana en general, pueden tener una perspectiva más integral de las misiones? ¿Cómo ayudar no solo a alcanzar sino a formar?
El camino al campo misionero es el mismo para llegar a ser pastor de una iglesia local. Cuando los separamos, terminamos poniendo menos requisitos y menos responsabilidades sobre quien va al campo, como si no tuviera que llegar al punto de poder ser pastor, hacedor de discípulos, diácono o servidor maduro en la congregación.
Si queremos preparar misioneros, tenemos que tener mecanismos en nuestras iglesias para capacitar. Primero, Efesios 4:12 dice que hay que “capacitar a los santos para la obra del ministerio”. Eso es lo que nos toca como pastores. Entre todos esos santos que están siendo capacitados para la obra del ministerio, algunos se van a destacar con dones especiales para ser líderes, pastores, ancianos o diáconos. Y, entre ellos, algunos van a tener el llamado de salir al campo misionero. Entonces, la Iglesia tiene la responsabilidad de levantar líderes bien preparados para hacer la obra. Si las iglesias tuvieran esos mecanismos —primero capacitar a todos los santos y luego levantar líderes en su propia congregación—, no estarían enviando misioneros que no han sido capacitados.
A todo joven que siente un llamado misionero y no sabe qué hacer le digo: regresa a tu iglesia local, involúcrate allí, habla con tu pastor, busca usar tus dones, deja que te discipulen y capaciten para el ministerio. Y junto con tu congregación, busca oportunidades para servir. Cuando ellos te digan: “ya estás capacitado”, entonces se podría hablar de enviarte.

Una pregunta que les hago a las iglesias como líder de misiones es: “¿Elegirías a este joven como anciano en tu congregación? ¿Lo enviarías al otro lado de tu ciudad para plantar una congregación y recibir un salario para hacerlo?”. Si la respuesta es no, mi pregunta es: “¿Por qué lo quieres enviar al otro lado del mundo?”. Y si se trata de una señorita, la pregunta sería: “¿Enviarías a esta joven al otro lado de la ciudad para ayudar con una plantación de iglesia y recibir un salario?”. Si la respuesta es: “No, no es muy madura”, entonces mi respuesta es: “Bueno, no deberías enviarla al otro lado del mundo para trabajar con un equipo de plantación de iglesias, donde tendrá que discipular a otros”.
Los mismos procesos que levantan discípulos maduros y líderes en la iglesia local son los que preparan a los futuros misioneros. A veces se tiene la idea de que si van al campo, ya no necesitan seminario ni preparación ministerial, solo preparación transcultural, pero yo digo que necesitan todo lo anterior más la preparación transcultural. Tienen que tomar lo que han aprendido y aplicarlo a otro contexto, y eso implica aún más trabajo.
GG: ¿Las mujeres que van al campo misionero también deberían evaluarse con los mismos parámetros?
Sí. En 1 Timoteo 3 aparecen los requisitos para ancianos y diáconos. En el caso de los ancianos hay algunos específicos, como la capacidad de enseñar, pero la lista para los diáconos es, en gran parte, la descripción de un cristiano maduro. En mi agencia los usamos como parámetros para decidir si una persona está lista para el ministerio. Si es una mujer, obviamente no va a ser pastora ni anciana, pero va a servir en la iglesia, así que tiene que ser respetada por las personas, debe contar con la habilidad de llevar a otros a la madurez y ser profundamente piadosa.

GG: Parece que las iglesias reformadas de Latinoamérica se llenan de creyentes —o incluso de no creyentes— que vienen de otras iglesias, pero son poco dadas a evangelizar localmente y a enviar misioneros transculturales. ¿Por qué crees que nos enfocamos tanto hacia adentro y no hacia los no alcanzados o, incluso, a la enseñanza de creyentes nuevos?
Las iglesias reformadas son reformadas porque les importa la sana doctrina. Hay convicciones fuertes y una tendencia bíblica a querer profundizar y entender bien. Somos reformados porque amamos la teología y la vemos como un tesoro que tenemos que guardar. Entonces, muy fácilmente podemos enfocarnos solo en esas cosas y en nuestro propio crecimiento. Es una tendencia natural.
Quizá también puede haber un mal entendimiento de la doctrina de la soberanía de Dios. Nuestros críticos a veces nos acusan de que dejamos que la predestinación disminuya nuestro deseo de evangelizar. Puede haber algo de verdad ahí. Es decir, el enfoque en la madurez a veces nos ha distraído del deseo de ir. Pero hay una ironía, porque entre todos, nosotros particularmente entendemos Soli Deo gloria, es decir, que la gloria de Dios es el fin supremo de todas las cosas. Por eso mismo, deberíamos anhelar que Él sea conocido y adorado en todo el mundo. Además, la energía teológica del movimiento misionero en los siglos XVII y XVIII salió del calvinismo, de la doctrina reformada, de una visión de la gloria de Dios en los confines de la tierra.

GG: América Latina tiene una fuerte presencia evangélica. En Guatemala, Honduras y el sur de México, las iglesias evangélicas representan cerca del 40% de las comunidades religiosas. En Colombia, pueden ser un 10% o 20%. Las tareas de plantación que dieron origen a muchas de esas congregaciones comenzaron hace unos 50, 80 o 100 años, y en las últimas décadas ha habido un crecimiento. Sin embargo, hay poco discipulado y analfabetismo bíblico. ¿Cuál es el rol de una agencia misionera como Reaching and Teaching en un continente que ha sido tan evangelizado y en el que se supone que ya hay evangélicos?
Para mí, parte de la respuesta es que la Iglesia existe para exponer la gloria de Dios. Entonces, ¿cómo se realiza la visión bíblica de que el mundo esté lleno de Su gloria? No es simplemente con cristianos aislados que van al cielo y no al infierno. Sucede cuando hay congregaciones transformadas por el Evangelio, que adoran a Dios en unidad con una sola voz —como dice Romanos 15— y que evangelizan, adoran correctamente y viven vidas santas.
Entonces, si el deseo es simplemente que haya cristianos o que existan iglesias locales, sí podríamos salir de América Latina e ir a otra parte del mundo. Pero creo que esa es una visión corta. Por ejemplo, supongamos que existe una ciudad de medio millón de personas y hay 300 congregaciones, pero el 99% de ellas son de prosperidad —es decir, según Gálatas 1, no predican el Evangelio—. Supongamos también que quizá solo dos o tres iglesias pequeñas conocen realmente el Evangelio y han sido pequeñas por 20, 30 o 50 años. En ese caso, como Iglesia, deberíamos considerar qué podemos hacer para que Dios sea glorificado, honrado y adorado como debe ser en esa ciudad.
¿Debemos dejar de ir a otros lugares porque todavía tenemos trabajo aquí? No. Pero tampoco podemos ir a otros lugares suponiendo que la misión aquí ya se acabó. He observado que Dios da a la Iglesia un panorama de dones. Algunos serán dotados para ir como punta de lanza a los lugares pioneros más difíciles, y otros tendrán la disposición, el entrenamiento y la pasión para quedarse o ir a un lugar como una ciudad en el sur de México, con el fin de entrenar y ayudar a que la Iglesia madure.

Entonces, creo que está bien que una iglesia local o una agencia digan: “Queremos enfocarnos en tal país o en el Medio Oriente”. Pero si todos hicieran eso, harían falta en su propio país. Por eso me gusta hablar de lugares “antes alcanzados” o “una vez alcanzados”, en donde hubo una presencia cristiana, pero quizá los misioneros llegaron con tanto deseo de alcanzar las naciones y terminar su obra allí que no completaron la misión.
Necesitamos una visión amplia. Cada iglesia local tiene una red de relaciones y conexiones, y Dios usa todo eso en Su soberanía. Quizá una congregación en la Ciudad de Guatemala tiene un miembro con familia en Oaxaca, donde no hay una iglesia sana. Esa es una conexión natural útil para enviar a un misionero. A lo mejor no tiene esa misma conexión en Asia o Medio Oriente. Puede ser que Dios, en Su soberanía, haya decidido usar a esa congregación no para alcanzar a una etnia en Asia, sino para ir a una ciudad en Oaxaca.
Ahora, hay iglesias que no tienen esas conexiones, pero si una agencia misionera les dice que hay un área en Asia o el Medio Oriente donde no ha llegado el Evangelio, cuentan con algún joven dispuesto a decir: “Quiero ir, envíame a mí”. Entonces la congregación puede capacitarlo durante unos años y enviarlo.
El Señor de la cosecha es Jesús. No es un comité de misiones en la iglesia ni una agencia misionera ni los pastores. Entonces, como pastor de mi iglesia en Texas, debo ser mayordomo de lo que tengo, ver a cada persona que Dios está levantando y preguntarle cuáles son sus dones, cuál es su disposición y cuáles son las conexiones naturales que tiene. Al final de la historia, será Dios quien habrá preparado a las personas para enviarlas a diferentes partes.

DR: Pensando en la labor actual de Reaching and Teaching, ¿cuál es su visión para Latinoamérica? ¿Qué rol juegan allí a la luz de lo que hemos hablado respecto a una misión más integral?
Reaching and Teaching fue fundada como agencia hace unos 20 años. Al principio era un ministerio enfocado en entrenamiento pastoral mediante viajes de corto plazo y clases modulares. El programa consistía en ir tres veces al año durante una semana, por tres años. Había un currículo con nueve temas: doctrina bíblica, Nuevo Testamento, Antiguo Testamento, consejería y otros. Todo el enfoque de Reaching and Teaching era capacitar pastores por medio de clases modulares, porque el fundador y los líderes de ese tiempo vieron la necesidad de entrenar pastores.
La pregunta era: ¿por qué tenemos muchas iglesias débiles o no muy sanas? Una de las razones principales era la falta de capacitación pastoral. Muchos pastores tenían el llamado y el deseo, pero no sabían explicar la Biblia y aplicarla a la vida de la gente. Los sermones solían ser algo así: “Abran sus biblias”, luego leían un versículo, se saltaba a otro tema y después venían 45 minutos de ir de texto en texto hablando de quién sabe qué. Había un deseo sincero de enseñar la Palabra de Dios, pero faltaban herramientas para interpretarla bien.
Con los años, empezaron a ir misioneros de tiempo completo a entrenar pastores en una región. Por ejemplo, yo vivía en Oaxaca, una región con muchos grupos étnicos en las montañas y también con bastantes iglesias. Nuestra visión era acercarnos a grupos de congregaciones para dar clases a los pastores, pero ya no mediante viajes de corto plazo, sino viviendo allí, conviviendo con ellos y teniendo más tiempo para generar impacto.

Con el tiempo, otros también fueron al campo misionero para ayudar a congregaciones específicas en una región o ciudad. Entonces, el deseo siempre ha sido fortalecer a la Iglesia por diferentes medios: a veces entrenando pastores, a veces por medio de la revitalización de una iglesia local o a veces yendo a una congregación sana y usando sus dones para globalizar su impacto. Es decir, en ocasiones, la mejor misión no es ir a una congregación débil, sino llegar a una fuerte y ayudar a que impacte a cientos. Eso es lo que está pasando en Argentina, y también lo veo en Colombia y otras partes.
Por años hemos trabajado así. Algunos han ido a lugares muy poco alcanzados, pero la mayoría ha trabajado con iglesias. El fruto que ya estamos viendo es que algunas de ellas se están acercando a nosotros para decir: “Ahora nosotros queremos enviar misioneros”. Eso cambia nuestro rol, pero es el siguiente paso natural. Quizá llegará el día en que menos misioneros lleguen a lugares como América Latina —a países como Argentina o Colombia— y más sean enviados desde allí.
En el próximo año queremos empezar a explorar la posibilidad de expandir nuestra capacidad de enviar misioneros, no solamente desde Estados Unidos, sino también desde Colombia y Argentina. Parece que Dios está bendiciendo esto. He tenido varias conversaciones con pastores que tienen parejas o jóvenes dispuestos a ir al campo y nos han pedido ayuda. Eso me anima mucho, gracias a Dios.
GG: Una última pregunta. ¿Qué distingue a Reaching and Teaching de otras agencias misioneras?
Una diferencia es el enfoque en la profundidad del mensaje: queremos hacer el trabajo de principio a fin. Por supuesto, dudo que alguna agencia misionera se niegue a hacer eso, ¿verdad? No tenemos un enfoque específico como traducir la Biblia o plantar iglesias entre etnias no alcanzadas; nuestros misioneros hacen varias de esas tareas, pero siempre conectadas con las tres tareas que mencioné: hacer discípulos maduros, plantar iglesias sanas y capacitar líderes locales.
También nos distinguimos en que practicamos de manera integral y completa la centralidad de la iglesia local. Nos gusta decir que la Iglesia es el medio y el fin de la misión. Eso significa, primero, que es el instrumento que Dios usa para enviar misioneros. Muchas agencias trabajan con las personas aparte de las congregaciones en las que están y las envían; es muy común en Estados Unidos. Nosotros existimos para ayudar a una iglesia local a enviar a su misionero, queremos trabajar a su lado en la evaluación, en el cuidado pastoral una vez han llegado al campo misionero y en sus decisiones sobre sus finanzas.

En ese sentido, la Iglesia es el instrumento de la misión, pero también es el fin de la misma. Todo lo que nuestros misioneros hacen tiene como meta plantar o fortalecer iglesias locales, por eso, no trabajan en proyectos comunitarios que no estén conectados con esos objetivos. No vamos a plantar un seminario si no hay iglesias locales con las que podamos trabajar. No vamos a establecer una clínica médica a menos que el misionero llegue a ser miembro de una iglesia local que luego abra la clínica como una manera de alcanzar a su comunidad. Lo mismo pasa con una casa hogar o un orfanato.
Además, cuidamos el no imponer una estrategia norteamericana sobre el campo. Nuestros misioneros buscan someterse a los ancianos de la iglesia local y, si no hay una, establecen relaciones con las congregaciones cercanas cuando se trata de alcanzar a un grupo étnico, en vez de pasar por encima de ellas.
Referencias y bibliografía
