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Anthony Ashley Cooper, o Lord Shaftesbury, ocupa un lugar central en la historia social de la Inglaterra del siglo XIX, pues es ampliamente reconocido como uno de los principales reformadores sociales del período victoriano. Su vida y obra representan un singular esfuerzo por articular la convicción teológica, el deber político y la acción social.
A diferencia de otros reformadores sociales en su tiempo, que eran motivados por teorías económicas o ideologías sociales, Shaftesbury entendió la transformación social como un deber básico y un compromiso ineludible de la cosmovisión cristiana. Su legado, por tanto, se manifiesta en reformas legislativas, en instituciones duraderas y en un cambio profundo de la sensibilidad pública frente a realidades sociales como la pobreza, el abusivo trabajo infantil y la marginación.
Orígenes y carrera política
Anthony Ashley Cooper nació el 28 de abril de 1801 en Londres, en el seno de una familia aristocrática de larga tradición política. Este heredero de un título prestigioso creció en un ambiente marcado por la rigidez emocional; la relación distante con sus padres fue una experiencia “decisiva”, como la catalogó años después, para que su empatía hacia los niños abandonados y oprimidos se desarrollara. Él mismo dio testimonio de lo difícil que fue su crianza y su relación con sus padres. Sus mejores recuerdos tenían que ver con Maria Millis, la sirvienta de la familia, una creyente fervorosa que le enseñó a orar.

Ashley fue educado en Harrow School y, posteriormente, en Christ Church, en la ciudad de Oxford, donde recibió una formación clásica adecuada a su clase social. Aunque allí no se destacó en el plano académico, fue donde se consolidaron su disciplina intelectual y su identidad religiosa, que fue en gran parte influenciada por el evangelicalismo anglicano: este lo marcó de manera permanente y definió su comprensión del deber público a la luz de su realidad como creyente.
En 1826, ingresó al Parlamento inglés como miembro de la Cámara de los Comunes por el distrito de Woodstock, iniciando una carrera política ardua que se extendería por más de medio siglo, hasta 1885. Desde sus primeros años como parlamentario, mostró un interés persistente por las condiciones de vida de los sectores más vulnerables de la sociedad industrial británica. Este interés no fue meramente teórico ni circunstancial, sino que fue el resultado de una convicción moral profunda: la creencia de que la nación británica sería juzgada, tanto por Dios como por la historia, por la manera en que se tratara a los pobres, a los niños y a los trabajadores sin voz ni voto.


Legislación laboral y protección de la infancia trabajadora
Uno de los ámbitos en los que su influencia fue más significativa fue en la legislación laboral, especialmente en lo relativo al trabajo infantil. Durante la primera mitad del siglo XIX, la industrialización había generado un sistema de producción que dependía en gran medida de la mano de obra infantil, particularmente en fábricas textiles y minas. Shaftesbury se convirtió en el principal impulsor parlamentario de una serie de leyes que buscaban limitar las horas de trabajo de los niños y mejorar las condiciones en las que eran empleados.
Comprendámoslo bien: a la luz de nuestro contexto actual, incluso intentar regular el trabajo infantil sería una práctica despreciable, y ni siquiera se debería considerar la alternativa de que los niños trabajen como mano de obra de las empresas. Sin embargo, aquí debemos entender la brecha temporal entre los años de Shaftesbury y los nuestros. Lo que él podía hacer era lo que tenía a la mano dentro del contexto en que vivía: en este caso, trabajar para mejorar las condiciones de una práctica hoy rechazable, pero que en aquel entonces estaba permitida.
Entre estas iniciativas destaca la Factory Act (Ley de fábricas) de 1833, que estableció restricciones legales al trabajo infantil y creó un sistema de inspección estatal, así como la Mines Act (Ley de minas) de 1842, que prohibió el empleo de mujeres y niños en las minas subterráneas. Para captar el real significado y peso de estas medidas, recordemos que la mayoría de los niños que trabajaban en las minas contaban con menos de 10 años.

Estas reformas no estuvieron exentas de oposición. Shaftesbury debió enfrentarse a poderosos intereses industriales que, como suele suceder, denunciaban tales medidas como una interferencia y una amenaza del Estado a la economía. No obstante, su estrategia combinó una argumentación convincente con el uso de informes, testimonios y datos recogidos por comisiones parlamentarias. En este sentido, como apuntan algunos, su labor anticipó algunas formas modernas de reforma social basadas no solamente en la conciencia ética personal o comunitaria, sino también en la evidencia documental.
Acción social y fe cristiana
Paralelamente a su acción legislativa, Shaftesbury desarrolló una intensa actividad filantrópica. Fue presidente durante décadas de la Ragged School Union, una red de escuelas destinadas a niños pobres, sin familia ni hogar, que proporcionaban educación básica, alimentación y formación moral.
Asimismo, participó activamente en la reforma del sistema de asilos para enfermos mentales. Denunció las condiciones inhumanas que prevalecían en muchas instituciones y promovió un trato más digno, motivado también por un trabajo terapéutico más integral. Con su labor, contribuyó de manera decisiva a la transformación de la percepción social de la enfermedad mental en la Inglaterra del siglo XIX.

La motivación base de esta actividad incansable fue, sin lugar a duda, su fe cristiana. Shaftesbury se definía a sí mismo, ante todo, como un creyente evangélico, convencido de la autoridad moral de las Escrituras y de la responsabilidad social que se derivaba de ellas. Esta fe no lo condujo al aislamiento religioso, sino a una participación activa y responsable en el debate público. Fue un firme defensor de las misiones protestantes en el extranjero, de la distribución de biblias y de diversas sociedades religiosas orientadas a la evangelización y la reforma moral. No obstante, su religiosidad no derivó en una teocracia política ni en un rechazo a las instituciones civiles, sino en una comprensión del Estado como instrumento providencial de Dios para la promoción del bien común.
En 1851, tras la muerte de su padre, Cropley Ashley-Cooper, Anthony heredó el título de “séptimo conde de Shaftesbury” y pasó a ocupar un escaño en la Cámara de los Lores. Desde esta posición, continuó ejerciendo una influencia considerable, aunque ya no de manera directa sobre la legislación social. Su figura adquirió entonces un carácter casi simbólico: era percibido ampliamente como la conciencia moral del Parlamento, un aristócrata que había puesto su privilegio al servicio de los más desfavorecidos. Este reconocimiento público se manifestó también en la estima popular con la que gozó durante sus últimos años, algo poco habitual para un miembro de la nobleza en un contexto de creciente tensión social.

Trascendencia única
El legado de Shaftesbury debe evaluarse, sin embargo, con atención crítica. Su visión de la pobreza, aunque profundamente compasiva, estuvo marcada por los supuestos morales de su tiempo, particularmente por una fuerte distinción —como señalan los historiadores— entre pobreza “merecedora” de ayuda (atribuida a causas involuntarias, como viudez, orfandad o enfermedad) e “inmerecedora” (asociada a vicio o irresponsabilidad). Asimismo, su enfoque reformista, centrado en la reducción de los excesos más evidentes del capitalismo industrial, no cuestionó de manera radical las estructuras económicas. Aun así, estas limitaciones no disminuyen la magnitud de su impacto histórico, especialmente si se considera el contexto cultural y político en el que actuó.
Anthony Ashley Cooper falleció el 1 de octubre de 1885. En contra de la costumbre aristocrática de la época, fue sepultado en la Abadía de Westminster, recibiendo así un honor que correspondía a quienes eran reconocidos, por su obra y legado, como figuras de trascendencia única. Su muerte fue ampliamente lamentada por la sociedad británica, desde líderes políticos hasta trabajadores urbanos, lo que confirmó la singular y profunda influencia de su figura. No fueron decenas ni cientos, sino miles los que se unieron para despedir a Lord Shaftesbury.

Lord Shaftesbury encarna una forma de liderazgo moral que resulta particularmente significativa para el estudio de la Inglaterra victoriana. Su vida demuestra cómo las convicciones cristianas, lejos de ser un obstáculo para la acción pública, pueden llevar a la reforma social cuando se articula con sensibilidad histórica, compromiso político y perseverancia institucional. Desde una perspectiva historiográfica, su figura permite comprender mejor la interacción entre religión, política y reforma social en uno de los períodos más decisivos de la modernidad occidental.
Referencias y bibliografía
The Life and Work of the Seventh Earl of Shaftesbury (1882) de E. Hodder. London: Cassell & Company.
Lord Shaftesbury (1939) de J. L. Hammond y Barbara Hammond. England: Penguin Books Limited.
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