¿Por qué la oposición cristiana al Orgullo Gay es distinta de la crítica política común?

Durante el mes del Orgullo Gay, la oposición evangélica suele malinterpretarse como mero activismo político. No obstante, existe una motivación teológica y contracultural basada en la obra de Jesús que trasciende el rechazo común a la sodomía.

Imagen: Desiring God y BITE

No estoy interesado en hacer frente común con los no cristianos en mi desaprobación de la celebración de los deseos o actos homosexuales. La razón es que la desaprobación verdaderamente cristiana del pecado está arraigada, se sostiene y apunta a realidades espectaculares por las que los no cristianos no tienen gusto.

La desaprobación claramente cristiana del pecado está arraigada en la sangre de Jesucristo que cubre el pecado, se sostiene por la obra sobrenaturalmente transformadora del Espíritu Santo, y apunta a la gloria de Dios en el gozo que exalta a Cristo de tantos pecadores transformados como sea posible. La capacidad de experimentar una desaprobación claramente cristiana del pecado es un milagro de Dios.

El mundo no cristiano puede sentir desaprobación por muchas cosas, pero no puede sentir una desaprobación comprada por sangre, empoderada por el Espíritu y que honre a Dios. Eso es un regalo de la gracia a través de la fe en Cristo. Es absolutamente única entre 1000 formas mundanas de desaprobar.

La desaprobación claramente cristiana del pecado está arraigada en la sangre de Jesucristo que cubre el pecado. / Foto: Envato Elements

Desaprobación transformada

Cuando una persona se convierte en cristiana, experimenta una transformación no solo de lo que desaprueba, sino de cómo lo desaprueba. No hay nada peculiarmente cristiano en la mera desaprobación de cualquier comportamiento humano. Por lo tanto, la desaprobación de los comportamientos pecaminosos no es evidencia de la gracia salvadora. Convertirse en cristiano es mucho más profundo que cambiar lo que desaprobamos.

Convertirse en cristiano es un milagro, a veces llamado el “nuevo nacimiento”. Implica depositar nuestra confianza en la muerte de Jesús para cubrir nuestros pecados, depender del Espíritu Santo para que nos ayude a caminar en un amor como el de Cristo y someter todo nuestro comportamiento a la gloria de Dios. Solo entonces un ser humano será capaz de las imposibilidades naturales que implica una desaprobación peculiarmente cristiana.

Todo esto lo he descubierto en la Biblia. No se encuentra en ningún otro lugar. He visto, al igual que millones de personas, que estas realidades espectaculares —la cruz de Cristo, el regalo del Espíritu y la magnificencia de la gloria de Dios— se fusionan en las páginas de las Escrituras con una verdad tan autoevidente que me veo obligado a abrazar con gozo este libro como la revelación de Dios.

Cuando alguien se hace cristiano, experimenta una transformación no solo de lo que desaprueba, sino de cómo lo desaprueba. / Foto: Unsplash

En lo que sigue, intentaré explicar a partir de las Escrituras por qué los cristianos bíblicamente fieles desaprueban los deseos y las prácticas homosexuales. Luego, intentaré iluminar la naturaleza de los deseos homosexuales, mostrando cómo se relacionan con mis propios deseos pecaminosos. Finalmente, intentaré mostrar qué es una desaprobación peculiarmente cristiana. Esta última parte incluye la pregunta de si la repulsión ante el acto de la sodomía es una respuesta moralmente apropiada o cristiana.

¿Por qué existe desaprobación en absoluto?

El apóstol Pablo sitúa el origen de los deseos homosexuales en el intercambio, por parte de toda la humanidad, de la gloria de Dios por la gloria del hombre. Él argumenta que, debido a este intercambio que infecta a la humanidad, los hombres y las mujeres cambian las relaciones naturales con el sexo opuesto por relaciones contrarias a la naturaleza con el mismo sexo. En otras palabras, esta valoración de los humanos por encima de Dios encuentra una expresión al valorar al tipo de humano en el espejo por encima del sexo opuesto.

…cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible (…) Por lo cual (…) sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza. De la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío (Ro 1:23-27).

En la epístola a los Romanos, Pablo sitúa el origen de los deseos homosexuales en el intercambio de la gloria de Dios por la gloria del hombre. / Foto: BITE

Pablo sabe que miles de personas —hombres y mujeres— cambian la gloria de Dios por la gloria del yo sin experimentar deseos homosexuales.

La correlación entre cambiar la otredad de Dios por la mismidad del hombre no siempre resulta en homosexualidad. Hay millones que se prefieren a sí mismos por encima de Dios, pero que no son homosexuales. La homosexualidad es solo una expresión de las distorsiones que han entrado en la raza humana debido a la idolatría. Toda la pecaminosidad fluye de esta idolatría primaria en el corazón.

Por lo tanto, la experiencia de la homosexualidad no siempre está arraigada en la idolatría personal de alguien. Pablo no está diciendo que todos los que experimentan deseos homosexuales hayan tomado la decisión consciente de preferir al hombre por encima de Dios. Hay cristianos que renuncian a la idolatría y que experimentan deseos homosexuales. El punto de Pablo es que Dios ha entregado a la raza humana a la futilidad, a la corrupción y al desorden de nuestros afectos debido a este intercambio primario que degrada a Dios. La homosexualidad es una forma de ese desorden.

La homosexualidad es solo una expresión de las distorsiones que han entrado en la raza humana debido a la idolatría. / Foto: Unsplash

¿Por qué escribir sobre la homosexualidad?

¿Cómo se relacionan los deseos homosexuales con otros tipos de deseos desordenados? Es importante preguntar esto, porque afectará la forma en que hablamos de la desaprobación de los deseos homosexuales.

Una forma de responder a esta pregunta es plantear otra: ¿Por qué escribe sobre la homosexualidad y no sobre el robo, la codicia, la borrachera, la difamación o la estafa? Menciono estos pecados porque la Biblia los enumera junto a la práctica homosexual como pecados que nos mantendrán fuera del reino de Dios (1 Co 6:9-10), a menos que seamos perdonados y justificados por la fe en Cristo (1 Co 6:11).

Mi respuesta: Escribo sobre la homosexualidad porque millones de personas en este mes la están celebrando. Mi esperanza es ayudar a los cristianos a desaprobarla de una manera claramente cristiana. Me enfocaré principalmente en los hombres, a quienes conozco mejor, con la expectativa de que las lectoras puedan hacer las aplicaciones apropiadas para las mujeres.

Como cristianos, debemos aprender a desaprobar la homosexualidad de una manera genuinamente cristiana. / Foto: Lightstock

Puede estar seguro de que si millones de personas se reunieran en todo el mundo para celebrar la belleza de la codicia durante el mes del “Orgullo de la codicia”, escribiría sobre ello. De hecho, he escrito diez veces más sobre la codicia que sobre la homosexualidad, porque (siendo conservadores) 10.000 veces más personas estarán en el infierno debido a una codicia no arrepentida que debido a la homosexualidad.

Ningún pecado tiene por qué dejar a una persona fuera del cielo. Ninguno. Lo que deja a una persona fuera del cielo es la búsqueda no arrepentida del pecado y el rechazo de la provisión de Dios para su perdón en la muerte y resurrección de Jesús.

¿En qué se parecen los deseos homosexuales a mis deseos pecaminosos?

Los deseos homosexuales son similares y diferentes a otros deseos pecaminosos. Seamos específicos: son similares y diferentes a mis deseos pecaminosos. Por nombrar algunos de los míos: el orgullo, la ira, la autocompasión, la melancolía, el miedo a la vergüenza, la impaciencia, el espíritu crítico. Tengo pocas dudas de que la estructura de mi propio cerebro y mi composición genética son parte de lo que me inclina a estos pecados. No puedo probarlo. Simplemente parece obvio.

 Lo que deja a una persona fuera del cielo es la búsqueda no arrepentida del pecado y el rechazo de la provisión de Dios para su perdón en Cristo. / Foto: Lightstock

Sea ese o no el caso, las raíces fisiológicas no eliminan la realidad de mi corrupción y culpa. Esto es cierto aun cuando estos deseos pecaminosos surgen de forma espontánea y completamente formados en mi corazón. Yo no los elijo. No los planeo. No los quiero. Me avergüenzo de ellos. Simplemente se presentan de formas que desapruebo y lamento profundamente. No solo porque soy propenso a ser tolerante con ellos, sino también por el simple hecho de que están ahí. Son parte de mi condición natural. Aparte de Cristo, eso es lo que soy.

Por la gracia de Dios, me vuelvo en su contra. Renuncio a ellos. Por la sangre de Cristo, por el poder del Espíritu y para la gloria de Dios, busco obedecer Colosenses 3:5: “Por tanto, consideren los miembros de su cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Col 3:5). Echo mano de estrategias de batalla espiritual probadas durante mucho tiempo y hago la guerra.

Yo ubicaría los deseos homosexuales en este mismo campo de batalla del alma humana. Pueden o no tener raíces fisiológicas. No es necesario que los deseos sean elegidos, planeados o deseados. Simplemente están ahí. O nos enfrentamos a ellos como al enemigo, o hacemos las paces con ellos y ponemos en riesgo nuestras almas. En este sentido, los deseos homosexuales son como mis deseos pecaminosos. Tengo la misma probabilidad de perecer por abrazar la ira y la autocompasión que mi prójimo por abrazar los deseos homosexuales. Así de grave es todo pecado.

Las raíces fisiológicas no eliminan la realidad de nuestra corrupción y culpa. / Foto: Unsplash

¿En qué se diferencian los deseos homosexuales de mis deseos pecaminosos?

Pero los deseos homosexuales también son diferentes de otros pecados. Pablo los llama “pasiones degradantes” porque implican “[cambiar] la función natural por la que es contra la naturaleza” (Ro 1:26). Los deseos homosexuales son diferentes debido a la forma en que contradicen lo que la naturaleza enseña. Creo que esto se puede ver más claramente si reflexionamos sobre la pregunta: ¿Cuál es el significado moral de la emoción de repulsión ante el acto de la sodomía?

Estoy usando la palabra sodomía no como equivalente a homosexualidad, sino como emblema de los tipos de prácticas involucradas en las relaciones homosexuales; en este caso, la inserción por parte de un hombre del órgano a través del cual se supone que la vida entra en una mujer, en el órgano a través del cual se supone que los desechos salen de un hombre.

Ni el sentimiento de deseo por la sodomía ni el sentimiento de repulsión hacia ella son una guía moralmente confiable. Esa afirmación es una convicción cristiana. Los cristianos no basamos lo que debemos hacer en lo que tenemos ganas de hacer, o no hacer. Los deseos pueden ser engañosos (Ef 4:22). Más bien, debemos entender “cuál es la voluntad del Señor” (Ef 5:17). La verdad de Dios, no nuestro deseo, señala el camino hacia la libertad: “…conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn 8:32).

Los cristianos no basamos lo que debemos hacer en lo que tenemos ganas de hacer, o no hacer. / Foto: Lightstock

Algunos no cristianos pueden argumentar que el deseo por la sodomía es suficiente para hacerla buena. Pero bajo ese mismo principio, el sentimiento de repulsión hacia la sodomía también es bueno. Si se siente bien, está bien. Por lo tanto, la sodomía está bien y la repulsión hacia la sodomía está bien.

Un cristiano no piensa de esta manera. No argumentamos que la repulsión hacia este acto haga que el acto esté mal, de la misma manera que no pensamos que el deseo de una persona por el acto lo haga estar bien. La sodomía es buena o mala dependiendo de si Dios dice que es buena o mala. Hemos visto que Él dice que es mala. Y no solo es mala: si no se abandona y se perdona a través de la fe en Cristo, destruirá el alma.

¿Cuál es el estado moral de la repulsión ante el acto de la sodomía?

Existe una idoneidad natural en la repulsión hacia la sodomía. En las relaciones sexuales, el pene no fue hecho para el ano. Fue hecho para la vagina. En la sodomía, la distorsión de ese uso natural es tan flagrante que no es un mero desvío del órgano sexual masculino de su uso natural, sino una perversión del mismo. La repulsión es la contraparte emocional de esa realidad lingüística.

La sodomía destruirá el alma si no es abandonada y perdonada por medio de la fe en Cristo. / Foto: Unsplash

Para el beneficio de hacer distinciones cuidadosas, debemos observar aquí que incluso lo antinatural de los deseos homosexuales no es absolutamente diferente de todos los demás deseos pecaminosos, porque todo pecado es contrario a cómo deberían ser las cosas. Y cada pecado, en mayor o menor medida, arruina lo que es natural. Otros pecados, además de los homosexuales, pueden despertar nuestro sentido de lo antinatural con una intensa desaprobación o repulsión. Por ejemplo:

  • Un hombre que toma el último chaleco salvavidas, dejando que mujeres y niños se ahoguen, despierta en nosotros no solo la desaprobación moral del egoísmo, sino una reacción más visceral de que este hombre ha destrozado de forma detestable su masculinidad.

  • Consideremos a una madre cuyo amante no quiere aceptarla a ella ni a su hijo. Entonces, ella lanza a su hijo de un año al río. Ese acto no solo es moralmente malo, sino que también despierta en nosotros una sensación de repugnancia visceral por haber masacrado su maternidad natural.

  • Supongamos que un hombre pasa toda su vida acumulando oro con avaricia, ignorando todas las necesidades de los demás. Luego, para guardar su oro de los mendigos, se lo ata a la cintura y se ahoga al cruzar un río porque se niega a desatar la bolsa. Consideramos esa vida no solo como codiciosa, sino como una distorsión total de su humanidad, como si una bolsa de oro fuera su vida.

La idoneidad natural de la repulsión hacia la sodomía corresponde a nuestra reacción visceral ante el hombre cobarde, la madre insensible y el avaro deshumanizado. Es apropiado sentir una aversión visceral hacia estas distorsiones del bien natural. Mirar a esa masculinidad detestable, a esa maternidad repugnante y a esa codicia deshumanizante, y sentirse neutral, no es una señal de salud moral. Tampoco lo es la indiferencia hacia la sodomía o su celebración.

Todo pecado es contrario a cómo deberían ser las cosas. / Foto: Unsplash

Dios le dijo al profeta Ezequiel: “Pasa por medio de la ciudad (…) y pon una señal en la frente de los hombres que gimen y se lamentan por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella” (Ez 9:3-4). Hay abominaciones que deberían producir en nosotros algo más que meros juicios morales. Este “debería” otorga a algunas respuestas físico-emocionales (como gemir, clamar o sentir repulsión) una dimensión moral.

Sin embargo, la idoneidad natural de la repulsión hacia la sodomía no hace, por sí misma, que la repulsión sea moralmente buena, y mucho menos cristiana. Algo puede ser natural y pecaminoso. Natural y no cristiano. Por lo tanto, como dije al principio, no tengo interés en unir fuerzas con los no cristianos que casualmente sienten repulsión por la homosexualidad.

El cristianismo no es una cruzada contra nada. Es una misión para salvar a los pecadores y restaurar la belleza moral de la Iglesia de Cristo —una misión que se lleva a cabo por la cruz de Cristo, a través del poder del Espíritu, para la gloria de Dios—. Oponerse al pecado nunca es un fin en sí mismo. La denuncia cristiana del pecado es en aras de un júbilo santo en la presencia de Dios.

El cristianismo es una misión para salvar a los pecadores y restaurar la belleza moral de la Iglesia de Cristo. / Foto: Lightstock

Así pues, los deseos homosexuales son diferentes de mis persistentes deseos pecaminosos al ser contrarios a la naturaleza, pero no del todo diferentes de ellos, porque todos los pecados son contrarios a cómo deberían ser las cosas. Algunos afectan a la naturaleza de forma más directa que otros. La gran letalidad de cualquier deseo no fluye del hecho de que sea contra la naturaleza, sino del hecho de que es contra Dios, razón por la cual Pablo puede enumerar la borrachera, el robo y la codicia junto con la práctica de la homosexualidad como amenazas para el alma (1 Co 6:9).

¿Por qué es peculiar la desaprobación cristiana?

Pasamos ahora a preguntar: ¿Qué hace que la desaprobación cristiana de los deseos y las prácticas homosexuales sea peculiar? ¿Cómo transforman la desaprobación la cruz de Cristo, el poder del Espíritu y la gloria de Dios?

La cruz de Cristo

La desaprobación cristiana de la homosexualidad deriva su carácter peculiar, en primer lugar, de la forma en que la muerte de Cristo ha moldeado el corazón del cristiano. Pablo habla de que Cristo sea formado en nosotros (Ga 4:19) y de que seamos conformados a Cristo (Ro 8:29). Esto sucede, ante todo, a través de la muerte de Cristo, que obra de tres formas en nosotros.

Primero, la cruz nos perdona y nos hace nuevas personas. “Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz” (1 P 2:24). “Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades” (Is 53:5). Por lo tanto, “En Él tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados” (Ef 1:7) y “todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados” (Hch 10:43). La cruz de Cristo declara mi depravación y me libra de ella. El corazón cristiano es un corazón quebrantado y perdonado.

La cruz nos perdona y nos hace nuevas personas. / Foto: Lightstock

Pero algo más sucedió cuando Jesús murió: todo Su pueblo murió con Él. Cuando estamos unidos a Cristo por la fe, Su muerte se convierte no solo en el castigo de nuestros pecados, sino también en la muerte de nuestra naturaleza pecaminosa. Nuestra vieja naturaleza rebelde, egoísta y arrogante muere: “ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3:3). “Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Ro 6:11).

Una nueva creación llega a existir: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas” (2 Co 5:17). Por lo tanto, ahora se visten “del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4:24). Ser amados por Cristo con un amor de sacrificio y morir a nuestra vieja naturaleza egoísta nos moldea a la imagen de nuestro Padre celestial: “Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y anden en amor, así como también Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma” (Ef 5:1-2).

La segunda obra de la cruz en nosotros es que crea amor hacia todos. Una nueva forma de desaprobar el pecado está integrada en el hecho de ser perdonados, morir a nuestra vieja naturaleza y ser recreados en Cristo. Los cristianos no dejan de desaprobar lo que destruirá a las personas (el pecado). Comienzan a desear el bien de quienes se destruyen a sí mismos (los pecadores). Los cristianos perdonados quieren que otros se unan a ellos para ser perdonados. Los cristianos llenos de esperanza quieren que otros se unan a ellos en la esperanza de gloria. Los cristianos rescatados a costa de la vida de Cristo están dispuestos a sacrificarse con el fin de rescatar a otros.

Los cristianos perdonados quieren que otros se unan a ellos para ser perdonados. / Foto: Lightstock

Esto incluye a todos los demás, ya sean enemigos o amigos, heterosexuales o gais. Nuestro Salvador crucificado dijo: “Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultan” (Lc 6:27-28). El apóstol Pablo dijo: “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad” (Ga 6:10). “Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos” (1 Ts 5:15).

Este amor por todos los demás está arraigado en, y formado por, el sacrificio de Cristo. Su corazón de siervo sacrificado moldea el nuestro. Pablo lo expresó de esta manera:

No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil 2:3-8).

Este amor por todos los demás está arraigado en el sacrificio de Cristo. / Foto: Lightstock

Considerar a los demás como más importantes que a nosotros mismos no significa aprobar lo que sienten o hacen. Significa convertirse en servidores de su perdón, de su rescate y de su esperanza que exalta a Cristo. Los cristianos no guardamos mala voluntad hacia nadie. Vivimos para el bien de todos.

Por lo tanto, la desaprobación cristiana de los deseos y las prácticas homosexuales es una desaprobación en amor, una desaprobación en esperanza.

La tercera obra de la cruz en nosotros es que hace hermoso lo feo. Uno podría preguntarse si realmente es posible sentir repulsión por algunos deseos o prácticas homosexuales y, al mismo tiempo, sentir amor y esperanza. Sí, lo es. Un cirujano militar puede sentirse horrorizado por la espantosa herida de un soldado, pero preocuparse lo suficiente como para usar toda su habilidad para salvarlo. Jesús tocó al leproso inmundo, contagioso y marginado (Mr 1:40-41). Cuando Dios escogió a Israel como Su pueblo, Él lo describió de esta manera:

Ningún ojo se apiadó de ti (…) sino que fuiste echada al campo abierto, porque fuiste aborrecida el día en que naciste. Yo pasé junto a ti y te vi revolcándote en tu sangre. Mientras estabas en tu sangre, te dije: “¡Vive!” (…) Entonces pasé junto a ti y te vi (…) Te hice juramento y entré en pacto contigo, y fuiste Mía (Ez 16:5-8).

Considerar a los demás como más importantes que a nosotros mismos no significa aprobar lo que sienten o hacen. / Foto: Unsplash

Dios no nos buscó porque fuéramos atractivos. Éramos aborrecibles en nuestro pecado. Las Escrituras incluso pueden hablar de que Dios “aborrece” a los pecadores y, sin embargo, con amor los toma para que sean Suyos (Sal 95:10). Con la venida de Cristo, Él nos buscó para perdonarnos; nos buscó en nuestra fealdad para hacernos atractivos. “Cristo amó a la Iglesia y se dio Él mismo por ella (…) a fin de presentársela a Sí mismo, una Iglesia en toda su gloria” (Ef 5:25-27).

Por lo tanto, la peculiaridad más fundamental de la desaprobación cristiana de la homosexualidad es esta combinación humanamente imposible de tres cosas. En primer lugar, está la evaluación moral de que los deseos y las prácticas homosexuales son pecaminosos según la Palabra de Dios. En segundo lugar, hay cierta medida de desagrado basado en lo que es antinatural. Finalmente, esto se combina con un profundo anhelo por la salvación de la persona: su perdón, su alegre obediencia a Jesús y su gozo eterno.

El poder del Espíritu Santo

Esa combinación de evaluación moral negativa, desagrado natural y amor sacrificado moldeado por Cristo es humanamente imposible. Aparte de una obra sobrenatural del Espíritu de Dios, el corazón humano caído no evalúa el pecado por lo que es, ni ve las verdaderas lecciones de la naturaleza, ni atesora la cruz de Cristo, ni siente el valor del perdón divino, ni anhela desgastarse por el bien eterno de los demás. Estos milagros son la obra del Espíritu Santo. No hay una desaprobación del pecado peculiarmente cristiana sin Él.

El corazón humano caído no evalúa el pecado por lo que es. / Foto: Unsplash

Antes de que Jesús regresara al cielo, Él prometió enviar al Espíritu Santo para que estuviera con Su pueblo. El ministerio esencial del Espíritu sería capacitar a las personas para ver y disfrutar la gloria de Cristo. “Él me glorificará”, dijo Jesús (Jn 16:14). Ver y disfrutar el valor infinito de la gloria de Cristo es la fuente de toda desaprobación del pecado peculiarmente cristiana. Sin el Espíritu, toda nuestra desaprobación, de cualquier cosa o de cualquier persona, sería meramente natural, no cristiana; no exaltaría a Cristo.

A través de Él tenemos vida espiritual (Jn 3:7-8). A través de Él los ojos de nuestro corazón se abren a la realidad (Ef 1:17-18). A través de Él cumplimos propósitos humanamente imposibles (2 Ts 1:11). A través de Él experimentamos el perdón y la aceptación de Dios (1 Co 6:11). A través de Él abundamos en esperanza (Ro 15:13). A través de Él crecemos en santidad (1 P 1:2).

Cuando el Espíritu gobierna nuestras vidas, el fruto es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio” (Ga 5:22-23). Él transforma radicalmente cada acto de desaprobación.

A través del Espíritu Santo tenemos vida espiritual. / Foto: Unsplash

La gloria de Dios

Todas las cosas existen para la gloria de Dios, para mostrar Su grandeza y la belleza de Su santidad. “Los cielos proclaman la gloria de Dios” (Sal 19:1). Los seres humanos existen a imagen de Dios y para Su gloria (Gn 1:27; Is 43:7). Todo el plan de redención es “para alabanza de la gloria de Su gracia” (Ef 1:6). Por lo tanto, el deber supremo de todas las personas es vivir de una manera que llame la atención sobre el valor supremo de la gloria de Dios. “Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co 10:31). Eso incluye toda nuestra aprobación y desaprobación.

Desaprobamos la homosexualidad para la gloria de Dios al evaluar lo bueno y lo malo según Su Palabra. Desaprobamos para la gloria de Dios al honrar la forma en que Él diseñó las funciones sexuales naturales del cuerpo humano. Desaprobamos para la gloria de Dios al estar siempre listos y ansiosos por perdonar, tal como Él nos perdonó misericordiosamente. Desaprobamos para la gloria de Dios al anhelar y orar por el bien eterno y el gozo que exalta a Cristo de todos aquellos cuyos deseos y prácticas desaprobamos. Desaprobamos para la gloria de Dios al estar dispuestos a sacrificarnos por los demás para mostrar que Dios mismo es una recompensa mayor que toda autoexaltación o venganza.

Desaprobamos la homosexualidad para la gloria de Dios al evaluar lo bueno y lo malo según Su Palabra. / Foto: Unsplash

Una desaprobación peculiar y sobrenatural

Los cristianos bíblicamente fieles no desaprueban el Orgullo Gay de la misma manera que los no cristianos. La desaprobación cristiana es peculiar. Está arraigada, se sostiene y apunta a realidades para las cuales los no cristianos no tienen gusto: la cruz de Cristo, el poder del Espíritu Santo y la gloria de Dios. Es trinitaria: Dios el Hijo, Dios el Espíritu y Dios el Padre.

Debido a la cruz, los cristianos desaprueban el Orgullo Gay como servidores con el corazón quebrantado, perdonados, llenos de esperanza y gozosos que declaran la verdad de Dios con amor y valentía, mientras anhelan ver a las personas homosexuales abrazar a Cristo, recibir el perdón, probar el poder del Espíritu y vivir para la gloria de Dios como nuestros hermanos y hermanas para siempre.

Debido al Espíritu Santo, los cristianos desaprueban el Orgullo Gay sin confiar en sí mismos ni autoexaltarse. Dependemos completamente del poder sobrenatural de Dios para cumplir cosas humanamente imposibles, como sentir repulsión ante los actos homosexuales y, al mismo tiempo, sentir un amor que nos mueva a dar la vida para ver a quienes realizan tales actos convertirse en nuestros más queridos amigos eternos.

Debido a la gloria de Dios, los cristianos desaprueban el Orgullo Gay con un sentido de asombro por el propósito deslumbrante de por qué existen todas las cosas; a saber, para mostrar el valor totalmente satisfactorio de la belleza de Dios.

“…nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Ro 5:2). Es la clase de gozo que no se puede proteger excluyendo a los demás. Muere al acumularse y se intensifica al compartirse. No excluimos a nadie de este gozo. Vivimos y morimos para incluir a tantos como sea posible en él. Es el único gozo que dura para siempre. Para esto murió Cristo. Para esto el Espíritu nos da vida. Cuanto más nos satisfacemos en Él, más se glorifica Dios en ello. Esta es la peculiar desaprobación cristiana del Orgullo Gay.


Este artículo fue traducido y ajustado por David Riaño. El original fue publicado por John Piper en Desiring God. Allí se encuentran las citas y notas al pie.

Apoya a nuestra causa

Espero que este artículo te haya sido útil. Antes de que saltes a la próxima página, quería preguntarte si considerarías apoyar la misión de BITE.

Cada vez hay más voces alrededor de nosotros tratando de dirigir nuestros ojos a lo que el mundo considera valioso e importante. Por más de 10 años, en BITE hemos tratado de informar a nuestros lectores sobre la situación de la iglesia en el mundo, y sobre cómo ha lidiado con casos similares a través de la historia. Todo desde una cosmovisión bíblica. Espero que a través de los años hayas podido usar nuestros videos y artículos para tu propio crecimiento y en tu discipulado de otros.

Lo que tal vez no sabías es que BITE siempre ha sido sin fines de lucro y depende de lectores cómo tú. Si te gustaría seguir consultando los recursos de BITE en los años que vienen, ¿considerarías apoyarnos? ¿Cuánto gastas en un café o en un refresco? Con ese tipo de compromiso mensual, nos ayudarás a seguir sirviendo a ti, y a la iglesia del mundo hispanohablante. ¡Gracias por considerarlo!

En Cristo,

Giovanny Gómez
Director de BITE
¿Mi donación es segura?
¿Mi donación es deducible de impuestos?
¿Puedo cancelar mi donación recurrente?

Autor

John Piper

Fundador del ministerio Desiring God

John Piper es el fundador y el profesor de desiringGod.org y es rector de Bethlehem College and Seminary. Es el autor de más de cincuenta libros, incluyendo Cinco puntos y No desperdicies tu vida.

Relacionados

El triunfo de lo terapéutico: cómo la expresión del yo domina las leyes y las aulas

Una nueva visión del yo ha desplazado la idea de un orden externo. Tanto en los...

Leer más

El sexo como fin último: el mito pesimista de Sigmund Freud

Que el sexo sea hoy el idioma de la política, y no solo un acto privado,...

Leer más

Entre la distribución masiva de la Biblia y el vacío espiritual: desafíos en América Latina

Aunque la Biblia se distribuye como nunca antes en América Latina, muchas iglesias parecen haberla desplazado...

Leer más

Articulos recientes

Millones de evangélicos, pocos misioneros transculturales: la paradoja en Latinoamérica

El centro de gravedad del cristianismo se ha desplazado hacia el Sur Global, pero las estadísticas...

Leer más

Adolescencia y delincuencia: ¿por qué es necesaria la presencia del padre para guardar la vida de un hijo?

La delincuencia juvenil sacude incluso a los hogares más estables. Cuando la figura paterna abandona la...

Leer más

“El temor es contagioso”: cómo Aaron y Yuliana Bashore desafiaron las amenazas y el secretismo en Marruecos por amor a Cristo

Tras servir por años en Marruecos, la familia Bashore habla sobre el costo de la misión,...

Leer más

Tendencias

Antes de renunciar al pastorado: las señales que toda iglesia debería ver

Un estudio de Lifeway Research identificó los principales factores que influyen en la permanencia pastoral. Este...

Leer más

El día que Roma destruyó Jerusalén: historia, conflicto y consecuencias teológicas para el cristianismo

En medio del fuego y el caos, Jerusalén cayó ante Roma. Lo que parecía un acto...

Leer más

El imperio financiero de los mormones: ¿cómo una iglesia se convirtió en un gigante económico global?

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días podría alcanzar un valor neto...

Leer más

La gran reconfiguración de la infancia: el nuevo entorno de pantallas, comida ultra procesada y sobreprotección

Generaciones enteras están creciendo entre estímulos digitales adictivos, comida ultraprocesada y modelos de crianza que, buscando...

Leer más

Mártires asesinados con lanzas: la muerte de cinco misioneros que avivó el impulso misionero

Lo que comenzó como un intento de contacto pacífico entre misioneros cristianos y una tribu aislada,...

Leer más

Hotel California y mensajes subliminales en la música

Desde la década de los 80 se ha hablado de los contenidos ocultos e incluso satánicos...

Leer más