Dorothy L. Sayers: novelista policíaca y una de las grandes intelectuales cristianas del siglo XX

Dorothy L. Sayers escribió novelas policíacas, tradujo a Dante, discutió sobre educación y cuestionó muchas expresiones religiosas de su época. Con el tiempo, esa misma inconformidad la convirtió en una de las defensoras más originales e intelectualmente exigentes de la fe cristiana.

Imagen: Dorothy Sayers

Dorothy L. Sayers escribió novelas policíacas, tradujo a Dante, discutió sobre educación y cuestionó muchas expresiones religiosas de su época. Con el tiempo, esa misma inconformidad la convirtió en una de las defensoras más originales e intelectualmente exigentes de la fe cristiana.

Dorothy Sayers tradujo al inglés la Divina comedia de Dante. / Crédito: Dominio público

¿Por qué quieres una carta mía? ¿Por qué no te tomas la molestia de averiguar por ti mismo qué es el cristianismo? Te tomas tiempo para aprender términos técnicos sobre electricidad, ¿por qué no haces lo mismo con la teología? ¿Por qué nunca lees los grandes escritos sobre el tema, sino que tomas tu información de los “expertos” seculares que la han recogido de manera tan inexacta como tú? ¿Por qué no aprendes los hechos en este campo de forma tan honesta como en el tuyo propio? […] ¿Por qué quieres una carta mía que te hable de Dios? Nunca te tomarás la molestia de verificarlo o de averiguar si te estoy dando opiniones personales o doctrinas cristianas. No te molestes conmigo. Vete, haz algo de trabajo y déjame continuar con el mío.

Quizás esta sería la respuesta más inesperada que alguien quisiera recibir por parte de un apologeta, cuya labor se supone que es defender la fe cristiana y dar razón de ella. Pero esto fue justamente lo que Dorothy Leigh Sayers le envió a un científico que le pidió una carta para su organización, en la que explicara por qué creía en la fe cristiana. ¿Quién fue esta mujer que, evidentemente, no toleraba la pereza mental ni la complacencia, especialmente en quienes tenían todas las capacidades y medios para investigar por sí mismos un tema como este?  

Esta reconocida escritora y traductora británica, estudiosa de lenguas clásicas y modernas, e intelectual cristiana es famosa por sus cuentos y novelas policíacas ambientados entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, aunque también destacó por sus obras de teatro y ensayos. En total, fue autora de 16 novelas, diez obras de teatro, seis traducciones y 24 escritos de no ficción; varios de ellos tenían que ver con su fe. 

La relación que tuvo Sayers con el cristianismo no estuvo exenta de altos y bajos. Durante su niñez fue instruida bajo principios anglicanos, pero en cierto momento de su vida se convirtió en una crítica mordaz de algunas prácticas religiosas. No obstante, tiempo después terminó siendo una destacada apologista, como sus amigos G. K. Chesterton y C. S. Lewis, con quienes compartió su dedicación a la literatura y su pasión por el pensamiento cristiano. 

Vale la pena adentrarse en su mundo, tan complejo y lleno de matices, marcado por un talento literario indiscutible y por sus ideas que, aunque en ocasiones fueron tomadas como subversivas, podrían invitarnos a la reflexión. Por eso, en este artículo exploramos la vida y obra de Dorothy L. Sayers, y cómo se relaciona su vocación literaria con sus vivencias, su pensamiento intelectual y su fe cristiana. 

Tolkien y Lewis / Crédito: Britannica

Una escritora crítica de su entorno religioso

Dorothy Leigh Sayers nació el 13 de junio de 1893 en Oxford, Reino Unido. Su padre, el reverendo Henry Sayers, era de ascendencia angloirlandesa y, en aquel momento, se desempeñaba como director de la Christ Church Cathedral School. Dorothy nació en la residencia asignada a su padre por ese cargo. Fue hija única de los Sayers y creció en Bluntisham Rectory, Cambridgeshire. Aunque en aquella época la educación académica avanzada no estaba al alcance de la mayoría de las mujeres, su padre le enseñó latín y sus institutrices, francés y alemán.

Entre 1909 y 1911 asistió a la Godolphin School de Salisbury, pero tuvo que abandonar sus estudios a causa de una enfermedad. Los retomó en 1912 gracias a una beca que le permitió estudiar hasta 1915 en el Somerville College de la Universidad de Oxford, donde completó su formación en Lenguas Modernas y Literatura Medieval con honores. En aquel momento las mujeres no podían obtener títulos universitarios en Oxford, pero Sayers fue una de las primeras en recibir uno cuando la universidad comenzó a otorgarlos en 1920. En su novela Gaudy Night (Los secretos de Oxford) dejó plasmada su experiencia académica en aquel lugar.

Después de completar sus estudios universitarios, Sayers comenzó su carrera profesional como profesora de Lenguas Modernas. En 1916 publicó su primer libro de poemas, Opus I, editado por Blackwell, una editorial de Oxford, para la que también trabajó posteriormente. En 1919 se trasladó a Normandía, Francia, donde enseñó inglés en una escuela. Tras regresar a Londres, ejerció nuevamente la docencia antes de incorporarse a la agencia de publicidad S. H. Benson’s en 1922 y 1931. Este fue su empleo más prolongado.

Esta experiencia le permitió conocer el funcionamiento de la industria publicitaria, que posteriormente retrató en su novela Muerte, agente de publicidad. Sayers se destacó en ese ámbito y colaboró con el artista John Gilroy en las campañas “El Club de la Mostaza”, para la marca Colman’s Mustard, y los anuncios del zoológico para la cerveza Guinness, algunos de los cuales todavía se utilizan. 

En cuanto a su espiritualidad, podría decirse que, a lo largo de su niñez, sus padres habían fomentado en ella no solo el amor por la lectura y el teatro, sino también por la religión. Sin embargo, durante su adolescencia y adultez temprana, Sayers se sintió desencantada por las liturgias aburridas y la hipocresía que encontró en la iglesia. Aunque no llegó a abrazar el ateísmo, como lo hizo C. S. Lewis durante su adolescencia, desarrolló un rechazo hacia ciertas devociones y convenciones del cristianismo tradicional. Las obras de ficción le resultaban mucho más atractivas que las homilías, y encontró en la poesía una forma de expresar su descontento. 

Por ejemplo, en The Gargoyle (La gárgola), ridiculizó a los ministros y sus sermones tediosos: comparó el agua de lluvia que salía por la boca de una gárgola con el sermón de un párroco y concluyó que la primera le resultaba mucho más encantadora. También describió a un predicador que “vomita a su rebaño cansado”, y a otros los definió como “terribles amortiguadores cuando están secos”.

Una joven Doroty / Crédito: Dominio público

Su desagrado también se manifestó en sus experiencias personales. Tras sentirse obligada a recibir la confirmación en la catedral de Salisbury durante sus años de internado, se quejó posteriormente de que aquella imposición ritual la había llevado a guardar resentimiento hacia la religión durante años. De hecho, cuando recibió una beca para estudiar en Oxford, se alegró de que su institución no exigiera la asistencia a la capilla, y dedicó más tiempo a pedir cigarrillos que consejos espirituales.

Sus cuestionamientos, sin embargo, no se limitaban a las prácticas religiosas que encontraba tediosas o hipócritas. También le preocupaba la manera en que algunos cristianos comprendían y utilizaban su fe. En el breve drama poético The Mocking of Christ (La burla de Cristo), satirizó a quienes creían que Jesús respaldaba sus causas políticas. A medida que crecía, sus escritos reflejaban su inquietud ante quienes creían que el objetivo de la fe era proteger las tradiciones culturales. Otra de sus preocupaciones era el hecho de que quienes ejecutaron a Jesús fueran personas “dolorosamente” parecidas a nosotros.

La crítica de Sayers también se extendía a quienes concebían su relación con Dios como una especie de intercambio: pensaban que Él los trataría bien si decían ciertas oraciones. Tampoco le gustaban los cristianos que carecían de imaginación, las homilías mal escritas ni el arte religioso empalagoso. A su juicio, algunas de estas expresiones reflejaban una religiosidad más preocupada por las convenciones sociales que por el contenido de la fe cristiana. Esta preocupación adquiriría una formulación doctrinal más explícita en su pensamiento posterior.

Fracasos amorosos y maternidad turbulenta

Sayers era tan celosa de su intimidad que, a lo largo de su vida, incluso sus amigos más cercanos desconocían datos tan básicos como dónde vivía o que estaba casada. Lo que se conoce de ella procede, en buena medida, de revelaciones que hizo a regañadientes. Sayers pidió una vez que, si se escribía alguna biografía sobre ella, no se publicara hasta 50 años después de su muerte. Le preocupaba que sus locuras juveniles se conocieran y difundieran. Además, no creía que la vida de una escritora fuera necesariamente más interesante que sus obras:

La gente siempre está imaginando que si se apoderan del propio escritor y, por así decirlo, lo sacuden durante el tiempo suficiente y con la fuerza necesaria, algo emocionante y revelador saldrá de él. Pero no es así […]. Si te fijas, lo primero que suele surgir de las biografías de las personas son las tonterías sobre ellas, de modo que la impresión general es que, después de todo, esa persona no era tan notable.

De esos años que ella prefería mantener en privado, nos compete decir que, en su novela Veneno mortal, plasmó la mala experiencia que tuvo tras la relación que tuvo a sus 29 años con el que fue su primer amor, el novelista John Cournos. Allí introdujo a la novelista Harriet Vane, un personaje que era su alter ego. Además, tuvo un vínculo breve e intenso con Bill White, un vendedor de autos desempleado, y quedó embarazada. White reaccionó violentamente al enterarse y Sayers tenía temor de que sus padres, ya de edad avanzada, no aceptaran el embarazo, así que decidió ocultarlo a sus amigos y familiares. 

John Cournos (izquierda). / Crédito: Dominio público

Continuó trabajando hasta principios del tercer trimestre, cuando alegó agotamiento y pidió una licencia. Se registró con un nombre falso en una clínica de maternidad, donde su hijo, John Anthony, nació el 3 de enero de 1924, en Southbourne, Hampshire. Durante tres semanas se dedicó al cuidado del niño antes de intentar retomar su vida cotidiana. 

Sin embargo, como le resultó imposible reincorporarse a sus actividades habituales, contactó a sus familiares Amy e Ivy Shrimpton, quienes se ganaban la vida acogiendo niños. Les contó lo que le había sucedido a “una amiga” y les preguntó por los costos y la disponibilidad de alojamiento. Una vez ellas aceptaron hacerse cargo del niño, Dorothy envió otra carta titulada “Estrictamente confidencial: información sobre el bebé”, en la que revelaba quién era el padre y les exigía mantener el asunto en secreto. 

Dos años después del nacimiento de John Anthony, y tras haber publicado sus dos primeras novelas policíacas, Dorothy contrajo matrimonio con el periodista escocés Oswald Arthur “Mac” Fleming conocido como “Atherton Fleming”. Él estaba divorciado y tenía dos hijos, circunstancias que impedían que la pareja contrajera matrimonio por la Iglesia anglicana. A pesar de esta decepción, la familia Sayers aceptó a Mac en su seno.

El matrimonio tuvo un comienzo muy feliz, marcado por una gran cercanía en la vida doméstica. Ambos se dedicaban intensamente a sus respectivas profesiones: él como escritor y periodista, y ella como novelista y publicista. Con el tiempo, la salud de Mac empeoró, sobre todo debido a las secuelas de su participación en la Primera Guerra Mundial, hasta quedar incapacitado para trabajar. Mientras los ingresos de la pareja disminuían, la fama de Dorothy aumentaba, lo que hizo que su esposo comenzara a sentirse eclipsado por ella.

Cuando John Anthony cumplió 10 años, le dijeron que la “prima Dorothy” y Fleming lo habían adoptado, aunque en realidad Sayers era su madre biológica y tutora legal. Pese a que su esposo había aceptado formalizar una adopción cuando se casaron, no se había llevado a cabo. Dorothy continuó ocupándose de la educación de su hijo, pero nunca lo reconoció públicamente como tal.

Dorothy en 1942 / Crédito: Dominio público

De los misterios detectivescos a las reflexiones sobre la sociedad

Aunque ya había comenzado a escribir novelas policíacas durante sus años como publicista, a partir de 1931, Sayers se dedicó exclusivamente a la literatura y alcanzó la fama gracias a sus historias detectivescas. Su interés por perfeccionar este género la llevó a formar parte, junto con Chesterton y otros escritores, del Detection Club, una asociación que buscaba elevar la calidad y el prestigio de la narrativa policíaca y que presidió desde 1949 hasta su muerte.

La escritora había comenzado a trabajar en el argumento de su primera novela entre 1920 y 1921. Los primeros indicios de El cadáver con lentes se encuentran en una carta que escribió el 22 de enero de 1921: “Mi historia de detectives comienza brillantemente, con una mujer gorda que aparece muerta en el baño vestida solo con unas gafas. ¿Por qué llevaría gafas en la bañera? Si lo adivinas, estarás en posición de encontrar al asesino, pero es un tipo muy frío y astuto…”.

Lord Peter Wimsey, un aristocrático central en sus obras, apareció por primera vez en esta novela y siguió atrayendo a los lectores en otras novelas y cuentos. Era el segundo hijo del duque de Denver, bibliófilo, sibarita, dandy y seductor profesional, y dedicaba sus ratos libres a investigar crímenes en el Londres de los años 30. En la vida real, el personaje terminó convirtiéndose en uno de los detectives de ficción más reconocidos de la literatura policíaca, junto a Sherlock Holmes, Hércules Poirot y el inspector Maigret. Sayers comentó en una ocasión que el personaje era una mezcla de Fred Astaire, el bailarín del cine norteamericano, y Bertie Wooster, un personaje aristócrata británico creado por P. G. Wodehouse.

Sayers alcanzó la fama por sus novelas de detectives. / Crédito: Dominio público

Sus novelas, además de presentar misterios detectivescos, abordaban preocupaciones sociales de su época. En El misterio del Bellona Club, exploró las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, mientras que en Los secretos de Oxford defendió la educación de las mujeres, un tema controvertido por aquel entonces. También escribió varios relatos sobre Montague Egg, un vendedor de vinos que resuelve misterios.

Más allá de las novelas de misterio, Dorothy cultivó un profundo interés por la literatura medieval. La misma Sayers consideró que su traducción al inglés del “Infierno” y el “Purgatorio” de la Divina comedia de Dante fue su mejor obra. Falleció sin haber culminado el “Paraíso”, aunque la erudita y traductora británica Mary Barbara Reynolds, quien además fue la presidenta de la Sociedad Dorothy L. Sayers y su mayor biógrafa y editora, lo hizo.  Sayers también escribió tres volúmenes de comentarios sobre Dante, así como ensayos religiosos y piezas teatrales.

En la introducción a su traducción de La canción de Roldán, Sayers expresó su atracción por: “…ese mundo recién lavado y lleno de luz solar y colores brillantes que llamamos la Edad Media (como si fuera un hombre de mediana edad), pero que tiene quizás más derecho que la gastada rosa del Renacimiento a ser llamada la Edad del Renacimiento”. Además, Sayers reflexionó sobre la educación. Su ensayo Las herramientas perdidas del aprendizaje ha sido utilizado por numerosos académicos, especialmente en Estados Unidos, para promover la recuperación de los métodos de enseñanza clásicos. 

Otro de sus intereses fue la condición social de las mujeres, aunque rechazaba identificarse como feminista, pues consideraba que la época del “feminismo”, en el antiguo sentido de la palabra, había pasado. Esto no le impidió cuestionar las desigualdades y pronunciarse sobre los derechos de las mujeres. En su ensayo ¿Son las mujeres humanas?, basado en un discurso que pronunció ante una sociedad femenina en 1938, reflexionó sobre la igualdad entre hombres y mujeres y los riesgos de reducir a las personas a categorías sociales. Allí concluyó:

…tanto hombres como mujeres son fundamentalmente humanos, y hay muy poco misterio sobre ambos sexos, excepto el exasperante misterio de los seres humanos en general […]. Si desea preservar una democracia libre, debe basarla, no en clases y categorías, porque esto lo llevará al Estado totalitario, donde nadie puede actuar o pensar excepto como miembro de una categoría. Debe basarla en los individuos Tom, Dick y Harry, en Jack y Jill; de hecho, en usted y en mí.

En lugar de centrarse en las diferencias de género, Sayers consideraba que la igualdad debía fundamentarse en el reconocimiento de la humanidad compartida y la individualidad de cada persona. Desarrolló una reflexión semejante en otro ensayo, The Human-Not-Quite-Human (Lo humano no del todo humano), en el que satirizó los estereotipos de género mediante su inversión.

Ahora bien, su producción en cuanto a temas religiosos le valió reconocimiento en el ámbito eclesiástico. En 1943, el arzobispo de Canterbury le ofreció un doctorado honorífico en Teología, que rechazó. Sin embargo, en 1950 aceptó otro en Letras de la Universidad de Durham.

William Temple, arzobispo de Canterbury en 1943 / Crédito:  National Portrait Gallery, London

La amistad con Lewis y  Chesterton

Durante su vida, Sayers participó en diversos círculos literarios y cultivó amistades con algunos de los escritores cristianos más destacados de su época. Perteneció al Detection Club, al igual que Agatha Christie; ambas llegaron a presidirlo en distintos períodos. También mantuvo relaciones intelectuales y personales con figuras como J. R. R. Tolkien, autor de El señor de los anillos, y C. S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia. Los escritores Carol y Philip Zaleski destacan las afinidades intelectuales que Sayers tenía con aquel círculo: “Sayers tenía mucho en común con el círculo de Lewis y Tolkien, incluido el amor por el cristianismo ortodoxo, el verso tradicional, la ficción popular y el debate”.

Fue con Lewis que tuvo la amistad más estrecha, la cual inició con una carta en la que le expresó su admiración por Cartas del diablo a su sobrino. Lewis relató más tarde: “[Sayers] fue la primera persona importante que me escribió una carta de admiradora”. En su respuesta, él también elogió la obra teatral de Dorothy El hombre que nació para ser rey; la consideraba un éxito rotundo. A partir de entonces, ambos mantuvieron una correspondencia en la que compartieron intereses académicos y literarios, además de intercambiar críticas, sugerencias y palabras de aliento. 

Aunque su amistad se fundamentaba en intereses compartidos, tuvieron desacuerdos respecto al movimiento por la ordenación de mujeres en la Iglesia de Inglaterra. Lewis, que se oponía a esta práctica, escribió a Sayers para pedirle que también se pronunciara en contra. Sin embargo, ella no encontraba razones teológicas que la impidieran, por lo que se negó a secundarlo y le respondió con cierta ironía: “Me temo que me encontrarán una aliada bastante incómoda”. Las diferencias entre ambos también se reflejaron en comentarios de Dorothy. Refiriéndose a las opiniones de su amigo sobre las mujeres, afirmó en otra carta: “Admito que es propenso a escribir tonterías espantosas sobre las mujeres y el matrimonio (eso, sin embargo, no se debe a que sea un mal teólogo, sino a que está soltero y asustado)”.

Otra figura que ejerció una influencia importante en el pensamiento de Sayers fue G. K. Chesterton, novelista, ensayista y crítico literario. Sobre su obra, Dorothy reconoció: “Creo que, de alguna manera, los libros de G. K. se han convertido en una parte de mi estructura mental más que los de cualquier escritor que podrías nombrar”. Su admiración por Chesterton se remontaba a la adolescencia. Durante sus estudios en Somerville, asistió a sus conferencias en Oxford y, en 1917, cuando ya había publicado sus primeros escritos, se acercó a él. Así comenzó una amistad que se sumó a la influencia que sus libros ya habían ejercido sobre ella.

Años después, en el prefacio de La sorpresa, una obra de Chesterton, Sayers describió la importancia que este escritor había tenido para los cristianos de su generación:

Para los jóvenes de mi generación, G. K. C. fue una especie de liberador cristiano. Como una bomba benéfica, sopló de la Iglesia una cantidad de vidrieras de muy mala época, y dejó entrar las ráfagas de aire fresco en las que las hojas muertas de la doctrina danzaron con toda la energía e indecoro del Vaso de Nuestra Señora.

G. K. Chesterton / Crédito: Dominio público

Sus vínculos con otros escritores se remontaban a sus años universitarios, cuando fundó la Mutual Admiration Society (MAS), una sociedad literaria integrada por estudiantes del Somerville College de Oxford. La organización nació en 1912 por iniciativa de Sayers y sus compañeras Amphilis Middlemore y Charis Ursula Barnett, con el propósito de crear un espacio donde pudieran compartir, criticar y apoyarse mutuamente tanto en sus trabajos literarios como en su vida personal, especialmente dentro de una universidad dominada por hombres. Sus vínculos se mantuvieron durante décadas después de abandonar Oxford, mediante cartas y visitas.

Las integrantes de la sociedad elaboraron un volumen colectivo titulado La luna azul, que reunía seis composiciones, tres eran poemas de Sayers. Sobre el nombre del grupo, ella dijo: “Si no nos diéramos ese título, el resto de la universidad lo haría”. La investigadora Barbara M. Prescott explica el significado de esta denominación:

El nombre estaba destinado a ser humorístico, a suavizar su carácter cerrado, haciendo tolerable, incluso atractiva, su existencia entre los estudiantes […]. La MAS, por su mismo nombre, devolvió la pelota a quienes miraban a las estudiantes de Oxford con oculto desdén o inquietud, dirigiendo sutilmente ese nombre hacia el Oxford dominado por los hombres.

Además de las mencionadas, se han identificado otras integrantes: Muriel Jaeger, Margaret Amy Chubb, Marjorie Maud Barber, Muriel St. Clare Byrne, Dorothy Hanbury Rowe y Catherine Hope Godfrey. Sobre la trayectoria posterior de estas mujeres, Prescott señala que se convirtieron en “escritoras prolíficas, figuras teatrales, activistas sociales, maestras y académicas por derecho propio”. Asimismo, considera que sus vidas constituyeron un testimonio de su determinación para desarrollarse como personas más allá de las limitaciones asociadas con su género.

Apologista de convicciones profundas

En 1937, la carrera de Sayers dio un giro inesperado cuando fue invitada a escribir una obra de teatro para la catedral de Canterbury. Entre las producciones que se estaban representando allí, figuraba Asesinato en la catedral, el célebre drama de T. S. Eliot. La invitación resultó inesperada porque, hasta entonces, Sayers apenas había escrito sobre la fe cristiana, salvo un temprano volumen de poemas titulado Cuentos católicos y cristianos, publicado poco después de graduarse en Oxford. El poeta, novelista y teólogo Charles Williams, quien admiraba su escrito The Mocking of Christ (La burla de Cristo), fue quien la postuló. Por su parte, Sayers escribió The Zeal of Thy House (El celo de Tu casa). 

Portada de The Zeal of Thy House / Crédito: Peter Harrington Books

Su teología era tradicionalmente anglicana y ponía especial énfasis en la doctrina. Dedicaba cada momento disponible a escribir, incluso hasta altas horas de la madrugada. De su pluma brotaban cartas, artículos y ensayos. Allí desarrolló una crítica hacia el cristianismo. Dijo que, al enfatizar la humanidad de Jesús, los predicadores habían convertido al “León de Judá” en una mascota doméstica de carácter dulce. También resaltó el escaso conocimiento que tenían los feligreses del dogma de la Iglesia y de las Sagradas Escrituras, siendo esto fundamental para una verdadera vida piadosa:

Es peor que inútil que los cristianos hablen sobre la importancia de la moralidad cristiana, a menos que estén preparados para tomar su posición sobre los fundamentos de la teología cristiana. Es mentira decir que el dogma no importa; importa enormemente. Es fatal dejar que la gente suponga que el cristianismo es solo una forma de sentir; es de vital necesidad insistir en que se trata, ante todo, de una explicación racional del universo. Es inútil ofrecer el cristianismo como una aspiración vagamente idealista de tipo simple y consolador; es, por el contrario, una doctrina dura, exigente y compleja, impregnada de un realismo drástico e intransigente. Y es fatal imaginar que todo el mundo sabe muy bien lo que es el cristianismo y necesita solo un poco de estímulo para practicarlo. El hecho brutal es que en este país cristiano ni una de cada 100 personas tiene la menor noción de lo que la Iglesia enseña sobre Dios, el ser humano, la sociedad o la persona de Jesucristo […]. Teológicamente, este país está actualmente en un estado de caos absoluto, instaurado en nombre de la tolerancia religiosa y que degenera rápidamente en una huida de la razón y la muerte de la esperanza.

Para ella, Cristo fue el individuo más radical e impactante que jamás haya existido y no fue crucificado por Su naturaleza bondadosa, sino porque representaba una amenaza para el statu quo. No creía que los cristianos hubieran sido llamados a denunciar el asesinato de Dios, más bien debían celebrarlo “dando testimonio del hecho de que Jesús crucificado era Dios encarnado”, según dijo Diane Scharper en la biografía que hizo de Sayers. En una de sus cartas también escribió:

Si todos los hombres se escandalizan por causa de Cristo, que se escandalicen; pero ¿dónde está el sentido de ofenderse por algo que no es Cristo y no se parece en nada a Él? Le hacemos un honor singularmente pequeño al diluir Su personalidad hasta que no pueda ofender a una mosca. Seguramente no es asunto de la Iglesia adaptar a Cristo a los hombres, sino adaptar a los hombres a Cristo.

Una de sus contribuciones más importantes a la divulgación del cristianismo comenzó en 1940, cuando la BBC le encargó escribir doce guiones radiofónicos sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús. Para preparar esta obra, que posteriormente se conocería como The Man Born to Be King (El hombre que nació para ser rey), dedicó más de un año a estudiar los Evangelios, a menudo en el griego original, así como comentarios bíblicos y obras de historia de la Iglesia. Su propósito era evitar una representación de los Evangelios al estilo de los “vitrales”, en la que, en lugar de hombres y mujeres reales, los personajes bíblicos aparecieran como “‘personajes sagrados’, de pie en actitudes simbólicas”.

La serie despertó oposición entre algunos cristianos, a quienes les disgustaba la idea de actualizar el lenguaje de la Biblia y que intentaron impedir su transmisión. No obstante, los dramas fueron emitidos y alcanzaron una amplia audiencia. Según el artículo, muchas personas se interesaron en las Escrituras gracias a estas producciones. Así, Dorothy puso su creatividad literaria al servicio de la divulgación de la vida de Jesús.

Entre sus escritos sobre temas específicamente cristianos, se encuentran Begin Here (Comienza aquí), The Mind of the Maker (La mente del Creador) y Creed or Chaos? (¿Credo o caos?), que rápidamente la consolidaron como una de las apologistas cristianas más destacadas de su generación. 

En The Mind of the Maker desarrolló su visión sobre la fe y el trabajo, cuyo argumento se resume en esta cita: “La Iglesia oficial desperdicia tiempo y energía y, además, comete sacrilegio al exigir a los trabajadores seculares que descuiden su propia vocación para realizar trabajo cristiano, expresión con la que [la Iglesia] se refiere al trabajo eclesiástico. La única obra cristiana es el trabajo bien hecho”.

Dorothy Sayers en su adultez / Crédito: Dominio público

Creed or Chaos? (¿Credo o caos?) es clave para comprender su fe. Es una reafirmación de las doctrinas fundamentales del cristianismo histórico basada en el Credo de los Apóstoles, el Credo Niceno y el Credo de Atanasio. En este sentido, guarda similitudes con Mero cristianismo, de C. S. Lewis. Ambos autores buscaron explicar las doctrinas centrales de la fe cristiana de manera clara y concisa a quienes las habían conocido de forma distorsionada o diluida. Partían de la convicción de que, antes de criticar una doctrina, es necesario comprenderla. 

Sayers exploró los caminos del conocimiento, se deleitó con los acertijos y disfrutó de numerosas controversias que abordó con ingenio y buen humor. Su imponente presencia, brillante intelecto y capacidad de argumentación lógica hicieron que fuera muy solicitada como conferencista. Pero, pese a su intensa actividad intelectual y sus capacidades, también afirmó: “El cristianismo es tan sencillo y común como el pan. La persona más sencilla o el niño más pequeño puede ser cristiano, por la fe y el bautismo”.

La culminación de una trayectoria entre las letras y el cristianismo

Durante su juventud, Sayers declaró: “Nunca estuve hecha para una carrera académica, realmente estaba destinada a ser sociable”. Sin embargo, llegó a ser una destacada estudiosa. Su formación inicial, su facilidad para aprender idiomas y su compromiso con la calidad de su trabajo como escritora la habían convertido en una reconocida traductora e investigadora. 

Asimismo, había mantenido una intensa actividad como conferenciante en la radio, donde abordó temas como la teología, la escritura de novelas de misterio, la posición social de las mujeres y la educación. Su interés por la responsabilidad intelectual también se reflejó en sus reflexiones sobre la ética científica:

El único principio ético que ha hecho posible la ciencia es que siempre se debe decir la verdad. Si no penalizamos las declaraciones falsas hechas por error, abrimos el camino a las declaraciones falsas intencionadas. Y una declaración falsa de un hecho, hecha deliberadamente, es el delito más grave que puede cometer un científico.

Con el paso de los años, sus intereses literarios se orientaron cada vez más hacia la reflexión cristiana y la traducción de obras clásicas. Sayers dejó atrás las novelas de detectives para dedicarse a los dramas religiosos. Además, su temprano interés por la poesía, que había disminuido durante los años dedicados a las novelas de Wimsey y las producciones teatrales, resurgió hacia el final de su vida.

Además de sus actividades literarias y académicas, participó en iniciativas eclesiásticas. Trabajó con el reverendo Patrick McLaughlin en el Centro de Santa Ana para el Discurso Cristiano y, en 1952, se convirtió en guardiana de la iglesia londinense de St Thomas-cum-St Annes, un cargo de la Iglesia anglicana conocido como churchwarden, relacionado con la administración, el mantenimiento de los edificios y el apoyo a la vida congregacional.

Su intensa actividad intelectual y religiosa terminó con su muerte, a los 64 años, a causa de un derrame cerebral. Sayers recibió diversos homenajes en vida y también ha sido recordada después de su muerte. Su memoria figura en el calendario litúrgico de la Iglesia Episcopal, que la conmemora como apologista y escritora espiritual. 

Su nombre también quedó asociado a la astronomía: el planeta menor 3627 Sayers fue bautizado en su honor. Este asteroide fue descubierto por Luboš Kohoutek, pero su nombre fue propuesto por Brian G. Marsden, a quien Dorothy había consultado durante el último año de su vida, mientras intentaba rehabilitar la figura del poeta romano Lucano.

Sus distintas etapas como escritora (novelista, autora cristiana y estudiosa de la literatura) reflejan su sentido del humor, su disposición a participar en controversias y su interés por poner el intelecto al servicio de Dios. La escritora y profesora Lindsey Scholl, al reflexionar sobre el carácter de Sayers, señaló: “Sospecho que habría sido una entrevistadora tan intimidante como lo fue Lewis en sus habitaciones de Oxford”.

Su trayectoria también ha sido objeto de estudios biográficos. Catherine Kennedy, en The Remarkable Case of Dorothy L. Sayers (El extraordinario caso de Dorothy L. Sayers), sostiene que merece un título que pocas mujeres han recibido: “mujer de letras”. Por su parte, Alzina Stone Dale, en su biografía Maker and Craftsman (Creadora y artesana), señala:

Mientras escribía, todos sus talentos e intereses convergieron hasta revelarle su verdadera vocación: su habilidad para los idiomas, su capacidad como narradora, su talento como divulgadora de ideas difíciles y sus convicciones cristianas se unieron en su trabajo sobre la vida de Cristo y su traducción de Dante. Ella siempre había pensado que el ser humano es como Dios en su capacidad de crear, y para ella, la creación es otra palabra para el trabajo.

De esta manera, la vida de Sayers reunió intereses que, aunque diversos, estuvieron estrechamente relacionados. Aproximarse a su figura es conocer a una mujer compleja: una escritora original, erudita, traductora y pensadora cristiana cuya obra continúa ofreciendo reflexiones sobre la fe, la creatividad y el trabajo.


Nota del autor: Respecto al cargo que tuvo Sayers dentro de la Iglesia anglicana, puede consultarse el Conjunto de Cánones de la Diócesis Anglicana de Valparaíso, particularmente el 36. Allí se distingue entre las funciones del custodio o guardián del pastor, del custodio o guardián de la congregación y del custodio o guardián del edificio. No necesariamente todas las responsabilidades allí mencionadas fueron desempeñadas por Sayers.

Referencias y bibliografía

Redoble de misterio de José María Guelbenzu | El País

100 historias extraordinarias de oración para niñas valientes (2021) de Jean Fisher. Ohio: Barbour Español, p. 152.

About Dorothy L. Sayers | The Dorothy L. Sayers Society

Biography Explores ‘Subversive’ Christianity of Novelist Dorothy Sayers de Diane Scharper | National Catholic Reporter

Dorothy L. Sayers: una señora bien rara de Antonio Rodríguez Vela | La Soga

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Dorothy Sayers | Hmong.es

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The Importance of Being Dorothy L. Sayers (2004) de Barbara Reynolds. Inklings Forever: Published Colloquium Proceedings 1997-2016, vol. 4, artículo 2.

Letters to a Diminished Church: Passionate Arguments for the Relevance of Christian Doctrine de Dorothy L. Sayers | Goodreads

Dorothy Sayers: Mystery Writer and Apologist | Christianity Today

Dorothy L. Sayers | Wheaton College

Dorothy L. Sayers: citas | Goodreads

Creed or Chaos?: Why Christians Must Choose Either Dogma or Disaster; Or, Why It Really Does Matter What You Believe de Dorothy L. Sayers | Goodreads

Dorothy Sayers: Her Life and Soul (1993) de Barbara Reynolds. Nueva York: St. Martin’s Press, p. 53 y prólogo.

Biografía de Dorothy Sayers de Tomás Fernández y Elena Tamaro | Biografías y Vidas

Gaudy Night de Dorothy L. Sayers | Goodreads

Carta a Anthony Fleming, del 2 de enero de 1940, de Dorothy L. Sayers. En The Greatest Drama Ever Staged, de James Brabazon, The Sunday Times, 3 de abril de 1938, pp. 162-163.

(3627) Sayers | Frwiki

(3627) Sayers (2003). Diccionario de nombres de planetas menores, p. 305 

The Transforming Imagination of Dorothy L. Sayers: Creativity for the Cause of Christ (2021) de Crystal Downing | Wheaton College Magazine, vol. 24, n.º 1.

Profiles in Faith: Dorothy Sayers (1893-1957) (2002) de Art Lindsley | Knowing & Doing, C. S. Lewis Institute

“De su estructura de gobierno, relativo a los custodios o guardianes” en “De la Iglesia local”. Conjunto de Cánones de la Diócesis Anglicana de Valparaíso, Sección III, apartado 3, canon 36.

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Autor

Ximena Prado Dagnino

Ximena Prado Dagnino, es profesora y magíster en historia, diplomada en didáctica. Ha trabajado en diversas instituciones educativas y medios de comunicación. Está casada con Pablo Rojas, y son padres de Lucía y Alicia. Sirve al Señor en su casa, escuela e iglesia “Desde las Escrituras”, le apasiona la historia, la teología, la educación y su familia.

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