Homeschooling: el regreso de la educación al hogar

Impulsado por la pandemia, la crisis educativa y las preocupaciones de muchos padres por el entorno escolar, el homeschooling dejó de ser una opción marginal para convertirse en una tendencia global. ¿Por qué?

Imagen: Nayibe Gómez

Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente el 13 de mayo de 2021, con el título Cómo la pandemia despertó el interés por el homeschooling (especialmente entre los cristianos). Sin embargo, con el fin de ofrecer una perspectiva vigente sobre el fenómeno del homeschooling, hemos revisado y actualizado este contenido para el beneficio de nuestra comunidad de lectores.

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La educación en casa se trata de una alternativa a la formación en escuelas en la que los padres se hacen cargo del aprendizaje de los hijos. Aunque esta modalidad sonaba rara hace unos años, lo cierto es que ha sido la forma de enseñanza más antigua y usual en la historia de la humanidad. Por eso, un repaso histórico nos permitirá reflexionar sobre cómo el homeschooling es no solo un camino alterno al “molde” en que se ha convertido la educación actual —sin que sea negativo como tal—,  sino también una especie de regreso a los modelos de enseñanza de hace siglos. Hoy, este método de enseñanza, que hace apenas una década se consideraba una opción marginal, se ha consolidado como un movimiento global imparable; una elección de millones de familias que buscan excelencia académica, seguridad emocional y coherencia moral. 

Durante la pandemia se despertó de nuevo el interés por el homeschooling. / Foto: Envato Elements

A lo largo de este artículo, analizaremos la magnitud de este fenómeno tras el catalizador de la pandemia y exploraremos las motivaciones profundas que guían a los padres, desde la lucha contra el bullying hasta la búsqueda de una instrucción de mayor calidad. Asimismo, abordaremos las inquietudes que suelen acompañar esta decisión, como la validez legal de los estudios y el desarrollo social de los niños, detallando los diversos modelos de aprendizaje que existen. Finalmente, consideraremos este camino desde una perspectiva bíblica, evaluando la responsabilidad de los padres y la libertad cristiana en un contexto cultural desafiante.

Un repaso histórico del homeschooling

Desde los inicios de la vida en sociedad, los niños aprendían en sus casas, eran enseñados por sus familiares o por la tribu o clan al que pertenecían. También vemos esto en la historia bíblica: el Antiguo Testamento (Dt 6:7-9; 11:19) relata cómo la ley divina era confiada a los padres para ser transmitida a sus hijos. En el ambiente familiar se aprendían las leyes civiles, la historia y los valores morales del pueblo de Dios. Lo mismo sucedía en otras civilizaciones, aunque a veces la educación podía ser delegada a un maestro o tutor particular, pero el proceso se daba siempre dentro del contexto doméstico. Un ejemplo muy conocido es el emperador Alejandro Magno, quien fue instruido por Aristóteles. 

Para impartir los saberes más avanzados o específicos, surgieron ámbitos especializados que muchas veces estaban restringidos a la mayoría de la población. Monasterios, academias o gremios guardaban celosamente sus conocimientos. Pero, con el transcurso de la historia, la academia se fue formalizando y unificando gradualmente hasta que hace unos 200 años, en la Edad Moderna, tomó su forma actual. A partir de la Revolución francesa, la educación empezó a considerarse como un asunto público o de Estado. Se perseguía el ideal de universalizarla, de ponerla a disposición de ricos y pobres por igual; así, quienes no contaban con tierras o propiedades, tendrían la posibilidad de mejorar sus vidas y asegurar su futuro. Se le consideraba la mejor forma de avanzar en la escala social y de asegurar que gente realmente capacitada ocupara puestos claves en el desarrollo de una nación según su desempeño individual, no según sus apellidos o títulos. 

Fue gracias a ese ideal que las escuelas se volvieron la opción predominante para formar a los niños. El Estado era el garante principal, pues era el único que tenía la capacidad y los fondos necesarios para asegurar una educación de buena calidad para toda la población.

Ilustración que muestra a Alejandro Magno recibiendo instrucción de Aristóteles.
Ilustración que muestra a Alejandro Magno recibiendo instrucción de Aristóteles. / Meister Druke

Pero, luego de la Segunda Guerra Mundial, el mundo occidental tuvo una crisis en cuanto a su modo de vida, a la cual muchos han llamado “posmodernidad”. En ese entonces la educación pública fue puesta en duda a causa de las muchas falencias que estaba mostrando. Varios expertos empezaron a notar que, en vez de fomentar el conocimiento tal como habían sido pensadas, las escuelas estaban estandarizando el aprendizaje e impidiendo que los niños desarrollaran su propia creatividad. A la larga, esto desalentaba su curiosidad. 

Por ese motivo, desde mediados del siglo XX, se iniciaron varias experiencias de educación no formal como alternativas al método que se convirtió en tradicional. Por ejemplo, surgió la modalidad de educación libre, en la que los niños aprenden por sus propios medios y de forma natural, simplemente viviendo. Otra iniciativa fue la enseñanza de contenidos que la escuela convencional, tan orientada a las ciencias, no estaba ofreciendo. En suma, los currículos de todas estas propuestas eran flexibles y poco convencionales, aunque tenían que ver más con las convicciones de los padres que con las necesidades de los niños como tal. 

Al mismo tiempo, en Estados Unidos surgió una preocupación por brindar una educación acorde a las exigencias legales, pero en un ambiente religioso y moral. Esa tal vez sea la principal diferencia entre la corriente norteamericana y las demás. En aquella región, el inicio y desarrollo del homeschooling estuvo directamente asociado a familias con una clara orientación religiosa (cristiana), mientras que en Latinoamérica tuvo que ver más que todo con la crisis del sistema educativo y la necesidad de lograr estabilidad en el aprendizaje, no con infundir valores cristianos. Esto se debe a que, históricamente, la educación en nuestra región ha estado muy condicionada por continuas problemáticas sociales, económicas y políticas, las cuales derivan en malos salarios, planes de estudios retrasados, falta de recursos, huelgas, paros docentes y un largo etcétera. 

El sistema público de educación sigue siendo predominante en América Latina.
El sistema público de educación sigue siendo predominante en América Latina. / Foto: Lightstock

Un catalizador sin precedentes

En la actualidad, tanto los problemas crónicos del sistema educativo como la inquietud de muchas familias cristianas ante el avance de corrientes ideológicas en las aulas (como el marxismo cultural), han hecho que el movimiento de educación en casa se unifique. Esta alternativa se ha vuelto mucho más llamativa y viable para el ciudadano común. 

Pero, en realidad, fue la pandemia de 2020 la que impulsó vertiginosamente estos métodos alternativos de enseñanza. La educación fue uno de los ámbitos de la vida más impactado en ese tiempo. Instituciones de todo el mundo hicieron esfuerzos por adaptarse a la enseñanza virtual, pero, en la práctica, el cierre de las escuelas forzó a que los hogares se transformaran en el epicentro del aprendizaje. Así, el mayor peso de la tarea recayó directamente sobre los padres o cuidadores. Para algunas familias, la experiencia resultó ser un verdadero caos, mientras que para otras fue más feliz. Todo esto abrió la puerta a una modalidad que hasta entonces había pasado desapercibida o era asociada exclusivamente a minorías: el homeschooling.

La pandemia de 2020 impulsó vertiginosamente los métodos alternativos de enseñanza. / Foto: Unsplash

Durante ese periodo, miles de familias estuvieron haciendo, de una u otra manera, educación en casa. Muchos padres que ya sentían curiosidad por este método aprovecharon la coyuntura para ponerlo a prueba, descubriendo beneficios que hoy los han llevado a permanecer en la modalidad. Organizaciones como el National Home Education Research Institute (NHERI) y la School of Education de Johns Hopkins han reportado que el crecimiento pospandemia no fue un pico pasajero, sino un cambio de paradigma; se estima que, en Estados Unidos, la tasa de estudiantes educados en sus hogares ha alcanzado un máximo histórico de 4.2 millones de niños para el ciclo 2025-2026, lo que representa cerca del 7.6% del total de la población estudiantil de ese país. Instituciones como Brighterly también han evidenciado cómo el apoyo tecnológico ha facilitado esta transición, mientras que reportes de Prosperity for America subrayan el impacto positivo que esta autonomía educativa tiene en la sociedad.

No obstante, a pesar del auge de esta modalidad de aprendizaje, la mayoría de gobiernos no le han prestado una atención estadística rigurosa. Es en Estados Unidos donde encontramos una mayor cantidad de estadísticas gracias a entidades que monitorean el fenómeno. A continuación conoceremos algunas de ellas e incluiremos las que están disponibles respecto a otras partes del mundo. Por supuesto, conviene no generalizar las cifras e información del país norteamericano, pues las condiciones sociales, culturales y económicas allí son bastante distintas, y el homeschooling cuenta con un mayor respaldo legal o tecnológico.

En Estados Unidos, la tasa de estudiantes educados en sus hogares ha alcanzado un máximo histórico de 4.2 millones de niños para el ciclo 2025-2026. / Foto: Envato Elements

Razones: entorno, bullying y buena educación

Según una encuesta realizada por el National Center for Education Statistics (NCES), la motivación principal de los padres estadounidenses para elegir el homeschooling es el entorno escolar, el cual suele estar marcado por el maltrato o bullying, la exposición a drogas y la presión negativa de los pares. En Estados Unidos, cifras recientes indican que aproximadamente el 19% de los estudiantes de entre 12 y 18 años reportan haber sido víctimas de acoso escolar durante el año académico.

Esta preocupación no conoce fronteras. Al observar el resto del continente, los datos confirman que la inseguridad en las aulas es un detonante global. Un reporte de la UNESCO sobre el estado de la violencia escolar reveló que en Centroamérica alrededor del 20% de los adolescentes sufre algún tipo de acoso; un porcentaje que se eleva al 25% en el Caribe y alcanza un preocupante 30% en Sudamérica. En este contexto de vulnerabilidad, se comprende la motivación de muchas familias que eligen una educación distinta.

El segundo motivo más recurrente tiene que ver con la insatisfacción respecto a la instrucción académica. El sistema educativo global atraviesa una crisis en sus modelos de enseñanza, los cuales han perdido vigencia frente a las innovaciones digitales y tecnológicas. El más decisivo de estos estudios se realizó en el Reino Unido en 1998, cuando el Ministerio de Educación británico encomendó dirigir un comité de investigación a Ken Robinson, escritor y asesor experto en el campo de la creatividad y la innovación. Este trabajo, hoy conocido como el Informe Robinson, causó un gran impacto al demostrar que el sistema educativo tradicional estaba desalentando la creatividad y el pensamiento divergente, virtudes altamente valoradas en el ámbito laboral actual. Así, las escuelas no solo estaban lejos de preparar a los niños para el futuro, sino que incluso estaban perjudicando su inserción en el mundo laboral.

Para muchos, el sistema de educación tradicional está en crisis / Foto: Pexels

Las razones para hacer homeschooling también varían según las situaciones únicas de cada familia. A veces los motivos están asociados a discapacidades de los niños o a convicciones de índole religiosa, moral o ideológica. Además, se agregan a la lista la falta de recursos económicos y la dificultad en organizar los horarios familiares. La decisión siempre es compleja, pero mientras el acoso escolar, la crisis del sistema y el adoctrinamiento ideológico sean cuestiones presentes, la educación en casa seguirá creciendo en Estados Unidos a un ritmo de entre el 2% y el 8% anual.

La evolución demográfica y cuantitativa del movimiento es contundente. Mientras que en 2014 se estimaba que cerca de 2.000.000 de niños realizaban homeschooling en Estados Unidos, las cifras actuales de 2025-2026 muestran que la población se ha duplicado, alcanzando aproximadamente los 4.200.000 de estudiantes. También se evidencia que, aunque las familias blancas siguen siendo las que más implementan este método, la tasa de crecimiento ha sido más alta entre las comunidades hispanas, afroamericanas y árabes musulmanas. Así pues, el homeschooling se ha convertido en una propuesta amplia, no restringida a un grupo étnico o religioso, sino asociada a una genuina preocupación por una educación de mejor calidad.

Si el sistema de educación homeschool sigue creciendo al mismo ritmo, en pocos años superará al sistema tradicional
Si el sistema de educación homeschool sigue creciendo al mismo ritmo, en pocos años superará al sistema tradicional. / Foto: Twenty20

Preocupaciones: legalidad y socialización

Sin embargo, las buenas intenciones no eliminan los desafíos intrínsecos de educar bajo esta modalidad. Existen dos aspectos que suelen encabezar las inquietudes de los padres: la validez legal de los estudios y el desarrollo social de los niños.

En América Latina, la educación en casa se encuentra en una situación ambivalente. Si bien la mayoría de las Constituciones y Códigos Civiles otorgan a los padres el derecho de elegir la educación para sus hijos, en la práctica, el Estado rara vez facilita este camino. El homeschooling no goza de una regulación clara en la región y suele ser desalentado por las autoridades. Quienes deciden implementarlo enfrentan obstáculos burocráticos e incertidumbres que deben gestionar por cuenta propia. Ante esta soledad institucional, han proliferado comunidades en redes sociales donde las familias intercambian experiencias y asesoría legal para navegar este vacío normativo.

En todo caso, existen precedentes legales que pueden ayudar al futuro desarrollo del homeschooling en América Latina. Varios países cuentan con sistemas de “educación a distancia” o “exámenes libres” diseñados para casos excepcionales: niños con problemas de salud, deportistas de alto rendimiento o familias que residen en el extranjero. Si la situación se comprueba con los documentos correspondientes, el Estado les permite a los estudiantes cursar desde sus domicilios y presentarse solamente a rendir exámenes. Aunque estos mecanismos demuestran que el Estado tiene la capacidad de validar saberes adquiridos fuera del aula, el acceso sigue siendo restringido. Si una familia no logra encajar en estas categorías específicas, suele recibir una respuesta negativa, lo que deja a los niños en un limbo académico.

A pesar de que en algunos países el sistema de educación en casa está regulado, en la mayoría de los territorios aún es atípico. / Foto: Unsplash

La problemática por la legalidad del proceso es una cuestión seria. Sin una certificación emitida por los Ministerios de Educación, los estudiantes no pueden acreditar sus conocimientos, lo que les impide acceder a la educación superior y, posteriormente, al mercado laboral profesional. Lograr la legalidad no es solo una cuestión de convicciones morales o religiosas; es una necesidad urgente para garantizar que los hijos tengan las mismas oportunidades futuras que cualquier otro ciudadano.

Ahora bien, esa no es la única preocupación que los padres suelen tener. El otro aspecto importante es la socialización, el aprendizaje de la vida en comunidad y la posibilidad de los niños de aprender con y de otras personas de su edad. Es muy cierto que la escuela siempre ha sido el ámbito donde los niños aprenden a ser ciudadanos. De hecho, la pandemia por COVID-19 y la implementación accidentada de la modalidad virtual, sirvió para reivindicar la función cívica y social de las escuelas. En las aulas, los niños no solo reciben información; también aprenden a convivir, a cumplir plazos y horarios, y a respetar autoridades externas al núcleo familiar, experiencias difíciles de replicar estrictamente a través de una pantalla.

No obstante, surge la pregunta de si la escuela es el único o el mejor espacio para este fin. Como se mencionó anteriormente, el fenómeno del bullying pone en duda la calidad del aprendizaje cívico en las aulas tradicionales. Los defensores del homeschooling proponen nuevos ámbitos de socialización: clubes, cooperativas educativas y grupos comunitarios. Estudios recientes de la NHERI (2023) sugieren que los niños educados en casa suelen participar en un promedio de 5.2 actividades extracurriculares semanales, lo que desafía el mito del aislamiento.

Aun así, el temor persiste. Muchos padres se preguntan si la flexibilidad del hogar podría dificultar la adaptación futura a las rutinas y jerarquías del mundo laboral. El reto del homeschooling no es solo enseñar matemáticas o lengua, sino demostrar que puede formar individuos socialmente competentes en un entorno de libertad.

Uno de los grandes retos del homeschooling es mitigar la creencia de que el sistema apaga las habilidades sociales de los niños. / Foto: Unsplash

Modelos y dinámicas del aprendizaje

Aunque la modalidad de homeschooling depende en gran medida de la organización que provea los contenidos y acredite su validez, se pueden identificar tres modelos generales. El primero es mayormente informal, tanto en la forma del aprendizaje como en los contenidos: el conocimiento simplemente surge en la vida cotidiana, sin un plan estructurado. Esta es la opción menos elegida por las familias. La segunda alternativa consiste en una combinación entre la educación en el hogar y algunas horas de asistencia a la escuela tradicional, usualmente alrededor de diez horas semanales. Si bien es una posibilidad —al menos en Estados Unidos—, tampoco representa una alternativa común.

La opción predilecta, por un margen considerable, es la educación formal practicada enteramente en el entorno familiar, con una dedicación promedio de cinco días a la semana y 25 horas semanales. Se define como “formal” porque sigue un plan y un currículo de contenidos preestablecidos. Sin embargo, el uso del tiempo se adapta a la dinámica del hogar. A diferencia del sistema tradicional, no se trata de permanecer cinco horas diarias sentados en un banco simulando un aula; el horario se distribuye entre clases de educación física, higiene, instrucción moral o religiosa, proyectos especiales y actividades fuera del hogar, además de las materias clásicas como matemáticas, lengua, historia y ciencias. En ocasiones, esto puede incluir el apoyo de tutores o profesores especializados para abordar contenidos de alta complejidad.

La pandemia ha acelerado el interés por este tipo de educación. / Foto: Envato Elements

En cuanto a la socialización, el homeschooling destaca por su creatividad. Las familias suelen implementar dos estrategias complementarias: por un lado, organizan encuentros con otros núcleos que practican la educación en casa para desarrollar proyectos cooperativos; por otro, fomentan la participación en actividades extracurriculares, como escuelas deportivas, clubes o cursos, además de revalorizar el uso de espacios públicos como plazas y parques. Para las familias cristianas, la iglesia local también desempeña un rol fundamental en el desarrollo social de los niños.

La socialización no es un tema menor, pues resulta vital para el desarrollo del carácter y la personalidad. En este sentido, el homeschooling no está exento de desafíos ni de sacrificios. Es imperativo buscar espacios donde los niños entablen relaciones sanas fuera del núcleo familiar, una tarea que involucra a todo el hogar. Las estadísticas indican que, si bien el 60% de los niños participan en eventos con otros estudiantes bajo la misma modalidad, solo el 30% de los padres se involucran en dichas actividades, y un porcentaje aún menor busca capacitación formal para optimizar su labor educativa. 

Elegir el homeschooling por mera comodidad puede acarrear consecuencias indeseables si no existe un compromiso intencional. Acompañar al niño, capacitarse constantemente y supervisar de cerca el proceso son demandas adicionales que se integran a la vida de los padres y que exigen una perseverancia inquebrantable.

La educación en casa representa un reto para hijos y padres por igual. / Foto: Envato Elements

Una mirada bíblica: progresismo y responsabilidad

Hoy en día, los padres cristianos se enfrentan a la ardua tarea de proteger a sus hijos de la creciente influencia del progresismo y el marxismo cultural. Es un desafío complejo, pues estas corrientes introducen contenidos que hasta hace poco eran impensables, y lo hacen de formas cada vez más explícitas. Para el creyente, el avance de agendas morales en temas como la educación sexual y el aborto representan factores determinantes al tomar una decisión educativa. Existen diversas maneras de resguardar a la familia de estas influencias, y el homeschooling es, sin duda, una de ellas (aunque no es la única, especialmente en el caso de aquellos padres para quienes educar en casa es imposible por sus condiciones particulares). 

Aunque históricamente han existido prejuicios respecto a la enseñanza en casa, incluso dentro de las iglesias, el contexto actual nos urge a despojarnos de esas ideas preconcebidas y considerar alternativas distintas. Asimismo, es fundamental recordar que la actitud condenatoria y la falta de empatía hacia quienes eligen esta modalidad pueden causar mucho dolor. Estas familias ya enfrentan sus propias incertidumbres y temores como para sumarles la incomprensión de su comunidad. Cada hogar es único y posee razones particulares para decidir cómo educar. Entre cristianos debe prevalecer siempre el amor y el vínculo de la paz, más allá de los criterios y métodos que cada uno prefiera adoptar.

Durante años, la educación en casa fue vista con recelo. Hoy, el contexto nos exige dejar atrás esos prejuicios y abrirnos a nuevas alternativas. / Foto: Envato Elements

Las Escrituras son claras al señalar que es responsabilidad de los padres instruir a sus hijos en el temor de Dios. Este mandato se cumple a través del culto familiar, los devocionales y la lectura de la Palabra en el hogar, y aplica tanto para los niños que van al colegio como para los que reciben educación en casa. Es vital que el Evangelio sea explícito y que la Biblia ocupe un lugar central en la vida cotidiana; pero esta instrucción también ocurre “andando por el camino”, en las actividades del día a día. Los padres están llamados a discipular a sus hijos en todo tiempo y en cada aspecto de la vida, siendo modelos para ellos. 

¿Significa esto que Dios ordena el homeschooling de forma obligatoria? No. Dios no exige que los padres sean expertos en pedagogía, matemáticas avanzadas o ciencias. La elección de este método es un asunto de libertad cristiana. Cada familia debe evaluar con discernimiento y oración qué es lo mejor según su situación y contexto específicos. Lo más prudente es no actuar con ligereza, sino meditar profundamente sobre las ventajas, desventajas y posibilidades reales. En las redes sociales es posible hallar comunidades de padres para consultar dudas y compartir experiencias, y en los medios de comunicación abunda la información a medida que este movimiento crece.

El homeschooling le brinda la oportunidad a los padres cristianos de formar en sus hijos los valores bíblicos desde una perspectiva familiar. / Foto: Unsplash

El consejo de la iglesia local también será un apoyo valioso en este proceso. Por encima de todo, debemos recordar que nuestro Padre celestial cuida de los Suyos. Ya sea a través del homeschooling o en la escuela tradicional, el futuro de los niños está en Sus manos y depende de Él. Nunca debemos perder la confianza en Su gracia soberana y en Su cuidado fiel.

Nota del autor: Las posibilidades y recursos legales varían, por eso conviene averiguar la situación puntual de cada país. Se puede consultar en Observatorio Latinoamericano de Aprendizajes Sin Escuelas.


Referencias y bibliografía

Homeschooling in the United States: Results from the 2012 and 2016 parent and family involvement survey (2019) | National Center for Education Statistics

Fast Facts on Homeschooling | National Home Education Research Institute 

National Advisory Committee on Creative and Cultural Education All Our Futures | Sirken Robinson 

Student Bullying | National Center for Education Statistics 

Behind the numbers: Ending school violence and bullying | UNICEF 

Student Reports of Bullying: Results From the 2022 School Crime Supplement to the National Crime Victimization Survey | National Center for Education Statistics 

Full article: New Frontiers in Research and Practice on Homeschooling | Taylor & Francis Online

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Autor

Matías Peletay

Matías Peletay vive, trabaja, y estudia en Córdoba, Argentina. Se congrega en la Iglesia Bíblica Bautista Crecer, donde también sirve y cursa una pasantía ministerial. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

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