Las múltiples amenazas de Estados Unidos contra Irán por ser un potencial enemigo de sus intereses y los de sus aliados se materializaron el 28 de febrero de 2026. En una operación conjunta con fuerzas israelíes, la Casa Blanca atacó con misiles el lugar en el que se encontraban el ayatola Alí Jamenei —líder supremo de Irán— y sus hombres de confianza, quedando así la nación sin gran parte de su gabinete. Al respecto, el presidente Donald Trump escribió: “Jamenei, una de las personas más malvadas de la historia, ha muerto”. Añadió que este había sido un acto de justicia para el pueblo de Irán, los estadounidenses y personas de todo el mundo.
La muerte del ayatola generó respuestas adversas: algunos iraníes manifestaron su duelo, pero otros, tanto dentro como fuera del país, celebraron el suceso. Sin embargo, el gobierno iraní la consideró una profunda agresión al sistema político y divino del islamismo chiita, por lo que respondió con una serie de bombardeos a lugares estratégicos de las fuerzas militares estadounidenses e israelíes ubicados en Medio Oriente, escalando así el conflicto bélico en el golfo pérsico. A la fecha, sigue el intercambio de misiles entre naciones, por lo que es difícil tener cifras claras de las vidas humanas afectadas. Sin embargo, hasta el momento, el gobierno iraní ha reportado 900 muertos en su territorio; Israel, diez civiles y Líbano, 77.

¿Cuál es el contexto reciente e histórico de este conflicto? Y, en medio de este fuego cruzado, ¿qué está pasando con nuestros hermanos en Irán? ¿Qué incidencia ha tenido en la Iglesia cristiana que se encuentra en esa región?
El anhelo de un futuro diferente
Tras el anuncio de los medios oficiales iraníes sobre la muerte de Jamenei se han presentado múltiples reacciones entre creyentes. Jill Nelson, corresponsal de Christianity Today para los conflictos entre Irán, Estados Unidos e Israel, refirió:
Estados Unidos e Israel lanzaron el sábado una importante campaña coordinada contra Irán (...) atacando más de mil objetivos en todo el país, según el ejército estadounidense. Desde entonces, los ministerios cristianos iraníes en la diáspora han tenido dificultades para conectar con la Iglesia en Irán. Mansour Borji, director de Artículo 18, organización iraní de defensa de la libertad religiosa con sede en Londres, ha recibido solo unos pocos mensajes de cristianos en el país debido al apagón casi total de internet. La mayoría de los mensajes que llegaron celebraron la noticia de los ataques y la “anticipación del fin de la tiranía”, dijo Borji. Otros mensajes expresaron preocupación por los próximos días. “Algunos temen que Estados Unidos intente llegar a un acuerdo y prolongar la vida de un ‘lobo herido’”.

Esta preocupación es justificada, pues el mando del país no quedó en el aire: la Constitución iraní contempla un esquema de transición. Reportes internacionales señalan que se activó un consejo temporal de liderazgo que asumió las funciones del líder supremo mientras se define la sucesión; está integrado por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Gholam-Hossein Mohseni-Ejei y el ayatolá Alireza Arafi.
Por su parte, un especialista anónimo del ministerio Puertas Abiertas en Irán señala lo siguiente respecto a la actual situación que atraviesa la Iglesia cristiana en el país:
La muerte del ayatolá Alí Jamenei marca un momento significativo en la historia de Irán. Bajo su liderazgo, la Iglesia en Irán vivió décadas de intensa presión, bajo restricciones, vigilancia, prisiones y el constante peso de la incertidumbre. Muchos fueron perseguidos simplemente por seguir a Cristo. (…) Este momento no es sobre venganza ni triunfo, sino sobre la posibilidad de un futuro diferente. Un futuro donde la libertad de conciencia, la dignidad y la justicia sean extendidas a todos los iraníes, independientemente de su fe u origen. (…) Incluso en la dificultad, la Iglesia iraní permanece resiliente, llena de oración y profundamente enraizada en la esperanza. Mi oración es que este punto de inflexión abra camino para la paz, la reconciliación y la verdadera libertad en nuestra nación.

Otro especialista anónimo concluyó:
Como iraní y como cristiano, hablo con el corazón encogido. No celebro la guerra, ni me tomo a la ligera el sufrimiento que causa a las familias, en Irán, en Israel y en toda la región. Cada vida es preciosa ante Dios. Sin embargo, como iraní, tampoco puedo ignorar el profundo anhelo de libertad que ha vivido en los corazones de nuestro pueblo durante generaciones.
Ahora bien, aunque estas son algunas de las reacciones por los sucesos más recientes, los creyentes en Irán han visto cómo desde finales del año pasado la nación se sumerge en el caos y la violencia. Por un lado, el 28 de diciembre de 2025, estallaron una serie de protestas antigubernamentales debido al desabastecimiento de productos básicos del mercado, pero también por la severidad con que la ley islámica es aplicada a las mujeres, en especial en cuanto al uso obligatorio del hiyab, que puede implicar detenciones y sanciones. En 2022, el caso de Jina Mahsa Amini —detenida por la “policía de la moral” por presuntas infracciones del código de vestimenta y fallecida luego bajo custodia— desató protestas masivas.

Ese estallido social ocurrió en medio de un deterioro económico que ya venía acumulándose. A finales de 2025 e inicios de 2026, el rial tocó mínimos históricos en el mercado paralelo: Reuters registró primero niveles cercanos a 1.250.000 riales por dólar y, semanas después, un nuevo récord de 1.500.000 riales por dólar. En paralelo, el Centro de Estadística de Irán reportó una inflación de 48,6% en octubre, la más alta en los últimos 40 meses (más de tres años).

El iraní Nima Alizadeh es editor de Coalición por el Evangelio en farsi y fundador de Revelation Ministries Inc, cuyo propósito es servir a los cristianos de habla farsi alrededor del mundo. Sobre los motivos de las múltiples protestas de los iraníes, comenta lo siguiente:
…las mujeres iraníes lideran (…) y se oponen con valentía a la crueldad y la opresión de este régimen gubernamental. Protestan contra la injusticia cometida contra el pueblo iraní durante las últimas cuatro décadas, especialmente contra las mujeres. El régimen islámico no solo ha reprimido a una nación, sino que ha provocado su destrucción. La economía iraní no solo no crece, sino que retrocede porque los recursos del país suelen estar mal gestionados o son utilizados por los gobernantes. Todas las promesas del régimen sobre el florecimiento de Irán han resultado ser falsas, y parece que los iraníes están cansados finalmente del régimen y están cerca de otra revolución.

Por otro lado, las protestas del 28 de diciembre se extendieron durante la mayor parte de enero de 2026 y dejaron un lamentable saldo de 2571 personas muertas, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA). Ese número incluye 2403 manifestantes asesinados por las autoridades iraníes (varios de ellos ejecutados públicamente), 147 personas afiliadas al gobierno, 12 menores de 18 años y 9 civiles no manifestantes. La brutal violencia ejercida por el gobierno iraní en contra de los manifestantes llamó la atención del gobierno de los Estados Unidos, por lo que el presidente Donald Trump afirmó: “si la República Islámica reprime a los manifestantes, entonces Estados Unidos está listo para actuar”.
Ahora bien, debe decirse que el conflicto entre Estados Unidos e Irán no es nuevo. Desde hace décadas, tanto Estados Unidos como la nación de Israel han expresado su preocupación por el programa nuclear llevado a cabo por el gabinete de Jamenei. Como se dijo en un artículo de BITE, los iraníes no solo habían aumentado su abastecimiento de uranio en un 60%, sino que también comenzaron a experimentar con la metalurgia de uranio y restringieron severamente el acceso de los inspectores internacionales a su instalación subterránea de Fordow. Esto, según las fuerzas de inteligencia israelí, no significaba otra cosa que un planteamiento estratégico iraní para atacar a Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente. Así, lo visto en los meses más recientes es como una cuerda que, después de tanta tensión, finalmente se ha roto.

En ese tablero internacional, China y Rusia aparecen como actores inevitables, pero no como salvavidas inmediatos. Reuters ha descrito que ambos han ofrecido un respaldo diplomático limitado y no muestran disposición a intervenir militarmente. Moscú, más bien, ha intentado proyectarse como mediador, mientras que China se mueve con cautela, condicionada por sus relaciones comerciales y su interés en no desestabilizar sus vínculos con algunos países del Golfo.
Más allá de los conflictos recientes
Los anteriores sucesos nos dan luces del contexto más inmediato de la situación que atraviesan los cristianos en Irán, pero hay toda una historia previa de opresión y persecución contra la Iglesia en esa nación que poco a poco se ha ido mencionando a lo largo de este artículo. Esta se remonta incluso a siglos pasados, pero su etapa más cruel y organizada —y quizás la que más ha afectado a las generaciones actuales— empezó hace menos de 50 años.
En la década de los 60, se intensificó el inconformismo de varios sectores islámicos con el gobierno de la dinastía Pahlavi, que era vista por muchos musulmanes iraníes como una administración secularizada, industrializada, modernizada y occidentalizada. Así que, en 1979, estalló la Revolución islámica bajo el liderazgo del ayatola Ruhollah Jomeini, conocido en aquel tiempo como el “teólogo de la revolución”.

Con el establecimiento del ayatola en la cima del poder político iraní, se restauró el sentimiento islamista chií que había estado tan presente en siglos previos a la llegada de los Pahlavi. De esta manera, quienes quedaron al mando comenzaron a promover el rol activo de la religión islámica en todos los asuntos de la vida política y cultural en Irán. Utilizaron el nacionalismo como medio de expresión y consagraron a Jomeini como líder de la nación y como “elegido divino” según la retórica de sus seguidores.
Precisamente por ese designio divino de guiar el país, era “necesario” que su cargo concentrara todo el poder político, religioso y militar. Fue así como la República de Irán se convirtió en un Estado plenamente confesional y teocrático, y la sociedad “liberal” y secular construida por la dinastía Pahlavi dio un vuelco estrepitosamente profundo hacia el radicalismo islámico. Desde su llegada al poder, Jomeini impuso tanto a las autoridades gubernamentales como civiles la función de supervisar la homogeneidad religiosa, la difusión de la fe chiita y la obligación de informar sobre la existencia de grupos sunitas en el país. Además, se instaba a los ciudadanos iraníes a resguardar su nación de las influencias cristianas provenientes de Occidente.

La Iglesia cristiana en medio del régimen extremista islámico
Por supuesto, esa homogeneidad religiosa incidió inequívocamente en la comunidad cristiana. Respecto a ese impacto, Alizadeh relata:
Nací dos años después de la revolución iraní de 1979. Nunca viví la época del Sha, los llamados tiempos dorados de Irán. Mi generación ha oído hablar mucho de la dinastía Pahlavi. Fue la última dinastía real iraní, que gobernó durante casi 54 años, entre 1925 y 1979. Hemos oído muchas historias sobre lo libre y moderno que era Irán en esa época.
Poco después de la revolución, el gobierno islámico comenzó a perseguir a los cristianos en Irán. Se pidió a los misioneros que se marcharan y muchos creyentes fueron detenidos, interrogados y amenazados.
Durante la década de 1990, unos diez líderes y obispos clave fueron asesinados y a muchos otros se les pidió que dejaran de predicar. En 2005, se cerraron casi todos los edificios de las iglesias. En respuesta, los cristianos formaron iglesias en casas. Al día de hoy, el gobierno las tiene como objetivo, y cada año detiene y encarcela a muchos miembros.

En la actualidad, la persecución a la Iglesia cristiana iraní parece no cesar. Según el informe misionero de Irán incluido en la Lista Mundial de Persecución 2026 de Puertas Abiertas, podría concluirse que el asedio por parte del régimen es cada vez más estructurado, sistemático y deliberadamente cruel. En el expediente se advierte:
Los conversos del islam al cristianismo en Irán se enfrentan a las violaciones más graves de la libertad religiosa, principalmente por parte del gobierno, pero también de la sociedad y las familias. El régimen considera las conversiones como una amenaza occidental para socavar la República Islámica. Los líderes y miembros de los grupos de conversos, así como los cristianos que les prestan ayuda, se enfrentan a detenciones, enjuiciamientos y largas condenas, normalmente por delitos contra la seguridad nacional. Esta represión se intensificó tras la guerra entre Israel e Irán de junio de 2025, cuando las autoridades comenzaron a acusar abiertamente a los conversos de ayudar a Israel.

En relación con este informe, uno de los tantos casos significativos de creyentes violentados en Irán es el del pastor iraní Yousef Nadarkhani, quien fue condenado en primera instancia a la pena de muerte por ser líder de una iglesia doméstica y “promover el cristianismo sionista”. Sin embargo, debido a los esfuerzos de múltiples organizaciones religiosas a nivel internacional, su pena fue revocada en 2011; aun así permaneció en la cárcel hasta el 2023. Según su testimonio y las marcas evidenciadas en su cuerpo, el pastor padeció todo tipo de torturas y vejámenes por parte de las autoridades gubernamentales de Irán durante doce años. Pese a este “pequeño triunfo”, el gobierno iraní no ha dejado de encarcelar y torturar a miembros y líderes de las congregaciones domésticas.
Por supuesto, tampoco podemos dejar de lado la cuestión económica: además de la inflación y la devaluación, los cristianos enfrentan presiones específicas, como discriminación laboral y riesgos económicos derivados de detenciones y procesos judiciales. Así lo informa Puertas Abiertas. Ahora, para comprender con mayor exactitud la dinámica del violento ensañamiento del gobierno islámico iraní con la Iglesia cristiana, es necesario esbozar brevemente la configuración denominacional de los cristianos en Irán y cómo ello incide —o no— en la “libertad religiosa” de la nación.

El cristianismo (tanto protestante como de otras tradiciones) en Irán ha experimentado una multiforme expresión denominacional, en parte debido a los esfuerzos misioneros y al arraigo histórico de comunidades cristianas en el país. De acuerdo con estimaciones citadas en informes recientes, el censo iraní de 2016 identificó 130.158 cristianos en total. En esa misma línea, la población de armenios en Irán se estima entre 60.000 y 80.000, mientras que la de asirios se calcula alrededor de 50.000. Por su parte, la Iglesia católica reporta un poco más de 21.000 fieles, distribuidos en los ritos caldeo, armenio y latino (católico romano).
En 2020, GAMAAN realizó una encuesta online con más de 50.000 respuestas (alrededor del 90% desde Irán), dirigida a la población adulta alfabetizada. En ese sondeo, 1,5% de los encuestados se identificó como cristiano. Si se extrapola esa proporción a la población adulta alfabetizada, el resultado arroja una cifra del orden de cientos de miles; sin embargo, al tratarse de una encuesta online de difusión por redes, conviene leer el dato como una estimación indicativa más que como un censo.
En resumen, es difícil tener un número exacto de cristianos debido a la persecución religiosa y a la obligada discreción en la que se deben celebrar los cultos. Aun así, si tuviéramos en cuenta las proporciones que arrojó el censo de 2016, no sería de extrañar el fenómeno denominacional. La ortodoxia oriental ha tenido que lidiar desde la antigüedad con las dinastías autoritarias de orden musulmán chiita, gozando de una relación dinámica que, en cierto sentido, ha permitido su “aceptación” social y gubernamental. Claro está, mientras no se haga proselitismo, el cual se encuentra constitucionalmente prohibido.

Por el contrario, una facción del catolicismo y, especialmente el protestantismo han sido rechazados toda vez que son observados por el Estado y la sociedad iraní como una amenaza de Occidente o un tipo de colonialismo imperialista. Además, la experiencia de la conversión, acentuada por el protestantismo histórico es interpretada por el islam como apostasía, la cual debe ser castigada mediante la aplicación de la sharia.
Una transición incierta, una Iglesia que persevera
Aun con el golpe simbólico que representa la muerte de Jamenei, será necesario esperar para ver qué clase de reordenamiento político se producirá en Irán. Hechos recientes muestran que la caída o remoción de una figura central no garantiza, por sí misma, un viraje inmediato hacia la libertad civil o la libertad, al menos en términos sociales. En regímenes donde el poder está distribuido en redes, instituciones de seguridad y élites burocráticas, el vacío puede ser llenado por mecanismos que preservan buena parte del sistema.
De hecho, lo ocurrido en Venezuela ofrece un antecedente: incluso cuando Washington logró retirar del tablero a la cabeza visible del régimen, la administración estadounidense parece dispuesta a trabajar con figuras y estructuras del propio aparato para gestionar sus propios fines, en lugar de reemplazar de raíz a todo el gobierno. Si eso ocurre también en Irán, el país podría entrar en una etapa ambigua: nuevas caras en la cúpula, pero los mismos modelos de gobierno.

Por eso, aunque algunos sueñen con un punto de quiebre definitivo, conviene mirar el presente con sobriedad. Es posible que la represión no desaparezca. Y si el régimen interpreta el cristianismo como amenaza occidental, la presión sobre la Iglesia podría persistir, incluso bajo un nuevo “arreglo” político. El Dr. Albert Mohler quien ha venido detallando el contexto de los cristianos en Irán, refiere:
No es probable que lo que resulte de esto resuelva todos los problemas y que de repente haya una sociedad civil viable en Irán y un Irán que conviva en paz con sus vecinos. Pero en un mundo caído, el realismo cristiano nos recuerda, basándose en nuestra comprensión bíblica del pecado y de cómo operan los seres humanos, que, si de esto surge una situación mejor que podría conducir a una situación gradualmente mejor, que con el tiempo podría conducir a una situación mejor, esa en sí misma es una oportunidad que debemos aprovechar.

En consecuencia, anima a los cristianos a permanecer en ferviente y persistente oración.
Por su parte, David Yeghnazar, originario de Teherán y cuyo ministerio se ha enfocado en llevar el Evangelio a los iraníes, así como en asistir y animar a la Iglesia perseguida en esa nación, escribe:
Glorificamos a Dios por cómo está cumpliendo Sus propósitos soberanos en Irán. Sin embargo, la persecución sigue siendo profundamente dolorosa. Se han perdido vidas; se han robado hogares, negocios y herencias; familias han sido destrozadas. Algunos llevarán las cicatrices físicas y emocionales del sufrimiento por el resto de sus vidas. Pero no nos acobardaremos. Como declara el apóstol Pablo: “Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza. Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado”. El sufrimiento no ha destruido a la Iglesia en Irán. Más bien, ha profundizado su dependencia de Dios, lo que a su vez ha fortalecido su resistencia, carácter y esperanza.
Entre la gratitud y la incertidumbre
El vacío de poder tras la muerte de Alí Jamenei plantea un escenario de “realismo cristiano” donde la caída de una figura no implica necesariamente el fin del sistema. Como bien se ha observado en otros contextos, las redes de seguridad y las élites burocráticas suelen gestionar estos vacíos para preservar el modelo de gobierno, lo que podría derivar en una etapa de nuevas caras pero con los mismos métodos de represión. Mientras la economía se desmorona con un rial en mínimos históricos y la inflación asfixia a la población, el futuro de Irán se debate entre el anhelo de libertad y la posibilidad de que el régimen, como un “lobo herido”, endurezca su posición para sobrevivir.
En medio de este caos, la Iglesia en Irán sigue siendo un testimonio de resistencia que trasciende lo político. Yeghnazar relató una anécdota que define la dinámica actual. Un interrogador le confesó a un pastor encarcelado lo siguiente: “Sabemos que no podemos detener a la Iglesia; solo podemos intentar frenarla”. Esta confesión de las autoridades iraníes revela la impotencia del régimen frente a una fe que, lejos de acobardarse por las torturas o la cárcel, profundiza su dependencia de Dios. Hace dos mil años, el Rey Jesús prometió edificar Su Iglesia, y hoy esa promesa se materializa en los hogares clandestinos de Irán, donde el sufrimiento no ha destruido la esperanza, sino que la ha fortalecido.
Finalmente, la realidad de nuestros hermanos en Irán nos obliga a examinar nuestra propia respuesta frente al sufrimiento ajeno. No podemos ignorar que, mientras leemos estas líneas, hay familias destrozadas, líderes perseguidos y una nación sumergida en la violencia y el desabastecimiento. En medio de esta verdad y de la soberanía del Señor, ¿tenemos en cuenta a nuestros hermanos en oraciones y ruegos? ¿Hemos pensado en otras formas de ayudarles? Para nosotros, ¿es Irán solo un país lejano en disputa? Lo que allí viven nuestros hermanos en la fe, ¿nos incomoda realmente o es una simple noticia entre tantas que consumimos a diario?
Referencias y bibliografía
El chiismo y su impacto en la construcción del Estado iraní (2018) de Muñoz, L. G. G. O.; Abreu, A. S. P.; Sánchez, B. J. S.; y Vázquez, C. J. Entretextos, 10(30), pp. 1–24.
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