Jerónimo Zanchi fue un teólogo y pastor italiano muy influyente en su época así como en los años posteriores a su muerte. Sin embargo, hoy es una figura marginal en la teología histórica moderna, especialmente debido a que sus obras no se encuentran disponibles en ediciones modernas al inglés (mucho menos al español) y a la relativa escasez de investigaciones sobre el período de la post-Reforma, lo cual está cambiando hoy por hoy.
En las líneas que siguen haremos un recorrido por la vida de Jerónimo Zanchi: desde su juventud monástica en el norte de Italia y su despertar reformado, hasta su exilio y su paso por Estrasburgo, donde las controversias confesionales lo obligaron a medir el precio de la ortodoxia en un tiempo en que las fronteras doctrinales se endurecían. Veremos su llegada a Heidelberg y el periodo de madurez en el que por fin pudo escribir las obras que lo consagraron como una de las mentes más incisivas de la ortodoxia reformada. Finalmente, examinaremos su relación crítica con la escolástica medieval y su diálogo con Tomás de Aquino.
Juventud monástica y despertar reformado
Zanchi nació el 2 de febrero de 1516, en Alzano Lombardo, un pequeño pueblo en la provincia de Bérgamo, ubicada al norte de Italia. Fue educado en la Universidad de Padua y, tras la muerte de sus padres —Francesco Zanchi y Bárbara nee Morlotti— en 1531, ingresó a los 15 años en el monasterio de la Orden de Canónigos Regulares Agustinos en Santo Spirito, Bérgamo. En 1541 fue nombrado predicador de la Orden y en la primavera de ese mismo año se trasladó al monasterio de San Frediana, en Lucca, en la región de Toscana. Allí conoció al renombrado Pedro Mártir Vermiglio, quien era el líder (prior) de aquel monasterio.

Vermiglio había pasado tres años en Nápoles junto al reformador español Juan de Valdés y se había encontrado con los escritos de los primeros reformadores, como Martín Lutero, Philipp Melanchthon, Heinrich Bullinger, Wolfgang Musculus e incluso Juan Calvino. A través de ese conjunto de lecturas, él ejerció una poderosa influencia en la vida y vocación de Zanchi, así como en otros que terminaron figurando como importantes autoridades en la Reforma europea. Zanchi, por su parte, se benefició directamente de la obra de importantes reformadores como Martín Bucero, Wolfgang Musculus, Bullinger y Calvino, y llegó a considerar los Loci communes de Melanchthon (un compendio teológico organizado por temas) como sus primeros maestros “para el conocimiento completo de Cristo”, según él mismo se lo aseguró al reformador en una carta con fecha del 4 de septiembre de 1557.

Pero, mientras más crecía la convicción reformada de Vermiglio y Zanchi, Lucca se tornaba en un ambiente hostil para hombres como ellos, así que en 1542 el primero se vio forzado a huir a Estrasburgo y, en el plazo de doce meses, 18 canónigos más hicieron lo mismo. Pasaron nueve años y, finalmente, Zanchi también tomó la decisión de irse. Primero estuvo en Chiavenna, Italia, durante un año; luego, al viajar a Ginebra, pasó por Berna, donde conoció en persona a teólogos como Musculus y Calvino, y aprendió de ellos a través de sus sermones y conferencias. Con estas palabras explicó su salida de Lucca:
Mi conciencia ya no podía soportar ese tipo de vida y ese estado en el que me veía obligado tanto a admitir muchas cosas que sabía con certeza por la Palabra de Dios que debían evitarse, como a descuidar e incluso condenar muchas cosas que sabía absolutamente que debían hacerse y predicarse.

Estrasburgo, controversias confesionales y el camino hacia Heidelberg
El 25 de febrero de 1553, Zanchi fue invitado a impartir la cátedra de Antiguo Testamento en la Escuela de Estrasburgo, bajo la dirección del clérigo luterano Johann Sturm (l puesto había quedado vacante tras la muerte de Caspar Hedio y años antes lo había ocupado Vermiglio antes de partir a Oxford). Durante su estancia allí, publicó solamente una edición de la Física de Aristóteles (De naturali auscultatione) y un tratado sobre la Cena del Señor, pues pensaba que en aquel momento había más escritores que lectores y prefería publicar sus obras cuando pudieran ser realmente útiles para la Iglesia (así lo hizo más tarde). Su producción literaria en Heidelberg y Neustadt fue enorme.

En 1553, Zanchi se casó con Violante Curione, hija mayor del humanista y teólogo italiano Celio Secondo Curione, acción con la cual expresó su completa separación de Roma. Pero ella murió apenas tres años después de la boda, tras dos abortos espontáneos y un periodo de grave enfermedad. Zanchi lidió con esta gran pérdida durante algunos años, y en 1561 (aunque algunas fuentes consignan 1577) celebró su segundo matrimonio con una dama llamada Livia Lumaga, hija de un rico comerciante de Piuro. Tuvieron nueve hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro varones y tres mujeres
Mientras estaba aún en Estrasburgo, entre 1561 y 1563, Zanchi se envolvió en un acalorado debate con el teólogo luterano Johann Marbach, especialmente sobre la presencia de Cristo en la Santa Cena, la doctrina de la predestinación, los últimos tiempos y otros asuntos. Esto evidencia un periodo en el que cada vez más se iban estableciendo los límites confesionales. Zanchi fue sancionado y suspendido de sus clases —aunque le pagaban su sueldo completo— hasta que volviera a concordar con la ortodoxia luterana en los puntos mencionados.

Ahora bien, en 1563 se elaboró una fórmula de consenso doctrinal para que tanto pastores como profesores de Estrasburgo la firmaran y así se tranquilizaran las agitadas olas de tan largo debate. Aunque dicho documento dio prioridad a la posición luterana de Marbach, a Zanchi no le quedó más que firmarla casi a regañadientes: “Acepto esta declaración doctrinal en la medida en que la reconozco como piadosa”. Esto lo agotó tanto que empezó a buscar su salida de Estrasburgo, cuyos dirigentes cada vez simpatizaban más con el campo luterano, abandonando así su cátedra. De manera insistente, le ofrecieron diferentes cargos en Ginebra, Berna, Lausana, Zurich, Lyon, Heidelberg y Marburgo, lo que nos deja ver lo respetado y querido que era en la Europa reformada de entonces.
No obstante, optó por otro camino. Ese mismo año decidió tomar el cargo de pastor en una congregación protestante italiana, en los Grisones, Chiavenna, sucediendo a su ministro recientemente fallecido. En aquella época tuvo que enfrentarse a la peste y a diversas controversias teológicas. También tuvo importantes desacuerdos con los miembros de la comunidad, sobre todo cuando estos decidieron que solo los nativos podrían ser elegidos como ancianos, negando el privilegio de este servicio a los exiliados o extranjeros. Por oponerse a la congregación en esta decisión y por el ataque de algunos antitrinitarios, fue destituido del ministerio en aquella congregación.
Por tanto, en 1568 aceptó gustosamente una invitación para enseñar en Heidelberg, una de las universidades más antiguas de Alemania, convirtiéndose así en el sucesor del teólogo alemán Zacarías Ursino. Allí trabajó junto a eruditos de la talla del renombrado hebraísta y profesor de Antiguo Testamento, Giovanni Immanuel Tremellius, y dio lecciones de teología a partir de las Sagradas Escrituras y los padres de la Iglesia mediante los lugares comunes (es decir, los temas doctrinales principales extraídos de la Escritura, bajo los cuales se reunían y ordenaban los textos bíblicos relevantes). Zanchi se convirtió rápidamente en un teólogo respetado en aquella institución, de manera que el mismísimo Ursino le escribió a Enrique Bullinger: “El Señor Zanchi enseña con gran elogio y utilidad para la escuela, con gran erudición y fidelidad. Nada me complace más en este lugar”.

Heidelberg, exilio y legado final
Parece ser que, en Heidelberg, Zanchi por fin encontró el lugar y tiempo propicio para escribir grandes obras. Por ejemplo, el elector Federico III le encargó escribir una defensa de la doctrina nicena contra simpatizantes de las opiniones arrianas que algunos refugiados italianos antitrinitarios sostenían. El resultado fue el magistral libro De tribus Elohim (en español, Sobre los tres Elohim) de 1572, aunque es probable que lo haya escrito mucho antes de la petición de Federico III. Allí expuso la doctrina ortodoxa de la Trinidad y refutó elocuentemente los argumentos de los antitrinitarios, a pesar de que su suegro y dos de sus cuñados estaban asociados estrechamente con este movimiento. Este texto lo consagró como uno de los teólogos más destacados de su tiempo. En 2003, el historiador Richard Muller lo catalogó como la formulación más elaborada de la doctrina de la Trinidad en esa época.
Por ese entonces se propuso publicar algunos tratados, pero para no empeorar la situación en torno a la larga y dura controversia que atravesó en Estrasburgo, no se le permitió hacerlo. Debido a esto y a su conversión en una edad madura, su carrera como escritor comenzó tarde, a los 51 años. No obstante, esta se prolongó por más de 26 años hasta su muerte, en 1590, e incluso muchas de sus obras fueron sacadas a la luz pública de manera póstuma gracias a sus tres hijos y yernos, a quienes Zanchi les dejó la tarea de editar su legado literario, lo cual les tomó varias décadas. Por ejemplo, la primera edición de D. Hieronymi Zanchii Omnium operum theologicorum tomi octo (Los ocho tomos de todas las obras teológicas de D. Jerónimo Zanchi) se publicó en 1605, en una forma ampliada en 1613 y en su forma definitiva entre 1617 y 1619.

Entre sus principales obras están De religion christiana fides (La fe cristiana), De natura Dei (Sobre la naturaleza de Dios), De redemptione (Sobre la redención), De predestinatione absolutae (Sobre la predestinación absoluta), De operibus Dei intra spacium sex dierum creatis opus (Sobre las obras de Dios creadas dentro del espacio de seis días), De primi hominis lapsu, de peccato et de lege Dei (Sobre la caída del primer hombre, el pecado y la ley de Dios). También escribió comentarios sobre varios libros de la Biblia.
El 20 de diciembre de 1570, Zanchi fue nombrado rector en Heidelberg, sin embargo, su paz académica se vio interrumpida en octubre de 1576, cuando Federico III falleció y el príncipe luterano Luis VI ascendió al trono, lo que supuso un retorno del luteranismo al palatinado. Por esta razón, tuvo que abandonar Heidelberg junto con otros profesores (aunque el palatinado volvió a la fe reformada tras la muerte de Luis VI en 1583) para trasladarse al Collegium Casimirianum, que había sido fundada en 1578 por el conde palatino Johann Casimir en la ciudad alemana de Neustadt an der Haardt.

Aun cuando Zanchi ya tenía una edad avanzada y su vista estaba deteriorada, seguía recibiendo invitaciones para enseñar y ocupar el rol de pastor en varias partes, pero decidió permanecer en Casimirianum como catedrático de Nuevo Testamento hasta su muerte, especialmente enseñando Efesios, Filipenses, Colosenses y Tesalonicenses. En una carta del 4 de enero de 1588 y dirigida a Johann Ulmer, ministro de la iglesia de Schaffhausen, expresó: “...esta pérdida de visión empeora constantemente, de modo que ahora no puedo ver para leer ni de día ni de noche”.
Zanchi falleció el 19 de noviembre de 1590, durante una visita a Heidelberg, y fue enterrado en la iglesia de la universidad. Su epitafio resumía su vida con las siguientes palabras: “Aquí yacen los huesos del italiano Zanchi, que fue exiliado de su patria por amor a Cristo”.
La influencia de Jerónimo Zanchi
Ya que la obra de Zanchi fue citada con frecuencia por pensadores cristianos ingleses, escoceses y holandeses del siglo XVI, su influencia es evidente. Johannes Ficker, historiador de la Iglesia, dijo sobre él que “aunque no era ni original ni creativo, fue uno de los más eruditos entre los teólogos del siglo XVI”. Pero quizá su influencia es más evidente en su forma de enseñar, en continuidad con el método escolástico medieval de enseñanza. De hecho, el académico e historiador alemán Otto Gründler afirmó que Zanchi fue el “padre de la escolástica reformada”, lo cual podría resultar exagerado para algunos, pero lo cierto es que este italiano fue uno de los principales impulsores de esa forma de hacer teología.
Sumado a esto, el teólogo, filósofo y hebraísta Bartholomeus Keckerman dijo: “Los verdaderamente grandes filósofos protestantes fueron Pedro Mártir Vermiglio y Jerónimo Zanchi, hombres eminentes en la controversia y de gran perspicacia en cuestiones filosóficas”. Siguiendo la línea de teólogos reformados como Calvino, Zanchi pensaba que la filosofía no es inútil para el teólogo. De hecho, él dio clases sobre Aristóteles con su maestro Vermiglio y, en el prefacio de una edición de la Física de Aristóteles, se refirió a la importancia de esta disciplina:
No hay razón para que nadie rechace este estudio de la filosofía natural por considerarlo inútil para los asuntos humanos o lo condene por perjudicial para el cristianismo: más bien es de la máxima utilidad en el estudio de todas las artes liberales; en el avance de la filosofía moral; en el reconocimiento y la adoración de Dios; en la comprensión adecuada de las Sagradas Escrituras; en la confirmación de muchas doctrinas cristianas y la refutación de herejías; y, por último, en la promoción de la piedad.

Sin embargo, el uso que Zanchi hacía de la escolástica medieval y de la filosofía en general no era acrítica, como bien dice el profesor holandés de teología histórica Willem J. van Asselt:
Con el fin de señalar y justificar su propia posición dentro de la tradición católica, los teólogos académicos reformados adoptaron un conjunto de definiciones y divisiones de la teología derivadas de la tradición medieval. Sin embargo, esta aparente regresión a la escolástica anterior a la Reforma no fue un simple retorno al enfoque medieval de la teología, sino un avance hacia una reapropiación crítica de aspectos de la tradición occidental con el fin de desarrollar una reformulación de las raíces católicas del pensamiento reformado.
De hecho, se puede ver una influencia significativa de la obra de Tomás de Aquino en su trabajo, específicamente en la estructura y contenido de sus obras De Tribus Elohim (1572) y De Natura Dei (1577). Sobre esta última, el sacerdote jesuita e historiador John Patrick Donnelly hizo una comparación detallada de los capítulos con las 23 preguntas del tratado sobre los atributos divinos de Aquino e identificó 19 paralelismos estrechos. Así, queda en evidencia que el sistema teológico de Zanchi tiene una deuda muy importante con el doctor angélico; no obstante, su apropiación fue acrítica, pues difirió con él en otras cuestiones doctrinales, como la Santa Cena, por ejemplo. Incluso, se podría decir que la diferencia más llamativa entre las obras de Zanchi y la de Tomás de Aquino “es el gran espacio y cuidado que el protestante dedica a la exégesis bíblica a partir de las lenguas originales”, según explicó Donnelly. Por tanto:
La cuestión nunca fue si Zanchi fue influenciado por Tomás, sino cómo se apropió de Tomás en su proyecto de articular la teología, la piedad y la práctica reformadas. Su formación en Tomás le proporcionó las herramientas necesarias para hacer frente a las exigencias del emergente desafío contrarreformista a la ortodoxia reformada y, de este modo, estableció un modelo a seguir por los eruditos reformados del siglo siguiente.

La influencia de Zanchi queda demostrada en las frecuentes citas que de él hacen los escolásticos protestantes posteriores y en la estima que le profesaban sus contemporáneos. Quizá no sea conocido como otros reformadores, pero no deja de ser cierto que fue uno de los principales defensores de la ortodoxia reformada de su tiempo. Pero no solo como un académico, sino también como un ejemplo de teología práctica y de espiritualidad reformada.
Referencias y bibliografía
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