El territorio que hoy ocupa Turquía fue escenario de importantes acontecimientos registrados en la Palabra de Dios. Por ejemplo, fue en el extremo oriental del país, en el Monte Ararat, donde quedó el arca en la que Noé, su familia y los animales se resguardaron durante el diluvio (Gn 8:4). Además, en Tarso, una de las ciudades más pobladas del país, nació el apóstol Pablo (Hch 9:11), y la región de Galacia, destinataria de la carta a los Gálatas, se encuentra en el centro del territorio. A esto se suma que Turquía ocupa un lugar destacado en la historia de la Iglesia cristiana por haber sido sede del Primer Concilio de Nicea, que rechazó la herejía de Arrio y afirmó con claridad la plena divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.
Con este panorama, sería natural considerar que Turquía es un lugar, al menos, amigable para los seguidores de Jesucristo. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de esa idea. Según Puertas Abiertas, debido a la opresión islámica, el nacionalismo religioso, la paranoia dictatorial, la presión de los clanes y la hostilidad étnico-religiosa, este país tiene un nivel de persecución de 68 puntos (severo), lo que lo ubica en el puesto 41 del listado de naciones donde seguir a Cristo puede costar la vida.
Con el propósito de comprender mejor la realidad de este país, marcado por una profunda herencia cristiana y definido hoy como una república secular, entrevistamos a Erik Larson (nombre cambiado por razones de seguridad), un misionero que, tras años de evangelizar en Turquía, se vio obligado a abandonar el país y regresar a Estados Unidos. Esto fue lo que nos contó.

¿Cómo comenzaste tu relación con Cristo?
Por la gracia de Dios, mis padres creían en el Evangelio y eran miembros fieles de una iglesia local. Por eso, haber escuchado el Evangelio de Jesucristo es uno de mis primeros recuerdos. Dios me salvó y me llevó al arrepentimiento y a la fe cuando era muy joven. Fui bautizado a los 8 años. El Señor utilizó a mis padres y a la iglesia local para hacer crecer mi amor por Cristo, por Su Novia, por Su Palabra y por las naciones.
¿Cómo y cuándo recibiste el llamado para servir como misionero?
Mis padres y la iglesia en la que crecí nos animaban a tener un corazón para las naciones. A menudo venían misioneros a nuestra iglesia a compartir cómo Dios estaba obrando a través de ellos para fundar y fortalecer iglesias. Esto, junto con un anhelo de conocer otros lugares y culturas, fue lo que Dios utilizó para despertar en mí el deseo de ir a las naciones y ver cómo se daba a conocer Su gloria a través de las iglesias locales.
A los 12 años, realicé mi primer viaje intercultural para colaborar con una iglesia y un campamento infantil en Chile. El Señor utilizó esta experiencia para abrirme los ojos a Su obra a través de la Iglesia universal y para mostrarme cómo podía usarme en distintos lugares del mundo. Durante los siguientes doce años participé en múltiples viajes misioneros de corta duración. En medio de todo eso, se me presentaron oportunidades para liderar y crecer en el ministerio y, a mis 19 años, mi iglesia y los líderes que me rodeaban apoyaron mi aspiración de servir en el liderazgo del ministerio vocacional.

Cuando tenía 24 años, mientras predicaba sobre el libro de los Hechos, dije: “Es responsabilidad de todo cristiano fiel preguntarse si el Señor le está guiando a trasladarse a un lugar donde se necesita el Evangelio para proclamar Su gloria entre las naciones”. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi esposa y yo aún no habíamos dado ese paso. Comenzamos a orar y el Señor comenzó a obrar.
Durante las semanas siguientes, vimos cómo el Espíritu Santo aplicaba la Palabra de Dios entre Su pueblo, lo que nos llevó a convertirnos en misioneros. Es decir, el Espíritu Santo nos dio el deseo de ir, vimos la Gran Comisión en las Escrituras y quisimos obedecerla, mientras nuestra iglesia local confirmaba ese llamado en nuestras vidas. Ellos nos enviaron a Turquía para ayudar a fundar y fortalecer iglesias.
¿Cómo fue ese primer viaje misionero que mencionaste?
Fui a La Serena, Chile. Colaboramos con misioneros que servían en una iglesia local y en un campamento para adolescentes con dificultades. Recuerdo que mis sentidos se volvieron locos durante ese viaje: los olores, los paisajes, la comida y el idioma; todo a mi alrededor era diferente. El Señor utilizó esa experiencia para hacerme crecer, inculcarme amor por otras culturas y mostrarme que Su Iglesia es global.

¿Cómo surgió el llamado específico para servir en Turquía?
Nuestra organización nos ofreció varias oportunidades para unirnos a equipos de plantación de iglesias. No sabíamos nada sobre Turquía ni sobre el contexto musulmán. En realidad, eso no importaba demasiado porque íbamos como aprendices. Si hubiéramos planeado quedarnos a largo plazo desde el principio, creo que habría sido prudente visitar el lugar antes. Pero, por la gracia de Dios, terminamos en un equipo excelente, centrado en la iglesia local y comprometido con el Evangelio.
Tenía miedo de lo desconocido, de estar tan lejos de mi familia, de aprender un idioma tan difícil como el turco y de no saber qué me esperaba en el futuro. A los diez días de haber llegado al campo misionero, rompí a llorar. Mi esposa nunca me había visto así. Estaba agotado. La llamada a la oración desde las mezquitas me despertaba cada mañana, el idioma era extremadamente difícil, estaba atravesando un fuerte choque cultural y sentía que había perdido mi identidad. La oscuridad espiritual era pesada. Sin embargo, Dios fue bondadoso al sostenernos.
¿Cómo era la vida diaria en Turquía?
Los turcos son personas muy cálidas y hospitalarias. La comida es extraordinaria y Estambul es una de las ciudades más hermosas del mundo. Además, nos tocó servir junto a un equipo excelente, compuesto por personas de gran carácter, con una teología sólida y un profundo amor por la iglesia local. Entre ellos aprendí mucho acerca de una eclesiología bíblica y fiel, y pude ver cómo se vivía en la práctica. El Señor fue bondadoso con nosotros en todas estas cosas.

Ahora bien, nuestros dos primeros años fueron largos y difíciles. Dedicábamos al menos 30 horas semanales al aprendizaje del idioma. Estudiábamos con profesores particulares, en grupos y por cuenta propia. Ha sido lo más agotador que he hecho en mi vida. El turco es muy diferente del inglés y dominarlo exige una dedicación casi total durante varios años.
Hay dos aspectos importantes que conviene entender sobre el contexto turco. Primero, el nacionalismo y el islam están profundamente ligados. Para una gran mayoría, ser turco es ser musulmán; forma parte de su identidad desde el nacimiento. Segundo, existe una comprensión bastante universalista del islam. Muchos piensan que los cristianos también creen en Dios y simplemente siguen a otro profeta. Así que las conversaciones sobre el Evangelio fácilmente se convierten en un intercambio cultural.
Explicar la visión bíblica de Dios, la Trinidad, el pecado, nuestra necesidad de un sacrificio expiatorio, la ley, la gracia y otros temas fundamentales requiere mucho tiempo. La mayoría ha oído hablar de Isa Mesih, a quien identifican con el Jesús de la Biblia. Sin embargo, en realidad se trata de una figura presentada por Mahoma que difiere significativamente del Jesucristo revelado en las Escrituras. Ayudar a las personas a comprender quién es Jesús realmente y qué enseña la Biblia suele ser un proceso de años.

Viajaste con tu esposa. ¿Qué dificultades enfrentó ella como mujer en Turquía?
Por desgracia, muchos hombres turcos tienen una percepción distorsionada de las mujeres occidentales y las consideran promiscuas. En un par de ocasiones tocaron a mi esposa sin su consentimiento en el metro. Debido a su cabello rubio, algunos asumían que se comportaría como las mujeres que ven en películas o redes sociales occidentales. Para muchos, los “cristianos” son los estadounidenses o rusos que aparecen en ese tipo de contenidos. Eso puede complicar la estadía de una mujer extranjera.
El islam también tiene una visión problemática de la sexualidad. Los hombres rara vez enfrentan consecuencias sociales por la promiscuidad, mientras que las mujeres son juzgadas de manera muy distinta. Eso contribuye a que algunos hombres actúen de forma inapropiada. Gracias a Dios, a mi esposa nunca le ocurrió nada más grave.
Al mismo tiempo, el ser mujer le permitió relacionarse con otras mujeres y compartirles el Evangelio de maneras que los hombres no pueden. En las zonas más conservadoras del país, hombres y mujeres siguen llevando vidas bastante separadas. Por supuesto, también existen sectores mucho más seculares, especialmente en las grandes ciudades. Turquía está profundamente dividida en ese sentido. Por eso, ella tenía que discernir cada situación y adaptarse sabiamente al contexto al compartir el Evangelio.

Actualmente, en Hispanoamérica se emiten muchas series de televisión turcas, por lo que existe la percepción de una sociedad con valores morales tradicionales, pero sin el extremismo religioso de otros países musulmanes. ¿Cómo es realmente?
Creo que esa percepción es cierta en parte. La mayoría de los turcos son musulmanes nominales, profundamente influenciados por el secularismo, el materialismo y el nacionalismo. Se identifican como musulmanes, pero eso no necesariamente determina su manera de vivir. Sin embargo, el islam está tan entrelazado con la cultura que resulta difícil separarlo de la identidad nacional.
En cierto sentido, se parece al catolicismo cultural que existe en muchas partes de América Latina. Muchas personas se consideran católicas, pero esa identidad suele manifestarse principalmente en momentos específicos de la vida: el nacimiento, el bautismo, la confirmación, el matrimonio, la muerte o ciertas festividades religiosas. Algo parecido ocurre con muchos musulmanes en Turquía.
Dicho esto, el número de musulmanes conservadores ha venido creciendo. Al mismo tiempo, entre los jóvenes, el sistema de creencias que más rápido está aumentando es el deísmo.

La constitución de Turquía presenta al país como un Estado laico. Sin embargo, el actual presidente tiene antecedentes islámicos y existe la creencia popular de que ser un “verdadero turco” significa ser musulmán. En la práctica, ¿qué papel desempeña el islam en Turquía?
Aunque constitucionalmente se trate de un gobierno laico, el islam está entretejido en la cultura. Sin embargo, el país sigue muy dividido respecto a cómo debe influir el islam en la vida cotidiana. Los dirigentes actuales desean ejercer liderazgo en el mundo musulmán y, en muchos sentidos, lo hacen. Pero también hay numerosos turcos que consideran que el islam es una religión árabe y no desean identificarse demasiado con ella. Prefieren una versión más turca de esa fe.
Por ejemplo, durante un tiempo el llamado a la oración se realizaba únicamente en turco y no en árabe, pero eso cambió con la llegada de gobiernos más conservadores. No quieren ser árabes. Sin embargo, si se les pregunta directamente, la mayoría afirmará ser musulmana y razonará desde esa identidad. Es una mezcla muy particular. En realidad, la verdadera religión de Turquía es el nacionalismo, y eso es lo que une tanto a los musulmanes nominales como a los más conservadores.
La información disponible públicamente indica que ser cristiano no es ilegal en Turquía ni motivo de detención. Sin embargo, algunos testimonios describen rechazo familiar, discriminación laboral e incluso desheredamiento. ¿Existe discriminación o persecución contra los cristianos?
Sí, sin duda existe discriminación contra los cristianos, aunque se manifiesta de formas muy diversas. Un hermano de nuestra iglesia provenía de una familia musulmana nominal y secular. Cuando se convirtió a Cristo, sus padres lo apoyaron. En cambio, una hermana en Cristo procedía de una familia acomodada, educada y acostumbrada a viajar por todo el mundo. Su esposo era ateo, hablaba inglés y trabajaba para una empresa internacional. Uno podría pensar que su familia no tendría ningún problema con su conversión al cristianismo. Sin embargo, el mismo día de su bautismo, su padre la llamó para decirle que, si seguía adelante, la repudiaría y nunca volvería a ver a su hermana. Lo más triste es que ella comenzó su testimonio explicando que había crecido en una familia amorosa. Por la gracia de Dios, se bautizó ese mismo día.

Otro hermano fue amenazado por su propia familia con una pistola apuntándole a la cabeza. Provenía del este del país, una región más conservadora. También ha habido pastores golpeados, amenazas de muerte y, en 2007, el asesinato de tres cristianos.
Pero, por la gracia de Dios, la Iglesia sigue creciendo. Él incluso ha utilizado la persecución para fortalecerla. Además, las iglesias locales han obtenido algunas victorias legales importantes. Sin embargo, la presión social y familiar sigue siendo una realidad para muchos creyentes.
Durante muchos años, Turquía ha sido un destino importante para refugiados procedentes de países devastados por la guerra, como Siria. ¿Cómo afecta esta migración al trato que reciben los cristianos?
Como ocurre en muchos países, a los refugiados se les ha culpado de la delincuencia, la falta de empleo y otros problemas sociales. En algunos casos, esto ha alimentado la hostilidad hacia los extranjeros en general. Los cristianos, incluso los turcos, a veces terminan siendo incluidos dentro de esa categoría.

A varios plantadores de iglesias se les ha prohibido la entrada al país. No siempre existe una relación directa entre esas decisiones y la presencia de refugiados, pero sí es cierto que el prejuicio hacia los extranjeros ha aumentado en parte debido a esta situación. Y no se trata únicamente de refugiados sirios, sino también de personas procedentes de Afganistán, Rusia, Ucrania, Irak e Irán.
La migración ha llevado a algunos a hablar de una “islamización” de Europa. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Como cristiano, veo esto como una oportunidad para que los creyentes en Europa, y quienes se trasladen allí, acerquen el Evangelio a los musulmanes. Oro para que muchos inmigrantes lleguen a escuchar las Buenas Noticias. Por supuesto, eso requiere iglesias sanas, fuertes y valientes al compartir el Evangelio. Oro para que así sea. También creo que algunas narrativas han sido exageradas por medios nacionalistas.
Al mismo tiempo, considero legítimo que los países mantengan políticas migratorias claras y ordenadas. A mi juicio, el problema de fondo es más profundo que una simple islamización de Europa. La descristianización del continente ha contribuido a la caída de las tasas de natalidad, a una mayor necesidad de mano de obra y a la pérdida de muchos valores y referencias culturales históricamente cristianos.

Además, me preocupa que, en algunos contextos, el nacionalismo de derecha se esté mezclando con el cristianismo genuino. Se corre el riesgo de que Cristo se convierta en un simple símbolo cultural, en lugar de ser reconocido como Señor y Salvador.
Turquía ha sido escenario de momentos fundamentales para la historia de la Iglesia. ¿Cómo fue servir en una tierra con una herencia cristiana tan rica?
Fue maravilloso vivir allí rodeado de tanta historia. Realmente es uno de los países más hermosos del mundo, y eso incluye sus lugares históricos. Las siete iglesias del Apocalipsis estaban en el territorio de la actual Turquía. Además, gran parte de los viajes misioneros del apóstol Pablo transcurrieron allí. Lo mismo puede decirse de numerosos acontecimientos relacionados con los padres de la Iglesia.
Espero que muchos más cristianos puedan visitar estos lugares y oro para que los turcos despierten al Evangelio, en parte gracias a la extraordinaria herencia histórica que los rodea.

¿Cómo es la vida cotidiana de alguien que predica el Evangelio de Cristo en una tierra con una historia cristiana tan significativa?
Gran parte de la vida cotidiana es similar a la de cualquier otro lugar del mundo. Es una cultura más comunitaria que la de Europa o Estados Unidos. De hecho, creo que los latinoamericanos podrían sentirse bastante cómodos en la vida turca.
Como estadounidense, muchos daban por hecho que yo era cristiano. Eso resultaba útil y, al mismo tiempo, problemático. Facilitaba las conversaciones sobre el Evangelio, pero les costaba entender que no era el hecho de ser estadounidense lo que me hacía cristiano, sino que Dios me había concedido arrepentimiento y fe, y me había unido a Cristo.
¿Por qué tuviste que dejar Turquía?
Cuando regresaba de un viaje desde Estados Unidos, no me permitieron abordar el avión rumbo a Turquía. No me dieron ninguna explicación, salvo que tenía prohibida la entrada al país. En los últimos años, a muchos misioneros cristianos se les ha impedido regresar. No conocemos las razones exactas, pero sí sabemos que está relacionado con nuestro trabajo de apoyo y servicio a las iglesias locales.
Han sido meses muy difíciles para nuestra familia. Sin embargo, el Señor es soberano sobre esta situación y sabemos que la está utilizando providencialmente para Su gloria y Sus propósitos. Turquía es responsable de sus decisiones, pero Dios sigue siendo soberano.

Sin duda, tu ministerio ha llevado a muchas personas a la cruz. ¿Recuerdas algún testimonio de conversión que te haya marcado especialmente?
Una hermana creció en un hogar roto, su madre se había divorciado dos veces. Ella había rechazado el islam y vivía como atea. En medio de una profunda depresión, llegó a contemplar el suicidio. Por la gracia de Dios, alguien le entregó un Nuevo Testamento. No sabe quién ni dónde ocurrió. Comenzó a leerlo y a investigar en Internet. Algunos meses después, buscó una iglesia y encontró nuestra congregación de habla inglesa. Asistió un domingo y ese mismo día participó también en nuestra clase de introducción.
Durante las semanas siguientes, el Señor utilizó a la iglesia para anunciarle las Buenas Noticias. Estudiamos juntos el Evangelio de Marcos y ella se arrepintió, confesó su fe en Cristo y fue bautizada como miembro de nuestra congregación turca.
El número de personas que llegan a la fe en Turquía sigue siendo pequeño. Pero Dios está obrando. Él continúa edificando Su Iglesia. Y hay decenas de historias más como esta.

Una de las funciones de la iglesia es edificarnos mutuamente. A partir de tu experiencia evangelizando en Turquía, ¿qué exhortación harías a quienes vivimos en países donde nuestras vidas no corren peligro por proclamar el Evangelio y quizá hemos olvidado la Gran Comisión?
Creo que diría una sola palabra: recuerden.
Recuerden que las iglesias locales están llamadas a proteger, proclamar y mostrar el Evangelio. Todos los cristianos están llamados a hacer discípulos de todas las naciones. Aquellos que han sido equipados y calificados deben ser enviados para plantar más iglesias, cerca y lejos. Este es el plan de Dios. La iglesia local es el medio y el fin de la tarea misionera. Las iglesias locales son el catalizador, el conducto y la culminación de la obra misionera.
Es responsabilidad de cada cristiano orar, dar, enviar y, quizás, ir, para que las naciones escuchen el Evangelio, sean transformadas por Él, crean y se integren a una iglesia local. El Señor ha ordenado que tú, sí, tú, como miembro fiel de tu iglesia local, participes en la Gran Comisión haciendo discípulos y enseñándoles a obedecer todo lo que Él ha mandado. ¿Confiamos realmente en el poder del Evangelio para salvar? Si la respuesta es sí, entonces debemos proclamarlo a nuestros familiares, amigos y a las naciones.

¿Cuáles son tus planes a corto y mediano plazo?
Por la gracia de Dios, vamos a colaborar con una nueva organización fiel al Evangelio. En concreto, trabajaré para contribuir al desarrollo de infraestructura evangélica en ciudades de todo el mundo. Queremos dedicar nuestras vidas a la gloria de Dios entre las naciones por medio de las iglesias locales, formar discípulos maduros, establecer iglesias sanas y equipar a líderes locales para la gloria de Dios.
¿Tienes algún motivo de oración que quisieras compartir?
Oren para que la iglesia en Turquía ame a Cristo, conozca la Palabra de Dios, proclame con valentía el Evangelio y establezca iglesias sanas. Que pueda perseverar en medio de la persecución, las dificultades económicas y otras pruebas por amor a Cristo. Que cada día tome su cruz y siga a nuestro Salvador sacrificial.
Oren también por nuestra familia en esta transición hacia una nueva etapa. Amamos Turquía y desearíamos seguir viviendo y sirviendo allí, pero confiamos en el Señor. Y oren por nuestro hijo que está en sexto grado, para que aprenda a confiar en Dios y en los planes que Él tiene para nosotros.
