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El Catecismo de Heidelberg es un documento muy importante que utilizan muchas de las iglesias reformadas. Se preparó como parte de un programa de reforma dirigido por el Elector Federico III el Piadoso (1515-1576), que intentaba completar la reforma en el Palatinado, un enclave de tendencia calvinista en el Sacro Imperio Romano, cuya capital era Heidelberg. La ciudad se caracterizaba por su ambiente académico gracias a su famosa Universidad.
Sin embargo, a mediados del siglo XVI la situación espiritual del territorio no era la mejor. Los ministros no estaban bien entrenados, las congregaciones no estaban bien alimentadas y las supersticiones eran más prominentes que el conocimiento de las Escrituras.

Un debate acalorado
Federico III había heredado el cargo de Elector de su tío que no tenía hijos. Asumió este cargo en 1559 y, apenas comenzó, tuvo que lidiar con una acalorada controversia: un desacuerdo entre líderes y académicos protestantes sobre la doctrina de la Cena del Señor. A un lado de la disputa estaba Tilemann Heshusius (1527-1588), defensor de la visión luterana de la Cena. Del otro lado estaba Wilhelm Klebitz (1533-1568) que promovía una visión más reformada del sacramento. La disputa se volvió tan amarga y pública, que incluso se abordó desde el púlpito, así que Federico III decidió que, por la paz y el bienestar de la iglesia, el enfrentamiento entre estos dos hombres debía detenerse. Los despidió a ambos.
Después de que Federico III despidió a Heshusius y Klebitz, las cosas se calmaron un poco. Sin embargo, ahora dos puestos importantes tenían que ser ocupados. El primer hombre que Federico reclutó para llenar estos vacíos fue Caspar Olevianus (1536-1587). Durante un tiempo enseñó en la Universidad, pero pronto se instaló en su nuevo papel como predicador. Poco después, Zacharius Ursinus (1534-1583) también vino a Heidelberg asumiendo el papel de enseñar teología en la Universidad.

Aunque Federico prefería la fe reformada, esperaba conciliar a los grupos protestantes contendientes, que incluían al partido luterano ortodoxo que se enfrentaba tanto al partido reformado como a los seguidores luteranos más moderados. El elector esperaba que un nuevo Catecismo fuera la base de la reconciliación. Para esta tarea de escribir el nuevo catecismo, Federico comisionó a Ursinus y a Olevianus.


Un catecismo cuidadosamente hecho
Ursinus y Olevianus basaron el documento en trabajos anteriores realizados por ellos mismos y por otros, e intentaron preparar un catecismo aceptable para todos. Al discutir los sacramentos, buscaron llevar sus declaraciones reformadas lo más cerca posible de la posición moderada del luteranismo. Sin embargo, en trabajo no fue exclusivo de Ursinus y Olevianus. Al menos tres grupos diferentes de personas participaron en la preparación del Catecismo: como profesores de teología, líderes de iglesia y consistorios.
Al igual que otros catecismos, el Catecismo de Heidelberg usa un formato de preguntas en segunda persona y respuestas en primera persona. Además, las respuestas a esas preguntas son generalmente cortas y cuidadosamente estructuradas. Algunas incluso tienen un ritmo poético con el objetivo de que ser memorables y útiles para instruir a las personas en las verdades básicas de la fe.
El Catecismo de Heidelberg se dividió en tres partes principales: nuestro pecado y miseria, nuestra liberación del pecado y nuestro agradecimiento a Dios por tal liberación. Fue diseñado para leerse en 52 semanas, de forma que se podía estudiar en la iglesia durante un año. También vale la pena aclarar el corazón detrás de la creación de este Catecismo. El documento no pretende ser un reemplazo para las Escrituras. Su objetivo, más bien, es guiar al estudiante hacia la Palabra de Dios, no alejarlo de ella.

Un catecismo ampliamente recibido
Ciertamente, el Catecismo de Heidelberg no fue el único ni el primer catecismo publicado. De hecho, el uso de catecismos se remonta a los primeros siglos de la iglesia. Los reformadores simplemente recogieron esta buena tradición y la utilizaron ampliamente. Martín Lutero (1483-1546) escribió su Catecismo Menor en 1529 y Juan Calvino (1509-1564) publicó su Catecismo de Ginebra en 1542. Esos son solo dos ejemplos. Se podrían agregar muchos otros a la lista. Ursinus y Olevianus muy probablemente fueron influenciados por estos y otros catecismos.
Tan pronto como se publicó en 1563, el documento atrajo mucha atención. Apareció en latín en 1563. De hecho, este había sido el plan del Elector desde el principio. Si los niños del Palatinado estaban siendo instruidos en escuelas alemanas o latinas, él quería que todos aprendieran del mismo Catecismo.
Posteriormente, también apareció una traducción al holandés, y desde entonces ha ocupado un lugar muy especial dentro de la Iglesia reformada holandesa, junto a la confesión belga y a los Cánones de Dort. Pronto siguieron más traducciones: al inglés en 1572, al húngaro en 1577, al francés en 1590 y al griego en 1609. En nuestros días, el Catecismo ya se ha traducido a más de 25 idiomas.

El Catecismo de Heidelberg es un documento de fe extraordinariamente cálido y personal, que merece su popularidad. La fuerza y el atractivo de este catecismo es el hecho de que es práctico y devocional, más que intelectual, dogmático o polémico. Posiblemente esa sea la razón por la que es tan querido y usado hasta hoy entre las iglesias reformadas.
El Catecismo de Heidelberg es el más personal y devocional de los credos y confesiones de la era de la Reforma. Las iglesias reformadas no solo se han propuesto enseñarlo durante siglos, sino que los creyentes de todo el mundo han encontrado fundamentos teológicos y consuelo personal en sus páginas.
El Catecismo de Heidelberg ha circulado más ampliamente que cualquier otro libro cristiano, después de la Biblia, la Imitación de Cristo de Thomas Kempis y El progreso del peregrino de John Bunyan. Esa es una evidencia clara de su importancia y su calidad.
Texto revisado por Jonathan Muñoz y Diego Kim. Edición final por David Riaño.
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