La historia de la Iglesia está llena de personajes, edificaciones y obras artísticas que pueden llegar a tener un gran valor para nosotros como creyentes. Muchos de ellos nos recuerdan las batallas y desafíos teológicos que nuestros hermanos en Cristo han tenido que librar en otras épocas. Otros nos hablan sobre las profundas convicciones de la Iglesia en generaciones anteriores. Sin duda, el estudio de lo que ha ocurrido en siglos pasados trae un inmenso valor a nuestra fe.
Y recientemente, un antiguo ataúd me exhortó. En su libro Epic: An Around-the-World Journey through Christian History (Épico: un viaje alrededor del mundo por la historia del cristianismo), el autor y conferencista Tim Challies narra la historia de la Iglesia a través de varios objetos. Uno de ellos es un ataúd de piedra de los tiempos del Imperio romano, cuando la fe en Cristo apenas iba en camino de convertirse en una fe predominante. A simple vista, no parece más que curiosidad académica. Sin embargo, creo que al analizarlo, un creyente se puede ver grandemente enriquecido. Déjame mostrarte cómo.

Una controversia tallada en mármol
El Museo Pío Cristiano es uno de los espacios que integran el gran complejo de los Museos Vaticanos en Roma. Este alberga una vasta colección de arte y objetos que nos ayudan a entender cómo los primeros creyentes expresaban su fe. Entre ellos se encuentra el intrincado sarcófago tallado en mármol, que fue descubierto en el siglo XIX durante los trabajos de reconstrucción en la basílica de San Pablo Extramuros, tras un voraz incendio. Inmediatamente después de su hallazgo, los expertos empezaron a rastrear su origen. Determinaron que el objeto tenía un fundamento en la comunidad cristiana y también dataron su creación entre los años 330 y 350, en plena era constantiniana.
A simple vista, el objeto está dividido en dos franjas o niveles completamente tallados en relieve, con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. En el centro, hay un destacado medallón que contiene lo que se cree que son los retratos de los difuntos esposos que encargaron la obra, aunque sus rostros quedaron inacabados. A su alrededor, están talladas varias escenas bíblicas: la llegada de los reyes magos, la curación del ciego y la multiplicación de los panes, narradas en el Nuevo Testamento; y Daniel en el foso de los leones, en el Antiguo Testamento.

Aunque en el museo mencionado hay varios sarcófagos similares de origen cristiano, un detalle distingue a esta caja de mármol del resto y la convierte en una obra que debería llamarnos la atención. En la esquina superior izquierda, vemos a Adán recostado en el suelo, sumido en un profundo sueño, como lo describe Génesis. A su lado está Eva, siendo formada. Pero lo verdaderamente importante está justo por encima de ellos: hay tres figuras masculinas idénticas, con barba, participando juntas en el acto de la creación. El primer hombre está sentado en un trono, el segundo está ejecutando el acto físico de crear a Eva y el tercero está de pie detrás del trono. ¿Qué revela esta compleja imagen?
Tradicionalmente, a esta pieza se le conoce como el “Sarcófago dogmático” o el “Sarcófago de la Trinidad”. La razón es que los historiadores y teólogos han sugerido por mucho tiempo que esta es la representación artística más antigua de la Trinidad: el Padre sentado en el trono, el Hijo ejecutando la obra creadora y el Espíritu Santo participando de pie. De por sí, esto es muy interesante, pero lo es aún más por el momento histórico en el que fue tallado: los inicios del siglo IV, cuando los debates teológicos más importantes del cristianismo estaban sucediendo.

Para hacer un resumen rápido, un presbítero del norte de África llamado Arrio comenzó a enseñar que el Hijo, Cristo, no era coigual con el Padre, sino que había sido creado. La popularización y divulgación de esta idea dio lugar al famoso Concilio de Nicea en el año 325, donde se formuló el Credo Niceno, declarando que el Hijo es “de la misma naturaleza” o consustancial con el Padre. Al mostrar a tres figuras idénticas trabajando en perfecta armonía, el sarcófago se ha interpretado como una respuesta visual que afirma la igualdad divina de las personas de la Trinidad.
Ahora bien, para ser rigurosos con la historia, es importante considerar los matices del contexto en el que se talló esta pieza. Por un lado, en el siglo IV, representar a Dios Padre como un ser humano era extraño, hasta el punto de que podía considerarse un fuerte riesgo de idolatría; lo habitual era simbolizarlo con una mano saliendo de las nubes. Por otro lado, el Credo de Nicea del 325 se centró casi exclusivamente en defender la divinidad del Hijo frente al arrianismo; la deidad plena y consustancial del Espíritu Santo no se definiría formalmente sino hasta el Concilio de Constantinopla en el 381.

Por estas razones, existe una hipótesis académica alternativa. Sus adeptos proponen que las tres figuras en este sarcófago no forman la Trinidad en el sentido moderno, sino una representación de Cristo en diferentes funciones o de Cristo acompañado por seres celestiales que actúan en nombre de la divinidad.
Esta segunda hipótesis es interesante y enriquece el debate. Sin importar si se concluye que el sarcófago representa solo a Cristo o a la Trinidad completa, la obra no pierde su gran valor para la Iglesia cristiana y sigue siendo celebrada mundialmente como una representación fundamental de la Deidad.

Evidencia del desarrollo del cristianismo
Ahora bien, desde una perspectiva histórica y de fe, este sarcófago nos ofrece al menos tres evidencias críticas sobre el desarrollo del cristianismo:
La primera de ellas es la profunda convicción en la preexistencia de Cristo. Ya sea que veamos a la Trinidad completa o al Logos actuando, la imagen ilustra magistralmente el prólogo del Evangelio de Juan: “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn 1:1). El arte de los cristianos en el Imperio romano no dudaba en poner a Jesús, el Verbo, en las escenas del Antiguo Testamento como el Creador activo, elevándolo a la categoría de Dios Eterno y desmintiendo cualquier idea de que fuera un simple ser creado.

La segunda evidencia es el arte como confesión personal, no solo institucional. Es importante recordar que los sarcófagos eran encargos privados de familias con mucho dinero, no herramientas oficiales de catequesis masiva de la jerarquía eclesiástica. Esto muestra que los complejos debates de los concilios, como la lucha contra el arrianismo de la que hablamos anteriormente, no se quedaban archivados en los documentos de los obispos, sino que permeaban la fe cotidiana. Esta familia quiso ir al descanso eterno envuelta en la verdad de un Dios coigual.
La tercera es el inmenso valor de defender la ortodoxia cristiana. Si la herejía hubiera triunfado en Nicea, la historia del cristianismo y las imágenes en sus tumbas lucirían drásticamente diferentes. Quizás veríamos a un Creador supremo asomándose imponente sobre un mediador menor. Pero el esfuerzo de la Iglesia por escudriñar la Biblia y definir fielmente sus creencias nos dejó un legado de fe que sobrevive esculpido en esta particular pieza de mármol.

Finalmente, este sarcófago nos exhorta a pensar en el legado histórico de nuestros hermanos del pasado. Hoy, el Imperio romano de Constantino ya no existe y sus palacios son ruinas o museos, pero millones de creyentes en el mundo siguen recitando el Credo Niceno, a menudo dando por sentada la enorme lucha teológica y social que costó formular esas palabras. Pero esta tumba, pensada y usada por cristianos que vivieron aproximadamente 1700 años atrás, nos recuerda que nuestra comprensión de la doctrina cristiana también se apoya en los hombros de nuestros hermanos fieles del pasado.
Así es que yo fui exhortado al estudiar este sarcófago. Después de reflexionar sobre su significado, ¿estás dispuesto a profundizar y sostener las verdades bíblicas e históricas con la misma convicción que aquellos creyentes del siglo IV? ¿Valoras el esfuerzo de quienes nos precedieron para definir la fe? ¿Qué tan firme y enraizada en la historia está tu fe?
Referencias y bibliografía
Epic: An Around-the-World Journey through Christian History | Amazon
“Dogmatic” sarcophagus | Musei Vaticani
Two Fourth-Century Sarcophagi Misinterpreted Christological, Not Trinitarian | Père Stéphane Bigham
The Most Blessed Trinity | L’Osservatore Romano
The Mother of God and the three Kings in the Dogmatic Sarcophagus | MD Revelation
