Hace poco tuve el privilegio de predicar sobre el capítulo 22 del libro de los Hechos. En ese pasaje encontramos, por segunda vez en el relato bíblico, la historia de la conversión de Saulo de Tarso. Resulta asombroso observar que, casi 25 años después de aquel encuentro en el camino a Damasco, Pablo seguía perseverando con la misma comisión de predicar el Evangelio. Eso es lo que yo quiero para mi ministerio, y sin duda lo que quiere cada pastor cuando apenas empieza su servicio. Sin embargo, con tantas noticias de hombres abandonando el pastorado o fallando moralmente, perseverar parece un logro imposible. Ciertamente, los desafíos que enfrenta un pastor son innumerables. ¿Cómo evitar renunciar?
Con esta pregunta en mente, veo muy relevante el estudio que realizó Lifeway Research en septiembre de 2025. Este ministerio comparó a pastores actuales y expastores protestantes con el fin de revelar qué factores predicen la probabilidad de abandonar el ministerio. Todos podemos teorizar sobre por qué los líderes renuncian, pero este estudio ofrece una perspectiva basada en datos concretos. Según Scott McConnell, director ejecutivo de Lifeway Research, “esta rara oportunidad de ver qué ayuda y qué disminuye la probabilidad de que un pastor permanezca en el ministerio señala áreas prácticas en las que los pastores y sus congregaciones pueden invertir para la longevidad”.
Según una investigación previa, solo el 1.1% de los pastores protestantes en los Estados Unidos deja el ministerio pastoral cada año antes de jubilarse. Aunque la gran mayoría permanece en sus puestos, el estudio se centró en ese pequeño porcentaje que se retira para identificar las causas detrás de su decisión. Básicamente, los investigadores compararon las respuestas de quienes siguen en el púlpito con las de aquellos que ya no están para ver qué cosas hacían de forma diferente.

Pero, además de presentar los datos encontrados por Lifeway, en BITE quisimos entrevistar a pastores de diferentes países de Hispanoamérica para analizar estos hallazgos. Por ello, los datos estadísticos estarán entremezclados con la voz de tres ministros de larga trayectoria: Israel Saenz, pastor en la Iglesia Evangélica Bautista de Córdoba, en España; Marcos Peña, pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana; y Juan Fernando Moncayo (Jotta Moncayo), pastor en la Iglesia La Fuente, en Quito, Ecuador. A continuación, analizaremos los ocho puntos clave de la investigación de Lifeway a la luz de las experiencias y consejos de estos pastores.
1. La familia
Lifeway revela que el bienestar del hogar es uno de los predictores más fuertes de la longevidad pastoral. Los pastores que afirman poner a su familia en primer lugar ante conflictos de tiempo tienen 1.7 veces más probabilidades de permanecer en el ministerio. En contraste, el 41% de los expastores sentía que su familia resentía las demandas de la iglesia, frente a solo un 16% de los pastores actuales. De hecho, con cada nivel de aumento en esa animadversión familiar, el líder es 1.3 veces menos propenso a seguir en su cargo.
Sobre este punto, Peña afirmó:
El diseño de Dios tiene prioridades y es evidente en la Escritura que la familia sustenta al ministerio, no el ministerio a la familia (…) si un pastor no tiene su familia en orden, entonces está descalificado para el ministerio. (…) si una cosa descalifica la otra, es evidente que la familia del pastor es más importante que el pastorado.

Para proteger este espacio, Peña sugiere instruir a la congregación: “Las principales ovejas que el pastor tiene que atender son su esposa y sus hijos, y en ese orden”.
Saenz refuerza esta visión definiendo al hogar como el “primer rebaño”. Según él, descuidar esta área conlleva graves consecuencias espirituales: “Nadie puede ser valiente cuando el corazón le reprende; y es imposible tener una limpia conciencia cuando la esposa y los hijos están recibiendo tan solo las sobras del tiempo y las ganas”. El pastor advierte que cuando se viola este orden, se “peca y contrista al Espíritu Santo”, lo que limita Su influencia en la vida del ministro.
2. Expectativas
El análisis de Lifeway revela que los pastores actuales y los antiguos enfrentaron expectativas drásticamente diferentes desde el inicio de su gestión. Mientras que el 68% de los pastores actuales afirma que su congregación le fue descrita con precisión antes de su llegada, solo el 49% de los expastores opina lo mismo. Asimismo, el 72% de los pastores en funciones cuenta con un documento que detalla lo que la iglesia espera de ellos, en contraste con apenas el 32% de quienes abandonaron el ministerio. La disparidad también es evidente en la percepción de las demandas: solo el 19% de quienes todavía ejercen el ministerio considera que su congregación tiene expectativas poco realistas, frente a un 53% de los antiguos pastores.
Estas cifras se traducen en probabilidades concretas de longevidad. Los pastores que sienten que recibieron una descripción precisa de su congregación antes de llegar son 1.4 veces más propensos a seguir sirviendo. Contar con un documento que comunique las expectativas aumenta esta probabilidad en 2.7 veces. Por el contrario, la percepción de demandas irreales hace que un líder sea 1.6 veces menos propenso a permanecer en el ministerio.

Peña explica la necesidad de claridad administrativa: “El pastorado es un trabajo como otro cualquiera. (…) es importantísimo tener una descripción de puesto”. También advierte que “cuando en una iglesia no hay una descripción de puesto, no hay un documento que unifique los criterios, cada cual tiene en su cabeza qué es lo que el pastor debe hacer. Y cuando el pastor no responde a sus expectativas, la gente se siente mal (…) y eso emocionalmente termina afectando al pastor”.
Finalmente, Moncayo señala que las expectativas nacen de deseos internos: “Si es que no hay claridad en qué es lo que se espera, muchas personas van a tener muchas expectativas del pastor (…). Todo mundo tiene esas expectativas que salen de deseos que están en el hombre interior de una persona”. Por eso, la solución no puede ser solo documental: “No solamente es el redactar el documento (…) también necesita ese pastor (…) poder enseñar a la iglesia qué es lo que hace un pastor, qué es lo que no hace un pastor y tener una filosofía de ministerio bíblica”.

3. Consejería
A medida que los pastores enfrentan desafíos dentro de sus congregaciones, contar con herramientas de consejería resulta determinante para su permanencia. Según la investigación de Lifeway, los pastores que tienen un ministerio de consejería laica en su iglesia tienen 2.6 veces más probabilidades de continuar en el ministerio. Asimismo, aquellos que han tomado cursos de posgrado en consejería tienen 1.9 veces más probabilidades de permanecer, mientras que asistir a conferencias sobre el tema aumenta esa probabilidad en 1.7 veces.
Sobre la necesidad de estar capacitado, Peña afirma: “Es muy lógico que un pastor que no esté capacitado en consejería se abrume. ¿Por qué? Porque los casos que llegan en la iglesia son innumerables y a veces son muy complejos”. Además, advierte sobre la sensación de impotencia: “Si uno siente que no sabe por dónde iniciar o uno está acostumbrado a resolverlo todo con decirle que oren más y que busquen el rostro de Dios (…) definitivamente va a llegar un momento donde esa sensación de impotencia y de fracaso lo va a arropar”. Peña enfatiza la importancia de preparar a otros: “Los pastores debemos ser intencionales en preparar hombres para el ministerio. No podemos pretender que el ministerio depende solamente de nosotros. (…) Nosotros preparamos a otros más para que nos ayuden en la labor”.

Por su parte, Saenz advierte que el crecimiento de la iglesia multiplica las demandas: “Si el pastor no puede contar con personas suficientemente capacitadas para esta labor, o, por alguna razón, considera inapropiado delegarla, pronto se cargará con más peso del que puede llevar. Si sigue así, el agotamiento y el colapso es cuestión de tiempo”. Saenz subraya que esta es una tarea colectiva: “Amonestar, alentar, animar, edificar, orar, sostener y restaurar son responsabilidades propias de toda la familia de la fe”.
4. Conflicto en la iglesia
El conflicto interno y las tensiones ideológicas son factores que impactan directamente la estabilidad del pastor. Los datos de Lifeway muestran que los pastores cuyas iglesias tienen un proceso establecido para la disciplina eclesiástica son 2.5 veces más propensos a seguir sirviendo. Por el contrario, aquellos que aseguran haber experimentado un conflicto significativo dentro de su congregación en el último año tienen 1.6 veces menos probabilidades de permanecer. Específicamente, el conflicto relacionado con la política nacional o local reduce la probabilidad de permanencia en 2.5 veces.
Saenz analiza cómo la política puede fracturar la misión: “Cuando las ideologías y la política polarizan una iglesia es porque sus miembros están perdiendo de vista la esencia del Evangelio y el meollo de la misión. Entonces, la mirada se vuelve horizontal; la atención se concentra en las cosas de la tierra y surgen las facciones”.

Por su parte, Moncayo destaca que la sobreinformación actual agrava el problema: “Un pastor el día de hoy se va a enterar de todas las cosas debido a las redes sociales. Entonces, va a sentir que tiene un montón de áreas a las que debe tratar de responder. Y responder a eso es abrumante”. Adicionalmente, la polarización política lleva a muchos al límite. Moncayo observa: “Tú puedes ser de izquierda o derecha a muerte y con eso atraes división a la iglesia. (…) eso se vuelve un motivo donde personas dicen: ‘Hasta aquí llegué’”.
5. Relaciones clave
El aislamiento es uno de los predictores más críticos para el abandono del ministerio. Según Lifeway, el 68% de los expastores se sentían aislados en su rol, en comparación con solo un tercio de los pastores actuales. El estudio determinó que, a mayor sentimiento de soledad, un líder es 1.7 veces menos propenso a continuar en su cargo. En contraste, las relaciones de confianza dentro de la congregación actúan como un fuerte protector: aquellos que se reúnen al menos una vez al mes y comparten abiertamente sus luchas con un grupo de estudio bíblico en su iglesia son 3.9 veces más propensos a permanecer, mientras que al hacerlo con líderes laicos esa probabilidad aumenta 2.2 veces.
Sobre este aislamiento, Moncayo explica que la naturaleza del trabajo contribuye a esta realidad: “Un pastor muchas veces va a enterarse de información muy específica y personal de las personas, y si es que está haciendo bien su trabajo, tiene que ser muy cuidadoso con respecto a la confidencialidad. Obviamente eso aísla, porque va a saber cosas que no le puede contar a todo el mundo”. Moncayo también apunta al corazón del líder: “Nuestro corazón también puede ser parte del problema, porque nos gusta aislarnos, ser herméticos”.

Saenz identifica otros factores que empujan al líder a la soledad, como la preocupación por la salud espiritual de sus ovejas y la vanidad: “Con frecuencia, el pastor evita mostrarse vulnerable para no perder su reputación. Tal vez haya personas maduras que pudieran acompañarle en ciertos escenarios de prueba, pero teme mostrarse débil porque, en el fondo, anhela la admiración de las personas a las que sirve”.
Peña rechaza la idea de que el ministerio deba ser solitario por definición: “Creo que el pastor puede tener amigos dentro de la congregación, que ni siquiera tienen que ser diáconos o líderes. Amigos espirituales, amigos cercanos, con los que comparte cosas que posiblemente no comparte con sus diáconos”. Peña aclara el propósito de estas amistades: “No es tener a alguien cerca para contarle los problemas de los hermanos; eso es antiético. Es tener a alguien cerca para contarle mis problemas y preocupaciones”.
6. Orgullo pastoral
La percepción que el pastor tiene de su propia importancia en el éxito de la iglesia es otro factor determinante. Lifeway encontró que el 39% de los pastores actuales creen que su iglesia no habría logrado el progreso alcanzado sin ellos; sin embargo, entre los expastores, esa cifra se eleva al 68%. El estudio indica que, por cada nivel en que un pastor atribuye el progreso a sí mismo, la probabilidad de permanecer en el ministerio cae 1.8 veces. Además, aquellos que están seguros de que pueden quedarse en su iglesia “todo el tiempo que quieran” (es decir, que no creen que hay algo que los ponga en peligro) son 1.5 veces menos propensos a continuar en el pastorado.

Peña enfatiza que la autosuficiencia es incompatible con el servicio a Dios: “La Iglesia es de Cristo, no nuestra. Nosotros somos siervos inútiles, y haríamos mal en atribuirnos cualquier cosa buena que pueda haber en la Iglesia. De hecho, uno de los pecados que Dios más aborrece es el orgullo, la autosuficiencia”. Peña advierte: “Ningún pastor, absolutamente ningún pastor, es indispensable. El que crea que lo es está impidiendo que Dios lo use para gloria de Su nombre, porque Dios es un Dios celoso y no comparte Su gloria con nadie”.
Saenz coincide en que creerse indispensable es una señal de pérdida de enfoque espiritual: “La persona que presume de ser necesaria (aunque nunca se exprese de tal modo) ha perdido de vista al Señor y se ha desquiciado. Ha olvidado que, como dijo Pablo, ‘ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento’ (1 Co 3:7)”. Saenz añade que esta actitud tiene consecuencias prácticas en la gestión: “Para quien se cree indispensable, delegar tareas es traumático. Suele pensar que, si otro hace la labor, esta dejará de ser excelente. Por tanto, su tendencia es acaparar el ministerio (…). El resultado es el desgaste y, si no se remedia, la renuncia o el colapso”.

7. Descanso
La investigación de Lifeway establece que el reposo no es un lujo, sino una herramienta de permanencia. Los pastores cuyas iglesias cuentan con un plan formal para que reciban un año sabático o descanso periódico tienen 1.7 veces más probabilidades de permanecer en el ministerio. Sin embargo, la cultura de la eficiencia suele presionar al líder para que ignore esta necesidad.
Peña fundamenta la importancia del reposo en el orden de la creación: “Desde el principio Dios estableció una semana de siete días con un día de reposo. Y eso no se hizo por causa de la caída. Es así desde el inicio de la creación del mundo y lo estableció como un patrón”. Peña es enfático al señalar la negligencia en esta área: “El pastor que se gloría porque tiene años que no toma vacaciones, sin darse cuenta, se está inculpando, primero, de falta de conocimiento de la Palabra de Dios y, segundo, de una falta grave, porque peca contra Dios cuando no cuida su vaso, que es su cuerpo. Peca contra Dios cuando no cuida a su familia”.

Saenz advierte que el agotamiento del líder afecta directamente a la congregación local: “Cuando el pastor sufre el deterioro de su alma, la iglesia también sufre. Por tanto, una iglesia celosa de su propia salud debe velar por la salud de sus ministros”. Saenz considera imprescindible establecer ritmos claros: “Considero imprescindible, para la salud emocional del pastor y de su familia, establecer un día semanal de verdadero descanso. Un día en el que pueda dejar a un lado las responsabilidades ministeriales, contemplar, recrearse, disfrutar de un ocio sano y conectar de manera especial con los suyos”.
8. Demografía
El estudio también arroja datos sobre cómo factores externos, como la edad y el tamaño de la congregación, influyen en la salida de los pastores. Aquellos que tienen entre 55 y 64 años tienen 2.6 veces menos probabilidades de seguir en el ministerio en comparación con otros grupos de edad. Asimismo, el tamaño de la iglesia juega un papel crítico: los pastores que lideran congregaciones con una asistencia de 100 a 249 personas tienen 1.8 veces menos probabilidades de permanecer. La cifra más impactante se da en iglesias con 250 o más asistentes, donde los pastores son 7.3 veces más propensos a retirarse antes de tiempo.
Saenz señala que el crecimiento numérico suele estar ligado a la figura del líder, lo que genera una demanda insostenible:
Con frecuencia, el crecimiento se debe al atractivo que ejerce el carisma del líder. Cuando es así, las personas demandan su participación en cada una de las iniciativas. Si el pastor condesciende con tales expectativas y no mortifica su vanidad; si quiere dar glamur con su presencia a todos los programas, está precipitando su desplome.

Finalmente, Moncayo analiza el cambio de dinámica que ocurre al superar los 250 miembros: “será difícil tener el mismo tipo de profundidad con todas las personas de la iglesia que tenías al inicio. (…) las dinámicas cambian donde hay una profesionalización de muchas personas (…) la idea es [ser] más relacional y menos corporativo”. Moncayo sugiere que la clave para no sucumbir ante esta complejidad es la “mayordomía de uno mismo” y el saber decir “no” para mantener las prioridades bíblicas.
Reactividad vs. proactividad
Así, concluimos que la permanencia en el ministerio es producto de una inversión consciente en áreas específicas que fortalecen la salud del líder y de su congregación. Aunque la tasa de abandono anual antes de la edad de jubilación es apenas un 1.1%, los datos de Lifeway permiten identificar qué acciones concretas marcan la diferencia entre quienes se retiran y quienes perseveran. La clave reside en pasar de una actitud reactiva, que solo busca soluciones cuando la crisis es evidente, a un enfoque preventivo que valore la transparencia y el orden bíblico. Y después de considerar estas 8 áreas, podemos resumir esta proactividad en dos pilares fundamentales: la humildad pastoral y la paz congregacional.
La humildad funciona como un escudo contra el agotamiento al situar al pastor en su lugar correcto frente a Dios. Este pilar implica reconocer profundamente que la Iglesia le pertenece a Cristo y que el éxito del ministerio es Su obra, no un logro personal. El pastor que cultiva esta perspectiva comprende que Él no comparte Su gloria con nadie y que, como siervo inútil, su labor es simplemente obedecer lo que Él indica. Esta postura libera al ministro de la presión de ser indispensable, lo cual facilita la delegación y el descanso necesario. Al entender que ni el que planta ni el que riega es algo, sino que solo Dios es quien da el crecimiento, el líder puede apoyarse en la pluralidad de otros hermanos sin sentir que su autoridad se ve amenazada. La humildad, por tanto, permite que el pastor cuide a su familia como una expresión de mayordomía fiel ante Su creador.

La paz en la Iglesia es el resultado de un compromiso mutuo con el orden y la claridad. Una congregación proactiva es aquella que define honestamente el trabajo del pastor mediante documentos de expectativas, permitiendo que las tareas que no le corresponden sean realizadas por otros. Esta claridad administrativa reduce el estrés emocional y protege al líder de las demandas irreales que suelen nacer de los deseos insatisfechos del corazón humano. Asimismo, la paz se sostiene a través de procesos bíblicos de disciplina eclesiástica que evitan la anarquía y el desorden dentro del cuerpo. Cuando una Iglesia se mantiene enfocada en la misión de proclamar el Evangelio, se crea un entorno que neutraliza los conflictos ideológicos o políticos que suelen fracturar la estabilidad del púlpito. Actuar sobre estos factores de manera preventiva asegura que el ministerio sea una labor de gozo y no una carga extenuante que conduzca al retiro anticipado.
Cuidar estos pilares es una inversión necesaria para la salud de todo el cuerpo de creyentes. Al fomentar la humildad en el liderazgo y la paz en la congregación, se honra el diseño de Dios para Su Iglesia y se promueve una perseverancia similar a la del apóstol Pablo, quien pudo terminar su carrera guardando la fe a pesar de las pruebas.
Referencias y bibliografía
Research Reveals Factors Causing Pastors to Say, ‘I Quit’ | Lifeway Research
