Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en nuestra web el 15 de junio de 2021, escrito a través de la colaboración de los miembros de nuestro equipo editorial. Con el propósito de beneficiar a nuestros lectores, lo hemos revisado y mejorado, convencidos de que tiene lecciones muy valiosas para nuestro presente.
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David Koresh fue un líder religioso estadounidense que llevó a decenas de sus seguidores a un trágico desenlace. Convencido de que era el Cordero del Apocalipsis y de que el fin de los tiempos estaba cerca, se convirtió en el líder de los koreshianos, una secta establecida en el complejo de Monte Carmelo, en Texas.
Allí ejerció un control absoluto sobre sus seguidores, acumuló armas, practicó la poligamia y la pedofilia, justificando sus acciones mediante sus particulares interpretaciones de la Biblia. En 1993, un enfrentamiento con las autoridades estadounidenses dio lugar a un asedio de 51 días que terminó con un incendio en el que murieron 75 personas.
En este artículo hablaremos de cómo Koresh llegó a establecer su movimiento, los acontecimientos de Waco y las consecuencias de su liderazgo. Además, revisaremos los antecedentes históricos de la doctrina del milenarismo, la cual influyó en su pensamiento.

De Howell a Koresh: el ascenso de un líder sectario
En 1978, un joven estadounidense llamado Vernon Wayne Howell se unió al adventismo y adoptó las tesis milenaristas que lo caracterizaban. Sin embargo, en 1981 fue expulsado de su congregación en Tyler, Texas, debido a sus interpretaciones particulares de las Escrituras, que contradecían las enseñanzas de la denominación, y a sus intentos de difundirlas entre los demás miembros. Algunas fuentes también mencionan como motivo de la expulsión que se obsesionó con la hija del pastor de la iglesia y quería casarse con ella.
Ese mismo año se mudó a Waco, Texas, donde se unió a los davidianos de la Rama, una comunidad religiosa surgida de una de las divisiones del adventismo: el movimiento davidiano original liderado por Victor Houteff. Hacia 1930, Houteff había impulsado una corriente de reforma conocida como “La vara del Pastor”; afirmaba que era necesario preparar a un pueblo fiel para el regreso de Cristo y esperaba la restauración del reino de David. Después de la muerte de Houteff en 1955, Benjamin Roden, uno de sus seguidores, fundó los davidianos de la Rama. Esta nueva corriente del movimiento conservó la expectativa del pronto regreso de Jesucristo y otras creencias heredadas del adventismo, como la importancia de interpretar las profecías bíblicas para comprender los acontecimientos finales.
Desde su llegada a esta comunidad, Howell comenzó a ganar influencia debido a su profundo conocimiento de las Escrituras (se dice que sabía la Biblia de memoria), su capacidad de oratoria y su carisma. Tras la muerte de Benjamin Roden, en 1978, su esposa Lois asumió el liderazgo, pero su hijo George también reclamó esa posición. Howell consiguió el respaldo de una parte de los davidianos, lo que provocó una disputa con George Roden que terminó por dividir a la congregación a mediados de la década de 1980. Posteriormente, Howell adoptó legalmente el nombre de David Koresh, en alusión al rey David y a Ciro el Grande (Koresh en hebreo), y comenzó a presentarse como el elegido para cumplir las profecías del Apocalipsis.

Esta separación dio origen a la facción que sería conocida como los koreshianos, mientras que George Roden conservó el control del complejo residencial de Monte Carmelo, en Waco, que servía como centro religioso de los davidianos de la Rama. Sin embargo, las tensiones entre ambos dirigentes continuaron. En 1987, Roden exhumó el cadáver de una mujer enterrada en la propiedad y afirmó que podía resucitarla, como una manera de demostrar su autoridad espiritual. Howell denunció lo ocurrido ante las autoridades y, al no conseguir que intervinieran sin pruebas, regresó a Monte Carmelo acompañado de siete seguidores armados, con el propósito declarado de obtener fotografías del cadáver.
El 3 de noviembre de ese año, su incursión provocó un enfrentamiento a tiros con Roden, quien resultó herido. Howell y sus acompañantes fueron detenidos y procesados por intento de asesinato, pero ninguno terminó condenado. Después, Roden perdió el control del complejo y los seguidores de Koresh se establecieron allí de forma permanente. La comunidad conservó armas ante el temor de nuevos enfrentamientos y de una posible persecución religiosa.
Con el tiempo, Koresh instó a sus seguidores a denominarse “estudiantes de los siete sellos”, en referencia a los siete sellos del Apocalipsis. Afirmó que él mismo era el Cordero anunciado en ese libro y que tenía la misión exclusiva de revelar su significado a la humanidad. También enseñaba que, al concluir la revelación de los sellos, se produciría una gran batalla armada de la que saldría victorioso como rey universal, destinado a gobernar el mundo al final de los tiempos. Dentro de esta interpretación, identificaba a las autoridades estadounidenses como los enemigos del pueblo de Dios y anunciaba que intentarían destruir a los verdaderos creyentes.
De esta manera, Koresh pasó de ser un intérprete de las profecías bíblicas a presentarse como uno de sus protagonistas. Sus seguidores debían aceptar su autoridad para comprender los acontecimientos que, según él, estaban a punto de ocurrir. Esta convicción desempeñó un papel central en la organización de la comunidad y en el poder que ejerció sobre sus miembros.

El delirio autoritario convertido en dominación
A medida que acumulaba poder dentro de la comunidad religiosa, Koresh incrementaba sus exigencias personales sobre los miembros del grupo y ejercía su autoridad de forma dictatorial. A partir de 1989, amparado en su supuesta autoridad profética, comenzó a tomar múltiples esposas, algunas de las cuales eran niñas de apenas 12 años. Proclamó que sólo él tenía el derecho de engendrar hijos con las mujeres del grupo, por lo que anuló los matrimonios existentes y obligó a las parejas a guardar estricto celibato. Su objetivo era engendrar un nuevo linaje de gobernantes mundiales y ejercer el reinado milenario que, según creía, estaba profetizado en la Biblia.
El control que ejercía Koresh también se extendía a la vida cotidiana de sus seguidores. Los niños recibían una disciplina física estricta y una educación limitada, mientras que los adultos debían someterse a sus interpretaciones de las Escrituras. Estas prácticas provocaron que algunos miembros abandonaran la secta y denunciaran lo que ocurría en Monte Carmelo. Uno de ellos fue Marc Breault, antiguo colaborador de Koresh, quien se apartó en 1989 y comenzó a denunciar los presuntos abusos sexuales contra menores.
A finales de 1992, las autoridades también entrevistaron a una pareja que había escapado de la comunidad. Sus testimonios describían la acumulación de armas, los entrenamientos de tiro y la vigilancia permanente del complejo. Según declararon, Koresh había ordenado mantener guardias armados durante las 24 horas y llevar siempre consigo un arma cargada. Habiendo investigado las denuncias de abuso y las posibles infracciones relacionadas con las armas, las autoridades obtuvieron órdenes de arresto y allanamiento por presuntas violaciones de la legislación sobre armas de fuego y explosivos.

En ese momento había aproximadamente 124 personas en Monte Carmelo, entre hombres, mujeres y niños. Durante cerca de dos horas, los agentes trataron de ejecutar la operación, pero se produjo un intenso intercambio de disparos entre ellos y los seguidores de Koresh. Cuatro agentes de la ATF murieron y otros 16 resultaron heridos. También hubo muertos y heridos entre los davidianos, incluido el propio Koresh, quien recibió dos disparos.
Tras el enfrentamiento, las autoridades intentaron conseguir que los ocupantes salieran del complejo y se entregaran pacíficamente y el FBI asumió el control de la operación; comenzó a negociar con Koresh y algunos de sus principales colaboradores, entre ellos Steve Schneider. Lo más importante era lograr la salida de los niños. Entonces, Koresh accedió a hacerlo y prometió resolver el enfrentamiento pacíficamente, aunque exigió que sus enseñanzas fueran transmitidas por radio. El trato se fue cumpliendo: durante los primeros seis días del asedio, un total de 21 menores abandonaron el complejo sin sus padres. Las autoridades los pusieron bajo protección y realizaron evaluaciones médicas y psicológicas que revelaron indicios de castigos físicos y posibles abusos sexuales.
Pero no todos los habitantes de Monte Carmelo estaban formalmente secuestrados. Muchos adultos permanecían allí por su adhesión a las creencias de Koresh. Sin embargo, su autoridad sobre la comunidad, las restricciones que imponía y la presencia de menores planteaban serias dudas sobre la libertad que tenían sus seguidores para tomar decisiones.

La tragedia de Waco tras 51 días de asedio
En los días siguientes, Koresh prometió que se entregaría junto con sus seguidores si las autoridades difundían otra grabación con su interpretación de los siete sellos. El 2 de marzo, después de que el mensaje fuera transmitido, se retractó y afirmó que Dios le había ordenado esperar. Durante las semanas posteriores, alternó nuevas promesas de rendición con la insistencia en que solo abandonaría el complejo cuando recibiera una orden divina. En algunas conversaciones también amenazó con responder violentamente a cualquier intervención armada.
Entre el 28 de febrero y el 23 de marzo, catorce adultos salieron de Monte Carmelo. No obstante, el FBI consideraba que Koresh había permitido la salida de quienes juzgaba débiles o problemáticos, mientras mantenía consigo a sus seguidores más fieles. El resto continuó dentro del complejo y las negociaciones dejaron de producir avances.
El 19 de abril de 1993, después de varias semanas de estancamiento en las conversaciones con Koresh, el FBI se preparó para una operación destinada a obligar a los ocupantes a abandonar el complejo utilizando vehículos blindados equipados para introducir gas lacrimógeno en el edificio sin provocar un enfrentamiento armado. El uso de estos vehículos buscaba proteger a los agentes, quienes solo tenían autorización para emplear sus armas en defensa propia. Durante la operación, algunos de los ocupantes dispararon contra los vehículos blindados, mientras los agentes continuaron introduciendo gas en el edificio.

Alrededor del mediodía se desataron tres incendios en distintas partes del edificio. Posteriormente, el Gobierno de Clinton insistió en que los miembros de la secta habían provocado los incendios, mientras que algunos sobrevivientes que se encontraban dentro del complejo sostuvieron que se habían originado accidentalmente, como consecuencia del uso de gas lacrimógeno por parte del FBI. En definitiva, hubo controversias sobre la actuación de las autoridades y las circunstancias de las muertes.
En el momento del asedio final, había aproximadamente 84 personas dentro del complejo, de los cuales solo sobrevivieron nueve; varios de ellos demandaron al Gobierno de Estados Unidos, aunque sus reclamaciones no prosperaron en los tribunales. Las autopsias revelaron que algunos fallecieron por inhalación de humo y quemaduras, mientras que otros presentaban heridas mortales de bala. Entre los menores fallecidos se encontraron víctimas de disparos, heridas de arma blanca y golpes.
Koresh también murió durante el incendio. Su cuerpo fue encontrado junto al de Steve Schneider, su principal colaborador. Ambos presentaban heridas mortales de bala. Aunque se planteó la posibilidad de que Schneider hubiera disparado contra Koresh antes de quitarse la vida, las circunstancias exactas de sus muertes no pudieron determinarse con certeza.
Los acontecimientos fueron abordados posteriormente en diversas producciones documentales y dramatizaciones. En 2018, BBC Radio 5 Live emitió un podcast titulado Los últimos días, en el que se relataba la vida y la muerte de David Koresh. Ese mismo año se estrenó la serie de televisión Waco.

La tragedia de Monte Carmelo puso fin al movimiento dirigido por Koresh. Sin embargo, algunas de las ideas que utilizó para justificar su autoridad tenían antecedentes en distintas corrientes religiosas que habían interpretado las profecías bíblicas sobre los últimos tiempos.
El milenarismo: antecedentes de las creencias de David Koresh
Uno de los elementos fundamentales de la teología de Koresh fue el milenarismo, una doctrina relacionada con las profecías bíblicas sobre los últimos tiempos, especialmente con Apocalipsis 20, que describe un reinado de Cristo de 1000 años. A lo largo de la historia, los cristianos han sostenido distintas interpretaciones sobre este periodo, la segunda venida de Jesús y los acontecimientos que la acompañarán. Algunas posturas entienden el milenio como un reinado futuro y literal de Cristo sobre la Tierra, mientras que otras lo interpretan de manera simbólica. También existen diferencias acerca del momento en que ocurrirá la tribulación y quiénes la experimentarán.
Estas cuestiones han sido objeto de discusión desde los primeros siglos de la Iglesia. Agustín de Hipona, por ejemplo, abordó el significado del milenio en La ciudad de Dios, donde interpretó los 1000 años como una referencia al reinado espiritual de Cristo durante la era de la Iglesia.

Siglos después, el monje medieval Joaquín de Fiore (aprox. 1135-1202) desarrolló una interpretación particular de las profecías bíblicas. Afirmó haber recibido una iluminación espiritual que le permitió comprender determinados pasajes de las Escrituras de una manera especial. A partir de esa experiencia, elaboró una interpretación de la historia dividida en tres grandes épocas: la Edad del Padre, la Edad del Hijo y la Edad del Espíritu Santo. Consideraba que esta última sería una etapa de plenitud espiritual, cuyo comienzo esperaba alrededor de 1260. Sus enseñanzas influyeron en movimientos religiosos posteriores que también buscaron identificar su propio tiempo dentro de las profecías.
Aunque no existe una relación histórica directa demostrada entre las enseñanzas de Fiore y las de Koresh, el caso del monje medieval permite observar cómo una interpretación particular de las Escrituras puede adquirir una autoridad especial cuando quien la propone afirma haber recibido una iluminación divina. A lo largo de la historia, otros movimientos religiosos también han afirmado poseer revelaciones o una comprensión especial de determinados aspectos de las profecías bíblicas.

El antecedente más cercano a las creencias de Koresh se encuentra en el movimiento millerista, surgido en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX bajo el liderazgo del predicador bautista William Miller. A partir de sus cálculos sobre las profecías bíblicas, Miller anunció que Cristo regresaría entre 1843 y 1844. Posteriormente, sus seguidores llegaron a esperar Su venida para el 22 de octubre de 1844. Cuando la fecha pasó sin que ocurriera lo anunciado, experimentaron lo que se conoció como el “Gran Chasco”.
Entre quienes habían participado en este movimiento se encontraba Ellen G. White, una de las figuras fundamentales en la posterior formación de la Iglesia adventista del Séptimo Día. White afirmó haber recibido visiones religiosas y desarrolló diversas enseñanzas que quedaron recogidas en sus escritos. Aunque posteriormente rechazó que se establecieran nuevas fechas para el regreso de Cristo, sostuvo que sus visiones provenían de Dios. En su obra El gran conflicto entre Cristo y sus ángeles y Satanás y sus ángeles (1858), presentó una interpretación de la historia y del conflicto entre Cristo y Satanás que influyó en el pensamiento adventista.
Dentro de esta tradición surgieron nuevas agrupaciones cuyos dirigentes afirmaban poseer una comprensión especial de las profecías. El mismo Houteff, por ejemplo, que anteriormente fue mencionado, sostuvo que podía reunir a los 144.000 fieles del Apocalipsis y preparar a la Iglesia para el regreso de Cristo. Tras su muerte, su viuda Florence anunció que alrededor del 22 de abril de 1959 ocurriría una intervención divina que castigaría a los adventistas que habían rechazado el mensaje davidiano y conduciría a los fieles al reino de Dios. La predicción no se cumplió. Por su parte, Benjamin Roden afirmó haber sido escogido por Dios para continuar la obra de Houteff.
Conviene aclarar que el problema no radica en sostener una interpretación del milenio, sino en pretender conocer lo que Dios no ha revelado. Jesús mismo enseñó que nadie conoce el día ni la hora de Su regreso, ni siquiera los ángeles ni el Hijo, sino solamente el Padre (Mr 13:32). Sin embargo, a lo largo de la historia, distintos movimientos han intentado calcular la fecha de este acontecimiento, incluyendo el mormonismo y los testigos de Jehová.
Ahora bien, Koresh no se caracterizó por establecer una fecha para el regreso de Jesús, pero fue mucho más allá: afirmó ser el Cordero del Apocalipsis y el único capaz de revelar el significado de los siete sellos. Su caso muestra hasta dónde puede llegar la autoridad de un dirigente cuando sus interpretaciones personales no corresponden con las revelaciones divinas incuestionables y se utilizan como fundamento para imponer nuevas enseñanzas y exigencias a sus seguidores.

Cuando un líder religioso pretende ocupar el lugar de Dios
La tragedia de Waco nos advierte sobre los peligros de atribuir autoridad divina a las interpretaciones personales de un líder religioso, especialmente cuando este exige que sus seguidores las acepten sin cuestionarlas. En el caso de Koresh, su pretensión de ser el Cordero del Apocalipsis le permitió ejercer un control cada vez mayor sobre su comunidad y justificar graves abusos en nombre de Dios. Sus enseñanzas tuvieron consecuencias que fueron mucho más allá de las diferencias doctrinales y afectaron profundamente la vida de quienes confiaban en él.
Este peligro no pertenece únicamente al pasado. La historia de Koresh, al igual que la tragedia de Jonestown, nos recuerda la importancia de examinar las enseñanzas y prácticas de los dirigentes religiosos a la luz de las Escrituras. El conocimiento bíblico y la capacidad de persuadir a otros no garantizan que un maestro esté enseñando fielmente la Palabra de Dios. Por eso, ninguna interpretación personal debe recibir la misma autoridad que la revelación bíblica, ni puede utilizarse el liderazgo espiritual para exigir una obediencia que corresponde únicamente a Dios. La Iglesia debe reconocer, rechazar y denunciar los abusos de autoridad, especialmente cuando se pretende justificarlos mediante las Escrituras.
Ahora bien, mientras algunos utilizan su posición para dominar a otros, Jesús se presenta como el Buen Pastor que da Su vida por las ovejas (Jn 10:11). En el mismo capítulo, hay una advertencia sobre el ladrón que viene para robar, matar y destruir, mientras que Él ha venido para que Sus ovejas tengan vida en abundancia (Jn 10:10). Esta diferencia nos recuerda que el liderazgo cristiano debe reflejar el carácter de Cristo, no convertirse en un instrumento para satisfacer los intereses personales de quien lo ejerce. Revisar historias como la de Waco nos ayuda a reconocer estos peligros y a mantener nuestra confianza en el Señor y en la autoridad de Su Palabra.
Referencias y bibliografía
The Waco tragedy, explained | Vox
¿Quién fue David Koresh y cómo fue posible la masacre de Waco? | GQ España
Quién fue David Koresh, el líder religioso con 15 esposas que provocó la Masacre de Waco | Clarín
