Como rector de Bethlehem College and Seminary, quiero enviar un mensaje diferente a nuestros estudiantes, y a los lectores de Desiring God, del que Jerry Falwell Jr. envió a los estudiantes de Liberty University en un servicio de capilla el 4 de diciembre de 2015.
Por el bien de la seguridad de su campus, y en vista de la actividad terrorista, el presidente Falwell animó a los estudiantes a obtener permisos para portar armas. Tras dar a entender que llevaba un arma en su bolsillo trasero, dijo: “Solo quiero aprovechar esta oportunidad para animarlos a todos a obtener su permiso. Ofrecemos un curso gratuito. Y enseñémosles una lección si alguna vez se aparecen por aquí”. El 9 de diciembre aclaró que la política de Liberty ahora incluye el permiso para portar armas en los dormitorios.
Falwell y yo intercambiamos varios correos electrónicos, y él fue lo suficientemente amable como para hablar conmigo por teléfono para que yo pudiera obtener la mayor claridad posible. Quiero dejar en claro que nuestro desacuerdo es entre hermanos cristianos que pueden expresarse apreciación mutua por sus ministerios.

Mi principal preocupación en este artículo es con la apelación a los estudiantes que los incita a tener la mentalidad de: “Consigamos todos armas y enseñémosles una lección si vienen aquí”. La preocupación es que se forje en los cristianos una disposición a usar la fuerza letal, no como policías o soldados, sino como cristianos comunes y corrientes en relación con adversarios peligrosos.
El asunto no gira principalmente en torno a cuándo o si un cristiano puede usar la fuerza en defensa propia, o en defensa de su familia o amigos. Hay ambigüedades situacionales significativas en la respuesta a esa pregunta. El asunto es sobre todo el tono, enfoque, conducta y actitud del corazón en la vida cristiana. ¿Concuerda con el Nuevo Testamento el incentivar la actitud que dice: “Tengo el poder de matarte en mi bolsillo, así que no te metas conmigo”? Mi respuesta es no.
Aquí hay nueve consideraciones que me llevan a esta conclusión.
1. El apóstol Pablo llamó a los cristianos a no vengarnos por nosotros mismos, sino a dejárselo a la ira de Dios, y en su lugar, devolver bien por mal. Y luego dijo que Dios puso la espada (el arma) en manos de las autoridades gubernamentales para expresar esa ira en la búsqueda de la justicia en este mundo.
El paso de Romanos 12:17-21, que expone la actitud mental del cristiano hacia sus enemigos, a Romanos 13:1-4, que expone los derechos y deberes del gobierno, es crucial. Dios tiene el propósito de revelar Su justicia en la gracia común de la policía y el ejército (Ro 13:1-4). Y Él tiene el propósito de revelar el supremo valor de Su Hijo y de Su salvación en la gracia especial de un pueblo cristiano que tiene el poder milagroso de encomendarse a Su cuidado mientras sufre injustamente.
Nunca paguen a nadie mal por mal. Respeten lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estén en paz con todos los hombres. Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagaré”, dice el Señor. “Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza”. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien (Ro 12:17-21).
Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella, pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme. Porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo (Ro 13:1-4).

Sin duda, hay ambigüedades en la forma en que la misericordia cristiana y la justicia civil se intersectan. Pero ninguna de las dos puede ser absorbida por la otra. Cualquier exaltación o cristianización de la espada que silencie Romanos 12:19-20 ha perdido el camino.
Por ejemplo, cualquier afirmación de que en una democracia los ciudadanos son el gobierno y, por lo tanto, pueden asumir el papel del gobernante que porta la espada en Romanos 13, está elevando una extrapolación política por encima de la revelación bíblica. Cuando Pablo dice: “[El gobernante] no lleva en vano la espada” (Ro 13:4), no quiere decir que los ciudadanos cristianos deban portar espadas para que al enemigo no se le ocurran malas ideas.
2. El apóstol Pedro nos enseña que a menudo los cristianos nos encontraremos en sociedades donde debemos esperar y aceptar el maltrato injusto sin tomar represalias.
Antes de lanzar de vuelta nuestras objeciones y excepciones a esta verdad, hagamos todo lo posible por escuchar, abrazar y ser transformados en nuestros corazones autoprotectores por estos textos de 1 Pedro:
- “Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente” (1 P 2:19).
- “Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios” (1 P 2:20).
- “No devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición” (1 P 3:9).
- “Pero aun si sufren por causa de la justicia, dichosos son” (1 P 3:14).
- “Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios, que por hacer el mal” (1 P 3:17).
- “Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense, para que también en la revelación de Su gloria se regocijen con gran alegría” (1 P 4:13).
- “Si ustedes son insultados por el nombre de Cristo, dichosos son” (1 P 4:14).
- “Pero si alguien sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios” (1 P 4:16).
- “Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien” (1 P 4:19).
- Pocos mensajes son más necesarios entre los cristianos estadounidenses hoy en día que 1 Pedro 4:12: “Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo”. Las pruebas de fuego no son extrañas. Y las pruebas en consideración son hostilidades de parte de no creyentes, como muestra el siguiente versículo: “Antes bien, en la medida en que comparten los padecimientos de Cristo, regocíjense” (1 P 4:13). Estas pruebas son normales. Tal vez esa no sea la experiencia estadounidense, pero es la verdad bíblica.

El propósito de Pedro para los cristianos como “extranjeros y peregrinos” en la tierra no es que pongamos nuestra esperanza en los derechos de autoprotección de la segunda enmienda, sino en la revelación de Jesucristo en gloria (1 P 1:7, 13; 2:11; 4:13; 5:1). Su propósito es que suframos bien y demostremos que nuestro tesoro está en el cielo, no en la autoconservación.
3. Jesús prometió que vendría hostilidad violenta; y todo el tono de Su consejo se centró en cómo manejarla con sufrimiento y testimonio, no con defensa armada.
Pero antes de todas estas cosas, a ustedes les echarán mano, y los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y cárceles, llevándolos ante reyes y gobernadores por causa de Mi nombre. Esto les dará oportunidad de testificar (…). Pero serán entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de ustedes, y serán odiados de todos por causa de Mi nombre. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá. Con su perseverancia ganarán sus almas (Lc 21:12-13, 16-19).
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno (Mt 10:28).
Miren, Yo los envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sean astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. Pero cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas; y hasta serán llevados delante de gobernadores y reyes por Mi causa, como un testimonio a ellos y a los gentiles. (…) El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y les causarán la muerte. Y serán odiados de todos por causa de Mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo (Mt 10:16-18; 21-22).

¿Para qué sirve el momento de peligro mortal? ¿Es para mostrar lo poderosos y preventivos que hemos sido? ¿Es para mostrar nuestra astucia: que tenemos un arma en el bolsillo trasero y podemos enseñarles algo? Esa es una respuesta aprendida de Jason Bourne, no de Jesús ni de la Biblia. Esa respuesta apela a todo lo terrenal que hay en nosotros y no requiere ningún milagro del nuevo nacimiento. Es tan común y tan fácil como comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Jesús dice que el momento de peligro mortal “les dará oportunidad de testificar” (Lc 21:13). Será un momento para dar un paso sin temor hacia el cielo (Mt 10:28). Un momento para perseverar hasta el fin y ser salvos (Mt 10:22).
Si enseñamos a nuestros estudiantes que deben portar armas, y luego los desafiamos: “Enseñémosles una lección si alguna vez se aparecen por aquí”, ¿realmente pensamos que cuando llegue la oportunidad de dar sus vidas, harán lo que Jim Elliot y sus amigos hicieron en Ecuador, y se negarán a disparar sus pistolas a sus asesinos, mientras las lanzas atravesaban sus pechos?
4. Jesús preparó el escenario para una vida de peregrinaje en este mundo, donde testificamos que no es nuestro hogar ni nuestro reino, al renunciar a establecer o avanzar nuestra causa cristiana con la espada.
Jesús le respondió: “Mi reino no es de este mundo. Si Mi reino fuera de este mundo, entonces Mis servidores pelearían para que Yo no fuera entregado a los judíos. Pero ahora Mi reino no es de aquí” (Jn 18:36).
Entonces Jesús le dijo: “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán” (Mt 26:52).

Ciertamente, existen muchas ambigüedades sobre ser exiliados en esta tierra teniendo nuestra ciudadanía en el cielo (Fil 3:20), mientras al mismo tiempo somos llamados a servir en las estructuras de la sociedad (1 P 2:13). Pero ningún libro de la Biblia lucha con esto más directamente que 1 Pedro, y el impulso abrumador de ese libro es este: mientras sufres con paciencia e incluso con gozo por tu fe, haz tanto bien que la gente te pida razón de la esperanza que hay en ti (1 P 3:15).
Creo que puedo decir con total confianza que la identificación de la seguridad cristiana con armas ocultas no hará que nadie pida razón de la esperanza que hay en nosotros. Sabrán perfectamente bien dónde está nuestra esperanza: en nuestro bolsillo.
5. Jesús enfatiza que la forma dominante (no la única) en que los cristianos mostraremos el supremo valor de nuestro tesoro en el cielo es al estar tan libres del amor a este mundo y tan satisfechos con la esperanza de la gloria, que seamos capaces de amar a nuestros enemigos y no devolver mal por mal, aun cuando esperamos ser maltratados en este mundo.
Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero Yo les digo: “no resistan al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mt 5:38-39).
Pero Yo les digo: “amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos”; porque Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (Mt 5:44-45).
Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes (Mt 5:11-12).

El punto de Mateo 5:11-12 es que los cristianos somos libres para regocijarnos en la persecución, porque nuestros corazones han sido tan cambiados que estamos más satisfechos en la esperanza del cielo que en la esperanza de la autodefensa. Esta es la raíz de volver la otra mejilla y amar al enemigo. Porque Tu misericordia es mejor que la vida (Sal 63:3). O como lo expresó Pablo:
Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo (Fil 3:7-8).
Jesús enfatizó que la forma en que Sus discípulos demuestran con mayor fuerza el supremo valor de conocerlo a Él es “dejando bienes y parientes, y también esta vida mortal”, llamándolo “ganancia” (Fil 1:21).
6. La Iglesia primitiva, tal como la vemos en Hechos, esperaba y soportaba la persecución sin resistencia armada, sino más bien con sufrimiento gozoso, oración y la Palabra de Dios.
“Ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que Tus siervos hablen Tu Palabra con toda confianza, mientras extiendes Tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de Tu santo Siervo Jesús”. Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la Palabra de Dios con valor (Hch 4:29-31).
Ellos aceptaron su consejo, y después de llamar a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran más en el nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles, pues, salieron de la presencia del Concilio, regocijándose de que hubieran sido considerados dignos de sufrir afrenta por Su Nombre (Hch 5:40-41).
Y Saulo estaba de completo acuerdo con ellos en su muerte. En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. Algunos hombres piadosos sepultaron a Esteban y lloraron a gran voz por él. Pero Saulo hacía estragos en la Iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel (Hch 8:1-3; ver Hch 9:1-2; 12:1-5).

En todos los peligros que Pablo enfrentó en el libro de Hechos, no hay ni un indicio de que alguna vez haya planeado portar o usar un arma para defenderse de sus adversarios. Estaba dispuesto a apelar a las autoridades en Filipos (Hch 16:37) y en Jerusalén (Hch 22:25). Pero nunca usó un arma para defenderse de la persecución.
7. Cuando Jesús dijo a los apóstoles que compraran una espada, no les estaba diciendo que la usaran para escapar de aquello mismo que prometió que debían soportar hasta la muerte.
Y Él les dijo a todos: “Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿acaso les faltó algo?”. “No, nada”, contestaron ellos. Entonces les dijo: “Pero ahora, el que tenga una bolsa, que la lleve consigo, de la misma manera también una alforja, y el que no tenga espada, venda su manto y compre una. Porque les digo que es necesario que en Mí se cumpla esto que está escrito: ‘Y con los transgresores fue contado’; pues ciertamente, lo que se refiere a Mí, tiene su cumplimiento”. Y ellos dijeron: “Señor, aquí hay dos espadas”. “Es suficiente”, les respondió (Lc 22:35-38).
No creo que Jesús haya querido decir en el versículo 36 que Sus discípulos debían ser de allí en adelante un grupo armado de predicadores listos para usar la violencia para defenderse de la persecución. Jerry Falwell Jr. dijo en sus declaraciones aclaratorias el 9 de diciembre: “Simplemente me resulta increíble que alguien esté en contra de lo que Jesús les dijo a Sus discípulos en Lucas 22:36. Les dijo que, si tenían que vender su abrigo para comprar una espada, lo hicieran porque sabía que se acercaba el peligro y quería que se defendieran”.
Si esa es la interpretación correcta de este texto, mi pregunta es: “¿Por qué ninguno de Sus discípulos en el Nuevo Testamento hizo eso nunca, ni lo recomendó?”. La respuesta probable es que Jesús no pretendía que pensaran en términos de defensa armada durante el resto de su ministerio. Las bruscas palabras de Jesús al final del párrafo, cuando los discípulos mostraron dos espadas, no fueron: “Bueno, necesitan conseguir nueve más”. Él dijo: “¡Es suficiente!” o “¡Con eso basta!”. Esto bien puede significar que los discípulos le dieron un significado literal erróneo a una intención figurada. Darrell Bock concluye:
Dos eventos sirven de comentario sobre este versículo [36]: la reprensión de Jesús al uso de la espada contra el siervo del sumo sacerdote (22:49-51) y la respuesta no violenta de la Iglesia ante la persecución en el libro de Hechos (4:25-31; 8:1-3; 9:1-2; 12:1-5). De hecho, Hechos 4:25-31 muestra a la Iglesia armada únicamente con la oración y la fe en Dios. Lucas 22:36 ve la espada solo como un símbolo de preparación ante la presión, ya que la reprensión de Jesús a una interpretación literal (22:38) demuestra que se pretende un símbolo. Apunta a la preparación y a la autosuficiencia, no a la venganza.

Lo que me parece evidente es que la incertidumbre de este texto (la cual comparto) no debería usarse para silenciar los otros que he citado.
8. Un instinto natural es reducir este asunto a la pregunta: “¿Puedo dispararle al agresor de mi esposa?”.
Mi respuesta consta de siete partes.
1. Este instinto es comprensible. Pero me parece que el Nuevo Testamento se resiste a este tipo de reducción ética y no satisface nuestra exigencia de un sí o un no a esa pregunta. No nos gusta este tipo de ambigüedad, pero no puedo evadirla. Existe, como he intentado mostrar, un impulso persuasivo en el Nuevo Testamento que nos impulsa a bendecir y hacer el bien a quienes nos odian, maldicen y maltratan (Lc 6:27-28). Y no hay un trato directo con la situación de usar fuerza letal para salvar a la familia y amigos, excepto en lo que respecta a la policía y al ejército. Esto es notable cuando se piensa en ello, ya que no puedo evitar pensar que esta situación precisa se presentó, dado que leemos que Saulo arrastraba a hombres y mujeres encadenados a Jerusalén (Hch 9:1-2).
2. Nuestro objetivo principal en la vida es demostrar que Cristo es más precioso que la vida misma. Por eso, al enfrentarme a esta amenaza hacia mi esposa, mi hija o mi amigo, mi corazón debería inclinarse a hacer el bien de una manera que logre este gran objetivo. Hay cientos de variables en cada crisis que podrían afectar cómo sucede eso.
3. Jesús murió para evitar que ese agresor pecara contra mi familia. Es decir, la estrategia personal de Jesús para vencer el crimen fue superar las inclinaciones pecaminosas dando Su vida para pagar deudas y transformar corazones. No es algo menor que Pedro haya basado el sufrimiento sin represalias ante el trato injusto en la obra expiatoria de Cristo como ejemplar: “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos” (1 P 2:21).
4. Me doy cuenta de que incluso llamar a la policía al ser amenazado (lo cual, en general, parece correcto hacer a la luz de Romanos 13:1-4) puede provenir de un corazón desalineado con la mente de Cristo. Si el corazón de uno está controlado principalmente por el temor, la ira o la venganza, esa disposición pecaminosa puede expresarse tanto al usar a la policía como al tomar las armas uno mismo.
5. Vivo en el centro urbano de Minneapolis y, personalmente, le aconsejaría a un cristiano no tener un arma de fuego disponible para tales circunstancias.
6. No sé qué haría antes de que esta situación se presente con todas sus innumerables variaciones de factores. Y sería muy lento en condenar a una persona que eligiera de manera diferente a mí.
7. Volviendo al primer punto, me parece que el Nuevo Testamento no pretende dejarnos esto en claro. Su objetivo es un corazón radicalmente transformado que vive con su tesoro en otro mundo, anhela mostrar que Jesús es más satisfactorio que la vida misma, confía en la ayuda de Dios en cada situación y desea la salvación de nuestros enemigos.

9. Aunque el Señor ordena que usemos medios ordinarios para proveer para la vida (trabajar para ganar dinero; plantar y cosechar; tomar alimento, bebida, sueño y medicina; ahorrar para necesidades futuras; dotar a los gobiernos de fuerzas policiales y militares para la sociedad), sin embargo, el llamado único de la Iglesia es vivir en tal dependencia de la protección celestial y de la recompensa celestial que el mundo pregunte por nuestra esperanza (1 P 3:15), no por la ingeniosidad de nuestras defensas armadas.
Dios es nuestro refugio y fortaleza (Sal 46:1).
Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Fil 4:19).
Y serán odiados de todos por causa de Mi nombre. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá (Lc 21:17-18).
Una vez más, permíteme decir que Dios ordena el uso de la espada por parte del Estado para mantener la justicia (1 P 2:13-17; Ro 13:1-4). Por lo tanto, este artículo no es un documento de posición sobre la política gubernamental con respecto a ISIS. Tampoco se trata de las políticas sobre cómo se debe reclutar a la policía para proteger instituciones privadas.
Este artículo trata sobre las personas a quienes la Biblia llama “extranjeros y exiliados” en la tierra; a saber, los cristianos. Se trata del hecho de que nuestras armas no son carnales, sino espirituales (2 Co 10:4). Es un argumento de que el enfoque y el impulso abrumador del Nuevo Testamento es que los cristianos son enviados al mundo —religioso y no religioso— “como corderos en medio de lobos” (Lc 10:3). Y que exhortar a los corderos a portar armas ocultas con las cuales disparar a los lobos no promueve la causa contracultural, de abnegación y salvación de almas de Cristo.
Este artículo fue traducido y ajustado por David Riaño. El original fue publicado por John Piper en Desiring God.
