Mientras los estadounidenses celebran la fundación de su nación el 4 de julio, recuerdan al grupo de líderes dispares que se reunieron en Filadelfia a mediados de la década de 1770 para forjar la unidad suficiente para encauzar a trece colonias individuales en el camino hacia la conformación de una nación.
Lo que tenemos en la Declaración de Independencia (que en sí misma es principalmente un documento que enumera los desacuerdos con el gobierno inglés) se logró con mucha contienda y disputas políticas. Estos líderes fundadores tenían mucho en común, pero esa afinidad se puso a prueba debido a las diferencias en los intereses regionales, las preocupaciones económicas y la filosofía política.
También entraron en juego diferentes convicciones religiosas. Aunque a la mayoría de los miembros del Congreso Continental se les exigía apegarse a las verdades cristianas básicas para ejercer un cargo público, sus compromisos denominacionales y particularidades doctrinales influyeron en el trasfondo de los debates formales que condujeron a la ratificación de la Declaración, y esas tensiones se prolongaron hasta la era fundacional de la nación.

No es difícil para nosotros ver en nuestros tiempos conflictivos cómo las diferencias políticas y religiosas se entrelazan tal como lo hicieron en nuestra era fundacional. Lo que a menudo escaseaba entonces, como parece ocurrir ahora, es un modelo para mantener diferencias en principios y convicciones que no socaven “la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”, la cual distingue al pueblo de Dios en un mundo fracturado (Ef 4:3).
Sin embargo, entre ese grupo de líderes dispares del siglo XVIII, encontré a un fundador inusual; en mi opinión, un modelo que aún vale la pena considerar. Su nombre es Elias Boudinot.
Inusualmente cristiano
Boudinot (1740–1821) es un miembro importante pero poco conocido de la generación fundadora de los Estados Unidos. Creció como un hijo del Gran Despertar, escuchando la predicación de George Whitefield, Gilbert Tennent y, por un breve tiempo, Jonathan Edwards en Princeton. Ganó prominencia en la política de Nueva Jersey y fue un hombre de influencia nacional en el período previo a la Revolución estadounidense.
Durante la guerra, Boudinot sirvió en el equipo de George Washington y más tarde en el Congreso Continental; también fue presidente del Congreso durante la firma del Tratado de París que puso fin a la guerra. Boudinot fue un actor principal en los primeros tres congresos federales y luego sirvió en las administraciones de Washington, John Adams y Thomas Jefferson.

Después de retirarse del servicio público en 1805, pasó la última década y media de su vida apoyando las misiones del Evangelio en el país y en el extranjero. Su legado duradero fue su papel formativo en el establecimiento de la Sociedad Bíblica Americana.
A lo largo de todos sus compromisos públicos, Boudinot se esforzó por llevar una vida honorable de una constante y ardiente fe cristiana. El historiador James Hutson, quien ha pasado años estudiando los pensamientos y las vidas religiosas de los fundadores, escribe: “Boudinot es de particular importancia, porque fue un presbiteriano nacido de nuevo, cuyas opiniones evangélicas estaban probablemente más cerca de las de la mayoría de sus compatriotas que las de la mayoría de sus compañeros fundadores”.
Hombre de convicciones afables
Boudinot adquirió su visión de Dios y del mundo en el gran avivamiento evangélico de mediados del siglo XVIII, y nunca se desvió del camino de sus primeras convicciones. A la edad de 18 años, le escribió a su amigo William Tennent III:
Que el Señor nos conceda hacer un uso adecuado del poco tiempo que aún nos queda. No puedo sino registrar la gran bondad de mi afable Protector así como Preservador, al concederme una gracia de contención en mi juventud, y al descubrirme el valor inestimable de un Salvador ofrecido. Bendigo a mi Dios por la gran esperanza que es producida en nosotros, por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos, sin la cual esta vida sería una carga intolerable, un peso inconcebible de ansiedad y desesperación, porque vanos son los días del hombre.

Luego, 60 años más tarde, testificaría en su testamento acerca de su:
…firme, sincera y predominante creencia en un solo Jehová soberano, omnipotente y eterno, un Dios de infinito amor y misericordia (…) [quien] ha estado y aún está reconciliando a un mundo culpable con Sí mismo por medio de Su justicia y expiación, Su muerte y Su resurrección, a través de quien la vida y la inmortalidad han sido sacadas a la luz en Su Evangelio y, por todas las poderosas influencias de Su Espíritu Santo, está santificando, iluminando y guiando diariamente a Su pueblo fiel hacia toda la verdad necesaria.
Sin embargo, Boudinot no se claustró para alejarse del conflicto y el desacuerdo. Abogado de profesión, se ganaba la vida presentando argumentos. Era un patriota, un miembro identificado de las élites coloniales que eligieron rebelarse contra la nación más poderosa de su mundo. Durante la guerra, le correspondió lidiar con los británicos por el trato a los soldados estadounidenses capturados, quienes no eran tratados como prisioneros de guerra sino como traidores. En el gobierno, Boudinot estuvo estrechamente vinculado a Alexander Hamilton, el político más polarizador de su época. También fue un abolicionista comprometido, lo que lo colocó en una oposición irreconciliable con la mitad de su país.

¿Cómo podría Elias Boudinot enseñarnos, más de dos siglos después, a defender nuestras propias convicciones con una disposición firme pero afable?
“Un solo Señor y Maestro”
Primero, Boudinot tendía a enfocarse en lo que une y no en lo que divide.
Boudinot nunca vaciló en sus propias convicciones doctrinales, las cuales eran profundamente calvinistas. Sin embargo, el efecto de las Buenas Noticias de la Biblia en su vida se manifestó tanto en fuertes convicciones personales como en un espíritu afable que buscaba primero los puntos comunes, no la división. Sus interacciones con aquellos con quienes difería en asuntos de fe mostraron consistentemente el llamado bíblico a procurar “lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua” (Ro 14:19). Fue un impulso de toda la vida.
Cuando tenía 18 años, le escribió a un amigo: “Qué gloriosa perspectiva (me dije a mí mismo) ofrecería, si la humanidad en general se uniera en viva armonía y concordia, y se esforzara por hacer que cada circunstancia de la vida tendiera a la ventaja común”. Casi 60 años más tarde, expresó su perdurable deseo de “recortar las asperezas de los partidos y conciliar las mentes de aquellos que deberían considerarse de una sola familia, reconociendo a un solo Señor y Maestro”.

Este impulso cristiano hacia la unidad, cuando fuera posible, le serviría de mucho en los cargos públicos que ocupó durante la Revolución y más allá. También sería una motivación impulsora al final de su vida, lo que lo llevó a reunir apoyo de todo el panorama cristiano para formar la Sociedad Bíblica Americana.
“Verdaderamente vivificante para Su pueblo”
Segundo, Boudinot recibía con agrado la evidencia de la actividad de Dios, incluso cuando difería de aquellos en quienes la observaba.
Boudinot fue amigo de toda la vida de los cuáqueros anabautistas, viendo en ellos una piedad que aspiraba a emular, aunque discrepaba profundamente en puntos doctrinales importantes. Más tarde en su vida, cuando estalló el Segundo Gran Despertar a principios de los años 1800, aunque los líderes de su denominación reaccionaron con preocupación ante sus prácticas de convocatoria masiva y su teología populista, Boudinot lo observó con fascinación. Si bien compartía sus cautelas, Boudinot había aprendido de primera mano de su padre y de los líderes del Primer Gran Despertar a buscar el fruto espiritual auténtico dondequiera que pudiera encontrarse.

En una carta escrita en medio de la Guerra de 1812, podemos vislumbrar la perspectiva madura de Boudinot sobre la experiencia del avivamiento cristiano:
Bendito sea Dios, quien en medio del juicio se acuerda de la misericordia. Aunque nuestro país está involucrado en una ruinosa guerra ofensiva, aun así Él está demostrando a Su Iglesia que Él no nos ha desamparado por completo. El derramamiento de Su Espíritu en varias partes de los Estados Unidos es verdaderamente vivificante para Su pueblo, que se encuentra entre el pórtico y el altar, clamando: Señor, salva a Tu pueblo. En las partes orientales de Nueva York, en Vermont y Connecticut, los avivamientos son más interesantes de lo que jamás se ha conocido. En Filadelfia, las apariencias son muy prometedoras y, hablando en general de estas partes, aunque no hay apariencias de avivamientos notables, hay una creciente atención a las ordenanzas del Evangelio. Bendigan al Señor, oh almas nuestras, y bendiga todo lo que está dentro de nosotros Su santo nombre.

“Los corazones pueden estar de acuerdo, aunque las mentes difieran”
Tercero, Boudinot valoraba la fidelidad denominacional sin sucumbir al sectarismo denominacional.
Boudinot fue un hombre de prominencia nacional durante casi cinco décadas. Al final de su vida, era un estadista venerado y una influencia impulsora en las misiones cristianas. Pero en el fondo era un hombre de iglesia que expresó sus convicciones religiosas a lo largo de su vida. Fue miembro fundador de la junta directiva de la Asamblea General Presbiteriana y era el moderador de la asamblea al momento de su muerte. También fue fideicomisario del Colegio Presbiteriano de Nueva Jersey durante casi medio siglo, y desempeñó un papel importante en la formación del Seminario de Princeton.
Al retirarse a Burlington, Nueva Jersey, donde no había ninguna iglesia presbiteriana, podría haberse limitado a disfrutar de su amplia gama de asociaciones presbiterianas. En su lugar, se unió a la iglesia de enfrente, St. Mary’s Episcopal, donde su participación fue activa y comprometida hasta el final de su vida. Que un presbiteriano prominente se uniera a una iglesia episcopal causaba asombro en su época, pero las acciones de Boudinot demostraron su gran corazón y su visión de la Iglesia de Cristo más allá de sus diversas y a menudo competidoras expresiones. Le escribió al pastor de su antigua iglesia presbiteriana sobre su perspectiva de las diferencias denominacionales:
Los corazones pueden estar de acuerdo, aunque las mentes difieran. Puede haber unidad de Espíritu, si no de opinión, y siempre es una ventaja mantener una opinión favorable de aquellos que difieren de nosotros en nuestros sentimientos religiosos. Tiende a alimentar la caridad cristiana. Recibo con cordial y total satisfacción todo lo que tienda a aproximar una denominación de cristianos a otra, estando persuadido de que aquel que es un creyente concienzudo en Cristo no puede ser un hombre malo.
En un día en que la Iglesia está luchando con cómo comprometerse con la sociedad (y a menudo con las diferencias internas) con una convicción y conducta cristianas, el ejemplo de Elias Boudinot puede proporcionar una perspectiva muy necesaria. Incluso en tiempos de contienda, podemos mantenernos firmes con convicción sin perder un espíritu afable y amante de la paz, y la conducta misma recomendada por Cristo y Sus apóstoles.
Este artículo fue traducido y ajustado por David Riaño. El original fue publicado por Andy Farmer en Desiring God. Allí se encuentran las citas y notas al pie.
