Personas, edificios, obras de arte, libros y otros elementos han adquirido un gran significado para los cristianos, pues nos recuerdan las numerosas pruebas y desafíos que la Iglesia ha enfrentado durante siglos. Sin embargo, por su singularidad, ciertos objetos ofrecen una perspectiva única sobre momentos y acontecimientos cruciales que vivió la comunidad cristiana. Tal es el caso del grafito de Alexámenos, un registro pictórico —aunque no precisamente artístico— que data de la época del Imperio romano, cuyo propósito burlesco hoy queda opacado por las evidencias históricas que le aporta al cristianismo.
En este artículo, conoceremos su ubicación, algunos datos de su origen y en qué sentido contribuye a la historia de la Iglesia.

Un grafito en el Museo Palatino
Roma es una ciudad famosa, entre otras cosas, por haber sido construida sobre siete colinas. Para entender cómo el cristianismo sobrevivió a sus primeros años de existencia, debemos dirigirnos a la más importante de ellas: el Monte Palatino, que se alza en el centro de la antigua metrópolis sobre los restos del Foro Romano, por un lado, y el Circo Máximo, por el otro. Como ha sido escenario de innumerables sucesos históricos, suele ser muy visitada; de hecho, tiene su propio museo, el Antiquarium del Palatino. Allí, las exposiciones temporales comprenden desde modelos de las primeras aldeas, que son anteriores a la fundación de Roma, hasta reliquias de templos antiguos y otros edificios que una vez adornaron la colina.

Pero, en una de las salas del Museo Palatino se conserva, desde 1946, un pequeño fragmento de yeso que originalmente no estaba destinado a durar mucho. Fue arrancado en el siglo XIX de la pared del Paedagogium, la escuela de pajes imperiales situada en el propio Palatino, y trasladado varias veces hasta encontrar su lugar definitivo. Hoy, se exhibe protegido en una vitrina, pero el paso de los siglos lo ha dejado tan descolorido y erosionado que, a simple vista y sin una iluminación adecuada, parece una superficie casi en blanco.
Solo gracias a los paneles explicativos, a las fotografías ampliadas y a los calcos que acompañan la pieza, los visitantes del museo pueden distinguir las líneas del célebre “grafito de Alexámenos”. A la izquierda, se distingue a un hombre que levanta su mano en un aparente gesto de adoración, la llamada actitud o postura del orante. A su lado, aunque sobresaliendo sobre él, hay una segunda figura: un hombre suspendido de una cruz, un castigo muy común en Roma. Sus brazos aparecen extendidos y clavados a un travesaño. Sus pies parecen apoyados en un pequeño suppedaneum o plataforma y lleva un corto perizoma o paño que cubre sus caderas. Este último es un detalle significativo: históricamente, se sabe que los crucificados eran desnudados por completo como parte de la humillación pública, pero la representación sugiere que quien lo pintó originalmente cubrió al hombre por pudor.

El elemento que convierte este grafito en una pieza única es que, a pesar de tener la figura crucificada de un cuerpo humano, presenta una cabeza de burro. En la parte superior derecha de la cabeza aparece una misteriosa letra en forma de Y o ípsilon griega, cuyo significado sigue debatiéndose entre los epigrafistas. Además, posee una inscripción griega que fue toscamente tallada cerca del dibujo y que explica la escena con un evidente tono sarcástico: “ALEXAMENOS SEBETE THEON”, que se podría traducir como “Alexámenos adora a su Dios”.

La burla que hoy se convierte en evidencia histórica
Los historiadores datan este grafito aproximadamente entre los años 180 y 250 d.C. Quizás es la representación pictórica más antigua de la crucifixión. Sin embargo, no es precisamente un ícono religioso elaborado por un creyente, sino una burla o mofa dirigida a un cristiano llamado Alexámenos y a la divinidad que adoraba, que se cree que era una representación de Jesús.
Desde una perspectiva histórica, esta imagen hecha probablemente sin mucho compromiso artístico y con el propósito de ofender, ofrece cuatro evidencias significativas sobre la naturaleza del cristianismo primitivo:
1. La evidencia de una “alta cristología” temprana
El texto del grafito desmiente una teoría moderna de que la divinidad de Jesús fue un desarrollo tardío, decretado siglos después en concilios, como el de Nicea en el 325 d.C. La frase “Alexámenos adora a su Dios” prueba que, ya en el siglo II o III, incluso los enemigos de la fe sabían que los cristianos no veneraban a Jesús simplemente como un maestro moral o un profeta, sino como a Dios encarnado. La creencia en la divinidad de Cristo era el núcleo de la identidad cristiana desde el principio y este grafito es una prueba de ello.

2. La evidencia de la centralidad histórica de la crucifixión
El grafito confirma que la Iglesia primitiva no ocultaba la muerte vergonzosa de su salvador y fundador. A diferencia de ciertas corrientes gnósticas que negaban el sufrimiento físico de Cristo o de narrativas posteriores que sugerían que no murió realmente, este dibujo da testimonio de que los cristianos predicaban de un Mesías crucificado. La cruz no fue entonces un símbolo que se adoptó cuando se volvió “seguro” hacerlo, sino que fue la bandera y símbolo de la fe incluso cuando era motivo de vergüenza social.

3. La evidencia de que había una validación cultural de la Escritura
La cabeza de burro es una ilustración perfecta de la teología paulina. Aproximadamente 150 años antes de que este grafito fuera grabado en ese muro, el apóstol Pablo escribió: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Co 1:23, RVR1960). La palabra griega para locura es moria, de donde viene “morón” o estúpido. Para la mentalidad romana, adorar a una víctima de la pena capital era tan irracional como adorar a un burro. Así que el grafito valida que la descripción bíblica sobre la hostilidad cultural hacia el Evangelio es bastante precisa históricamente hablando.

4. La evidencia de una comunidad fiel, perseverante y sufrida
En la habitación contigua del mismo Paedagogium se encontró otra inscripción que, seguramente, fue escrita por otra persona: “ALEXAMENOS FIDELIS” o “Alexámenos es fiel”. Esto sugiere una respuesta valiente dentro de la misma escuela: mientras un compañero se burlaba, otro, o quizás el mismo Alexámenos, reafirmaba su lealtad. Esto es una clara evidencia de que el cristianismo había penetrado hasta la casa del César, como lo menciona Filipenses 4:22: “Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César” (RVR1960).
Esto confirma algo muy importante sobre la historia: el cristianismo primitivo creció bajo el peso de la burla. Estos cristianos estaban en el corazón del Imperio romano, el lugar más importante y avanzado del mundo, y ellos adoraban a un hombre que murió como un esclavo. A los ojos de sus compañeros eran, literalmente, unos idiotas poco sofisticados. Precisamente, esa es la tensión que el grafito de Alexámenos captura a la perfección. Nos muestra a gente real dispuesta a soportar el aislamiento y el acoso constante. Para ellos, la burla representada en ese dibujo sarcástico era su forma de conectar con el sufrimiento de su Maestro. No huían de la vergüenza, sino que la abrazaban como parte de su identidad.

La paradoja del poder
Este grafito fue trazado en el Monte Palatino, el asiento del poder más formidable de la antigüedad, para burlarse de la debilidad de un Dios crucificado. Pero hoy los palacios de los Césares son ruinas que miles de turistas, como tú o como yo, podemos visitar. El Imperio que arrestó, enjuició y ejecutó a Jesús ha desaparecido. Sin embargo, la fe de Alexámenos y de otros cristianos, esa “locura” que fue considerada una estupidez, sobrevivió al Imperio, transformó al mundo y sigue más vigente que nunca dos milenios después. Irónicamente, la burla se ha convertido en un testimonio de la verdad que intentaba destruir.
En cuanto a ti, ¿estás dispuesto a sostener las verdades bíblicas impopulares aunque la cultura moderna te mire con ese mismo desdén y te considere “poco sofisticado”? ¿Estás poniendo tu esperanza en el poder político para que este defienda a la Iglesia, o descansas en la promesa histórica de que el Evangelio tiene el poder para sobrevivir a cualquier imperio?
Referencias y bibliografía
Epic: An Around-the-World Journey through Christian History de Tim Challies
Alexamenos Graffito | Encyclopaedia Romana
Alexamenos graffito | Art & Theology
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