Nota del editor: Con la publicación de este artículo sobre Tomás de Kempis, nuestro objetivo en BITE es puramente informativo y analítico. Como ministerio, buscamos ofrecer una exploración de su vida y obra, sin que esto implique, bajo ningún concepto, una aprobación de todas sus posturas.
Tomás de Kempis fue uno de los autores cristianos más influyentes de la Edad Media tardía. Se le atribuye la autoría de La imitación de Cristo, una obra devocional que, con excepción de la Biblia, ha sido considerada el texto cristiano de espiritualidad más difundido en la cultura occidental. Su vida monástica y su obra literaria representan un punto culminante de la corriente espiritual conocida como “devotio moderna”, la cual reclamaba una renovación íntima de la fe cristiana, comenzando por la experiencia de comunión con Cristo.
Se trata, por lo tanto, de un gran maestro de espiritualidad que sigue hablando a las generaciones sobre el caminar cristiano.
Una vida poco extravagante
Thomas Hemerken (o Hammerlein, según algunas fuentes), más conocido en español como Tomás de Kempis, nació entre 1379 y 1380 en Kempen, un pueblo de la región de Renania, en la actual Alemania. De joven fue enviado a Deventer, en los Países Bajos, donde, hacia 1392, entró en contacto con los Hermanos de la Vida Común, una comunidad religiosa que se dedicaba a la educación y a la vida espiritual práctica.

Allí fue alumno de Florencio Radewyns, quien le inculcó el valor de la humildad, la lectura espiritual de las Escrituras y una vida devota orientada hacia la imitación de Cristo. La formación humanística que recibió incluyó la lectura de textos bíblicos, latinos y patrísticos, lo que fomentó en Tomás un estilo literario claro y accesible, y también le hizo mantener la herencia espiritual de la tradición cristiana.
Alrededor de 1399, ingresó en la comunidad de los canónigos regulares de Windesheim, en el monasterio de Agnietenberg, donde vivió la mayor parte de su vida, de la cual se conocen pocos detalles. Se sabe que en 1408 tomó los votos monásticos y en 1413 fue ordenado sacerdote. También sabemos que la vida de Tomás de Kempis en el monasterio fue austera y centrada en la espiritualidad: se dedicó a la contemplación, la dirección espiritual de novicios y la transcripción de manuscritos, actividad que en su tiempo constituía un servicio intelectual y espiritual significativo.

El historiador R. R. Post afirma que Kempis demostró dotes de copista desde muy joven y que llegó a trabajar en la copia de dos biblias, cada una en diez volúmenes.
Orígenes de un movimiento
Ahora bien, para comprender mejor la vida y obra de Tomás de Kempis, es necesario tener en cuenta que su contexto estuvo marcado por fuertes tensiones. Por un lado, Europa occidental aún sufría las consecuencias de la peste negra del siglo XIV. Por otro, la Iglesia experimentaba un debilitamiento de su autoridad a causa de prácticas corruptas, tensiones internas y el famoso Cisma de Occidente (1378–1417), que dividió la obediencia entre varios pretendientes rivales al obispado de Roma.
En este entorno surgieron diversas iniciativas de reforma espiritual que no pretendían romper con la Iglesia ni iniciar una institución propia y nueva, sino revitalizar la experiencia de fe desde la interioridad y la praxis cristiana. Una de las más importantes fue la devotio moderna, a la cual estaban vinculados los Hermanos de la Vida Común. Como movimiento de renovación, se había difundido principalmente en los Países Bajos y el norte de Europa, sobre todo en Alemania y Bélgica. Tomás de Kempis fue su mejor representante.

Pero, ¿de qué se trató esta devotio moderna? Iniciada por Gerhard Groot y Florencio Radewyn, buscaba enfatizar la relación personal, íntima y experiencial con Dios, la humildad, la renuncia a los valores mundanos y la práctica de la vida interior, sin abandonar el compromiso religioso formal de tipo litúrgico y comunitario. Este movimiento no buscaba producir grandes pensadores —como los que había dentro del escolasticismo—, sino místicos, es decir, devotos de Jesús centrados en la vida interior y en una piedad sencilla. Como lo señaló fray Julián de Cos:
La devotio moderna no ve bien que se busque la relación espiritual con Dios por medio del estudio, pues alcanzar un gran conocimiento puede hacernos pensar que somos mejores que los demás, y eso nos aleja de Dios. Por el contrario, promueve el acercamiento a Jesús por medio del amor y la piedad. Teológicamente hablando, se trata de una espiritualidad muy sencilla.

En contraste con la teología escolástica dominante en las universidades de la época, que no era de común conocimiento ni experiencia para los laicos, la devotio moderna proponía una religiosidad práctica y accesible. Su impacto se extendió no solo a círculos monásticos, sino también a laicos instruidos, a través de escuelas y cofradías que promovían la lectura de las Escrituras y la imitación de Cristo como modelo de vida.
Ahora bien, la devotio moderna provenía de una tradición más antigua: el misticismo alemán. Ambas comparten tres aspectos principales: su forma era una vida de penitencia y de lucha constante contra la sensualidad; su marco era la imitación de Cristo, entendida como el seguimiento de Su ejemplo y de Sus palabras; y Su meta era la búsqueda de una experiencia espiritual más profunda y transformadora, conocida como la unión del alma con Dios.

Por supuesto, los principales pensadores y representantes del misticismo alemán fueron decisivos para forjar las influencias de lo que acabaría siendo la devotio moderna; fueron sus antecedentes. Entre ellos está, por ejemplo, el Maestro Eckhart (1260–1327), quien enfatizó los siguientes principios de la mística cristiana:
- El alma que renuncia a sí misma es la que experimenta en ella el nacimiento del Verbo de Dios.
- La distancia entre Dios y el hombre debe afectar la vida entera, basada en la humildad, pobreza y despojamiento; los cristianos son el cuerpo de Cristo y deben identificarse con Él.
- La vida espiritual no es antiintelectual: lo que se refrena no son las facultades de la mente, sino los placeres exteriores y los deseos carnales.
- La austeridad es la principal característica de la espiritualidad.
- Lo que define la vida no es la especulación de los misterios de Dios, sino la vida amorosa en unión del alma con Dios.
También está Juan Tauler (1300–1361), quien se distinguió por su compleja idea de los tres nacimientos: el nacimiento en la eternidad del Verbo de Dios, Su nacimiento como Jesús en el mundo y el nacimiento de Dios en el alma. Tauler también hizo énfasis en la certeza del perdón de Dios como expresión de Su acogida a los pecadores arrepentidos. En una de sus obras escribió:
Sean diez, sean veinte, sean ciento, mil, un millón, millares de millares, más que las hojas que remueve el viento y la arena que ciñe tantos mares; sean, en fin, sin número ni cuento las veces que has pecado o que pecares, si vuelves a Dios, tendrás abiertas de Su noble piedad todas las puertas.

Otra figura cercana a esta corriente, aunque perteneciente al ámbito flamenco, fue Juan de Ruysbroeck (1293–1381), quien hizo hincapié en el desapego de las cosas del mundo para lograr la unión con Dios. Él reconoció que el fin último de la vida humana está dirigido siempre hacia Dios e hizo de Cristo un compañero para toda la vida. En una de sus obras dijo:
El hombre, habiendo procedido de Dios, está destinado a regresar y volverse uno con Él de nuevo; y Cristo es nuestra regla de vida; Su vida, Su doctrina son nuestro breviario: allí donde nosotros vamos, le debemos llevar, guardar en nuestra memoria Su pasión y Su muerte, poseer en nuestro corazón Su amor.

La imitación de Cristo
Entre las grandes obras clásicas cristianas de contenido espiritual, La imitación de Cristo ocupa un lugar especial tanto por su contenido como por la trascendencia ecuménica que ha logrado con el paso de los siglos. Este tratado, escrito aproximadamente entre 1420 y 1427, consagró la fama de Tomás de Kempis. Se trata de cuatro libros breves que combinan aforismos, meditaciones y exhortaciones para la vida espiritual, en un total de 114 capítulos.
El primero, que contiene 25 de ellos, está lleno de advertencias útiles respecto a la urgencia de cultivar una vida interior centrada en Cristo. El segundo es un rechazo de las preocupaciones y vanidades mundanas en 12 secciones. El tercero es una consolación espiritual que presenta la paz interior como fruto de la unión con Cristo a lo largo de 59 capítulos. Y el último libro está dividido en 18 partes que exponen sus reflexiones sobre la Eucaristía y la centralidad de los sacramentos en la vida del creyente.

La espiritualidad práctica que se promueve en ese texto va más allá de lo meramente sentimental o emotivo: para Kempis, la experiencia interior se vive en la conducta, en los principios y en una disciplina basada en la humildad, el autoexamen, la renuncia a la ambición y a las posesiones, y en el seguimiento de Cristo como camino hacia la perfección cristiana. No se trata de un tratado teológico sistemático, pues él no era teólogo ni tuvo una formación doctrinal notable, de modo que estaba dirigido tanto a monjes como a laicos interesados en el crecimiento espiritual.
El contenido de este libro se desprende de las enseñanzas de los Evangelios. Aunque no hay una cifra exacta, el teólogo evangélico Walter A. Elwell menciona que se pueden apreciar más de 1000 citas o alusiones bíblicas, lo cual denota la relevancia que tenía la Escritura para Kempis en su comprensión de la espiritualidad. Ahora bien, es necesario anotar que durante siglos se debatió la autoría de esta obra. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos contemporáneos consideran que la pluma e ideas de Tomás de Kempis son evidentes y que él fue el autor principal o, al menos, el compilador final del texto.
También se le atribuyen otros escritos, como cartas, sermones, himnos y relatos biográficos de santos, aunque su legado literario principal permanece estrechamente vinculado a La imitación de Cristo. Tomás de Kempis murió a los 91 años en el monasterio, en 1471. Hoy sus restos se encuentran en Zwolle.
Referencias y bibliografía
The Modern Devotion. Confrontation with Reformation and Humanism (1968) de R. R. Post. Brill, Leinde.
Devotio Moderna. Basic Writings (1988), traducido por John Van Engen. New York: Paulist Press.
Historia de la espiritualidad cristiana (2019) de Fray Julián de Cos, O.P. Salamanca, p. 152.
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