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¿Por qué el gobierno de China reprime cada vez más al cristianismo y a otras religiones?
La respuesta se resume en una sola palabra: “sinización”. Esta hace referencia al proceso de “hacerse chino” e implica la integración —voluntaria o impuesta— de una persona o institución a la cultura de ese país.
La ideología detrás de este término ha hecho que la historia del cristianismo en China no sea sencilla. El partido comunista de ese país (PCCh), que es el principal promotor de la sinización, ha hecho que los creyentes experimenten todo tipo de desafíos para profesar su fe: intolerancia, falta de oportunidades, represión y persecución generalizada. El siguiente es un breve recuento de lo que ha sucedido con la Iglesia cristiana en uno de los países más poblados del mundo.
Control gubernamental reinstaurado
La persecución ha sido la realidad de los cristianos en China desde 1949, cuando el movimiento comunista tomó el poder, y se viene intensificando desde 1966, con la revolución de Mao Zedong. Sin embargo, tras la muerte de Mao aproximadamente una década después, el gobierno comenzó a darle más espacio a la Iglesia. En 2011, profesar el cristianismo se convirtió en un asunto legal y se abrieron las puertas a muchos misioneros. Funcionarios chinos decían públicamente que la religión era buena para el desarrollo de la nación, y el gobierno donaba tierras, apoyaba la construcción de iglesias y autorizaba que se investigara sobre los impactos positivos del cristianismo en la sociedad.

No obstante, a partir de 2013, todo empezó a cambiar. Aunque la Constitución de 1982 afirma que los ciudadanos “disfrutan de libertad de creencias religiosas” y que el Estado protege “las actividades religiosas normales”, al posesionarse, el presidente chino Xi Jinping volvió a reforzar el control en varios aspectos de la sociedad. Esto incluyó todos los asuntos religiosos que tenían lugar dentro de sus fronteras. Así, tres años después, el Estado empezó a promover ideas como la de que las iglesias debían eliminar el emblema de la cruz de sus fachadas. Al inicio, lo hizo en una tónica de “bienestar”, pero finalmente resultó reprimiendo la libertad de culto.

La política empezó a hacerse efectiva antes de la realización del Congreso Nacional del Partido Comunista de China en 2017, cuando el presidente reafirmó su poder con la aprobación de una medida histórica: la de incluir su filosofía política en la constitución del movimiento. Esto lo posicionó como el líder más poderoso que hubiera tenido el país después de Mao, quien había desarrollado un culto a su personalidad a través de retratos en todos los hogares chinos.
Durante el segundo semestre del mismo año, el gobierno aprobó leyes para regular las reuniones religiosas, las enseñanzas que en ellas se impartían y las actividades que desarrollaban. Por el hecho de violarlas, hubo arrestos y cierres de congregaciones no registradas. Luego, el gobierno nuevamente comenzó a instigar a los hogares de la provincia de Jiangxi, obligándoles a eliminar todo tipo de símbolo cristiano como cruces, versículos bíblicos o cualquier otra alusión al cristianismo para reemplazarlos por fotos de Xi Jinping. También debían cambiar los carteles de los Diez Mandamientos por listas de valores socialistas.

A partir de ese momento, las restricciones se tornaron más estrictas, sobre todo con las llamadas “iglesias clandestinas”, es decir, con aquellas que no estaban registradas ante el Estado y que, por ende, tenían mayor libertad y menos control.
A inicios de 2018, el Comité Central del Partido Comunista de China votó a favor de la reforma constitucional que le permitió a Xi Jinping presentarse indefinidamente a la reelección, acabando con el límite de dos mandatos por presidente que se encontraba en vigor. Su poder para llevar a la aprobación semejantes medidas y reformas ha hecho que la Iglesia tenga diversas sensaciones y preguntas respecto al futuro, en especial por la represión del gobierno contra cualquier manifestación religiosa que no se amolde a las políticas estatales.
A partir de entonces, el gobierno chino ha buscado que la política de la sinización se convierta en su bandera para generar así una fuerte identidad, eliminando las influencias extranjeras en todos los aspectos de la sociedad, incluido el de la religión. En especial, se pretende llevar a los líderes religiosos y a los creyentes hacia una “comprensión correcta” del Estado, la historia, la nación, la cultura y la religión.

Cómo se ve la sinización en la práctica
El Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías (TSPM) o Movimiento Patriótico Tres Uno —el ente oficial para regular el cristianismo— afirma que las fuerzas “antichinas” están usando el cristianismo para subvertir el poder del Estado. Esto ha hecho que el proceso de sinización afecte directamente a la Iglesia cristiana en un sentido físico y digital.
En términos físicos, una gran cantidad de congregaciones que permanecían en la clandestinidad empezaron a experimentar mayor presión para registrarse ante el Estado, adoptar políticas del gobierno y someterse al control del PCCh. Decenas de ellas han sido cerradas y muchos pastores, líderes y creyentes han sido encarcelados por realizar actividades “en nombre de asociaciones sin registro”.
Ahora bien, a los creyentes también se les acusa de “fraude” u “operaciones comerciales ilegales” por actividades que, en otros lugares, serían parte de la vida comunitaria: recaudar fondos, sostener una obra educativa, realizar proyectos. Ha habido juicios cerrados, condenas por la afiliación de escuelas con iglesias y sentencias relacionadas con donaciones. Incluso, a un pastor le retuvieron su pasaporte, pues creían que él pretendía ir al congreso cristiano internacional de Lausana.

En cuanto a lo digital, de la sinización surgió un sistema de licencias y, por tanto, de veto a lo no autorizado. La predicación, la enseñanza y la transmisión religiosa fuera de plataformas específicas ha quedado expuesta a sanción, e incluso en 2018 retiraron las biblias de grandes librerías en línea. Además, con el objetivo de aislar a las comunidades, está prohibido que organizaciones o individuos extranjeros ofrezcan servicios religiosos en internet dentro de China. También, en abril de 2025, publicaron reglas detalladas para actividades religiosas de foráneos, empujando toda interacción a espacios registrados y monitoreables, y limitando drásticamente el contacto con creyentes locales.
Pero eso no es todo. La siguiente cita corresponde al reporte que la comisión del gobierno de EE. UU. que monitorea los derechos humanos en China (Congressional-Executive Commission on China) presentó en 2025:
También este año, la Comisión observó que las autoridades de la RPC emplearon diversos métodos para censurar y vigilar la expresión en línea de protestantes respecto de sus creencias religiosas. Por ejemplo, en agosto de 2024, autoridades del municipio de Guangzhou, Guangdong, pusieron bajo custodia a la cristiana Xin Ruoyu, supuestamente manteniéndola en detención extrajudicial. Xin había participado en el desarrollo de la aplicación “Song of Songs”, que ofrece himnos en lengua china y partituras. También en agosto de 2024, el abogado cristiano Xie Qida publicó un himno cristiano en su cuenta de TikTok. La Oficina de Asuntos Étnicos y Religiosos del distrito de Xishan, municipio de Kunming, provincia de Yunnan, le emitió un aviso exigiéndole “eliminar videos de canto de himnos cristianos en todos los medios en línea”. En abril de 2025, autoridades del condado de Song, provincia de Henan, emitieron un “Aviso sobre la recompensa por denunciar actividades religiosas ilegales”. El Aviso ofrecía recompensas a cualquiera que denunciara a personas que difundieran capacitaciones religiosas a través de plataformas en línea.

En paralelo, la sinización ha avanzado como un programa de reeducación institucional. En el periodo reciente, se reportó una campaña coordinada para entrenar personal religioso en la “gobernanza estricta de la religión”, con énfasis en implementar planes oficiales y arrancar influencias occidentales descritas como “coloniales” de la Iglesia protestante china. Así, incluso los seminarios, programas de formación y currículos están bajo vigilancia, y el gobierno insiste en la confiabilidad política de los próximos líderes.
Es necesario aclarar que el impulso de sinicizar a la religión no se limita al cristianismo protestante. Los otros cuatro cuerpos religiosos autorizados por el gobierno (budismo, taoísmo, islam y catolicismo) también han sido obligados a hacerlo. Las actividades religiosas se consideran una parte normal de la sociedad civil en Occidente, pero en China se les considera, cada vez más, una amenaza para la estabilidad nacional.

Respecto al catolicismo, ha sobresalido la elección de obispos por parte del Estado, sin la autorización del obispo de Roma, a pesar de que se había renovado el Acuerdo Sino-Vaticano, en el que se había establecido un proceso para nombrar personas en ese cargo que fueran reconocidas por ambas partes. En otras religiones, el patrón combina cooptación y disciplina: el Estado impulsa actividades patrióticas en budismo y taoísmo, mientras en comunidades musulmanas se han reportado campañas de ‘rectificación’ que buscan reordenar tanto lo visible (mezquitas y símbolos) como lo interno (predicación, educación y gestión) bajo parámetros políticos.
En septiembre de 2025, Xi Jinping volvió a poner el tema en primera plana y pidió “sistematizar” la sinización, profundizando las cinco identidades de China: patria, nación, cultura, partido y socialismo.
¿Oportunidad o persecución?
Ahora bien, parte de la Iglesia cristiana oficial en China está buscando apoyar las medidas de sinización. Entonces, ¿por qué los medios occidentales tienen una visión negativa al respecto? ¿Será que nuestro entendimiento de la situación de muchos creyentes está siendo sesgada por nuestra visión y estigma del comunismo? ¿Será que la sinización es un paso hacia un control gubernamental más estricto o una oportunidad para adentrarse más en la cultura y contextualizar la fe?
Las respuestas a esas preguntas son complicadas tanto para la Iglesia oficial legal como para las congregaciones clandestinas a las que no dejan funcionar. Aunque algunos creyentes entienden que el gobierno tiene una agenda política, consideran que esta se puede aprovechar. Afirman que cantar canciones autóctonas, usar ejemplos, historias e ilustraciones chinas para los sermones y adaptar las enseñanzas de la Iglesia representa una gran oportunidad. Y, en medio de estos tiempos difíciles, la Iglesia cristiana ha crecido y florecido de maneras creativas.

No obstante, el costo de esta “adaptación” tiene matices oscuros que no se pueden ignorar. La sinización no se detiene en la cultura; a menudo exige la subordinación del dogma a los “valores centrales socialistas”. Esto se traduce en realidades como la sustitución de cruces por banderas nacionales, la instalación de sistemas de vigilancia biométrica en los púlpitos y la presión para colocar retratos de líderes políticos en espacios de adoración. Lo que para unos es contextualización, para otros es una erosión sistemática de la identidad teológica, donde el Estado decide qué partes de la Biblia son compatibles con el régimen.
Finalmente, el escenario se vuelve cada vez más ideológico, desplazando la fe del ámbito privado al control político absoluto. Los próximos años serán determinantes para observar si esta “Iglesia con características chinas” conservará su esencia espiritual o se convertirá en un brazo más de la narrativa estatal. Mientras tanto, el mundo observa cómo los creyentes en China —tanto en templos registrados como en congregaciones clandestinas— escriben un capítulo de resistencia y fe en una de las épocas más complejas de su historia.

¿Crees que las nuevas medidas del gobierno chino representan una oportunidad o dan muestra de una nueva ola de persecución para la Iglesia? ¿Cómo podrías comprometerte con la Iglesia en China? Estas son algunas peticiones de oración que compartió el líder evangélico Ed Stetzer, conocido por su trabajo en misión, evangelismo y plantación de iglesias, y por su blog The Exchange:
1. Que los teólogos y líderes de pensamiento chino tengan sabiduría al considerar las respuestas bíblicas a los retos de los cristianos en el país.
2. Que haya la unidad entre las comunidades de fe y los líderes de la Iglesia que pueden ser llamados por Dios para tomar enfoques radicalmente diferentes en su respuesta a las presiones del gobierno.
3. Que los cristianos chinos puedan discernir dónde pueden ser flexibles y dónde hay líneas de fondo que no se pueden cruzar.
Que Dios continúe construyendo Su Iglesia en China.
Referencias y bibliografía
Constitution of the People's Republic of China | English.gov.cn
Freedom of Religion - Findings | CECC
El presidente chino evoca la sinización de la religión | FSSPX Actualidad
La sinización de la religión en China | Lausanne Movement
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