Lucy Hutchinson: la mujer que escribió un tratado teológico en el siglo XVII… para su hija

Con amor, fe y perseverancia, esta madre puritana moldeó el legado espiritual familiar de su hija y sus nietas. Por medio de un tratado teológico que ella misma se encargó de escribir dejó una herencia espiritual incluso para otras generaciones.

Imagen: BITE

Cuando comencé mis estudios de doctorado sobre los puritanos, recibí todo tipo de preguntas extrañas y, a veces, inquietantes sobre mi investigación. Una de las más sorprendentes provino de un extraño que, al conocer el enfoque de mi doctorado, preguntó: “¿Tenemos alguna historia de niños criados por puritanos que crecieron y abandonaron la fe debido al maltrato de sus padres?”. La pregunta surgió de la nada; apenas pude pensar en qué decir. En mi asombro, solté que no conocía ninguna historia así.

Más tarde esa noche, me di cuenta de por qué la pregunta me había impactado. No solo nunca había escuchado una historia así, sino que había oído muchas que mostraban lo contrario: historias de hombres jóvenes criados por padres puritanos que luego se convirtieron ellos mismos en puritanos, como Matthew Henry, hijo del clérigo puritano Philip Henry. Pronto descubriría también que los puritanos hablaban explícitamente en contra del abuso en el hogar, instruyendo a los padres, en cambio, a cuidar y transmitir la fe a sus familias.

 Matthew Henry / Imagen: Dominio público

De hecho, a menudo se recuerda a los puritanos por su devoción a la vida familiar. Sin embargo, lo que no solemos escuchar es sobre las mujeres puritanas: las fieles madres, abuelas, tías, hermanas e hijas que llevaron gran parte de la carga. Cuando comencé a estudiar a las mujeres puritanas, sus historias me entusiasmaron: una hija que evangelizaba a su padre incrédulo, una tía que catequizaba a sus sobrinas y las guiaba a través de los desafíos de la vida, una abuela que criaba a su nieta tras una tragedia familiar. Estos son solo algunos de los asombrosos testimonios que se han conservado para nosotros de la historia de la Iglesia.

Pero, para mí, la historia más fascinante de una mujer puritana que transmitió la fe proviene de la vida de Lucy Hutchinson (1620–1681). Madre de ocho hijos que escribió obras de poesía, historia y teología, Hutchinson redactó el único tratado teológico conocido escrito por una mujer en el siglo XVII. ¿Su propósito? Transmitir la fe a su hija Bárbara, quien pronto se mudaría para comenzar su vida como una adulta independiente.

Cuando el amor y el deber se encuentran

El hecho de que Hutchinson escribiera todo un libro de teología resulta menos sorprendente cuando consideramos su crianza: detestaba coser y jugar con amigos de su edad, amaba leer y escuchar a los adultos de la casa, asistía a sermones con su madre, superaba a su hermano en latín y, finalmente, se casó con un hombre que tenía intereses intelectuales similares.

Aun así, ¿por qué se tomaría Hutchinson la molestia de escribir un libro entero para su hija? En una carta a Bárbara, que adjuntó al tratado, Hutchinson se explicó. Aunque simplemente podría haberle comprado a Bárbara un catecismo breve y económico escrito por teólogos formados profesionalmente (como aquellos que influyeron en sus propios escritos), creía que era su deber como madre hacer todo lo posible para estabilizar la fe de su hija, y no podía eludir esa responsabilidad.

Portada de “On the Principles of the Christian Religion, Addressed to Her Daughter”, libro que Lucy Hutchinson escribió para su hija. / Imagen: BITE

Es cierto que Bárbara podría pensar que era algo exagerado. Además, Hutchinson estaba abrumada por grandes desafíos personales durante su proceso de escritura: enfermedades, distracciones, falta de apoyo externo y confianza en sí misma, y las secuelas de la muerte de su esposo (que la dejó con el corazón roto, deudas por pagar e hijos que cuidar sola). Pero sintió que debía continuar, sin importar cuán lento y doloroso pudiera ser el proceso. En general, lo que motivó a Hutchinson, además de su amor maternal y su sentido del deber, fue Su propio compromiso con Dios y con Su pueblo.

Madres llenas de fe enseñan fielmente

Como muestra el tratado de Hutchinson, ella estaba convencida por las Escrituras de que el propósito de la vida era amar a Dios, lo que a su vez conducía a amar a Su pueblo. Así que le enseñó a Bárbara que cumplimos el mandamiento más importante o “la ley” a través del “amor” (Mr 12:29-30; Ro 13:10) y que Dios nos llama a “estimularnos unos a otros al amor” (Heb 10:24) y a permanecer “en la luz” (1 Jn 2:10) a través del amor.

A la luz de estos pasajes, instó a Bárbara a participar de la fe y el amor de la Iglesia universal uniéndose a una iglesia local para adorar a Dios con otros creyentes, servirse unos a otros y cuidar a los necesitados. De hecho, su libro es una gran explicación de la fe en Dios, de Su obra en la creación, la salvación y la santificación, y de cómo vivimos en relación con Él y con la humanidad.

Lamentablemente, no sabemos qué fue de Bárbara después de que Hutchinson la despidiera con este libro especial; el único registro que tenemos es de las dificultades financieras que enfrentaron sus hijas más adelante en la vida. Pero sí sabemos que, a pesar de las pruebas que ella y su familia enfrentaron, tuvieron acceso a las verdades más importantes a través de la enseñanza que su madre Lucy les había transmitido.

Lucy Hutchinson / Imagen: Chetham’s Library

Transmitir la fe hoy

Después de conocer la destreza intelectual y las grandes ambiciones de Hutchinson, podemos sentirnos tentados a pensar que su ejemplo es demasiado elevado para emularlo. Pero a pesar de sus talentos únicos, su historia tiene muchas lecciones para nosotros hoy, mientras buscamos criar a nuestros hijos, nietos y sobrinos en el Señor Jesús.

1. Enséñate a ti mismo primero

En primer lugar, Hutchinson se fundamentó en las verdades de la Escritura antes y mientras enseñaba a su hija. Cuando instruía a Bárbara, no hablaba como una narradora anónima y sin rostro; hablaba como una cristiana que había pasado su vida estudiando teología, reuniéndose con la iglesia y reflexionando sobre su propio camino de fe.

Su compromiso con el discipulado personal nos enseña que, si queremos hacer algún bien espiritual a quienes dependen de nosotros y a los discípulos en nuestras vidas, primero debemos recibir ese bien espiritual para nosotros mismos. Como dice Pablo: “tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?” (Ro 2:21). 

Si no queremos ser como los fariseos, necesitamos creer y experimentar lo que estamos enseñando a otros. No necesitamos ser perfectos en nuestra fe o buenas obras, pero sí necesitamos pasar tiempo recordándonos (¡incluso enseñándonos!) a nosotros mismos qué creemos y por qué, para luego compartir nuestras experiencias personales de estas verdades con otros a fin de ofrecer una instrucción genuina y efectiva.

Lucy Hutchinson se fundamentó en las verdades de la Escritura antes y mientras enseñaba a su hija. / Imagen: Dominio público

2. Utiliza los mejores recursos

A pesar de toda su aptitud teológica, Hutchinson no era una teóloga profesional. Ni siquiera fue a la universidad debido a las leyes y normas sociales de su época. Aun así, pudo adquirir destreza en teología porque complementó su lectura personal de la Biblia con algunos de los mejores recursos teológicos disponibles para ella, incluyendo los escritos de Juan Calvino, John Owen y los teólogos de Westminster.

Al igual que Hutchinson, todos nosotros podemos convertirnos en buenos discipuladores si tenemos las herramientas adecuadas; no necesitamos estar formados oficialmente ni recibir un pago. Si queremos cumplir con la Gran Comisión de “hacer discípulos” y enseñarles “a guardar todo lo que [Jesús nos ha] mandado” (Mt 28:19-20), todo lo que necesitamos hacer es usar las capacidades que Dios nos ha dado (Ro 12:6) junto con la sabiduría que Dios ha dado a otros.

3. Deja que el sufrimiento fortalezca la resolución

Finalmente, Hutchinson perseveró a través de muchas luchas para enseñar a Bárbara. Quizás imaginamos a los grandes pensadores de la historia cómodamente instalados en el sofá, con un té en la mano y un perro en el regazo, escribiendo su obra maestra. La realidad, sin embargo, es que muchos de estos pensadores, incluida Hutchinson, escribieron en medio de pesadillas reales. 

Sin embargo, tales pruebas no les impidieron transmitir la fe. De hecho, en muchos casos, el sufrimiento tuvo el efecto contrario, creando el entorno emocional adecuado para impulsarlos a comunicar la verdad con intensidad y claridad. Después de perder tanto, Hutchinson seguramente sintió con mayor agudeza su deber de fortalecer la fe de Bárbara. El sufrimiento no la hizo perder la esperanza; más bien, creó perseverancia y carácter mientras transmitía la fe para el futuro de su familia (Ro 5:3-4).

Al igual que Hutchinson, todos nosotros podemos convertirnos en buenos discipuladores si tenemos las herramientas adecuadas. / Imagen: Robert Walker

Puede que este momento parezca el menos indicado para dedicarte a la enseñanza. Tal vez tus hijos son pequeños y apenas puedes terminar el día. Tal vez un familiar está enfermo. Tal vez alguien en tu familia ha perdido su trabajo o te encuentras en medio de una mudanza internacional. Si bien hay momentos para trabajar y momentos para descansar, es importante que la transmisión de la fe dentro de nuestras familias no se deje permanentemente en un segundo plano.

Recordarnos a nosotros mismos la grandeza del amor cristiano y el ejemplo del amor maternal de Hutchinson puede impulsarnos a transmitir la fe incluso cuando nos sentimos abrumados por la vida o no calificados para la tarea. Cualesquiera que sean nuestras circunstancias o aptitudes, Dios puede usarnos para fortalecer la fe de otros, especialmente cuando le pedimos que fortalezca la nuestra.


Este artículo fue traducido y ajustado por David Riaño. El original fue publicado por Jenny-Lyn de Klerk en Desiring God. Allí se encuentran las citas y notas al pie.

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Autor

Jenny-Lyn de Klerk

Jenny-Lyn de Klerk (@puritanjenny) es autora de 5 Puritan Women: Portraits of Faith and Love (5 mujeres puritanas: Retratos de fe y amor, Crossway, 2023) y ha colaborado en el Essential Lexham Dictionary of Church History (Diccionario Lexham esencial de historia de la iglesia, Lexham, 2022). Recibió su doctorado en el Midwestern Baptist Theological Seminary y actualmente trabaja como editora en Crossway.

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