Santo Domingo: un singular ejemplo de unidad entre iglesias bautistas

En Santo Domingo, varias iglesias bautistas han construido durante décadas una relación poco común. Su historia muestra qué ocurre cuando las iglesias deciden dejar de competir, tener una colaboración sostenida y, sobre todo, dejar que la Palabra de Dios reine sobre el púlpito.

Imagen: BITE

En un artículo previo, narramos la historia del cristianismo en República Dominicana desde la colonia hasta las décadas del 60 y el 90, cuando, en medio de un avivamiento universitario, fueron fundadas algunas iglesias que actualmente son bastante influyentes en Santo Domingo. Hoy, estas congregaciones que tienen líderes y orígenes muy distintos, trabajan juntas en pro del Evangelio. Una colaboración como la que se ha construido entre ellas es poco común en muchas ciudades de América Latina. Sus pastores se conocen desde hace décadas, se recomiendan miembros entre sí y coordinan sus agendas para trabajar de forma sinérgica. Pero ¿cómo llegaron a esa relación filial?

BITE entrevistó a varios pastores de estas estas iglesias, y sus respuestas pasan por algunos episodios que nadie habría elegido como punto de partida: una división que estuvo a punto de destruir a una de las iglesias, un huracán que devastó el país y un recién llegado que despertaba desconfianza. Esta es la historia de la amistad que está detrás de lo que algunos han llamado “una nueva reforma para América Latina”.

Una división y un huracán terminan en unidad

En las décadas del 70 y el 80, en medio del avivamiento universitario que se dio en Santo Domingo, nacieron nuevas iglesias con pastores muy jóvenes. Cada congregación caminaba por su cuenta, relacionándose poco con las demás. Miguel Núñez, pastor de la Iglesia Bautista Internacional, recuerda:

Cuando yo era niño, y aún de adolescente, creo que la mayoría de la gente ni siquiera sabía dónde había una iglesia evangélica. Eran así de escasas. Durante las décadas de 1970 y 1980 aquí hubo un avivamiento poco conocido. En ese tiempo ocurrió el llamado de Dios al pastorado de hombres como Sugel Michelén y otros de su misma generación. Ellos comenzaron unos 16 años antes de que yo llegara al país, y habían pasado por situaciones que les mostraron una gran necesidad de madurar. Después de todo, sus pastores habían comenzado siendo solo unos jóvenes de veintitantos años. Debido a eso, las diferentes congregaciones funcionaban de manera bastante separada.

Miguel Núñez recuerda que, cuando era niño y adolescente, las iglesias evangélicas eran poco conocidas y visibles. / Crédito: Cortesía de Miguel Núñez

Cada iglesia estaba concentrada en su propio trabajo. Sin embargo, fue en ese punto que apareció el primer ingrediente de esta historia de unidad: no fue un abrazo, sino una ruptura. Corría el año 1987 y la iglesia que había nacido en la casa paterna de los Michelén estaba a punto de desaparecer. Uno de ellos, Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, recuerda:

En 1987 nuestra iglesia pasó por una división que por poco la destruye. Cuando contamos nuestra historia, siempre decimos que en aquellos primeros años hicimos todo lo que se puede hacer para destrozar una iglesia. Hubo cosas muy buenas también, pero no podemos ocultar esa parte. Éramos una iglesia muy legalista y soberbia.

Aquella división nos hizo ver que éramos como un pavo real: teníamos un plumaje muy hermoso, pero dos patitas pequeñas. Eso fue lo que nos llevó a pedir ayuda a pastores de más edad y decirles: “Por favor, vengan y guíennos. Nosotros no podemos seguir solos”. A su vez, nos llevó a pedir perdón sistemáticamente a pastores de Santo Domingo a quienes habíamos ofendido de alguna forma. Creo que eso comenzó a cambiar la percepción que las demás iglesias tenían de nosotros.

En 1987, la iglesia que había nacido en la casa paterna de los Michelén sufrió una división que estuvo a punto de destruirla. / Crédito: IBSJ

Poco después, una catástrofe natural aceleraría todavía más ese acercamiento. Era septiembre de 1998 y el huracán George acababa de devastar buena parte del país. Michelén continúa:

Fue providencial. Nosotros acabábamos de mudarnos a este edificio; apenas llevábamos tres meses aquí. Lo convertimos en un almacén enorme, porque muchas iglesias bautistas reformadas de todo el mundo comenzaron a enviarnos ayuda. A la vez, nosotros comenzamos a viajar: yo visité todo tipo de iglesias por el este sin importar cuál fuera su tradición doctrinal, siempre que fueran iglesias evangélicas, es decir, que predicaran el Evangelio de salvación en Cristo Jesús, solamente por gracia y por la fe. Les preguntábamos: “¿Qué necesitan? ¿En qué podemos servirles?”.

Creo que ese huracán, aunque fue devastador, terminó siendo una tremenda bendición, porque nos conectó también con el sector pentecostal y les hizo ver que no teníamos un espíritu de separatismo innecesario.

En 1998, el huracán Georges golpeó República Dominicana y dejó una estela de destrucción. / Crédito: Archivo de Listin Diario

De la desconfianza a la amistad

El tercer episodio llegó de la mano de un médico: Núñez regresó al país en 1997, después de ejercer la medicina en Estados Unidos por quince años, y fundó una nueva iglesia a inicios del año siguiente. En un ambiente evangélico relativamente pequeño, su llegada y su manera distinta de hacer las cosas generaron rumores. Al preguntarle cómo percibían las demás congregaciones aquella nueva iglesia, fundada por un dominicano que había vivido durante años en Estados Unidos y que de repente comenzaba a realizar estudios bíblicos en la ciudad, recuerda:

Nosotros llegamos con un abordaje un tanto diferente y eso hizo que algunas personas pensaran que no éramos una congregación de buena doctrina. Después de cinco o seis años aquí, la iglesia fue creciendo. Yo, además de sentirme solo, pensé: “Si Dios va a bendecir un trabajo aquí, tiene que ser en unidad”. Entonces quise acercarme a aquellos pastores que tenían más arraigo y reconocimiento en la ciudad. Invité al pastor Sugel Michelén; al mes siguiente, al pastor Salvador Gómez, de la misma iglesia; y después al pastor Saladín.

Luego de esas tres invitaciones, ellos me invitaron a almorzar para preguntarme cuál era mi interés. Yo les dije: “Miren, creo que la iglesia ha ido creciendo. Imagino que han oído cosas buenas y malas —aunque en realidad no solo lo imaginaba, las había oído—. Pensé que podía invitarlos para que confirmaran si los malos rumores eran ciertos; si lo son, este sería el final de todo, si no, quizás podríamos comenzar una asociación”. 

Uno o dos meses después, ellos me invitaron a predicar en uno de sus servicios de la noche y empezamos a relacionarnos. Tiempo después, abrieron un espacio para invitar a otros pastores de la ciudad a orar, desayunar y conversar juntos.

En 1997, Miguel Núñez regresó al país tras quince años ejerciendo la medicina en Estados Unidos y, al año siguiente, fundó una nueva iglesia.  / Crédito: IBI

Fueron necesarias tres invitaciones a predicar, un almuerzo y una respuesta sencilla: “vengan y vean por ustedes mismos”. A partir de ese encuentro comenzó una relación que, con el paso de los meses, se volvió habitual. Michelén recuerda cómo aquella cercanía fue tomando una forma más concreta:

Conocimos a algunos pastores con una doctrina más similar a la nuestra y comenzamos a desarrollar una amistad más profunda. En una ocasión, los pastores de nuestra iglesia dijimos: “¿Por qué no hacemos un desayuno, aunque sea una vez cada dos meses, e invitamos a pastores del área que tengan una visión similar a la nuestra? No significa que pensemos igual en todo, sino que podamos orar juntos y llevar las cargas unos de otros”.

En el primer desayuno, los pastores estuvieron muy contentos con la iniciativa. Creo que fue Miguel Núñez quien dijo: “Esto no se puede hacer cada dos meses; hagámoslo cada mes”. A partir de entonces comenzamos a reunirnos con esa frecuencia.

Así, lo que había comenzado como un gesto de cortesía y hermandad entre colegas terminó convirtiéndose en un desayuno mensual de pastores, sin una estructura formal de por medio; solo era un espacio para orar juntos, conversar y coordinar sus actividades. Uno de los que ha vivido esa amistad desde el principio es Otto Sánchez, quien lidera la Iglesia Bautista Ozama. Al recordar aquel acercamiento con otros ministros que compartían el deseo de cultivar la unidad en el Evangelio, cuenta:

Miguel y yo nos conocimos en 1998, cuando él estaba recién llegado. Desde entonces comenzamos una amistad muy cercana que permanece hasta el día de hoy. Creo que uno de los espacios que más ha fortalecido esa cercanía ha sido Por Su Causa.

Otto Sánchez recuerda que conoció a Miguel Núñez en 1998, poco después de su llegada al país. / Crédito: Captura de pantalla

Por Su Causa es la conferencia que cada año reúne a miles de creyentes en Santo Domingo y en otras ciudades de América Latina. Nació tras varios años de esa cercanía entre pastores, la cual se refleja en un hecho aún más cotidiano: la libertad con la que recomiendan otras congregaciones. Si evangelizan a una persona en cualquier parte de Santo Domingo, fácilmente pueden recomendarle una, dos o tres iglesias cercanas. Núñez explica:

La ciudad no es tan grande; lo que dificulta movilizarse es el tránsito. Pero un domingo, cuando no hay tanto tráfico, puedes estar en la iglesia de Otto —que está del otro lado del río— en 20 minutos como mucho. Pero definitivamente hay un buen número de congregaciones que podemos recomendar. Tienen filosofías o estilos de música diferentes, pero no tendría ningún problema en enviar allí a alguien.

Vale la pena detenerse en ese detalle, porque un pastor que recomienda otras congregaciones está diciendo, en la práctica, que no las considera competencia. Es un gesto poco común y deja ver el nivel de confianza que se ha construido entre estas congregaciones.

Iglesias que no compiten

¿Qué efectos ha tenido todo esto? El primero, según ellos mismos lo cuentan, se percibe dentro de las propias congregaciones. Al preguntarle cómo ha bendecido esta unidad a la Iglesia en Santo Domingo, Michelén afirma:

El no vernos como competencia y que la amistad entre los pastores sea evidente permite que los miembros de nuestra congregación —y me imagino que ocurre lo mismo en las otras iglesias hermanas— tengan una mejor percepción de la Iglesia en su naturaleza local y universal. Nosotros no pertenecemos únicamente a una iglesia local; pertenecemos a la Iglesia universal y tenemos que pensar cómo podemos apoyar a otras congregaciones. 

Hay hermanos que se mudan a lugares más alejados de la IBSJ y nosotros mismos les decimos: “En lugar de manejar todos los domingos para venir hasta aquí, quédate en tal iglesia y apoya ese ministerio”. Nosotros mismos los empujamos para que lo hagan. Creo que eso ha bendecido mucho a la iglesia internamente, pero creo que también a la sociedad.

Sugel Michelén en entrevista con BITE Project. / Crédito: Captura de pantalla

Núñez lo explica así:

Este movimiento ha tenido un impacto. La Iglesia evangélica tiene hoy más reconocimiento y credibilidad como fruto del buen trabajo que están haciendo estas otras congregaciones. Además, se han mantenido alejadas del evangelio de la prosperidad, del movimiento de profetas y apóstoles, y el de pedir dinero para todo. Creo que eso también les ha dado una mayor credibilidad y la gente afuera lo reconoce.

Pero esta relación no se ha quedado dentro de los lugares de reunión. Hay temas en los que estas iglesias han actuado de manera conjunta en la vida pública del país. Michelén no cree que si la Iglesia prospera, necesariamente la sociedad debe experimentar un cambio drástico; tampoco que si eso no ocurre, es culpa de la Iglesia. Sin embargo, piensa que hay asuntos en los que la unidad entre congregaciones ha incidido en la vida pública del país.

Creo que lo que sucedió con la Reforma en el norte de Europa fue muy particular desde el punto de vista histórico, y sería anacrónico trasladarlo directamente a nuestra época. Pero la Iglesia debe tener un impacto social sin predicar un evangelio social. Por ejemplo, República Dominicana es de los pocos países del mundo donde el aborto sigue siendo penalizado en cualquier circunstancia, y creo que la Iglesia cristiana ha desempeñado un papel en eso. Porque yo no soy solamente pastor, también soy ciudadano dominicano. Cuando ha habido vistas públicas [consultas del Congreso a la ciudadanía], nuestros miembros y nosotros hemos participado, pero no hemos ido solos. 

Ver al Quijote de la Mancha luchando contra molinos de viento no tiene el mismo impacto que ver a un bloque de iglesias predicando fielmente el Evangelio. Por supuesto, no me refiero a las sectas falsas. J. C. Ryle decía que debemos levantar paredes doctrinales bien claras. Una iglesia que no las tenga podría sufrir —usando una expresión contemporánea— una especie de síndrome de inmunodeficiencia teológica. Pero esas paredes, decía Ryle, no deben ser tan altas que nos impidan extender la mano a los verdaderos cristianos que están del otro lado, con quienes diferimos en algunos detalles, pero no en el corazón del Evangelio.

Creo que esa convicción es la que ha permitido la unidad de la que hablábamos y, al mismo tiempo, nos ha ayudado a modelarla, porque una cosa es predicarla desde el púlpito y otra es vivirla. Eso ha sido una tremenda bendición.

Ryle enseñaba que la iglesia debe tener límites doctrinales claros, pero sin levantarlos tan alto que impidan tender la mano a otros cristianos que comparten el corazón del Evangelio. / Crédito: Dominio público

“Mantén los muros de separación lo más bajos que sea posible, y estrecha la mano sobre ellos con la mayor frecuencia posible”, dijo Ryle, el pastor inglés del siglo XIX al que Michelén hizo referencia. Con ese criterio se han manejado estas congregaciones: claridad doctrinal sin romper la relación con quienes difieren en los detalles. Ahora bien, ¿qué tan lejos debe llegar esa mano extendida? ¿Alcanza también a los presbiterianos, metodistas y otras denominaciones, o incluso a los pentecostales, con quienes las diferencias son mayores?

Al preguntarle cómo han logrado acercarse a grupos de otras denominaciones, Michelén explicó:

Nosotros no vemos el cristianismo con paredes denominacionales tan fuertes. No tengo problema en participar con personas que tengan una doctrina similar a la mía, aunque no sean bautistas. Por ejemplo, tenemos muy buena relación con hermanos presbiterianos de distintas partes del mundo, como en Colombia.

Con los pentecostales definitivamente tenemos más diferencias, pero no podemos olvidar que somos hermanos en Cristo, y espero que ellos también nos vean de la misma manera.

Hace más de 20 años, enviamos a un pastor amigo a fundar otra congregación aquí en la capital, al otro lado del puente. Este hermano comenzó un espacio de capacitación pastoral que permanece hasta el día de hoy: un sábado al mes se reúnen 150 pastores, la mayoría pentecostales, y nosotros hemos servido allí durante todos estos años. Creo que ellos ven claramente que los amamos de corazón y que tenemos la disposición de aprender de ellos lo que debemos aprender. 

El cristianismo se enriquece cuando reconocemos las cosas excelentes que están haciendo nuestros hermanos del otro lado de la pared y decimos: “Tenemos que aprender de eso”.

Esas reuniones mensuales, que se han mantenido por más de dos décadas, son evidencia de que la unidad de la Iglesia evangélica en Santo Domingo va más allá de los discursos; es una práctica sostenida en el tiempo. Sánchez acota: “Creo que Dios comenzó a hacer algo en nuestro país. Aunque hay iglesias que no tienen el mismo patrimonio teológico que nosotros, sino que pertenecen a otras tradiciones dentro de los linderos ‘evangélicos’, nos relacionamos y hay amistad entre nosotros”.

Las reuniones mensuales, que se han mantenido por más de dos décadas, son evidencia de que la unidad de la Iglesia evangélica en Santo Domingo. / Crédito: BITE (IA)

La Biblia en el centro del púlpito

Detrás de esta relación hay también una convicción compartida sobre cómo debe predicarse. Así como el escudo de República Dominicana lleva una Biblia abierta en el centro, estos pastores sostienen que la Biblia también debe estar abierta en el centro del púlpito, y la forma más efectiva de lograrlo es a través de la predicación expositiva. Al preguntarle qué papel ha desempeñado este método en la comunión que se ha desarrollado entre los pastores en Santo Domingo, Michelén explica:

No podemos olvidar que la Reforma protestante surgió con dos principios: el material, que es la justificación por la fe sola; y el formal, la sola Scriptura. Eso trajo nuevamente a la Iglesia la sana predicación de la Palabra de Dios, sin la cual es imposible que se dé una verdadera reforma. 

Cuando hablamos de “predicación expositiva”, nos referimos a no imponer nuestros pensamientos sobre el texto bíblico, sino a exponer lo que este enseña, teniendo en cuenta su contexto inmediato y el de la historia redentora, es decir, usando unos principios de hermenéutica necesarios para interpretar correctamente las Escrituras.

La reforma no es una denominación, sino un movimiento de retorno al Evangelio: a la doctrina de la justificación solo por gracia, solo por Cristo y por medio de la fe, y un retorno a las Escrituras como nuestra máxima regla autoritativa de fe y práctica. Es tomar una iglesia llena de tradiciones humanas y llevarla nuevamente al diseño original de Dios. Entonces, ¿cómo puede llevarse esto a cabo si no tenemos la Biblia reinando en el púlpito?

Así que puedes predicar textualmente, pero tiene que ser de manera expositiva; de lo contrario, ya no sería predicación. También puedes hacerlo temáticamente, pero debe ser de manera expositiva, porque debes asegurarte de que todos los textos que estás utilizando para sustentar una doctrina realmente hablen de ese tema en su contexto. Por ejemplo, si estás hablando de la disciplina eclesiástica, los pasajes que utilices deben referirse a esa doctrina en su contexto; nuevamente estás exponiendo.

Pero Dios no nos dio un libro organizado por temas, sino escrito dentro de una historia de redención. Luego, el Nuevo Testamento nos explica teológicamente lo que sucedió en la historia de Cristo narrada en los cuatro Evangelios. Entonces, ¿qué hace la predicación expositiva? Expone la Biblia como fue escrita, porque cuando predico por temas, puedo manipular textos para que digan lo que no dicen e imponer más fácilmente mi opinión. Pero cuando enseño un libro de la Biblia versículo a versículo y en su contexto, es más difícil torcer el significado del texto.

En América Latina, una verdadera reforma solamente llegará cuando la Palabra de Dios reine en el púlpito; no mis opiniones, sino lo que Dios dice en Su Palabra.

La reforma no es una denominación, sino un movimiento de retorno al Evangelio. /Crédito: Ferdinand Pauwels

Núñez coincide:

No digo que no puedas predicar un sermón temático, pero al final ese sermón debe volverse expositivo. Si me pides hablar de un tema, tengo que anclarlo en uno o varios pasajes de la Biblia y exponerlo de acuerdo con lo que esos textos dicen. El problema de la predicación temática es que, con frecuencia, alguien ya tiene un tema y sus propias ideas acerca de él, y va a pescar los pasajes de la Biblia que, fuera de contexto, apoyen lo que quiere decir. Eso no es predicación expositiva, sino temática personal, porque estoy tratando de respaldar mis propias ideas. 

La predicación expositiva, en su mejor expresión, es tomar un libro de la Biblia —Romanos, uno de los Evangelios, Salmos o cualquier otro— y enseñarlo en serie, de manera que las personas puedan ver el hilo conductor a lo largo de todo el libro y que el tema del sermón sea el tema del pasaje. Es decir, que el pasaje gobierne al predicador.

Creo que eso ha ido creciendo poco a poco y la gente ha ido viendo sus beneficios. Pero pienso que este movimiento debe avanzar hacia aquello que caracterizó a la Reforma protestante, que podría resumirse en tres puntos: Dios como centro de la historia, Cristo como centro de la predicación y la Biblia como centro de la vida de la Iglesia. Finalmente, el grito de batalla fue la sola Scriptura. Aunque la causa instrumental de la Reforma fue la doctrina de la justificación por la fe, la causa material —lo que le dio forma a todo el movimiento— fue sola Scriptura. De allí se desprende la doctrina de la justificación por la fe.

​Sola Scriptura en Latinoamérica terminaría con los falsos apóstoles, los falsos profetas y expresiones como: “Así dice el Señor…”, “tuve un sueño” o “tuve una visión”; todo aquello que no proviene de la Biblia. La única manera de erradicar eso es que el pueblo de Dios crea en sola Scriptura: que sea lo que se predique y se publique. No sé si llegaremos hasta ahí, porque siempre habrá un elemento de oposición, pero mientras más crezca ese movimiento, mejor estaremos.

Dios como el centro de la historia, Cristo como el centro de la predicación y la Biblia como el centro de la vida de la Iglesia. Así resume el pastor Núñez lo que este movimiento busca. En un país que lleva una Biblia abierta en su escudo, la conexión resulta, por lo menos, sugerente.

Miguel Núñez en entrevista con BITE Project. / Crédito: Captura de pantalla

“Comiencen con ser amigos”

Queda entonces una pregunta que nos interesa a quienes estamos más allá de esta isla. En muchas ciudades de América Latina hay pastores que quisieran construir relaciones similares en sus propios contextos para impulsar juntos movimientos como el que se ha desarrollado aquí. Seguramente, esto tardará generaciones en algunos lugares, pero ¿por dónde deben empezar? ¿Qué consejo darles a quienes observan esta experiencia y quieren tenerla?

Núñez responde:

Creo que, por un lado, tiene que haber un convencimiento de que la unidad del Cuerpo de Cristo es esencial, no simplemente “deseable”. Es cardinal; es columna vertebral.

En el aposento alto, a pocas horas de Su muerte, Cristo le dio tanta importancia a la unidad del Cuerpo que oró tres veces por ella, incluyéndonos a quienes íbamos a creer en Él. O sea, Él oró por la IBI y por los creyentes de diferentes iglesias. Además, Pablo le escribió a la iglesia de Éfeso que se esforzaran por conservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, eso no ocurre naturalmente.

¿En qué consiste ese esfuerzo? Por un lado, tengo que orar; la gente debe creer que Dios escucha las oraciones. Pero, al mismo tiempo, debo cultivar la mansedumbre y la humildad. Es imposible unirse con el espíritu de orgullo que vemos tantas veces aun en círculos reformados. Duele decirlo. Si vamos a estar juntos por el Evangelio, tenemos que estar juntos por el Evangelio; no podemos dividirnos por él. Eso requiere humildad y mansedumbre.

¿Qué implica esto? Primero, que no voy a ver a los demás como una amenaza. Segundo, que nunca voy a presentarme como si supiera más que otros. Tercero, que debo creer que puedo aprender de quienes me rodean. Y cuarto, que siempre hay cosas que aprender, cosas que desaprender y cosas que podría hacer mejor. Tener cerca a otros, me permite verlos y ser instruido. Cristo quiere esta unidad, pero yo tengo que ir a buscarla.

Núñez recuerda una idea sobre la amistad cristiana que terminó aplicando personalmente cuando regresó al país:

Hace mucho tiempo leí un libro acerca de la amistad cristiana. Decía que, si quieres tener un amigo, tienes que comenzar siendo un amigo. Cuando comencé la iglesia, yo no tenía amigos. Había estado quince años fuera y nadie me conocía. Así que decidí ir y ser un amigo, buscar amigos, pero comencé siendo uno.

Miguel Núñez recuerda que, al comenzar la iglesia, no tenía amigos. Decidió entonces buscar amistades y empezar por ser él mismo un amigo. / Crédito: Captura de pantalla

Michelén coincide en que esa relación entre pastores no puede atribuirse a una estrategia particular:

A veces me preguntan por qué es evidente que aquí no estamos peleando ni pisándonos los pies, sino tratando de servirnos mutuamente.

Le doy gracias al Señor por esa obra de la gracia, porque no depende de nadie. Creo que quien se atribuya el crédito estaría actuando como Nabucodonosor: “Mira la Babilonia que yo edifiqué”. Nadie merece ese crédito, solamente el Señor. Pero me preguntan a veces: “¿Cómo lograron eso?”, y yo les digo: “No comiencen con una asociación; comiencen con ser amigos”.

Llámense y pregunten: “¿Qué necesidad tienes? ¿Cómo podemos orar por ti desde nuestra iglesia? Si estás haciendo una conferencia, ¿cómo podemos apoyarte?”. Nosotros incluso llegamos a hacer un cronograma de eventos para no pisarnos los pies. Si tú vas a hacer un evento en determinada fecha, yo hago el mío en otra para poder apoyar el tuyo. No estamos compitiendo porque trabajamos para el mismo Señor y para el mismo reino.

El consejo de ambos apunta en la misma dirección: antes que estructuras y organizaciones, buscan relaciones personales. 

Núñez y Michelén destacan que las relaciones personales están antes que las estructuras y organizaciones. / Crédito: Lightstock

¿Una nueva Reforma para América Latina?

Cuando Cristóbal Colón llegó a América, la isla donde hoy se encuentra la República Dominicana, se convirtió en la primera base de operaciones para la expansión española. Desde allí también se administró la fe de todo el continente en los inicios de la colonia, así que la pregunta casi obligada es: ¿lo que actualmente está ocurriendo en Santo Domingo podría ser el comienzo de una “nueva Reforma” para América Latina, o resulta demasiado rimbombante? Sánchez responde:

Creo que es exagerado. Lo que pasa es que la gente tiende a idealizar, y de lejos aún más. Sí, ha habido un énfasis en la doctrina reformada, pero no creo que sea exclusivo de República Dominicana. Por ejemplo, cuando voy a Colombia, veo lo que Dios está haciendo allá, y es formidable. Ni hablar del movimiento hispano dentro de Estados Unidos. En sitios remotos donde he tenido la oportunidad de estar en distintas partes de Europa, tenemos presencia hispana con un deseo enorme por la Palabra de Dios. Entonces, si bien es cierto que aquí hay un énfasis visible, no es exclusivo. 

Además, si en algún momento llego a enorgullecerme y digo: “Aquí en República Dominicana el Señor está haciendo grandes cosas”, el Señor me va a reprender y me va a recordar que todavía hay 7000 que no han doblado sus rodillas delante de Baal. 

Dios está haciendo grandes cosas en distintos lugares, aun sin que nos demos cuenta. No es algo exclusivo de este país. Si un árbol se sembró primero, va a florecer primero, pero eso no significa necesariamente que sea mejor que otro; quizá la longevidad y el tiempo han ayudado. Pero, cuando miras el campo, no solo hay muchos árboles sembrados, sino también muchos frutos en todo el mundo hispano.

Hace muchos años estaba predicando en una ciudad de Georgia y un hombre estadounidense se acercó a saludarme. Me dijo: “Mis abuelos fueron fundadores de esta iglesia”. Comenzamos a conversar y le pregunté cuándo se había convertido. Él ni siquiera entendió la pregunta. Me respondió: “Soy bautista porque mis padres eran bautistas y mis abuelos también. Vengo los domingos, pero no practico lo que dice la Biblia. Soy así por tradición; esta es la iglesia de mis ancestros y tengo que mantener esa tradición”.

Quizá aquí no sea tan marcado algo así, pero más de 100 años son suficientes para que exista una cultura y una tradición evangélicas. Entonces, quizás no estén solamente quienes se han convertido al cristianismo, sino también quienes son culturalmente evangélicos. Podemos estar creciendo más, pero teniendo menos impacto. Crecemos en influencia política y en las redes sociales, pero ¿cómo están los matrimonios cristianos? ¿Cómo está nuestro testimonio en las distintas áreas en las que nos desenvolvemos? Quizá estamos confundiendo cultura evangélica con conversión cristiana, y eso me preocupa. Por eso no podemos perder de vista la Gran Comisión: predicar el Evangelio, pero también discipular.

Colón desembarcó en la isla que hoy es República Dominicana, desde donde se administró la fe de todo el continente en los inicios de la colonia. / Credito: Dióscoro Puebla

En un artículo anterior dijimos que uno de cada cuatro dominicanos se declara evangélico, pero la observación del pastor Sánchez matiza ese dato. Con esa realidad en mente, se hace necesario que, después de más de un siglo de presencia evangélica, se distinga entre lo que corresponde a una cultura heredada y a una convicción personal. Los pastores entrevistados reconocen que este es uno de los retos que enfrentan.

Los desafíos de una Iglesia que crece

Después de años de viajar por Latinoamérica, estos líderes tienen un diagnóstico del continente que combina señales alentadoras con preocupaciones concretas. Al respecto, Michelén dice:

El Señor, en Su gracia y misericordia, nos ha permitido viajar por casi toda América Latina, desde Brasil hasta México. Eso nos ha permitido tener una visión bastante amplia de la salud del Evangelio. Hay cosas que nos animan mucho.

Vemos una enorme difusión de las doctrinas de la gracia y de una soteriología sana. Sin embargo, eso no siempre va acompañado de una eclesiología sana y creo que una cosa no se sostiene en el tiempo sin la otra. Pero Cristo vino a establecer una Iglesia; Él dijo que la edificaría. No se refería a un movimiento u otro. Él vino a edificar iglesias locales, que son embajadas del reino de la Iglesia universal. Pero si no hacemos énfasis en iglesias locales sanas, creo que estamos poniendo el caballo detrás de la carreta. 

En ese sentido, todavía veo en América Latina mucha eclesiología no sana y una predicación débil; eso no permite que la Biblia reine en el púlpito y en la iglesia, lo cual contribuye al analfabetismo bíblico. Es evidente cuando hermanos dicen: “No leo la Biblia todos los días” o “Nunca la he leído completa”, incluso después de 20 o 30 años en la fe.

Por ejemplo, la doctrina de la Trinidad está siendo fuertemente atacada en América Latina, y digo esto con conocimiento de causa. Tengo la convicción de que una persona que niega la Trinidad no es cristiana. Eso es una herejía que la Iglesia combatió desde los primeros siglos del cristianismo, particularmente en el siglo IV. ¿Por qué ocurre esto? Porque hay un desconocimiento de la historia, del cristianismo bíblico, de los grandes concilios en los que se definieron estas doctrinas y de los credos históricos.

En ese sentido, tenemos que seguir trabajando y recordándoles a los creyentes en América Latina que el cristianismo no comenzó ayer. Tenemos 21 siglos de historia y el Espíritu Santo ha estado obrando, definiendo la teología. No vamos a reinventar la rueda.

América Latina muestra avances en la sana doctrina, pero aún necesita iglesias locales saludables, predicación bíblica sólida y mayor conocimiento de la fe cristiana. / Foto: Unsplash

Miguel Núñez identifica otros obstáculos que, desde su perspectiva, afectan a la Iglesia latinoamericana:

En primer lugar, Latinoamérica está muy acostumbrada a un modelo social caudillista, de presidentes autoritarios. Eso se copió dentro de la Iglesia, lo cual hace que, para muchas personas, la verdad termine siendo lo que dice un pastor autoritario, no necesariamente lo que dice la Biblia.

Creo que la gente debe crecer en una convicción: lo que los pastores decimos es verdad siempre y cuando pueda ser avalado o arraigado en la Palabra. Pero muchas veces los mismos pastores no quieren decir eso porque se sienten amenazados. Tenemos que atrevernos a decírselo a la iglesia: si yo digo algo, es verdad porque la Biblia lo dice, no simplemente porque yo lo digo.

En segundo lugar, nosotros venimos de un trasfondo animista, a diferencia del racionalismo que se dio en Europa y Estados Unidos, cuyo dios era la razón. Por eso, el movimiento de la alta crítica tomó fuerza, se cuestionó la Biblia e incluso mucho de lo que Cristo dijo. Para ellos, si la razón no lo entiende, no lo quiere por fe. 

En cambio, Latinoamérica tiene otra historia. El animismo es el mundo de los espíritus y cada cosa tiene un espíritu. Los espíritus hablan, dan sueños o los interpretan, dan visiones, la gente se comunica con los muertos. Entonces quienes vienen de ese contexto y se convierten, quieren cristianizar esas costumbres. Ya no se habla de espíritus, sino de una visitación de Dios: “Dios me dijo”, “un ángel se me apareció”, “tuve un sueño” o “alguien me interpretó una visión”.

Eso representa un gran obstáculo, porque Latinoamérica quizá no tiene problema para aceptar que la Biblia es inspirada, pero sí para aceptar la suficiencia de las Escrituras. Porque, si nos dejamos llevar de estas nuevas revelaciones, tendríamos que hacer una nueva revisión de la Biblia cada año.

En tercer lugar, necesitamos un púlpito mejor informado (con predicación expositiva) y que también le enseñe a las ovejas a escuchar expositivamente; que cuando oigan algo raro, puedan decir: “Eso no está en ese texto; lo sacaron de otro lado”.

Esos son algunos de los problemas que estos pastores identifican en la región. La respuesta que proponen no se dará por medio de grandes eventos, sino por el trabajo lento y sostenido de las iglesias locales.

Necesitamos púlpitos mejor informados, con predicación expositiva, y creyentes que aprendan a escuchar expositivamente. / Foto: Lightstock

Pastores fieles, no celebridades

Sugel Michelén lleva esa preocupación hacia una pregunta sobre el futuro:

Hay personas a las que les encantan las estadísticas. Si el nivel de conversiones se mantiene como ha venido ocurriendo durante las últimas décadas, los expertos calculan que en los próximos 25 años podría haber unos 52 millones de nuevos creyentes en América Latina. Dios es soberano. Tal vez sean 100 millones o tal vez diez. No lo sabemos; estamos hablando de proyecciones. Pero la pregunta es: ¿quién va a pastorear a esos 52 millones de personas?

A los jóvenes que están abrazando hoy una soteriología más sana —y los menciono a ellos particularmente porque son quienes más se exponen a Internet y a las redes sociales—, les digo: “No desprecien la iglesia local, porque ella es la Esposa del Cordero. Él vino a fundarlas y no son pastoreadas por hombres famosos ni por celebridades, sino por pastores fieles”.

¿Qué se requiere de los administradores de los misterios de Dios? Dice 1 Corintios 4:2 que sean hallados fieles, no populares. Necesitamos iglesias locales con pastores que estén haciendo la obra, que pastoreen el rebaño y que no tengan en alta estima su propia opinión, sino la Palabra de Dios y el Evangelio de Jesucristo. Cuando uno viaja por América Latina se encuentra con pastores que están por ahí y nadie los conoce. A veces le digo a mi esposa: “Otro pastor fiel y desconocido que el Señor nos ha dado la bendición de conocer”. Son preciosos hermanos en Cristo que están haciendo la obra y muy poca gente lo sabe, pero el Señor sí lo sabe. Ellos son la esperanza del Evangelio en América Latina.

En todo caso, la unidad de los pastores dominicanos no existe para contemplarse a sí misma. Afuera hay una ciudad de millones de personas, con sectores donde la presencia de iglesias sanas todavía es escasa y con retos sociales que exceden lo que cualquier congregación puede hacer por separado.

Aun así, esta historia se fue armando con piezas que nadie habría escogido: una división que terminó en un proceso de perdón, un huracán que forzó la colaboración y un desayuno que se volvió costumbre. Los propios protagonistas insisten en que nadie la diseñó y en que ninguno puede atribuirse el resultado. Y, aunque sus nombres son conocidos en el cristianismo Latinoamericano, ven que son varios los pastores fieles que también hacen su trabajo lejos de las cámaras.

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En Cristo,

Giovanny Gómez
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Autor

David Riaño

Editor general de BITE Project

Es pastor de la Iglesia Familia Fiel en Cajicá. Es Licenciado en Filología Inglesa y Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Está casado con Laura y es padre de Catalina.

Autor

Giovanny Gómez Pérez

Cofundador y director de BITE

Director de proyectos en Flyax, una agencia de marketing de contenidos. También es teólogo y miembro de la Iglesia Bautista Renacer, en Bogotá, Colombia. Casado con Pilar y padre de Sarah.

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