La historia de la Iglesia cristiana en Irán, territorio que fue núcleo del antiguo Imperio persa, se ha desarrollado en un contexto esencialmente variable, lleno de conflictos bélicos y disputas que han dado paso a dinastías, imperios, monarquías y repúblicas. La mayoría de estos poderes políticos han estado estructuralmente marcados por el autoritarismo, propiciando escenarios de profunda persecución a la religión cristiana, ya sea por parte de autoridades persas —influenciadas por el zoroastrismo— o islámicas —regidas por la sharia—.
En vista de los complejos conflictos que rodean a Irán en el presente y las dificultades que enfrenta la Iglesia actualmente en este territorio, en este artículo, ofreceré un breve recorrido del desarrollo de nuestra fe en este país.
Pentecostés: el nacimiento de la fe en Irán
En sintonía con la evidencia histórica, y en conjunto con la tradición cristiana de Oriente, se puede afirmar que uno de los testimonios más tempranos del contacto entre el cristianismo apostólico y el mundo iranio data de los años 30-33 d. C. A saber, Lucas menciona en Hechos 2:7-1 a partos, medos y elamitas, quienes vivían respectivamente en las zonas noreste, noroeste y suroeste del actual Irán:
Estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: “Miren, ¿no son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestros propios idiomas de las maravillas de Dios”.

Ahora bien, cabe recordar que, antes de la conquista musulmana de Persia en el siglo VII, gran parte del territorio del actual Irán correspondía al Imperio sasánida, cuya religión oficial era el zoroastrismo. Así, en relación con la historicidad del texto bíblico, puede señalarse que partos, medos y elamitas pertenecían al ámbito iranio antiguo. Sobre esta primera etapa de contacto entre los representantes del cristianismo apostólico y el mundo persa, el erudito e historiador Philip O. Hopkins menciona:
La tradición de la Iglesia indica que un número de los doce primeros apóstoles de Cristo tuvieron un contacto con el área persa, incluyendo a Mateo, Judas, Simón el Zelote, Bartolomé y Tomás. Si bien, algunos de estos relatos pueden considerarse leyendas, en general los historiadores coinciden en que ha habido una constante —aunque dramática— existencia del cristianismo en Irán desde los primeros días de la fe. Estas narraciones, aunque no sean completamente precisas, se basaron en detalles históricos reales tal como fueron aceptados por la gente de ese momento.
Varios historiadores “observan que la referencia a viajeros de Partia, Media y Elam en la descripción de Pentecostés, en Hechos 2:9, sugiere la presencia —en el período de la dinastía de los partos— de judíos que se convertirían en los líderes de las futuras comunidades cristianas en Persia”. Así lo indica el profesor de estudios del Antiguo Cercano Oriente James Robert Russell. Ahora bien, estos expertos también debaten sobre las primeras interacciones entre el cristianismo y la nación persa. Al parecer, estas no surgieron con lo descrito en Hechos 2, sino que podrían remontarse incluso a la visita de los sabios provenientes de Oriente.

Independientemente de ese debate, sí puede afirmarse que el contexto descrito por Lucas constituye un antecedente verosímil para el posterior surgimiento de comunidades cristianas en Persia, es decir, uno de los trasfondos más antiguos de la Iglesia cristiana en Irán.
Por supuesto, algunos historiadores sugieren que, en el marco de los sucesos de Pentecostés y de la expansión de la predicación apostólica, el encuentro entre judíos convertidos al cristianismo —dispuestos al mandato misional— y persas provenientes de distintas partes del Imperio, pudo haber favorecido el posterior asentamiento y conformación de las primeras comunidades cristianas a lo largo del territorio sasánida. De esta manera, los eventos narrados pueden entenderse como antecedentes del nuevo período que comenzaría a gestarse en la historia del cristianismo persa.
Una fe que florece en medio de la persecución
Una vez puesto el andamiaje del cristianismo histórico en la nación persa, de forma sobrenatural y en medio de la opresión sangrienta de los sasánidas, la Iglesia comenzó a experimentar un gran crecimiento. El Evangelio llegó a lugares no alcanzados por la predicación.
Al respecto, Eusebio, uno de los primeros historiadores de la Iglesia primitiva, registró: “Había muchas iglesias de Dios en Persia y un gran número de personas se congregaron en el redil de Cristo”. J. Asmussen señala: “‘Numerosos’ cristianos conversos en el siglo V, tenían nombres zoroástricos, lo que atestigua el éxito de la Iglesia de Persia en la conversión de los iraníes étnicos. De igual forma, en el siglo V, algunas de las principales fiestas iraníes ya se habían convertido en fiestas cristianas”.

En cuanto a la persecución, el erudito sobre estudios iraníes Christopher Buck refiere:
El descubrimiento en la isla de Kharg, en el golfo Pérsico, de no menos de 60 tumbas cristianas indica que hacia el año 250 d. C. ya existía una fuerte presencia cristiana en Persia. Estas 60 tumbas en Kharg, una isla cercana a Bushire (o Bushehr) y frente a Baréin, fueron excavadas en un banco de coral. Aún se pueden apreciar vestigios de inscripciones siríacas en las columnas verticales de estas tumbas. Stewart McCullough especula que los cristianos del continente eligieron la isla por ser un lugar menos vulnerable a las perturbaciones de los fanáticos sacerdotes zoroastrianos. Es posible que estas 60 tumbas alberguen a mártires de las persecuciones instigadas por el sumo sacerdote Kartir, “quien dio al zoroastrismo una nueva dimensión al convertirlo en una religión que no toleraría rivales en Irán”.
Posteriormente, en el año 313 d. C., Constantino y Licinio promulgaron el Edicto de Milán, mediante el cual se legalizó el cristianismo en el Imperio romano. Este cambio exacerbó la persecución de los cristianos en Persia; ambas potencias eran enemigas en lo militar, lo político y, a partir de entonces, también en lo religioso. En ese sentido, los cristianos que habitaban en Persia no representaban solamente una influencia espiritual ajena al zoroastrismo; también comenzaron a ser vistos como sospechosos de afinidad con un poder rival.

De aquí pueden advertirse algunos antecedentes de la progresiva ramificación entre “Iglesia de Oriente” e “Iglesia de Occidente”. Así lo explica el profesor de Historia Bizantina de la Universidad Estatal de California Charles A. Frazee: “Dado que Persia nunca formó parte del Imperio romano —de hecho, fue su eterno enemigo—, los primeros conversos persas [tras la oficialización del cristianismo en Roma] se autodenominaron miembros de la Iglesia de Oriente para distinguirse de los cristianos que pertenecían a las iglesias del Imperio romano, conocidas colectivamente como la Iglesia de Occidente”.
Ahora bien, después de todo esto, llegó un nuevo período para la Iglesia cristiana iraní que estuvo marcado por el dominio árabe y las disputas teológicas.
Una división que condujo a la heterodoxia
La ramificación entre la Iglesia de Occidente y de Oriente condujo a una creciente y nociva independencia de esta última, tanto en lo que respecta al gobierno eclesial como a los fundamentos teológicos. Con el tiempo, esto la llevó a la heterodoxia, pues terminó alejándose de los postulados esenciales del cristianismo apostólico. El profesor Philip O. Hopkins explica este proceso de la siguiente manera:
En el año 410 d. C., la Iglesia de Oriente en Persia estableció su propia sede de autoridad en Seleucia-Ctesifonte —ubicada en Irak— y en el 424 el cristianismo iraní creó una Iglesia nacional. Varios años después, a medida que la Iglesia seguía más de cerca las enseñanzas de Teodoro de Mopsuestia, mentor de Nestorio, la división se agudizó.

Más adelante, se convocó el concilio de Éfeso para discutir la cuestión cristológica planteada por Nestorio mediante la conceptualización del Theotokos. Sobre este punto, el profesor Frazee explica:
En el siglo V, las relaciones entre la Iglesia de Oriente y la Iglesia de Occidente se rompieron debido a problemas doctrinales. Nestorio, patriarca de Constantinopla, comenzó a enseñar que Jesucristo tenía dos naturalezas y no era una persona divina que había asumido plenamente la naturaleza humana. Esta postura se sostenía en la Escuela Teológica de Edessa. En el 431 d. C., el tercer concilio ecuménico de la Iglesia cristiana, reunido en Éfeso declaró herética la doctrina de Nestorio. Fue depuesto y los maestros de Edessa emigraron a Persia en lugar de someterse a la condena del Concilio. Allí, su prestigio era tan grande que los cristianos persas adoptaron fácilmente su teología, aislándose del resto de la cristiandad.
Luego de 200 años de consolidación de la Iglesia nestoriana en Irán, que había asumido una jurisdicción autónoma, el califato ortodoxo conquistó la totalidad del Imperio persa en el año 636. Esto trajo consigo la caída de los sasánidas y un notorio declive del zoroastrismo, en el marco del establecimiento del islam como nueva fuerza dominante. También marcó el inicio de una nueva etapa de interacción con las autoridades islámicas.

Ahora, es necesario hacer una precisión. Para el momento del primer concilio de Éfeso (el tercero ecuménico de la Iglesia cristiana), era claro que la Iglesia oriental asiria se había apartado de la fe apostólica al adoptar una cristología sustancialmente nestoriana. Por eso, no debían ser llamados cristianos en sentido estricto. Sin embargo, actualmente historiadores y teólogos como Sebastián Brock y Doru Costache discuten si la Iglesia asiria contemporánea ha preservado su posición cristológica de carácter nestoriano. Sobre esto no hay certeza ni consenso.
La era de la Iglesia bajo el dominio árabe
Para el siglo VII, a la iglesia en Irán ya se le denominaba “Iglesia oriental asiria”, haciendo referencia a sus antecesores étnicos en Mesopotamia. Ahora bien, durante los inicios del reinado árabe en el 651, los musulmanes no persiguieron a las comunidades cristianas iraníes, lo que propició que la fe se viviera de forma libre y amplia. Incluso, entre musulmanes y cristianos se desarrollaron relaciones basadas en el respeto identitario, según lo señala el catedrático Hopkins:
La tolerancia, en diversos grados marcó los inicios del islam hacia el cristianismo. (…) Si bien en algunos casos resultaba difícil, muchos se sentían aliviados de que los musulmanes fueran ahora sus gobernantes. (…) Un patriarca asirio señaló la afinidad con los musulmanes y comentó las similitudes entre ambas religiones: “Los árabes, a quienes Dios ha dado la autoridad del mundo en este momento, están con nosotros, como sabéis, y no solo no se oponen al cristianismo, sino que alaban nuestra fe, honran a los sacerdotes y santos de Nuestro Señor y ayudan a las iglesias”.
Ahora bien, pese a este periodo de libertad para la Iglesia asiria, con el paso del tiempo, el gobierno musulmán fue implementando una serie de políticas expansionistas con el propósito de dejar de ser minoría, haciendo del islam la religión predominante a lo largo y ancho del territorio iraní. Estas medidas se conocieron como el Shurut Umar.
Por ejemplo, según Milka Levy-Rubin, historiadora y emérita de la colección de Humanidades de la Biblioteca Nacional de Israel, los no musulmanes no podían hablar algo contrario al islam, a Mahoma o a sus enseñanzas; tampoco podían casarse con mujeres musulmanas, evangelizar o exhibir símbolos religiosos como la cruz. Esto ya resultaba bastante problemático para los creyentes asirios.

Asimismo, los no musulmanes debían pagar el doble de impuestos, tenían menos derechos legales y no podían ocupar cargos públicos. Además, a los miembros de comunidades cristianas y de otras religiones se les ofrecían beneficios e incentivos con la condición de que se convirtieran al islam. Esto, aunque provocó un vuelco a la religión suscitada en el seno de Mahoma, históricamente no se ha visto como un intento de exterminio. Además, a pesar de las restricciones, la Iglesia de asiria pudo expandir su espectro evangelístico más allá de las fronteras de Irán, enviando misioneros a India, China, Tíbet y Sri Lanka.
Con el paso del tiempo, en el territorio iraní se siguieron desarrollando una serie de disputas y conflictos entre dinastías por el poder político y militar de la nación. Sin embargo, a través de los siglos, la Iglesia asiria pudo interactuar adecuadamente con cada uno de estos regímenes con el propósito de preservar su institucionalidad.
El advenimiento del catolicismo a Irán
El catolicismo romano tuvo su primera gran influencia en Irán en el siglo XVI, como consecuencia de la discrepancia del obispado oriental en torno a la elección de sacerdotes de tendencia católico-romana. La Iglesia de Asiria los consideraba no idóneos para las labores e incompatibles con la doctrina propiamente eclesial. Frazee narra el proceso de la siguiente manera:
El candidato de los disidentes católicos, el abad Juan Sulaqa, después de ser rechazado por los orientales, fue persuadido para buscar la aprobación de la Iglesia Occidental con el fin de legitimar su elección. De esta manera viajó a Jerusalén y luego a Roma, donde el Papa Julius III se convenció de su ortodoxia y lo consagró personalmente patriarca de Mosul el 9 de abril de 1553.

Mosul era, por cierto, un bastión de la Iglesia asiria. Esto propició no solo una fuerte influencia del obispado de Roma, sino también una migración de las inclinaciones culturales y teológicas que estaban tomando arraigo en Occidente. Como consecuencia de esta influencia, Frazee señala que las autoridades católicas que empezaron a hacer presencia en Irán dieron el nombre de “caldea” a la Iglesia asiria para distinguirla de su predecesora herética. Si aquella había sido identificada por su origen mesopotámico y asociada a la heterodoxia, la nueva denominación haría referencia a los cristianos orientales vinculados con Roma. Ante tal controversia, como suele suceder, algunos no quisieron bajo ningún concepto la nueva nomenclatura; más bien, siguieron adoptando la cultura y la teología de la Iglesia asiria.
Unos dos años después de regresar a Oriente, el abad Sulaqa fue asesinado para evitar el establecimiento y crecimiento de la Iglesia caldea. Sin embargo, contrario a lo esperado, la comunidad cristiana caldea creció a pasos agigantados como consecuencia de la llegada de misioneros de rito latino; agustinianos, carmelitas, jesuitas y dominicos convencieron a miles de fieles orientales de hacer parte de la Iglesia católica romana. Frazee expresa: “En 1629, la Congregación para la Propagación de la Fe quedó tan impresionada por el floreciente estado de los católicos en Irán que consagró a un obispo latino para Isfahán, con el título de sede de ‘Babilonia’”.

Nuevamente, esto marcó el inicio de un intercambio cultural y teológico en Irán mucho más palpable y visible.
Oleada misionera protestante
El cristianismo protestante tuvo varios antecedentes en Irán antes de su establecimiento definitivo. En 1747, una misión morava procedente de Sajonia visitó Irán con la intención de convertir a algunos zoroastrianos, pero tuvo que retirarse debido a disturbios políticos en la región. A principios del siglo XIX, misioneros protestantes británicos comenzaron a realizar labor evangelística en el sur de Irán. No obstante, el suceso culminante para el establecimiento del protestantismo fue la traducción del Nuevo Testamento al persa por parte del capellán Henry Martyn alrededor de 1811. Asimismo, hacia 1837, el ministro escocés William Glen tradujo al persa el Antiguo Testamento, trabajo que después se unió al de H. Martyn y que, en consecuencia, conformaría la totalidad del canon bíblico.

Los frutos de este trabajo llevaron a que más misioneros protestantes de Europa y Estados Unidos se unieran a la obra evangelística en Irán, entre otras cosas, por la sospecha de la ausencia de un cristianismo auténtico en las iglesias asirias, caldeas y católicas romanas. Respecto a las labores de los misioneros, el columnista e investigador Paul S. Seto refiere:
Desde el inicio de la labor misionera protestante en Persia, las tres principales vías para ganar conversos fueron la predicación, la enseñanza de la fe y los servicios médicos y educativos en todos los niveles. La primera consistía en la distribución de la Biblia o fragmentos de las Escrituras y literatura cristiana; transmisiones de radio con cursos de correspondencia; conferencias de verano junto con servicios religiosos regulares, evangelización personal y reuniones de avivamiento. Los servicios médicos, en particular hospitales y clínicas, incluyendo los dirigidos por evangelistas itinerantes, eran medidas humanitarias que también generaban buena voluntad y fomentaban las conversiones.

En el marco de la llegada del protestantismo a Irán, la Iglesia presbiteriana desempeñó un rol esencial en el crecimiento y fortalecimiento de la fe reformada en la nación. En la Encyclopaedia Iranica, el autor Paul Seto explica:
El propósito original de la misión ABCFM en Urmia era revivir la antigua Iglesia nestoriana, para que volviera a ser un agente de evangelización en Asia y, en particular, entre los musulmanes de Persia. Entre 1835 y 1870 cuando la misión fue transferida a la Iglesia presbiteriana, unos 50 misioneros estuvieron activos. Predicaron, abrieron escuelas, instalaron una imprenta para la producción de literatura en siríaco moderno, se dedicaron a la labor médica y capacitaron a líderes cristianos locales. (…) La labor de la misión de Urmia continuó tras la toma de control por parte de la Iglesia presbiteriana, a pesar de la oposición nestoriana, la competencia de los misioneros católicos romanos y ortodoxos rusos, y la llegada de la misión del arzobispo de Canterbury a los asirios (…). En su apogeo, este grupo llegó a contar con más de 2000 miembros.
Tal crecimiento se dio en medio de una cultura predominantemente persa y bajo gobiernos islámicos, como ocurrió con la dinastía Pahlavi (1925-1979). Así, la llegada de misioneros reformados durante los siglos XVIII, XIX y XX dio paso al arribo de evangelistas de otras denominaciones, como los pentecostales. Este ha sido un largo proceso que ha contribuido a la consolidación del cristianismo protestante en Irán y que muestra, aún hoy, un crecimiento exponencial de la fe bíblica en el territorio iraní.

Iglesia iraní hoy: entre reconocimiento y persecución
El desarrollo del cristianismo en Irán ha sido un proceso dinámico, pues ha pasado de las instituciones con porte imperial a las minorías aisladas y perseguidas, hasta llegar a un movimiento subterráneo y fervoroso en la actualidad.
Irán cuenta hoy con una expresión cristiana diversa, resultado de la presencia y los esfuerzos misioneros de distintas tradiciones históricas de la cristiandad. Así, según distintas estimaciones referidas al territorio iraní, entre las comunidades cristianas históricas más numerosas del país se encuentra la Iglesia apostólica armenia, que en Irán cuenta con entre 60.000 y 80.000 adherentes, mientras que la Iglesia asiria reúne allí mismo entre 11.000 y 20.000 fieles.
Por su parte, la Iglesia católica reporta 21.380 adherentes en sus tres ritos presentes en el país: caldeo, armenio y romano. Entre las demás denominaciones con presencia destacada, se encuentran los reformados de tradición presbiteriana, representados en la Iglesia Evangélica de Irán, que para 2016 registraba un número aproximado de 4.000 feligreses.
Por supuesto, estas cifras deben leerse con cautela. En Irán no todos los cristianos viven bajo las mismas condiciones: las comunidades históricas armenias y asirias cuentan con un reconocimiento legal limitado, mientras que los conversos del islam y las iglesias domésticas suelen ser objeto de vigilancia, arrestos, condenas judiciales y otras formas de represión estatal. Por eso, aunque subsisten comunidades cristianas numéricamente significativas, la expresión pública de la fe cristiana no es abierta.
En definitiva, la fe cristiana en Irán hoy en día depende en menor medida de procesos misioneros extranjeros o de grandes catedrales. Ha regresado a su forma más primitiva: pequeñas comunidades reunidas en hogares, de forma anónima, manteniendo una identidad que es, a la vez, profundamente piadosa y retadora.
Referencias y bibliografía
CHRISTIANITY i. In Pre-Islamic Persia: Literary Sources | Encyclopaedia Iranica
Iran’s Ethnic Christians: The Assyrians and the Armenians (2018) de P. O. Hopkins. Journal of the Evangelical Theological Society, 61 (1), pp. 137-152.
The Universality of the Church of the East: How Persian Was Persian Christianity? (1996) de C. Buck. Religion, 14, pp. 227-230.
CONVERSION vi. To Protestant Christianity in Persia | Encyclopaedia Iranica
