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Aunque en la mayor parte de América Latina el Día de Acción de Gracias no se celebra de manera generalizada, su historia nos pertenece a los creyentes más de lo que pensamos. Esta festividad, tan arraigada en la cultura estadounidense y canadiense, nació de un momento real de fe, escasez y dependencia absoluta de Dios. Y aunque hoy se asocia con mesas llenas de comida -con un pavo dorado en el centro- y las ofertas del Black Friday como inicio de la temporada de consumo, su origen tiene que ver con una comunidad de creyentes luchando por sobrevivir y reconociendo la mano del Señor en medio de la adversidad.
Puritanos sin hogar
Todo empezó con los puritanos separatistas que viajaron en el barco Mayflower y desembarcaron en Cape Cod, Massachusetts, en 1620. Previamente, estos cristianos devotos habían renunciado a la Iglesia anglicana de Inglaterra y huido a Holanda en busca de tolerancia religiosa. Estaban convencidos de que esta seguía “contaminada” por jerarquías y rituales católicos romanos que impedían el verdadero culto bíblico y, al considerarla imposible de reformar desde adentro, concluyeron que la única vía era la separación total.

Sin embargo, también terminaron saliendo de ese país porque temían no poder criar a sus hijos conforme a sus creencias en medio de una cultura que consideraban poco apropiada; al parecer, era increíblemente difícil ganarse la vida allí. En resumen, antes de convertirse en colonos, fueron peregrinos, aunque su migración se debió principalmente a motivos espirituales, no geográficos.
Con el paso de los siglos, la cultura popular estadounidense convirtió a los peregrinos en símbolos de valores que ellos no conocieron ni defendieron: ellos no eran patriotas estadounidenses, defensores de la libertad religiosa en el sentido moderno, ni pioneros del capitalismo. Especialmente en el siglo XIX, se les presentó como los “padres” del espíritu nacional, dándoles un papel que no tuvieron y proyectando sobre ellos ideas propias del imaginario estadounidense moderno. Pero históricamente, ellos solo querían libertad para ser puritanos, no para que cada uno eligiera su fe.

Los puritanos tampoco fueron los primeros en llegar al territorio que hoy es EE.UU. o en celebrar un día de acción de gracias; otros europeos ya habían organizado ese tipo de servicios en Florida, Maine y Virginia. Aun así, la conmemoración que ellos hicieron, y el relato posterior del mismo, terminó dándole forma al Día de Acción de Gracias tal como lo conocemos hoy.

Un momento para dar gracias
Durante el primer invierno que los migrantes pasaron en Norteamérica, la tragedia golpeó con fuerza: murieron 44 de los 102 colonos originales a causa de enfermedades y el frío extremo. Las reservas de alimentos eran tan reducidas que, según la tradición posterior, la ración diaria llegó a ser muy escasa —siglos después se adoptaría la creencia de que fueron cinco granos por persona—. No había lo suficiente para garantizar la supervivencia y el clima mismo amenazaba con extinguir la colonia. Sin embargo, lograron resistir gracias a las pocas provisiones que quedaban en el barco y al maíz que pudieron recolectar de la zona, hasta que la llegada de la primavera trajo un alivio providencial.
Posteriormente, a finales de septiembre o principios de octubre de 1621, los peregrinos celebraron su cosecha recién recolectada. Edward Winslow (1595-1655), uno de los colonos, registró que comieron algún tipo de “ave”, muy probablemente un ganso o pato. El festín también pudo haber incluido mariscos, tal vez anguila y vegetales como nabos y zanahorias, que en su mayor parte habían sido provistas por la tribu indígena Wampanoag, a la que habían invitado para la ocasión. Como señalan varios historiadores especializados en la colonia de Plymouth, no se sentaron frente a los nativos en una mesa larga. Lo más probable es que la fiesta tuviera lugar al aire libre y que la mayoría se sentara en el suelo y comiera con las manos.

La cosecha del siguiente otoño, en 1621, trajo por fin esperanza. El gobernador William Bradford organizó una celebración para regocijarse de que habían logrado recolectar el fruto de su trabajo y estaban sobreviviendo. A este festejo, que duró tres días, asistió el líder indígena Massasoit con unos 90 hombres, quienes aportaron cinco ciervos para el banquete. Fue un tiempo de diplomacia, juegos y comida compartida, donde las barreras culturales se relajaron brevemente. Aunque para los puritanos esto fue una “fiesta de la cosecha” y no un servicio religioso solemne, aquel encuentro sembró la semilla de gratitud y convivencia que hoy recordamos como “Acción de Gracias”.
Así, estos peregrinos vieron en su supervivencia la mano de Dios: agradecieron por haber encontrado un lugar donde establecerse, por la paz momentánea con los nativos y, sobre todo, por la libertad para practicar su fe. A partir de eventos como este y de los días oficiales de oración que establecerían años más tarde, el concepto de Acción de Gracias se arraigó como una ocasión para reconocer la provisión divina.

En 1863, el presidente Abraham Lincoln (1809-1865) dejó oficialmente libre el último jueves de noviembre como “un día de acción de gracias y alabanza a nuestro benévolo Padre”. En 1941, el Congreso dictaminó que, después de ese año, el cuarto jueves de noviembre se celebrara el Día de Acción de Gracias y se convirtiera en un feriado legal.
De forma temporal, las generaciones posteriores de estadounidenses lograron convertir aquella fecha en un tiempo de adoración y agradecimiento centrados en la fe, pero finalmente aquello se desvaneció al darle un mayor enfoque tanto a las comidas familiares como a los juegos de fútbol americano y el consumismo. Se ha dejado su tradición espiritual y se le ha convertido en otro feriado más, uno que anticipa la temporada del año en la que hay mayor consumismo. Así, se ha desdibujado el sentido original de la conmemoración.

¿Un día de Acción de Gracias hoy?
En torno a esta celebración sería bueno rescatar el interés que todos deberíamos tener por el pasado. Como lo muestra el contexto previo a su surgimiento, es importante recordar que la fe en medio de las dificultades y la necesidad de encontrar espacios para adorar al Señor, han sido retos con los que otros creyentes ya tuvieron que lidiar. Esto nos anima en medio de nuestro andar cristiano, nos alienta a permanecer y nos lleva a agradecer por la providencia del Señor y por Su provisión.
También podríamos preguntarnos qué factores culturales, sociales o incluso económicos nos están distrayendo de darle gracias a Él y adorarle. ¿El secularismo? ¿El relativismo? ¿El consumismo? ¿La productividad? ¿Las redes sociales? ¿Las apariencias?
Además, a diferencia de muchos cristianos de ayer —como los peregrinos—, la mayoría de cristianos en Occidente estamos demasiado cómodos. Los creyentes en EE.UU. y Canadá, los países en los que más se celebra esta festividad, están sumergidos en culturas de consumo. Aquellos hombres del pasado, entonces, nos enseñan a poner nuestras mentes en las verdades de Dios y a recordar que debemos acumular tesoros en el cielo.

Sumado a esto, la cultura materialista nos hace olvidar que no podremos evitar el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Pero la historia del Día de Acción de Gracias nos recuerda que los primeros que celebraron esta fiesta sí tenían esas realidades no solo en mente, sino latentes. Si bien vivían al filo de ellas, el cuidado de Dios se convirtió en motivo para adorarle. Tengamos en mente que somos “peregrinos y extranjeros” en este mundo y que, por mucho que podamos disfrutar nuestra vida aquí, no pertenecemos a él.
La tierra prometida para los creyentes no es vivir en una sociedad desarrollada y próspera, o tener abundancia de bienes materiales. Nuestra tierra prometida está en la infinita abundancia espiritual del Evangelio y en la morada que Cristo está preparando para nosotros. Nuestra final y auténtica cena de Acción de Gracias será el día en el que finalmente Cristo y Su Iglesia sean reunidos para habitar eternamente.

Mientras esperamos ese momento con gran expectativa, celebremos las bendiciones y promesas que el Señor nos ha regalado en Cristo y que podemos disfrutar desde ahora: la salvación y el gozo que ella produce, Su Santo Espíritu, la obediencia por medio de Él, la compañía constante de Jesucristo hasta el fin del mundo, el perdón y otras tantas riquezas más.
Referencias y bibliografía
Día de Acción de Gracias | USAGov
El Día de Acción de Gracias: ¿cuál es su origen y por qué se come un pavo? | National Geographic
Plimoth Patuxet Museums | Thanksgiving
PRIMARY SOURCES FOR "THE FIRST THANKSGIVING" AT PLYMOUTH | Pilgrim Hall Museum
Thanksgiving History - General Society of Mayflower Descendants | The Mayflower Society
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