Como creyente en Cristo y profesor de historia de los Estados Unidos, no hay mayor dilema en mi enseñanza que el de la esclavitud y la Biblia. A veces, una parte de mí desea profundamente que en ella hubiera un undécimo mandamiento que dijera: “No tendrás esclavos”. Eso haría mi trabajo mucho más fácil. Con ese mandamiento a la mano, los estudiantes y yo podríamos simplemente condenar a los cristianos dueños de esclavos, incluyendo a héroes evangélicos como Jonathan Edwards y George Whitefield.
Pero como los estudiantes rigurosos de la Escritura han notado por siglos, no hay tal undécimo mandamiento. En cambio, hay instrucciones familiares con respecto al comportamiento de los amos y esclavos (Ef 6:5-9; Col 3:22-4:1). En el Pentateuco hay leyes sobre los israelitas y sus esclavos, y la anticipación de un año de jubileo en el cual los esclavos serían liberados (Ex 21:1-17; Lv 25:35-55). Está la liberación del éxodo del Israel esclavizado de sus amos egipcios, y hay prohibiciones repetidas contra el “robo de hombres” o el secuestro de personas para forzarlas a la esclavitud (Ex 21:16; Dt 24:7; 1 Ti 1:10).
Luego está la nota conmovedora en Gálatas: “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús” (Ga 3:28). Esta verdad se aplica a todos los que son “bautizados en Cristo” (Ga 3:27), lo cual sugiere que Pablo esperaba que los esclavos y las personas libres fueran tratados con igualdad en el cuerpo de Cristo, por lo menos en cuanto al bautismo y otras prácticas de la iglesia. Pero nunca obtenemos una prohibición indiscutible sobre la esclavitud en sí.
Como cristianos que tenemos un alto concepto de la autoridad de la Escritura, creemos que el Espíritu Santo inspiró cada palabra de la Biblia. Esto significa implícitamente que Él inspiró a los autores bíblicos para que no dijeran otras cosas. La Biblia es perfecta en sus partes y perfecta como un todo. Creemos que cada mandamiento, cada relato histórico e incluso cada tema no cubierto, resultó del diseño soberano del Señor. Pero así como puede que no entendamos qué se supone que debemos deducir de cada pasaje (por ejemplo, la historia de la médium de Endor en 1 Samuel 28), puede que no entendamos por qué el Señor no incluyó instrucciones más explícitas sobre temas que parecen terriblemente importantes.
Los críticos a favor del aborto podrían notar, por ejemplo, la ausencia de una prohibición directa sobre este tema en la Biblia, aunque para los cristianos a favor de la vida la inferencia ética es ineludible en pasajes como el Salmo 139:13-14: “Me hiciste en el seno de mi madre…”. La esclavitud es un ejemplo igual de desconcertante. Su práctica ha sido una de las grandes abominaciones morales en la historia. ¿Por qué la Escritura no la denuncia directamente?

¿Qué tan mala era la esclavitud bíblica?
Los evangélicos suelen responder que la esclavitud en la Biblia era muy diferente (y más humana) a la basada en la propiedad que se practicaba en América (y en gran parte del hemisferio occidental) desde el siglo XVI hasta el XIX. Por supuesto, en general sabemos más sobre esta práctica en cuanto más avanzamos en el tiempo. Es un poco artificial comparar las regulaciones respecto a esto en el Pentateuco con las de las cartas de Pablo, y con la inmensa cantidad de información histórica que tenemos sobre la esclavitud en los inicios del mundo moderno. Pero si consideras lo que el Éxodo nos dice sobre este tema, hay señales razonables para sugerir que la antigua esclavitud hebrea era una institución menos totalizadora de lo que llegó a ser en el siglo XVIII en Carolina del Sur, Jamaica o Brasil.
Había un punto final para el tiempo de servicio de un esclavo, por ejemplo. En Éxodo 21 se ordenó que fueran liberados por los israelitas en su séptimo año, y que podrían convertirse en esclavos de por vida solo por elección (Ex 21:2-6). El Éxodo también muestra una gran sensibilidad hacia el tipo de esclavitud incorrecta, como se ve en la esclavización “despiadada” que los israelitas experimentaron en Egipto y de la cual Dios los liberó.

Sin embargo, en este ensayo quiero enfocarme principalmente en las diferencias entre la antigua esclavitud grecorromana y la que existía en la América colonial y antes de la guerra civil. Una vez más, la comparación es un tanto especulativa debido a la menor cantidad de material de origen que tenemos sobre la antigua. El registro de fuentes es tan limitado que incluso breves referencias, como las que hay en las cartas de Pablo, sirven como puntos de referencia principales para la esclavitud antigua y la perspectiva de los primeros cristianos sobre ella.
Sin embargo, los eruditos tienen acceso a cantidades vertiginosas de estadísticas sobre este tema y sobre la trata de esclavos en los inicios del mundo moderno. Recursos como la sin igual base de datos Slave Voyages proveen información sobre más de 12 millones de embarques de cautivos y personas esclavizadas tan solo en el mundo atlántico. Sin duda, no debe haber mucha información personal de ellos y tal vez solo aparezcan como números en una tabla. Pero eso sigue siendo mejor que un absoluto silencio documental.
Los historiadores han dedicado innumerables artículos y libros a los múltiples aspectos de la esclavitud del mundo atlántico, incluyendo el tipo de herramientas agrícolas fabricadas para los esclavos en Europa; las increíbles tasas de mortalidad en las colonias azucareras del Caribe; los diferentes acuerdos laborales para los esclavos en el norte de los Estados Unidos, el Atlántico medio y las colonias del sur inferior; y mucho más. Escribo como un historiador típico que sabe más sobre uno de estos períodos (en mi caso, la esclavitud en Estados Unidos) que del otro (la esclavitud antigua).

Esclavizados y explotados
Incluso un estudio superficial sugiere que las personas esclavizadas durante ambas épocas, quienes normalmente eran esclavos de por vida, sufrían abusos rutinarios y a veces inconfesables por parte de captores, dueños y (en el caso de las prostitutas esclavizadas) clientes. Por supuesto, en cualquiera de las dos épocas era posible que un esclavo tuviera un amo “bueno” que fuera menos abusivo a nivel personal, o incluso un amo que tomara en serio la ordenanza de Pablo de hacer el bien a todos, dejando: “las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y de ustedes está en los cielos, y que para Él no hay acepción de personas” (Ef 6:9). Seguramente hubo amos en ambas épocas que proveyeron comida, refugio y cuidado en la vejez adecuados para sus esclavos, y no los sometieron a torturas ni a abusos físicos y sexuales indiscriminados.
Pero la amenaza del abuso y la tortura siempre acechaba. Con la sola firma en una factura de venta, una persona esclavizada en Estados Unidos podía verse arrancada de su cónyuge o de sus hijos para no volver a verlos nunca más, o ser forzada a caminar cientos o miles de kilómetros hacia el sur profundo, o ser entregada a un amo o capataz con reputación de “rompedor de esclavos”. Ejemplos de tal confusión y violencia son bien conocidos en los relatos de esclavos estadounidenses, como los de Frederick Douglass y Harriet Jacobs. Los diarios sinceros de amos como William Byrd II, de Virginia, y Thomas Thistlewood, de Jamaica, son menos conocidos entre el público general, tal vez porque sus asaltos sexuales desenfrenados contra las esclavas y los tipos de castigos escabrosos que describen, incluyendo forzar a esclavos rebeldes a comer excremento humano, los convierten en textos difíciles de enseñar en grados escolares anteriores a la universidad.

La violencia y el abuso sexual también abundaban en el sistema esclavista del mundo antiguo. Como describe el historiador Kyle Harper en su extraordinario libro From Shame to Sin: The Christian Transformation of Sexual Morality in Late Antiquity (De la vergüenza al pecado: la transformación cristiana de la moralidad sexual en la antigüedad tardía), la esclavitud era especialmente común en el Imperio romano. De una población imperial romana total de unos 70 millones, aproximadamente entre 7 y 10 millones de personas estaban esclavizadas. El hecho de que hombres libres explotaran sexualmente a esclavos y esclavas era una característica esencial de la esclavitud romana. Se asumía ampliamente que los hombres libres en el mundo romano tenían acceso virtualmente irrestricto a esclavas y prostitutas esclavizadas para el alivio sexual.
Tal depredación era vista casi como algo similar al acceso a la comida y el agua, la mera satisfacción de los impulsos naturales. Siempre que los hombres libres no explotaran sexualmente a sus iguales sociales (especialmente a las mujeres casadas), no había vergüenza cultural ligada a sus actos, ya fuera con hombres o mujeres. Las prostitutas esclavizadas eran tal vez las personas más explotadas de todas, ya que incluso sus compañeros esclavos podían visitar burdeles.
La amenaza de abuso físico y azotes era omnipresente en la esclavitud estadounidense, pero ¿qué hay del abuso sexual? ¿Eran William Byrd y Thomas Thistlewood la excepción? En este aspecto, el triunfo de las costumbres cristianas acerca de la sexualidad pudo haber hecho que el abuso sexual fuera menos endémico (aunque todavía común) en los inicios del sistema esclavista moderno que en el antiguo. Los encuentros entre personas del mismo sexo ocurrieron en la América colonial, pero eran raros y obviamente caían bajo el estigma por la prohibición de tales relaciones en la Escritura. Asimismo, incluso los hombres casados de compromiso cristiano nominal sabían que abusar sexualmente de las mujeres (libres o esclavizadas) estaba mal, por lo que la evidencia de tales actos es usualmente indirecta o aparece en escritos privados que un amo nunca esperó que se hicieran públicos (como los de Byrd o Thistlewood). No era inusual que un hombre blanco viudo entablara una relación sexual a largo plazo, pero privada, con una mujer esclavizada, como se cree ampliamente que fue el caso de Thomas Jefferson y su esclava Sally Hemings.

Clase versus raza
Una clara diferencia entre la esclavitud antigua y la de los inicios del mundo moderno fue el rol de la raza. Los romanos tomaban a muchos esclavos de entre los pueblos que conquistaban, como el soldado tracio, gladiador y futuro rebelde Espartaco. La esclavitud era un sistema profundamente basado en las clases sociales en Roma, ya que las personas pobres a menudo vendían a sus hijos como esclavos por desesperación. Pero la “raza” en el sentido moderno jugó un rol periférico en el contexto antiguo. Los extranjeros conquistados podrían parecer una fuente obvia de esclavos, pero hubo pocos intentos de argumentar que algunas “razas” de personas fueran más aptas para la esclavitud que otras.
Los comienzos de la esclavitud en las Américas no fueron tan diferentes del sistema antiguo. Las primeras fuentes de esclavitud, comenzando con las expediciones de Colón al Nuevo Mundo, fueron los pueblos nativos conquistados de las Américas. La esclavización de los nativos americanos siguió siendo una parte importante (aunque a menudo olvidada) de la esclavitud estadounidense, al igual que la servidumbre por contrato de las personas blancas pobres. Sin embargo, hacia fines del siglo XVII, los ingleses en América comenzaron a recurrir a la esclavización de un número masivo de personas de África Occidental.
Esto preparó el escenario para que la raza pasara a primer plano en la ley colonial de los Estados Unidos, a medida que las diferencias raciales “negras” y “blancas” comenzaron a reemplazar lentamente la terminología anterior de pueblos “paganos” y “cristianos”, donde los primeros eran aptos para la esclavitud y los segundos no. Algunos cristianos incluso descubrieron una base para la esclavitud racial en la exégesis (ridícula) de la “maldición de Cam” en Génesis 9. Sin embargo, los intérpretes más cuidadosos de la Biblia, incluso los que estaban a favor de la esclavitud, se mantuvieron alejados de esas lecturas exóticas.

En conclusión, no parece haber mucho mérito en el argumento de que la antigua esclavitud grecorromana fuera más humana que la que apareció en los inicios del mundo moderno. Ambas presentaban abuso físico y sexual, aunque, en todo caso, la explotación sexual en el sistema antiguo pudo haber sido más abierta y sistémica. Los esclavos varones adolescentes (por ejemplo) sufrían una abierta depredación sexual por parte de los hombres romanos libres en maneras que no tenían un paralelo directo en América. El sistema moderno temprano añadió el prejuicio racial a la naturaleza abusiva de la esclavitud, haciendo aún más fácil para los blancos deshumanizar a las personas africanas o nativas americanas esclavizadas, y finalmente tratar a los afroamericanos esclavizados como “bienes muebles”, o piezas transferibles de propiedad, en el comercio enormemente lucrativo del reino del algodón.
¿Por qué la Escritura no dice más?
Así que no creo que la explicación del silencio del Nuevo Testamento basada en la relativa moderación de la esclavitud antigua sea persuasiva. La falta de comentarios en la Escritura sobre la maldad de la esclavitud en sí puede que no llegue a ser completamente explicable para nosotros en esta vida. Difícilmente sea una excusa recordarnos la advertencia del Señor a Su pueblo en Isaías 55:8: “Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos” (Is 55:8).
Aun así, existen algunas salvedades que pueden mitigar en cierta medida nuestra perplejidad al respecto. Una es que la Escritura ataca ciertos aspectos esenciales de la esclavitud tal como se practicaba en la antigua Grecia y Roma. La segunda es que en la época de las cartas del Nuevo Testamento, los cristianos difícilmente podían imaginar el cambio de las leyes de la sociedad en general, ya que eran una secta pequeña y a menudo perseguida que muchos forasteros consideraban un culto extraño. Pocos podrían haber imaginado un orden posconstantiniano en el que la moralidad cristiana se convirtiera en la ley del país.

Primero, el Antiguo y el Nuevo Testamento prohíben prácticas que se encontraban en el corazón de la institución de la esclavitud en sus formas antigua y moderna. Aparte de las prohibiciones generales sobre la violencia desenfrenada por parte de los cristianos, la restricción más obvia fue la que iba en contra de la práctica del “robo de hombres”, la cual está condenada en Éxodo, Deuteronomio y 1 Timoteo. Los ladrones de hombres eran traficantes de personas que secuestraban gente para venderla como esclavos. El robo de hombres era una práctica conocida pero prohibida en el mundo antiguo. Era más común entre los comerciantes de esclavos en África Occidental (tanto africanos como europeos), aunque solo fuera por la mayor escala de la trata atlántica de esclavos.
Las traducciones al inglés usan una variedad de palabras para el término de Pablo “robadores de hombres” (KJV) en 1 Timoteo 1:10, incluyendo la traducción amplia de la English Standard Version como “esclavizadores”. Si aquí la intención de Pablo no era solo acusar a los secuestradores, sino a los comerciantes de esclavos en general, esa prohibición habría condenado gran parte de las circunstancias originales de esclavización, tanto en la economía esclavista antigua como en la moderna. No habría tocado el estatus de aquellos nacidos en la esclavitud, y los afroamericanos nacidos en la esclavitud se convirtieron en la norma después de que Estados Unidos prohibiera más importaciones de esclavos en 1808. Sin embargo, sería difícil para cualquier dueño de esclavos sugerir plausiblemente que no tenía nada que ver con el tráfico de esclavos, especialmente si alguna vez había comprado uno en una subasta.
En un movimiento más sutil contra la esclavitud, Pablo denunció los encuentros eróticos extramaritales, incluyendo las relaciones con el mismo sexo y el recurso a las prostitutas, en pasajes como Romanos 1:26-27 y 1 Corintios 6:9-10. Para Pablo, este tipo de encuentros no matrimoniales representaban porneia, o fornicación, y estaban estrictamente prohibidos para los cristianos.

Cuando te das cuenta (como lo demuestra Kyle Harper) de que los encuentros homosexuales en el mundo antiguo eran comúnmente entre un hombre libre y un esclavo varón, y que las prostitutas eran a menudo mujeres esclavizadas, se hace evidente que Pablo estaba prohibiendo un comportamiento sexual que era esencial para la esclavitud de la Roma imperial. Acudir a prostitutas y abusar sexualmente de esclavos varones era común y no vergonzoso en la cultura romana pagana. Pero Pablo les estaba diciendo a las nuevas iglesias cristianas que no debían aprobar tal comportamiento entre los creyentes. Especialmente en los climas sexuales desinhibidos de Roma y Corinto, decirle a la gente que no participara en actos homosexuales y que no visitara a prostitutas era similar a condenar lo que la esclavitud en sí implicaba.
Los códigos éticos del Nuevo Testamento tendían a asumir que el mundo estaba caído y era profundamente jerárquico, y esos códigos forjaban una esfera alternativa de vida santa para los creyentes que vivían como extranjeros en ese mundo. A muchos en el antiguo Imperio Romano la ética sexual de Pablo les parecía casi incomprensible, en parte porque desafiaba fundamentalmente las normas sexuales de una sociedad basada en la esclavitud.
La situación de la Iglesia cambió dramáticamente después de la conversión del emperador Constantino en el siglo IV, cuando de pronto los cristianos pudieron imaginarse teniendo una influencia dominante sobre las costumbres y leyes del imperio. Eso hizo que ciertos cristianos comenzaran a pensar sobre la esclavitud de una manera más exhaustiva. De hecho, el propio Constantino expandió legalmente el poder de las iglesias para emancipar a las personas esclavizadas en una congregación.

Raíces de la abolición
Puede que la Biblia no nos dé ese escurridizo undécimo mandamiento, pero dada la inclinación de los códigos éticos de la Biblia, no sorprende que uno de los primeros escritores (y tal vez el primer escritor) en desafiar la esclavitud como institución no fuera un pagano griego o romano, sino un padre de la Iglesia cristiana, Gregorio de Nisa. Gregorio, nacido alrededor de la misma época de la muerte de Constantino en los años 330, enfureció contra la presunción pecaminosa de esclavizar a personas creadas a la imagen de Dios. “Si Dios no esclaviza lo que es libre, ¿quién es el que pone su propio poder por encima del de Dios?”, escribió. Como nota Kyle Harper, no es “una distinción menor ser el primer humano en haber dejado un argumento sobre la injusticia básica de la esclavitud”.
Este grato desarrollo (un argumento cristiano en contra de la esclavitud en sí) fue un resultado natural de la ética de la Biblia, la doctrina de la imago Dei y los inicios del pensamiento cristiano sobre lo que podría llegar a ser una sociedad cristiana pospagana. Por supuesto, el pensamiento cristiano nunca fue uniformemente antiesclavista hasta mucho después de que la esclavitud legalizada desapareciera en el siglo XIX. Pero las fuentes del pensamiento antiesclavista siempre fueron poderosamente cristianas.
Este artículo fue traducido y ajustado por David Riaño. El original fue publicado por Thomas S. Kidd en Desiring God. Allí se encuentran las citas y notas al pie.
