Lo que leemos en las páginas del Nuevo Testamento sobre el sacrificio de Esteban o el arresto de los apóstoles no es una narración lejana, sino el pan de cada día para millones de hermanos. Nuestro Señor nos advirtió con claridad que, si el mundo lo odió a Él, también nos odiaría a nosotros, pues el siervo no es mayor que su Maestro. Y como creyentes, no podemos ser indiferentes ante esta situación, pues la Escritura nos enseña que el pueblo de Cristo es un solo cuerpo (1Co 12); si una parte sufre, el dolor debe sentirse en todo el organismo.
Cada año, la publicación de la Lista Mundial de Persecución de Puertas Abiertas nos invita a mirar de cerca las heridas y la valentía de nuestra familia global. El informe, que fue presentado este 13 de enero de 2026, clasifica a los 50 países del mundo en los que seguir a Jesús implica los riesgos más altos. Se dividen en dos grupos: los que sufren “persecución extrema” —los primeros quince, donde la opresión es total— y aquellos que sufren “persecución severa” —es decir, los últimos 35—. Hoy, las cifras nos hablan de una crisis de proporciones inmensas: uno de cada siete cristianos en el mundo, aproximadamente 388 millones de personas, es perseguido.
En un sentido profundo, el documento de Puertas Abiertas es un mapa para que todos los creyentes intercedamos ante el Señor por aquellos miembros de nuestra familia que están sufriendo. El presente artículo busca resaltar algunos de los aspectos más urgentes de este año. A continuación, compartiremos cinco palabras clave para entender la persecución de la Iglesia en la actualidad. Toda la información detallada por país puede consultarse directamente en el portal de Puertas Abiertas.

1. “Desilusión” en Siria
El cambio más drástico en la lista de este año lo protagoniza Siria, que ha escalado de forma alarmante desde el puesto 18 hasta el número 6. Tras años de una guerra civil agotadora, la comunidad cristiana ha pasado de un optimismo cauteloso a una decepción profunda. Aunque el régimen de Bashar al-Assad estaba marcado por el autoritarismo, existía una suerte de protección secular que mantenía a raya a los grupos yihadistas más extremos. Sin embargo, tras la caída de Assad en diciembre de 2024, el vacío de poder fue llenado por grupos como Hay'at Tahrir al-Sham (HTS), que es yihadista. Aunque inicialmente prometieron seguridad para todos, la realidad ha sido devastadora.
El punto de quiebre ocurrió en junio de 2025, con un sangriento atentado suicida en una iglesia de Damasco que dejó 22 muertos y más de 60 heridos. Matthew Barnes, comunicador de Puertas Abiertas en la región, explica con dolor este retroceso: “Vimos una reversión devastadora: un atentado suicida, iglesias profanadas y cristianos forzados al desplazamiento. Esta dura realidad exige atención internacional urgente”. La desilusión es total; los espacios que antes se consideraban seguros ya no lo son, y muchos creyentes han dejado de congregarse por el temor constante a nuevos ataques, sintiendo que la libertad de culto se asfixia sistemáticamente bajo el nuevo mando.
2. “Masacre” en África Subsahariana
África Subsahariana se ha convertido, sin lugar a dudas, en el epicentro de la violencia contra el pueblo de Dios. Con catorce países de esta región dentro de la lista —y cuatro de ellos en el “top 10”—, la escala de la persecución es sobrecogedora. En todo el mundo, solo tres países alcanzaron este año la puntuación máxima en la categoría de “violencia”, y los tres están en esta zona: Sudán, Nigeria y Malí. La tragedia se magnifica cuando entendemos que uno de cada ocho cristianos en el planeta vive en estos 14 países, lo que convierte a la región en un epicentro de hostilidad, donde la vida parece haber perdido su valor ante los ojos de los extremistas.

La combinación de gobiernos débiles, inestabilidad política e insurgencias armadas ha creado el escenario perfecto para que grupos radicales avancen en sus agendas, de manera que innumerables ciudadanos, muchos de ellos cristianos, mueren en el fuego cruzado de conflictos internos e incluso, en varias ocasiones, son blancos directos, como está sucediendo en Nigeria y Etiopía. La persecución aquí trasciende la presión social y se convierte en una masacre silenciosa contra los más vulnerables.

3. “Violencia” creciente en el mundo
Los perseguidores han cambiado su objetivo: han pasado del ladrillo y el cemento a la carne y el hueso. Al observar el panorama global de este 2026, notamos una tendencia inquietante: aunque los ataques a edificios de iglesias han disminuido significativamente —bajando de más de 7000 a cerca de 3600—, la violencia contra las personas ha escalado. El número de cristianos asesinados por su fe creció de 4476 el año pasado a 4849 en el presente informe.
Pero lo más preocupante es el aumento en formas de violencia más personales e íntimas. Los casos de abuso físico o mental se dispararon, superando los 67.000 reportes, mientras que la violencia sexual y el acoso contra mujeres cristianas alcanzaron los 4055 casos documentados. Asimismo, los matrimonios forzados con no cristianos y las condenas judiciales por motivos religiosos han mostrado una curva ascendente. Incluso el desplazamiento interno es masivo, con más de 200.000 hermanos obligados a esconderse o huir dentro de sus propias fronteras. Estas cifras nos muestran que la persecución se ha vuelto más dirigida y cruel, con el objetivo de quebrar no solo la estructura de la Iglesia, sino la integridad física y emocional de cada creyente.

4. “Ojos” sobre América Latina
Para quienes vivimos en América Latina, leer que nuestra región aparece en una lista de persecución puede resultar extraño, pues no solemos ver ataques frontales en las ciudades principales. Sin embargo, en países como México (puesto 30) y Colombia (puesto 47), hay una hostilidad que nace de un vacío de autoridad estatal y que resulta en el sufrimiento de muchos cristianos, principalmente en zonas rurales afectadas por grupos al margen de la ley.
Por un lado, los pastores son blanco del crimen organizado y las milicias armadas porque representan un obstáculo moral y social para sus actividades ilícitas. Al rescatar a jóvenes de las pandillas o negarse a pagar extorsiones —las llamadas “vacunas”—, los pastores se convierten en enemigos de los carteles. Además, en comunidades indígenas, quienes abrazan el cristianismo son a menudo excluidos o atacados por abandonar las tradiciones ancestrales. Por otro lado, en Nicaragua (puesto 32) y Cuba (puesto 24), la presión viene directamente del Estado, que ve en la Iglesia una competencia ideológica que debe ser vigilada y restringida.
Pero, en medio de esta presión, Dios ha provisto la bendición de la visibilidad internacional, la cual está trayendo cambios positivos. La condena pública de entidades como la Unión Europea y las sanciones contra abusos a la libertad religiosa han dado una capa de protección que antes no existía. La Iglesia latina, lejos de amedrentarse, está respondiendo con una resiliencia asombrosa. Las congregaciones están encontrando formas creativas de adaptar sus ministerios, sirviendo a las poblaciones vulnerables y demostrando que su fe es más fuerte que cualquier restricción impuesta por grupos criminales o gobiernos autoritarios.

5. “Calma relativa” en Bangladesh
Finalmente, encontramos una nota de alivio en Bangladesh, que ocupa el puesto 33. Tras los disturbios que llevaron al derrocamiento del gobierno anterior en agosto de 2024, el país ha experimentado un descenso del 20% en su nivel de violencia este año. Mucho de esto se atribuye a la figura de Muhammad Yunus, líder del gobierno interino y Premio Nobel de la Paz. Yunus ha defendido públicamente la importancia de la libertad religiosa y la protección de las minorías, lo cual ha traído un respiro a la comunidad cristiana después de años de mucha tensión.
Sin embargo, esta calma es calificada como “relativa” porque el futuro es incierto. Las elecciones programadas para el próximo mes serán la verdadera prueba para determinar si la influencia de los sectores islámicos radicales crecerá, trayendo de vuelta las restricciones. Por ahora, los hermanos en Bangladesh disfrutan de un tiempo de menor hostilidad física, pero la incertidumbre política nos recuerda que su seguridad sigue siendo frágil y que necesitan de nuestras oraciones para que la apertura actual no sea solo un paréntesis pasajero.

Nuestra esperanza en el Rey que viene
Al analizar estas realidades, es fácil caer en el desánimo o poner nuestra confianza en que un cambio de gobierno o una nueva ley traiga la paz definitiva. Pero la historia y el informe de este año nos demuestran que las estructuras humanas son cambiantes y, a menudo, fallidas. La “desilusión” en Siria o la “calma” frágil en Bangladesh nos enseñan que ningún gobernante terrenal puede garantizarnos una esperanza inquebrantable.
Jesús mismo conoció desde su nacimiento lo que significa ser perseguido por un poder autoritario: Herodes, en su temor por perder el trono, intentó acabar con Su vida, causando dolor en muchas familias. Pero el plan de Dios no fue frustrado. La profecía de Miqueas 5 nos recuerda que de Belén saldría aquel que gobernaría con paz y cuya grandeza alcanzaría los confines de la tierra. Nuestra mirada debe elevarse hacia el Gobernante prometido. Nuestra esperanza no debería ser política, sino escatológica: confiamos en que Cristo volverá para reinar con justicia perfecta, en un reino donde ya no habrá más llanto, dolor… ni persecución.
Mientras aguardamos ese día, la realidad de estos 388 millones de hermanos debe impulsarnos a una vida de piedad y servicio. Como nos recuerda la epístola de Santiago, las pruebas producen en nosotros un carácter probado y nos llaman a cuidar de los afligidos. Que en este 2026 clamemos de rodillas por Siria, por África y por cada rincón donde el nombre de Jesús es motivo de oprobio, sabiendo que nuestro Rey tiene la última palabra y que Su victoria es segura.
Referencias y bibliografía
Lista Mundial de Persecución 2026 | Puertas Abiertas América Latina
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